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jueves, 8 de enero de 2015

El Ecuatorianista Belga Fernand Verhesen y su Diálogo Poético con Jorge Carrera Andrade


“Mi querido Fernand: He leído con inmensa y profunda emoción tu hermosa carta, donde se refleja toda la nobleza y generosidad de tu corazón dispuesto a la admiración y al elogio de la obra ajena. Nunca ninguna apreciación sobre mi obra literaria ha llegado a la altura de tu mensaje que vale para mí más que centenares de escritos y de críticas…”. (1)

Presentación y recopilación del Ministro Claude Lara

Basándonos en las investigaciones de A. Darío Lara (2), presentaremos ciertas facetas de la obra del ecuatorianista Fernand Verhesen, al transcribir un texto que resume la personalidad intelectual de uno de los más grandes poetas belgas del siglo XX. Luego, al incluir la traducción de su estudio sobre la poesía de Jorge Carrera Andrade (3) y, finalmente, al transcribir una selección de cartas que reflejan la riqueza y la intensidad de este diálogo poético, particularmente esta obra: “… Acabo de recibir Las Armas de la Luz editadas por Ud. de manera insuperable. ¡Esa bellísima edición quedará para la historia! No sabe la gratitud que tengo para su generosa dedicación a la Poesía…” (4).

(1) A. Darío Lara: Jorge Carrera Andrade: Memorias de un Testigo, tomo II, Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, fondo editorial C.C.E. 1999, Quito-Ecuador; p. 451.

(2) A. Darío Lara: Jorge Carrera Andrade: Memorias de un Testigo, tomos I y II, Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, fondo editorial C.C.E. 1999, Quito-Ecuador, y Correspondencia de Jorge Carrera Andrade con intelectuales de lengua francesa (3 tomos), Biblioteca del Pensamiento Internacionalista del Ecuador, Abya Yala-AFESE, Quito-Ecuador, 2004, donde hemos reproducido, comentado y traducido 45 cartas de estos dos poetas, 26 de Fernand Verhesen y 19 de Jorge Carrera Andrade.

(3) Idem nota 1: Prefacio; pp. XI-XVI.

(4) Ver la carta  de Jorge Carrera Andrade  del 25 de diciembre de1953, reproducida en este estudio.

A) FERNAND VERHESEN Y JORGE CARRERA ANDRADE*

No hay duda que en la historia de las letras ecuatorianas de este siglo, el nombre de Fernand Verhesen quedará muy especialmente ligado al de Jorge Carrera Andrade y, en primer lugar, por la magnífica traducción al francés del poema Las Armas de la Luz, “…una edición compuesta íntegramente a la mano por el traductor, con el arte de los impresos medievales. El papel y los tipos de imprenta estaban fabricados especialmente para el libro, y Verhesen había tardado cerca de un año en su fabricación, en el sótano de su casa “, como lo recuerda Carrera Andrade en su Autobiografía (a).

Complacido por tan preciosa edición, en carta de 25 de diciembre de 1953, Carrera Andrade le escribe:

“Mi querido Fernand: Acabo de recibir Las Armas de la Luz, editadas por Ud. de manera insuperable. ¡Esta bellísima edición quedará para la historia! No sabe Ud. la gratitud que tengo para su generosa dedicación a la Poesía…” (b).

La lectura de estas pocas líneas nos permitirá apreciar la ilustre personalidad de Fernand Verhesen, nacido en Bruselas, quien después de estudios de filología romana, se ha destacado como poeta, crítico, ensayista, traductor y editor; actividades que le consagran como uno de los mayores exponentes de la cultura de nuestro tiempo y brillante apóstol del hispanismo en su país que tan alto mantiene el culto de las letras, de la poesía. Miembro de la Academia Real de la Lengua y de la Literatura Francesas de Bélgica, es prodigiosa su actividad y difícil de dar una idea exacta.

Fundador del Centro Internacional de Estudios Poéticos (C.I.E.P.), de la Biblioteca Internacional de Poesía, del Correo del C.I.E.P. (Biblioteca Real de Bélgica), Director de las Ediciones “Le Cormier”, Miembro de la Dirección del Journal des Poètes, etc., ha tenido, tiene el tiempo para una constante y valiosa colaboración en los encuentros de las “Bienales Internacionales de Poesía” que se realizaban en Knokke-le-Zoute, en las que en dos ocasiones participó Carrera Andrade, en 1952 y 1965. Tales Bienales se realizan actualmente en la ciudad de Lieja.

La incomparable actividad literaria de Fernand Verhesen abarca, además de una abundante y selecta traducción de autores de lengua española, una serie de ensayos, estudios críticos publicados particularmente en la revista “Le Courrier” de la que es el principal animador y le han consagrado como un crítico de altísimo valor. Así lo reconoció ya en 1954 Jorge Carrera Andrade, cuando al recibir el estudio de Verhesen sobre Los Autos Sacramentales de Calderón de la Barca, desde París, el 12 de febrero de 1954, le escribió:

“Mi querido Fernand: Recibí su admirable estudio sobre los Autos Sacramentales y créame que he pasado horas deliciosas recordando las amadas lecturas de mi mocedad. No vacilo en calificar a su estudio de magistral, pues está lleno de enseñanzas y de agudas observaciones que enriquecen nuestra vida intelectual y psíquica. He aprendido mucho acerca de la alegoría y del símbolo, acerca de la movilidad del pensamiento y de la noción del tiempo, en que Calderón se adelanta al Eliot de los Four Quartets. Y he aprendido sobre todo a revalorizar mi concepto de Calderón, que Ud. deja maravillosamente situado con su penetración de crítico y su adivinación de poeta. Por su gran probidad intelectual, Ud. se coloca entre los valores más serios de la generación europea de nuestro tiempo…”  (c).

Su última publicación PROPOSITIONS (d) ofrece una valiosísima selección de ensayos entre los centenares que ha publicado de 1951 a 1991; reflejan todos ellos a un autor de vastísima erudición y acertados juicios.

Si su obra poética se ha reducido por tantas actividades, libros como Franchir la nuit, Les clartés mitoyennes revelan al poeta magistral de “poemas cortos en prosa”, en que la “frase es despojada y sencilla”; o cuando en su escritura “se despliega una preocupación de economía que mide, circunscribe, reduce la palabra con el fin de reforzar el juicio”. […]

Cuando solicité a Fernand Verhesen que escribiera unas palabras para presentar este Tomo II, inmediatamente accedió con notorio entusiasmo y al remitirme el brillante texto que precede, no dejó de agradecerme por “haberle permitido escribir este Prefacio”. A esta gentileza añadió el de comunicarme once copias de cartas que recibió de Carrera Andrade, entre 1952 y 1975, las mismas que me place reproducir en este volumen. Además, me  remitió veinticuatro copias de cartas de Carrera Andrade a su ilustre compatriota y delicado poeta, Edmond Vandercammen; cartas que ofreceré en un próximo volumen.

Por lo mismo, para expresarle mi agradecimiento, nada mejor que reproducir las líneas que el mismo Carrera Andrade, contestando a una carta de felicitación de Fernand Verhesen, desde París, el 5 de enero de 1975, le escribió:

“Mi querido Fernand: He leído con inmensa y profunda emoción tu hermosa carta, donde se refleja toda la nobleza y generosidad de tu corazón dispuesto a la admiración y al elogio de la obra ajena. Tus palabras indelebles son como ramos arrancados al laurel de la gloria. Nunca ninguna apreciación sobre mi obra literaria ha llegado a la altura de tu mensaje que vale para mí más que centenares de escritos y de críticas…” (e)

Estas palabras perpetuarán así el agradecimiento de Jorge Carrera Andrade por el brillante Prefacio, después de tantas otras páginas que Fernand Verhesen nos ha ofrecido y consagran su permanente preocupación por las letras ecuatorianas y “su generosa dedicación a la Poesía”.

A.D.L (f)

Notas:
*Textos de A. Darío Lara, idem nota 1; pp. XXI-XXIII y pp. 265-267.
(a) El volcán y el colibrí, editorial José M. Cajica Jr. S.A., Puebla México, 1970; p. 219.
(b) Correspondencia de Jorge Carrera Andrade (Archivos de A. Darío Lara).
(c) Idem.
(d) PROPOSITIONS
LE COURRIER
Centre International d’Etudes Poétiques
Imprimé en Belgique, 1994.
(e) Correspondencia de Jorge Carrera Andrade (Archivos de A. Darío Lara).
(f) A. Darío Lara, idem nota 1; pp. XXI-XXIII.

[…]
r) Fernand Verhesen

Cuando en los últimos meses de 1953, Fernand Verhesen presentó a Jorge Carrera Andrade los borradores de la traducción al francés de Las Armas de la Luz, tuve por primera vez la ocasión de conocer a este gran poeta y de asistir a un diálogo extraordinario entre los dos artistas que, verso a verso, palabra a palabra, analizaban, discutían, examinaban sobre la mejor forma de dar en francés todo el sentido, todo el sabor de un poema que es para el profundo humanista y crítico riguroso, Jean Cassou:

“El lenguaje cósmico (que) se ofrece a los poetas sudamericanos, nuevo, virgen, libre… es el lenguaje de un continente a penas descubierto, de una naturaleza primordial. ¡Qué suerte para los poetas, y para nuestro gran ecuatoriano Jorge Carrera Andrade, que, tan maravillado, lo entiende, y tan ardiente lo responde! …Porque de eso se trata esencialmente en la poesía de Jorge Carrera Andrade: una comunicación, una extraordinaria, milagrosa comunicación de la naturaleza al poeta y de él a los hombres, a quienes se siente impaciente de hacerles participar de su buena nueva. Una hermosa mañana, el mundo comienza y la poseía se levanta…”(a).

El libro Les Armes de la Lumière, edición bilingüe, el más lujoso, el más bello de los que enriquecen la bibliografía de Jorge Carrera Andrade fue “una edición compuesta íntegramente a la mano” por el mismo Fernand Verhesen y terminada en diciembre de 1953. Una edición limitada a cien ejemplares. Por especial privilegio tuve derecho al ejemplar 1 de los 50 en vitela blanca y a la más cordial dedicatoria firmada por su autor, en París, el 11 de febrero de 1954. Con emoción vuelvo a leer estas palabras de su puño y letra:

“A Darío Lara, compañero en los días de sol y los de lluvia, porque ha visto conmigo Las Armas de la Luz”.

Sí; emocionante evocación de tantos días, desde 1948 en Londres, y toda la década del 50-60, pasados en su compañía, contemplando el paso de las estaciones con sol, con lluvia o recorriendo en interminables diálogos por las orillas del Sena, por tantos sitios de esta ciudad de que la que bien dijo Víctor Hugo: “Respirer Paris, cela conserve l’âme”. (Respirar París, esto conserva el alma).

De ninguno de sus libros, de ninguna de sus traducciones, Carrera Andrade se sentía tan complacido, tan legítimamente orgulloso. No extraña, por lo mismo, que para la Radio y Televisión Francesa, para mis archivos, aceptara grabar cuidadosamente este poema y cada vez que escucho su voz grave, sus versos luminosos, reviven en mi alma casi medio siglo de recuerdos, de sueños… “Los sueños… esto ayuda a soportar la ausencia”, confesó la adolescente genial, Valérie Calère.

Entre las veces que el nombre de Fernand Verhesen se encuentra en la Autobiografía de Carrera Andrade, señalará las dos siguientes:

- Cuando en la Primera Bienal Internacional de Poesía se halla entre varios poetas belgas, he mencionado las pocas palabras en que nos presente a Verhesen;

- Al evocar la publicación de Dicté par l’eau (París, 1952), escribe:

“…Meses después aparecía, igualmente en edición bilingüe mi poema Las Armas de la Luz, traducido por Fernand Verhesen y prologado por Jean Cassou. Era una edición compuesta íntegramente a la mano por el traductor, con el arte de los impresores medioevales. El papel y los tipos de imprenta estaban fabricados especialmente para el libro, y Verhesen había tardado cerca de un año en su fabricación, en el sótano de su casa” (b).

Se comprende así como un libro elaborado por un artista, por un poeta pusiera en su tarea todo el talento y la habilidad de un gran creador. Y en la traducción de Fernand Verhesen, como en los más altos creadores de bellezas, vemos cumplidas estas palabras del maestro Alfonso Reyes:

“Nada más misterioso, si bien se mira, que el ver morir un poema en la lengua que lo engendró, y luego -Fénix que se recompone en las cenizas- , verlo renacer en la lengua que le da nueva vida; creación montada en otra creación que se deshace, creación a pie forzado, imagen calidoscópica, organizada y equilibrada sobre los despojos de la imagen primera…”(c).

He terminado la presentación de 18 poetas de lengua francesa, de los 35 que mencioné en páginas anteriores y que estuvieron más estrechamente ligados por su amistad a Jorge Carrera Andrade. Sin embargo, veo que a estos nombres debo añadir aún tres que no puedo olvidarlos: un poeta, un biógrafo y un periodista. He mencionado a Aimé Césaire, René L.F. Durand y Marcel Niedergang. (d).

Notas:

(a) Jorge Carrera Andrade: Les Armes de la Lumière; traducción de Fernand Verhesen. Editions LE CORMIER, Bruselas, 1953. Presentación de Jean Cassou.

(b) El volcán y el colibrí, editorial José M. Cajica Jr. S.A., Puebla México, 1970; p. 219.

(c) Jean Camp, La guirlande espagnole (Les cent fleurs du sonnet espagnol transplantées en terre française)  Prologue d’Alfonso Reyes; México, 1947; p. VI.

(d) A. Darío Lara, idem nota 1; pp. 266-267.

Al dar a conocer a Fernand Verhesen y su estrecha vinculación con la poesía de Jorge Carrera Andrade, presentamos ahora otra faceta de su gran obra ecuatorianista, la crítica.

B) PREFACIO DE FERNAND VERHESEN*

Más que un mensaje que nunca tuvo la intención de transmitir, Jorge Carrera Andrade, a lo largo de su obra, ha dado a conocer una manera de orientar gestos y palabras hacia el hombre, para el hombre, hacia las cosas de este mundo e igualmente para ellas, en una actitud de generoso y constante descubrimiento. Si Carrera Andrade registra y establece el inventario de aquello que capta su mirada, no es para conocer sino para reconocer, para decir su reconocimiento, tal vez también, para reconocerse en tal inventario. Nunca ha tratado de encerrarse en los límites de una información ni de algunas observaciones; sino de encaminarlas más bien – respetándolas – hacia el sentido que la emergencia de los seres, de las cosas y su intrusión insólita provocan, en un mundo que aspira a la estabilidad, disturbios y trastornos.  Se trata pues de detectar, si no de definir, este movimiento hacia una manera de ser con el hombre, con las cosas, hacia esta forma de ser que es, en suma, el poema. En esto el poema es susceptible de dar un sentido; el poeta no transmite efectivamente ningún mensaje, pero abre una posibilidad -posibilidades-, de sentido. La gestión vital, el modo existencial, entre el otro, las cosas y el yo, que se desarrollan en lo ilimitado, sin punto de referencia inmediato, ni temporal ni espacial, sin otro verdadero asiento que los suministros por un yo errátil, en un universo (cuya unidad se presume: El cántico de la unidad universal, 1954–1956) en expansión y sometido a la apariencia de las cosas imprevisible e infinitamente resurgentes. La “Amistad de las cosas y los seres… en su vida cósmica enlazados / en oscura esencial correspondencia”, permite sin duda la esperanza, no fuera sino quimérica (y Carrera Andrade dudaba de ello) de resolver sus conflictos o antinomias. ¿Cómo trazar entre ellos esta línea de división – o mejor aún, lo veremos – esta línea de remate a donde convergirían sus energías caóticas y desmesuradas? ¿Por qué medios confiar al lenguaje la expresión unificadora, pero no reductora, y concretamente eficaz de estas energías fundamentales? ¿Cómo captar y orientar sus efectos, la tornasolada seducción de sus reflejos?

Carrera Andrade reservaba precisamente esta función a la metáfora, despojándola del rodeo fastidiosamente ornamental que revestía aún, muy a menudo, en la poesía hispanoamericana, y preservándola de todo recurso a cualquier idealismo metafísico que fuera. Si Carrera Andrade exploraba al infinito las cosas – antes de los seres – pero para encontrar los de este mundo más seguramente, deseaba transferir los elementos y las facultades en un lenguaje que estuviese dotado de una equivalencia funcional: tan solo la metáfora le parecía susceptible de asegurar de manera inmediata y directa dicha transferencia. Sin embargo, la metáfora no le parecía automáticamente operacional (desconfianza con respecto a los virtuosismos de un Surrealismo de superficie), se puede interrogar si la conciencia que tenía de la imposibilidad de otorgar a la metáfora propiedades supremas no explica, en parte por lo menos, los momentos de pesimismo que no trataba de disimular: no dejan de oscurecer a veces el brillo esencial de aquello que magníficamente llamaba Las Armas de la Luz (1953), destinadas a alumbrar la realidad. Sin duda, a esta caducidad pasajera del poder poético se debe encontrar otros orígenes: en la melancolía, por ejemplo, en la nostalgia inherentes a la sensibilidad y al pensamiento hispanoamericanos que siempre y bajo todas las latitudes (ver la poseía mexicana, sus “Nocturnos” y sus “Solares”) ofrecen un contraste dramático entre el deslumbramiento que la mirada experimentaba y continúa experimentando ante la naturaleza (particularmente ante los resplandores ecuatoriales), y las insondables tierras del interior. Porque si Carrera Andrade alcanzó, muchas veces, en el curso de sus obras, una luminosidad serenidad, la duda no dejó de atormentarle y, a menudo, las metáforas se ensombrecían, sin alterar nunca su capacidad de descifrar el mundo.

Sin embargo, en Carrera Andrade el poder de interrogación no tiene la sola mirada; es el hombre quien interroga mediante la mirada y a menudo deja aún la interrogación sin respuesta: el misterio permanece generalmente por entero. Sencillamente, tal vez, porque no existe misterio: existe, es todo. Cada mirada es una conquista sin violencia, una tranquila y suave conquista – pero nunca una apropiación del mundo - ; es la razón por la que la interrogación permanece abierta. Ella es más bien participación, en virtud de una repartición que implica justo conocimiento de la naturaleza de las “armas” de que disponemos. Nombrar es participar de la vida, insuflar (acto del poema) la vida a las cosas o reconocerla suya. La conquista, en un primer grado, es el asumir inductivo de lo que son los seres y las cosas y ella se muda en una creación congénitamente identificable a una tentativa de inteligibilidad del universo. La metáfora, según Aristóteles y así lo recuerda Derrida, “será un medio de conocimiento” (a). De la presencia del mundo colegimos inevitablemente (¿existiría el mundo sin nuestra mirada o sin que nosotros  lo experimentáramos?) nuestra propia presencia, sin la menor alteración de la suya (“el país sin mapa… dentro de nosotros mismos” (b) es justamente en el lugar y en el momento de esta transmutación cuando Carrera Andrade reconoce haber conocido un giro decisivo.

La ventana que Carrera Andrade abre sobre el mundo (“… la ventana, mi propiedad mayor”) en nada se asemeja a una ventana barroca, a un efecto engañoso; es una delimitación – de ninguna manera una limitación – que permite, sin más, concentrar la mirada sobre un objeto (sobre una cosa habría dicho Carrera Andrade) que se ofrece, sin determinación previa. El descubrimiento se realiza sin necesidad de provocarlo y se presta a una marcha infinita, interminable, pero no teleológica. La intencionalidad es prácticamente nula y, por otra parte, ocultaría el trayecto, alteraría su libertad, le privaría de la espontaneidad que va del ojo de la cosa. Tal vez es aquí donde se sitúa la verdadera transparencia a la que Carrera Andrade muchas veces hace alusión (“Limpiad el mundo – esta es la clave de fantasmas del pensamiento”). “Las metáforas son, en cierto modo, un bien prestado que se va a buscar en otra parte, porque no se tiene la cosa misma”, decía Cicerón (c). Es verdad, la metáfora no alcanza a la “cosa en sí”, por la simple razón que ésta no existe, pero no destruye y hasta facilita electivamente las cosas comparadas (contrariamente a lo que pensaba Pedro Salinas (d). “Limpiad” para evitar toda pantalla “intelectual” falsificadora, la metáfora ofrece precisamente esta transparencia, autoriza una vista directa sobre el mundo. Los “fantasmas del pensamiento” son apartados al mismo tiempo que toda “intelectualización” abusiva que determinaría la exclusividad de un campo de signos. Carrera Andrade substituye a este campo semiótico un campo metafórico y la libertad de un recorrido naturalmente indeterminado, se desvía sensiblemente de toda convención codificada. Entre la objetividad (es decir el enlace directo y unívoco entre el sujeto y el objeto), y la intersubjetividad (sea en razón de una comunicabilidad discursiva, sea por aprehensión intuitiva de un lenguaje no discursivo ni codificado) se sitúa el punto de conexión, la confluencia resonante de dos trayectos existenciales y relativos al lenguaje, en otros términos, la senda poética.

Este campo asociativo (un poema o un conjunto de poemas agrupados según una temática previa o posterior a su composición no intencional) podría considerarse como una metáfora general, pero no sintetizadora ni globalizante, no unificadora y menos aún reductora. Este campo es en verdad aquel en que se despliegue lo que Gaston Bachelard llamaba tan justamente una “sintaxis de metáforas” (e). Esta muy característica de la poética de Carrera Andrade, es esencialmente plural, ya que constantemente vivificada por factores nuevos e imprevisibles; las metáforas son suscitadas a la vez por los acontecimientos, los encuentros fortuitos, las “cosas” innumerables y en perpetua renovación.

La identificación del campo asociativo (metafórico) y de la realidad se produce en la línea de remate de su interferencia: sujeto (la mirada, la conciencia) y el objeto se identifican, su interferencia constituye exactamente el poema. Interfaz vacía de objetos, pero copiosa de virtualidades: es entonces cuando emerge la metáfora creadora de lo real. El sujeto y el objeto conocen con Carrera Andrade una fusión formal tan perfecta que es difícil distinguir sus elementos primeros y cuya conjunción produce una especie de resplandeciente configuración que podría tomarse por un espejismo perturbador y confuso; de hecho es el panorama sin cesar renovado de la realidad humana, al mismo tiempo que un “nuevo estado de la materia” (f). (A menudo, Carrera Andrade se ha afirmado esencialmente “realista”).

Esta realidad vista, sentida, experimentada bordea lo real sobre el que la lengua transfiere el goce sensible en un goce sensibilizado de aquello que el intelecto a su vez puede percibir: de un goce (o de un color, de una nostalgia o de una frustración, etc.) a otro, identificándolos, entre ellos, esta puerta impalpable y transparente, la poesía. Esta no es verdaderamente transfiguradora, sino más bien elucidante y profundizante de la realidad primera, inmediata “reserva” inagotable, inalienable, de lo que nunca cesará de ocurrir, aun para miradas que ya no serán más aquellas que en el muy efímero presente perciben su curso.

En la articulación de lo eterno espacial (la belleza de las cosas) y de la irreversibilidad temporal (precariedad y fugacidad de la existencia) se sitúa sin duda el drama ontológico del que Carrera Andrade muy personalmente ha experimentado la profundidad. Entre los elementos (Registro del mundo, 1922 – 1939); “Inventario de mis únicos bienes”, País secreto, 1939) del mundo y los acontecimientos, hay una incompatibilidad de que Carrera Andrade experimenta la acuidad, pero que llega a dominar, aunque sea temporalmente, otorgando a las “armas de la luz” un poder, no solamente de esclarecimiento, pero de conocimiento que las trasciende y, en cierto modo, las asimila. Si la “cosa en sí” no existe, no existen forzosamente sino cosas contingentes, accidentales; se comprende por qué Carrera Andrade registra algunas antes de establecer su inventario, contando con algunas semejanzas entre ellas y los acontecimientos existenciales. El lenguaje permite por lo menos esclarecer esta convergencia, a lo mejor reconocer a las cosas cierta belleza susceptible, tal vez, de ser transferida a los acontecimientos de la vida y situarlos al nivel, no de la realidad, pero del otro real del poema, pasajera pero no ficticiamente fuera del tiempo.

Este nivel está visiblemente trazado por esta línea de remate de que hablamos, en donde se encuentra asegurada la libertad creadora del devenir en razón de la eterna dialéctica entre lo contingente y lo permanente, lo inestable y lo estable, lo continuo y lo discontinuo, el desorden y el orden, la vida y la muerte. Esta línea no constituye el alcance simbólico de un tercer término, pero es verdaderamente la existencia de los otros dos. Se entiende que la información proporcionada por el inventario, a la vez maravillado y nostálgico al que se entrega Carrera Andrade, es inquietante en el silencio que veda toda homeostasis sensible y mental. Desde entonces, es normal que la imposibilidad de nunca registrar la totalidad de las riquezas engendra lasitud o desasosiego. Su misma abundancia excesiva, su infinitud imponen a quien recorre el mundo, como lo hizo Carrera Andrade, el fijar arbitrariamente (aquí es cuando interviene la imagen de la ventana) una limitación dolorosa. Se trata en esta coyuntura de dirigir, tan sólo por su propio recurso, este renunciamiento nunca acabado, el fascinante periplo alrededor y al interior de las cosas de este mundo: soledad tanto más imperiosa cuanto que se mezcla de frustración. Renunciar al inventario exhaustivo equivale a renunciar a la homeostasis confortable, a las suavidades contemplativas, a los hechizos sin fin: la aceptación de esta soledad, es decir de esta finitud, implica a la vez ánimo y, sobre todo, lucidez, que consiste en asumir plena y solitariamente la frustración fundamental que genera el destino humano. El poema, en ese momento  y en ese lugar, sobre esta línea de cumbre es un factor no apaciguante ni terapéutico, sino más bien enérgico y regulador: rigurosamente, para comprender el funcionamiento poético como Ilya Prigogine el fenómeno de la física, se trata en realidad de una estructura disipante, es decir, que asegura como sistema esencialmente abierto, un intercambio – un cambio si se quiere – constante y eficaz entre el mundo exterior y el mundo interior. Desde este punto de vista, que en verdad puede considerarse como general, la posición de Carrera Andrade es ejemplar.

En esta soledad de que hablábamos, Carrera Andrade vivió lo más profundamente su duda. Una duda que excluye la “luz natural”, en el sentido que Descartes entendía (Meditación Tercera) y baña como un halo las cumbres de su obra: esta luz de ningún modo es aquí un absoluto, en cuyo centro resplandeciente todas las cosas terminarían por equivalerse antes de absorberse en una especie de epifanía de apariencia panteísta o teleológica. Nada de eso, la mirada retorna hacia la realidad y ésta, en verdad, es iluminada a la vez del exterior por la luz “natural” (en el sentido de las Armas no cartesianas de la Luz), y del interior (desde el momento en que el hombre accede a la autonomía de su conciencia). Tal vez en ese momento es mediodía, la hora meridiana cuando la luz es tan potente que se vuelve insostenible y obliga la mirada a la horizontalidad humana (la poesía de Carrera Andrade es, ante todo, y en una aceptación poco tradicional, humanista). En ese momento, el objeto (las “cosas”) persiste irreductible, pero incognoscible en sí, sobre el que la vista se vuelve a la vez interrogativa y fascinada.

NOTAS:
* Traducido por A. Darío Lara, in: Jorge Carrera Andrade: Memorias de un Testigo, tomo II, idem nota 1; pp. XI-XVI.

(a)  “La mythologie blanche”, “Revue Poétique”, No 5, 1971 ; p. 5.
(b) Poesías escogidas, ed. Suma, Caracas, 1945; p. 5.
(c) De Oratore, III, 38, 155, Cit. “Rhétorique et langage”, par Lacoue-Labarthe et J.L. Nancy “Revue Poétique”, No 5, 1971 ; 123.
(d) Prefacio de Poesías escogidas, op.cit.; p. 7.
(e)  Psychanalise du feu; pp. 213-214.
(f) Gilles Deleuse qu’est ce que la philosophie ? Ed. de Minuit, 1991 ; p. 145.

Con la reproducción de este Prefacio, evaluamos mucho mejor lo que nuestro poeta afirmó en su carta de febrero de 1954:
“René Char me ha escrito una carta muy hermosa en que hace mención a su magnífica traducción. Igualmente, el otro día, en casa de Juan Liscano, varios escritores –entre ellos Alain Bosquet, Robert Ganzo, y Niedergand- elogiaron mucho su gran texto francés. Ganzo dijo que Ud. no era solamente un extraordinario traductor sino también el mejor crítico de Bélgica. Y en eso estuvimos todos de acuerdo”. 

    La correspondencia entre Fernand Verhesen y Jorge Carrera Andrade y, particularmente la transcripción de varias cartas traducidas, revelan la intensidad y la riqueza de su diálogo poético, a partir de la magnífica traducción al francés del poema Armas de la Luz: “…una edición compuesta íntegramente a la mano por el traductor, con el arte de los impresos medievales. El papel y los tipos de imprenta estaban fabricados especialmente para el libro, y Verhesen había tardado cerca de un año en su fabricación, en el sótano de su casa” (5).
(5) Jorge Carrera Andrade El volcán y el colibrí - Autobiografía, editorial José M. Cajica Jr. S.A., Puebla-México, 1970; pág. 219.

C) CORRESPONDENCIA:

Bruselas, el 27 de septiembre de 52

Querido gran amigo:

Después que hemos dejado Knokke, he pasado todos mis ratos libres, con usted, en lo más profundo de usted mismo, porque he estado en el corazón de uno de sus más bellos poemas…; yo había leído ya y releído “Combate Meridiano” (a) en Knokke, y me sentía ya bastante en la atmósfera del poema por traducir; he vivido con él desde entonces, y la traducción –primera versión, naturalmente está terminada. El miércoles próximo, yo la leeré con Edmond (b), y si él encuentra que la traducción es aceptable, yo le enviaré. 

Pero, no se trata insisto de una primera versión: se puede que ella sea completamente transformada, como se puede que no sea necesario cambiar gran cosa. Hay que dejar ahora reposar y volver a tomarla después de un momento “como nuevo”.

Ayer por la tarde, yo le he esperado… por el efecto milagroso de una técnica, por azar feliz, su voz está entre nosotros; pero, es necesario decirle que, ante todo, usted está en nuestro corazón, y las jornadas de  Knokke fueron para mí, desde este punto de vista, admirables, y su presencia entre nosotros las volvió inolvidables: conozco sus poemas casi tan bien como Edmond, yo creo, pero no había tenida nunca la ocasión de vivir durante tantas horas a su  lado y esta fraternidad, en la que usted pone tanta sencillez y delicadeza, constituye para mí un enriquecimiento humano que es el más precioso de los bienes.

He escrito también un anteproyecto de prólogo de impresión de “Combate Meridiano”, pero, me he dado cuenta de algo bastante desagradable. Yo no poseo caracteres “Garamond” cuerpo 24 itálica, ahora bien los necesito para componer sea el español, sea el francés, el otro texto deberá ser compuesto en caracteres romanos. Fui al servicio de informaciones, y espero poder adquirir las itálicas, que compraré especialmente para esta obra, pero que me servirán todavía en el futuro. Pero, la compra de estos caracteres va a tomar algún tiempo.

Haremos esta obra en el formato de Horacio, le “Chant séculaire”, que usted  ha visto en Knokke: es indispensable, su poema pide una presentación en armonía con su propia grandeza.

Cuando haya preparado una maqueta precisa, yo le someteré porque yo quiero que usted esté en todo perfectamente de acuerdo conmigo, y que pueda hacerme todas las sugerencias posibles.

Me he ocupado también del papel, y he recogido algunas informaciones interesantes;  a primera vista, podríamos pensar en repartir las pruebas como sigue:

30 ejemplares: en Auvergne en papel fino
20 ejemplares grueso
20 ejemplares en Rives B.K.F fino
20 ejemplares grueso
10 ejemplares vélin du Marais.

El precio global seguramente no superaría los 5.000 francos, y espero poder, por compras juiciosas, bajar este precio. Tengo también en vista del “Holande”, pero nada de preciso.

La obra constaría en total de 44 páginas, de las que 27 páginas de texto español y francés más títulos y diversos, lo que haría un total de 33 tirajes; como no puedo imprimir sino una página por semana (y/a condición de ir rápido y sin dificultades), será necesario,  pues, que usted se arme de paciencia…  pero,  sabe usted que mi trabajo es el resultado de una paciencia considerable, sin lo que se malgasta todo, o se imprime mal, y entonces, vale mejor no hacer absolutamente nada.

Después de algunas semanas, o de algunos días habré elegido los papeles, y le daré entonces el detalle  del trabajo. Mientras tanto, le enviaré la semana próxima mi traducción; le diré en qué estado de espíritu lo he hecho, y con la franqueza la más absoluta usted me dirá lo que piensa de ella.

Antes de fin de año, el Comité de las Bienales publicará un grueso volumen  en el que se reproducirán los informes principales; en tiempo útil usted tendrá a bien decirnos si su texto policopiado puede ser reproducido tal cual, o si usted desearía revisarlo antes de la edición. 

Me queda, esta tarde, por decirle la inmensa alegría que me hace permitiéndome pasar largas horas en la composición de su poema: esto será, este año, mi placer y mi orgullo.

Ayer por la tarde, escuchándole, todos nuestros amigos del “Journal des Poètes” nos han pedido, a Edmond y a mí, de decirle su admiración y su amistad: se las transmito y junto a ellas las mías, de todo corazón.

f) Fernand Verhesen

(a) Carta de Jorge Carrera Andrade: París, 25 Diciembre 1953, reproducida en la transcripción de esta correspondencia. “Combate Meridiano” fue el título primitivo del maravilloso poema Las Armas de la Luz, ver Jorge Carrera Andrade: Memorias de un Testigo, tomo I; Casa de la Cultura Benjamín Carrión, fondo editorial C.C.E., Quito-Ecuador; pág. 251.
(b) Acerca del poeta belga Edmond Vandercammen, ver Correspondencia de Jorge Carrera Andrade…, tomo III, idem nota 2; p. 198 nota 2.

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Bruselas, el 3 de octubre de 1952

Querido gran amigo:

He aquí la traducción prometida; evidentemente no es definitiva, no sólo porque después de haberla dejado “reposar”, corregiré tal vez algunos pasajes, pero sobre todo porque espero sus críticas, su opinión; tengo la suerte excepcional que el autor conoce el francés tan bien como yo, y espero que usted me permitirá aprovechar de ello…

He leído esta versión con Edmond, muy atentamente, él no ve nada por corregir y la encuentra correcta; además, le debo dos o tres correcciones y una de importancia: es Edmond quien ha encontrado por “servidor simétrico del mundo”: “aux gestes parallèles”, lo que me parece representar exactamente su pensamiento.

Había proyectado una traducción en versos completamente libres, pero he cambiado de opinión: creo que nuestro alejandrino, muy flexible, conviene a esta especia de solemnidad del poema, a su majestad: por otra parte, era absolutamente indispensable mantener el canto y darle su máximum de eficacia, todo el verso enteramente debía atestiguar de la fuerza de encantación que tan sólo una palabra española puede entrañar.

He tratado de permanecer tan fiel, casi tan literal como posible, pero ha sido necesario aquí y allí, transponer más radicalmente. Por otra parte, ciertos elementos son intraducibles de manera literal (tubería se traduce por “tunnel”-túnel- , alquitara por “philtres”- filtro-, cínifes por “essaim”- enjambre-, reflejo de agua, fugaz… por “fugace rosée”- fugar rocío-, / que refleja…etc.); no estoy completamente    satisfecho de la traducción “o el peral en sus pálidas redomas”; que es absolutamente imposible de traducir literalmente: “ et le fruit la distille en son blème cristal”, imposible igualmente en francés; he traducido por “ les lèvres sans âge”, etc.

Lo esencial es que el lector francés tenga exactamente la misma comprensión y la misma impresión que el lector español, y que, en toda la medida en que una traducción no lo traiciona, el texto francés pueda por lo menos dar al lector la certeza que el original es un gran y magnífico poema. Usted me dirá si piensa que este proyecto es satisfactorio y aquello que se deberá corregir.

No ignoro que usted procederá en esto con una franqueza absoluta. No tengo todavía otras informaciones acerca de los papeles, pero sé que podré proveerme de los caracteres  necesarios y esto me libera de una seria inquietud, porque los “Gramond” son muy raros, por lo menos los auténticos.

Espero pues unas palabras de usted, cuando haya tenido el tiempo de “espulgar” mi traducción, y yo le digo mi profunda y afectuosa admiración.

f) Fernand Verhesen

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París, 23 Noviembre 1952

Mi querido y gran amigo Fernand Verhesen:

Me excuso de mi retardo en contestar su amable carta última, fechada el 7 de octubre. Innumerables ocupaciones me han impedido escribirle: en el intervalo cambié de puesto en la Unesco y me sumí al personal de la Conferencia. Todos estos días han sido muy movidos y ayer el proceso culminó en la dimisión de Jaime Torres Bodet como Director General de la Unesco. Ya puede Ud. darse cuenta de la inquietud y la actividad febril que reinan aquí.

Su traducción de “Combate Meridiano” es una verdadera obra maestra (a). No creo que se pueda superarla. De modo que no hay necesidad de modificarla en ningún punto. Acaso Ud. puede tomar en cuenta las siguientes pequeñas indicaciones:

Verso N° 2: “et m´environne et vivre en moi…”. La idea es más bien “et tourne autour de moi et me serre”.

Verso N° 4: No sé si expresa cabalmente la idea original es: “De l´horizon en train de dire une parole ou plutôt une voyelle éternellement”.

Verso N° 10: “Je suis une ombre captive…”.

Verso N° 18: “De cette lumière naissent toutes les formes”.

Verso N° 81: “reflétée par le vaste miroir de l´espace”.

Verso N° 89: “sucre” (et non liqueur).

Verso N° 146: “Les cavaliers de l´azur”.

Esto es todo. Como Ud. ve, muy poca cosa. En lo demás, estoy completamente de acuerdo en las modificaciones que Ud. ha hecho con tan gran tacto e inteligencia. De manera que creo que ya ha llegado la hora de iniciar la impresión del poema, o por lo menos de ocuparse de adquirir los elementos necesarios para esa impresión: papel, caracteres de tipografía, etc.- Aquí el precio del papel ha bajado y acaso suceda lo mismo en Bélgica. Yo sé que Ud. tomará todas las disposiciones porque esta edición sea verdaderamente algo que satisfaga desde el punto de vista artístico. En todo caso será un libro noble que justificará nuestro interés y nuestra preocupación.

Hasta muy pronto, mi querido amigo. Avíseme cuando haya necesidad de comenzar la cuestión material de la obra.

Un abrazo de su amigo que le agradece por tan generoso trabajo.

f) Jorge Carrera Andrade

P.S. Desgraciadamente no conozco nada sobre la sección de traducción de la Unesco. Como Ud. sabe, aquí cada departamento es separado. Lo único que sé es que esa sección publica un “Index Translationum” donde se da noticia de todas las traducciones que se hacen en el mundo y que va a publicar muy pronto un Registro internacional de traductores, por pedido de la Conferencia Internacional de Artistas y Escritores reunida en Venecia en septiembre último. Ud. debería solicitar a la Secretaría de la Unesco los documentos que necesite. JCA

Le ruego transmitir un gran abrazo a Vandercammen. JCA.

(a) Al comentar esta obra a la pregunta de Rodríguez Castelo, Jorge Carrera Andrade contestó: “-Con las Armas de la Luz irrumpe la luz en su lírica, ¿cuál es el sentido más hondo y alto de esa ‘luz’ metafórica?

- El sentido de la luz es el de la elevación espiritual. Pero debo aclarar que no es la primera vez que surge la luz en mi poesía. La luz está presente en casi todos mis poemas. Es una constante a través de toda mi obra, lo cual determinó al crítico italiano Giovanni María Bertini a compararme con Pascoli. Sin embargo, tiene usted razón de hablar de ‘luz metafórica’, al referirse al poema Las Armas de la Luz, que figura junto a un poema trascendentalista, Familia de la noche, donde los personajes son la muerte y el pasado. La luz alta es la que se encuentra más allá de la existencia física. Puedo decir que se trata de la luz metafísica” in: Nuestros latinoamericanos vistos por sí mismos-Entrevistas de Hernán Rodríguez Castelo, Banco Central del Ecuador, Quito, 1996; pág. 248.

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París, 26 de Marzo de 1953

Querido y buen amigo:

Su carta me trae muy gratas noticias, especialmente en lo que se refiere a la impresión muy próxima de mi poema.  Es un gran honor para mí ser editado por Fernand Verhesen y, lo que es más, ¡impreso por sus manos!

Desde luego, estoy de acuerdo en todo: precio, papel, tipo de imprenta, número de ejemplares, etc. No tiene sino que comenzar el trabajo. En lo que se refiere a mi participación en los gastos, estoy sumamente agradecido con Ud. por haber fijado una cantidad tan modesta, es decir 5.000 frs. belgas. Me permito solamente preguntarle  en qué forma puedo enviarle esa cantidad.  ¿Desea Ud. que le remita un cheque en francos franceses por la cantidad equivalente o prefiere que yo dé orden a otra persona en Bruselas para que le entregue los 5.000 frs. belgas? Tengo allá varios amigos: el Cónsul de Cuba en Amberes, el Ministro de República Dominicana en Bruselas, etc.- También puedo entregarle a Ud. esa cantidad a su paso por París, donde espero verle.

No regreso todavía a mi país y creo que no podré regresar este año. La situación política en el Ecuador no es muy clara por el momento. También varios asuntos personales impiden mi viaje. Permaneceré, pues, en Francia por algún tiempo más. Estoy actualmente en plena mudanza, pues he entregado el departamento que yo ocupaba en el número 42, calle Jouffroy, y voy a volver a la Garenne, en donde permaneceré hasta el fin del verano. Le ruego tomar nota de mi dirección:

46, avenida del General de Gaulle
La Garenne-Colombes (Sena)

En caso de que Ud. venga a Francia, le ruego avisarme la fecha para acordar el sitio y la hora de nuestro encuentro en París.

Le ruego saludar mucho a nuestros amigos y en especial al noble y bueno Edmond Vandercammen. Y Ud. reciba un abrazo estrecho de su amigo sincero;

f) Jorge Carrera Andrade

P.S.  Estuve en un cocktail con Jean Cassou*, quien se ha manifestado muy decidido por mi poesía. Le conté de una posible edición bilingüe de mi Combate Meridiano y me expresó su interés ¿No cree Ud. que estaría bien que Cassou escribiera unas líneas de introducción para al poema? Con las primeras pruebas, estoy seguro que lo haría con placer. Creo que el procedimiento sería que Ud. le enviara esa primera prueba y le solicitara esas líneas de introducción. ¿Qué le parece?

Pérdone este abuso de confianza.  J.C.A

* “Jean Cassou

Una de las personalidades más brillantes del hispanismo francés de este siglo. ‘Una de las figuras más autorizadas en el ámbito literario francés’, escribe Carrera Andrade (a). Jean Cassou presidió la ‘Primera Bienal Internacional de Poesía que se reunió en Bélgica, del 11 al 15 de septiembre de 1952, y en cierta ocasión declaró: ‘Bélgica, capital de la poesía francesa’ (b). Jorge Carrera Andrade que asistió a esa Primera Bienal, escribe:

‘En realidad, Bélgica es uno de los pocos países del mundo que tiene una Casa de los Poetas, donde se celebran conferencias y se editan libros de autores de las más diversas latitudes…’(c).

Recordé ya que gracias a la amistad y gran admiración que Jean Cassou tenía para el poeta ecuatoriano, cuando Jorge fue Embajador en París, en su calidad de Director (o como se dice en Francia de ‘Administrador’) del Museo de Arte Moderno, fue posible iniciar las primeras conversaciones que culminaron más tarde, en 1973-1974, con las Exposiciones más brillantes que el Ecuador haya organizado en París, en este siglo: ‘Richesses de l’Équateur’(arte precolombina y colonial) en el Petit Palais; Exposición del pintor Oswaldo Guayasamín (la ‘Edad de la Ira’), en el Museo de Arte Moderno; y finalmente, la Exposición del Libro Ecuatoriano (con más de mil volúmenes), en el Instituto Nacional de Investigación y Documentación Pedagógicas.

Cuál fue la opinión de Juan Cassou sobre la poesía de Jorge Carrera Andrade será fácil darse una idea por el texto que reproduzco en al capítulo siguiente”. In: Jorge Carrera Andrade: Memorias de un Testigo tomo II,  por A. Darío Lara, Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, fondo editorial de la C.C.E., 1999, Quito-Ecuador; pp. 244-245.

NOTAS:

a) Jorge Carrera Andrade, El volcán y el colibrí- autobiografía, idem nota 5; pp. 215-216.
b) Ibidem; p. 218.
c) Idem: p. 213.

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Bruselas, el 24.IV.53

Querido gran amigo:

Estoy en pleno trabajo, ¡Las “Armas” (a) en la mano! He terminado la nueva maqueta del libro y he aquí el texto de Jean Cassou, al mismo tiempo que el proyecto definitivo del título interior. El título de la cubierta no llevará sino su nombre y el título del poema (este último en rojo, las dos veces).

Desearía escribirle largamente y decirle mi alegría de haber pasado dos largas y admirables tardes con usted; pero, la hora no es para las “habladurías” y prefiero, esta noche, estudiar la presentación y comenzar la composición del texto de Jean Cassou.

He aportado aún algunas correcciones a la traducción:

verso 2:
“et sans fin tourne autour de moi: ô cercle d´or!”

versos 6.7:
“ quel profond bâillement sur les lèvres des nues,
Ou quel soupir s´exhale des jaunes rochers”.

Corrección pedida por J. Cassou, quien me ha hecho notar que “palais” se presta a equívoco; creo que la forma nueva, desde luego, es más exacta y más bella.

Versos 75.76:
“Plutôt lumière ailée, minuscule flèche
que sans trève se lancent entre elles les fleurs vers…”

Versos 119, 120:
“Et pose à l´univers d´innombrables questions
que propagent sans fin les échos perroquets”.
“Les échos perroquets”, sugerencia de Jean Cassou, muy exacta, que he adoptado así.

Ahora, en último recurso, no me faltan sino las pruebas, espero  enviarlas pronto, y le digo en espera mi muy profunda afección.

f) Fernand Verhesen

(a) Por vez primera en la correspondencia de Fernand Verhesen, al título “Combate Meridiano”, sucede el que será definitivo del gran poema “Las Armas de la Luz”.

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7 de Mayo de 1953

Mi querido amigo:

Muy agradecido por todo el amistoso interés que Ud. demuestra por mi poema, en su magnífica versión francesa. La introducción de Cassou es muy bella y generosa y, una vez más, compromete mi gratitud.  Le ruego que le haga saber el entusiasmo que ha despertado en mí esa estupenda página de uno de los hombres más independientes y de mayor inteligencia crítica de nuestro siglo.

Aún he modificado aquel verso que le indiqué en el Café de Flore y otro más. (Verso 75: Ya no debe decir “luz con alas, minúscula saeta” sino: “luz con alas o rútila saeta”. La palabra minúscula está ya en otra línea anterior,  y además la palabra rútila es más poética y tiene más facetas de significado: vivaz, que brilla como el oro, etc.)  (Verso 120: En lugar de “divulgan los ecos papagayos” debe decir “que repitan los ecos papagayos”) (a).

Nuevamente, su gesto de hacer imprimir los boletines de suscripción obliga mi agradecimiento. Tengo la impresión, sin embargo, de que 500 o 600 boletines serían demasiado. Acaso estaría bien con la mitad. De todos modos, haga Ud. lo que le parezca más conveniente, aunque -como ya le dije- por mi parte no podría facilitarle muchos nombres; pero, tal vez, todos seguros suscriptores.

Quiero pedirle un favor muy especial: ¿No sería posible imprimir una veintena de ejemplares con la cubierta en español: LAS ARMAS DE LA LUZ  (Introducción de Jean Cassou y traducción francesa de Fernand Verhesen)?  Esto sería de muy buen efecto en América Latina y haría conocer allí el libro.

En resumen: estoy de acuerdo en todo y doy mi aprobación al texto de los boletines de suscripción, como también a la hermosa composición tipográfica de la cubierta del libro. Y hago votos porque todo salga a su entera satisfacción y porque este trabajo de amistad y poesía no le resulte demasiado agobiador.

Reciba un abrazo de su amigo que le estima sinceramente.

f) Jorge Carrera Andrade

(a) Subrayado por el autor.

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Lemoi, el 12 de octubre 53

Querido gran amigo:

Después de la reiniciación de los cursos, ¡mis primeras horas de libertad han sido consagradas a “Las Armas de la Luz”! Y sin embargo estoy muy atrasado… cursos más numerosos, un horario terriblemente cargado y mal combinado, una serie de conferencias acerca de la poesía contemporánea (mañana hablo de Reverdy) y pronto exámenes que debo tomar a los funcionarios de la ciudad de Bruselas…, las cargas no faltan y entierran literalmente los días que se suceden sin siquiera dejar el tiempo para escribir a mis amigos.

Por fin, he hecho cuatro tirajes durante estas dos últimas semanas y lo esencial es que sean impecables: y lo son, por lo menos a mi parecer. Quedan 18 tirajes por realizarse, voy a llegar a la mitad, pero con un poco de retraso en el horario previsto, a pesar de toda mi prisa… Dentro de algunos días, usted recibirá el boletín de suscripción y nos pondremos de acuerdo por el envío.

No me doy el placer de escribirle más extensamente: voy a comenzar, esta tarde, a componer la página: “y buscar” (a) hasta “suprema” (b) y le envío toda mi grande, mi profunda mistad.

f) Fernand Verhesen

(a) Es el primer verso de la pág. 8 del texto (IV estrofa): “Y buscar vanamente la flor…”.
(b) Y el último verso de la página: “Que comanda la luz, la luz suprema”. 

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París, 25 Diciembre 1953

Mi querido Fernando:

Acabo de recibir “Las Armas de la Luz”, editada por Ud. de manera insuperable. ¡Esta bellísima edición quedará para la historia! No sabe Ud.la gratitud que tengo para su generosa dedicación a la Poesía.

Quiero preguntarle dos cosas: ¿Sería posible volver a imprimir las 5 primeras líneas del poema? En efecto, la 3a. línea tiene un error, en el texto español:

Gira a mi alrededor: ¡oh cerco de oro!
Seguida por la azul caballería

No debe decir seguida sino seguido (a).

Le ruego que considere la posibilidad de volver a imprimir esas páginas a mi costo, aunque sea solamente algunos ejemplares destinados a los lectores de lengua española.

Mi segunda pregunta: ¿Envío Ud. los boletines de suscripción a las direcciones que yo le remití?

Sería lo más conveniente que Ud. envíe los ejemplares destinados a la prensa.

¡Feliz Navidad y Año Nuevo Dichoso!

Un gran abrazo.

 f) Jorge Carrera Andrade

(a) Subrayado por el autor.

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París, 12 de Febrero de 1954

Mi querido Fernand:

Recibí su admirable estudio sobre los Autos Sacramentales de Calderón de la Barca y créame que he pasado horas deliciosas recordando las amadas lecturas de mi mocedad! No vacilo en calificar a su estudio de magistral, pues está lleno de enseñanzas y de agudas observaciones que enriquecen nuestra vida intelectual y psíquica. He aprendido mucho acerca de la alegoría y del símbolo, acerca de la movilidad del pensamiento y de la noción del tiempo, en que Calderón se adelanta a Eliot de los “Four Quartets”. Y he aprendido sobre todo a revalorizar mi concepto de Calderón, que Ud. deja maravillosamente  situado con su penetración  de crítico y su adivinación de poeta. Por su gran probidad intelectual, Ud. se coloca entre los valores más serios de la generación europea de nuestro tiempo. Le admiro, Fernand Verhesen y le aprieto la mano con profunda gratitud por el presente valioso que se ha servido hacerme con su estudio.

Muy pocas direcciones he podido enviarle- y perdóneme que hable ahora de otra cosa-  para la divulgación de prensa de mis libros (que ahora me parece más suyo) y talvez Ud. me podrá sugerir otros nombres. Por el momento, me permito señalarle unas cuantas revistas, cuyo nombre anoto en hoja aparte (a).

Recibe un abrazo de su amigo sincero,

f) Jorge Carrera Andrade

(a) – LA NOUVELLE REVUE FRANҪAISE
5, calle Sébastien-Botin, París VII°.

– LES LETTRES NOUVELLES
30, calle de l´Université, París VII°.

– PREUVES
23, calle de la Pépinière, París VIII°.

– L´OBSERVATEUR D´AUJOURD´HUI
6, bulevar Poissonière, París XIX°.

–  LA PARISIENNE
3, calle Dame, París.

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Mi querido Fernand Verhesen:

Acabo de regresar de Suiza, a donde fui con el fin de dejar a mi hija Patricia en una Clínica. La pequeña fue sometida a una operación de los huesos y tiene que estar en yeso durante algunos meses. La Clínica de Suiza es especialista en esta clase de tratamientos. Mi familia está, pues, en Leysin y yo me encuentro solo en París. Le ruego que no me escriba a la dirección de La Garenne (de donde salí hace más de un mes) sino a la siguiente dirección:

Département d´information
Bureau 344. UNESCO
19, Avenida Kléber. París.

Quiero hacerle una pregunta: ¿Tiene Ud. algún agente o amigo en París, en donde podrían los interesados depositar los francos franceses para la adquisición de mi libro? El sistema de solicitudes, declaraciones y formas que exige el Correo francés ha desalentado a muchos posibles compradores de mi libro. Le sugiero lo siguiente. Envíe Ud. 10 ejemplares de papel de Rives: y 10 en Auvergne a la Librería situada en la calle Kléber, frente a la Unesco. O envíemelos a mí personalmente, para entregarlos a la librería más conveniente. O envíe a Maublanc, agente del “Journal des Poètes”. En todo caso yo le ruego enviarme 5 ejemplares (papel de Rives) para mí, contra reembolso o como Ud. desee. La cuestión es que el pago deberá hacerse en franco franceses.

René Char me ha escrito una carta muy hermosa en que hace mención a su magnífica traducción. Igualmente, el otro día, en casa de Juan Liscano, varios escritores –entre ellos Alain Bosquet, Robert Ganzo y Niedergang- elogiaron mucho su gran texto en francés. Ganzo dijo que Ud. no era solamente un extraordinario traductor sino también el mejor crítico de Bélgica. Y en eso estuvimos todos de acuerdo.

Le ruego decirme si envió Ud. los ejemplares para la prensa. Creo que el momento es bastante propicio. ¿Recibió Ud. mi carta en la que acusaba recibo de su gran estudio sobre los “Autos Sacramentales” (a).

Deseo pedirle, como un favor especial, entregue un ejemplar de mi libro a Edmond Vandercammen. O me envíe un ejemplar para dedicárselo. Vandercammen es un amigo a quien estimo profundamente.

Bueno, esta carta es sólo para invitarle a proseguir la correspondencia conmigo, interrumpida por mi viaje a Suiza.

Le abrazo afectuosamente su amigo leal.

f) Jorge Carrera Andrade

(a) Con esta información, podemos situar esta carta, después de febrero de 1954 (París, 12 de Febrero de 1954), fecha en que escribió: “Recibí su admirable estudio sobre los Autos Sacramentales de Calderón de la Barca.

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Rosières, el 25-VII-54

Querido gran amigo:

Ayer por la mañana he encontrado su carta, cuando he regresado a Bruselas, e inmediatamente he enviado 4 ejemplares de “Las Armas de la Luz”.

Estoy desolado de saber que no le veremos en Knokke, pero también feliz que pueda volver a ver su país, lo que seguramente le ocasiona una gran satisfacción. ¿Habrá regresado a París el 23 de octubre?; ese sábado tendrá lugar una cena del “Journal des Poètes” y será sin duda la ocasión de volvernos a ver.

Me he refugiado en el campo para trabajar a mi gusto, ¡porque estaba absolutamente abrumado! R. Caillois me había pedido traducir un grupo de poemas para la Antología de la poesía iberoamericana de F. de Onis, que debe publicar la Unesco (a).

Me pregunto: ¿en qué medida debo el haber sido designado para este trabajo? De todos modos, esto me causa un gran placer. He preparado también una selección de traducciones de Quevedo y finalmente una gran parte de una Antología de la poesía española contemporánea, que publicaremos un día, Edmond y yo.

La Bienal se anuncia muy bien y he recibido comunicaciones en extremo interesantes (E. Sourian, Senghor, Emicé, etc.)  y los participantes son muy brillantes (L.S. Gros, G. Picon, Monnier, etc.). No tenemos noticias de Liscano, esto me extraña un poco, tal vez está ausente. “La Antología de la década” acaba de salir  y la Antología del medio siglo., T. II saldará en agosto; usted encontrará todo esto a su regreso. Pero, esto representa un trabajo considerable. En resumen, esto fue un disparo…

Lo esencial está terminado y puedo partir tranquilo, mañana por la mañana, a Italia del Norte.

Estaremos muy lejos -y muy  cerca, también, querido Jorge-, si todos cuantos tienen la dicha de esta cerca de usted no pueden sentir sino la admiración y amistad; deseo que ellos se enriquezcan tanto como yo al conocerle. Traducir sus poemas, es decir, penetrar en ellos profundamente, sentirlos vivir  en mí, ha sido una de las más estimulantes y más maravillosas experiencias, a la vez poéticas y humanas, que he conocido.  Nunca podré agradecerle por ello. Y en el corazón de este poeta, he encontrado a un hombre cuya pureza me guía. No crea usted en alguna cortesía de mi parte: ¡yo no soy cortés…!

Edmond ha aceptado la invitación de ir a España. Yo le he explicado muy francamente por qué he rehusado, él me ha comprendido bien, como yo admito su actitud, sin querer compartirla. Yo regresaré a España, pero por mi cuenta, tal vez el año próximo…

No me dice nada de su hijita, espero que al fin se encuentre mejor y no le da más inquietudes.

Buen viaje, querido Jorge, mi gran amistad le acompaña.

f) F. Verhesen

(a) Anthologie de la Poésie Ibéro-américaine. Présentation de Ventura García Calderón, París-1956- (391 páginas). Entre los 26 poetas que tradujo F. Verhesen está Julio Zaldumbide, mientras que Robert Ganzo y Pierre Darmangeat, tradujeron poemas de Jorge Carrera Andrade.

Esta correspondencia refleja e ilustra muy bien las notables características de la obra ecuatorianista de Fernand Verhesen; recordemos estos fragmentos de algunas cartas de Jorge Carrera Andrade:

- “Su traducción de ‘Combate Meridiano’ es una verdadera obra maestra. No creo que se pueda superarla. De modo que no hay necesidad de modificarla en ningún punto”. (Carta del 25 de noviembre de 1952).

- “Es un gran honor para mí ser editado por Fernand Verhesen y, lo que es más, ¡impreso por sus manos!”. (Carta: París, 26 de Marzo de 1953).

-“Acabo de recibir las Armas de la Luz editados por Ud. de manera insuperable. ¡Esa bellísima edición quedará para la historia! No sabe la gratitud que tengo para su generosa dedicación a la Poesía…”. (Carta del 25 de diciembre de 1953). (6).

Así con el mejor conocimiento de la obra ecuatorianista del poeta belga, la reproducción de su Prefacio y la traducción de varias de sus cartas: "No hay duda que en la historia de las letras ecuatorianas de este siglo, el nombre de Fernand Verhesen quedará muy especialmente ligado al de Jorge Carrera Andrade..."(7).

NOTAS:

(6) Cartas de Jorge Carrera Andrade del: 25 de noviembre de 1952, 26 de marzo de 1953 y 25 de diciembre de 1953.

(7) Idem nota 1, tomo II; p. XXI.

Artículos de A. Darío Lara sobre la obra de Jorge Carrera Andrade:







-"Carrera Andrade et les Lettres Françaises"

-"Solemne homenaje en la Sorbona a Jorge Carrera Andrade"


Otros estudios en el blog sobre la obra de Jorge Carrera Andrade:






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