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jueves, 3 de julio de 2014

Tecnología cerámica y ocupación precolombina de las estribaciones andinas: el caso del valle del río Cuyes*


Catherine Lara

INTRODUCCIÓN

Desde los años 70, las enigmáticas e imponentes estructuras fortificadas del valle del río Cuyes (cantón Gualaquiza, provincia de Morona Santiago – alta Amazonia sur del Ecuador, ver figura 1), llamaron la atención de antropólogos (Ekstrom, 1981; Taylor, 1988) y arqueólogos (Carrillo, 2003; Salazar, 2000; Ledergerber, 2007). En el contexto de la recientemente reconocida milenaria interacción cultural entre Sierra y Amazonia (Saulieu de, 2006; Valdez et al., 2005), y al ubicarse en una zona de paso natural entre estos dos espacios geográficos, las edificaciones del valle del Cuyes llegaron muy pronto a plantear la pregunta del origen étnico de sus constructores: ¿Serranía? ¿Amazonia? ¿En qué época? Como veremos a continuación, la tesis que sustenta el siguiente trabajo aspira a alimentar la discusión a través de la aplicación de una metodología de interpretación antropológica del registro cerámico novedosa en el mundo andino.

1. ANTECEDENTES

Los primeros datos publicados sobre la arqueología del valle del río Cuyes lo asociaron hipotéticamente a la cultura serrana cañari, principalmente asentada entre las actuales provincias de Cañar y Azuay (sur del Ecuador – ver figura 1). Este planteamiento nos ubica luego en el periodo llamado de “Integración” de la cronología arqueológica ecuatoriana general (400/800 d.C. a 1440 d.C. aproximadamente). A breves rasgos, se postula que a pesar de compartir tradiciones culturales así como un acervo lingüístico común, los cañaris habrían sido conformados por diversos tipos de grupos políticos independientes (Hirschkind, 1995; Chacón, 1990), dotados de conocimientos técnicos sofisticados (agricultura, metalurgia, alfarería), y permanentemente en contacto mediante intercambios y conflictos (Idrovo, 2000).

Figura 1: mapa de ubicación del área de estudio y su región

Existen dos hipótesis respecto al papel jugado por el valle del río Cuyes dentro de este escenario sociocultural: la primera lo sitúa como espacio de abastecimiento de recursos claves (oro en especial), aprovechados por los núcleos políticos de la serranía (sistema de la verticalidad -Salazar, 2000; Taylor, 1988). La segunda señala que se trató al contrario de una poderosa unidad política independiente (Carrillo, s/f).

Por otra parte, si el carácter directo (Carrillo, s/f; Ekstrom in Taylor, 1988) o indirecto (Idrovo, 2000; Hirshkind, 1995) de la presencia inca en la región es motivo de debate, las fuentes etnohistóricas son unánimes en señalar al valle del río Cuyes como espacio de conflicto e intercambio con los llamados jíbaros (De los Ángeles, 1991), antepasados de los actuales shuars. Entre los siglos VII y X de nuestra era, los jíbaros –de afamada belicosidad-, habrían migrado desde las tierras bajas amazónicas hacia la alta Amazonia (Guffroy, 2008) situada entre las cuencas de los ríos Pastaza y Chinchipe (Rostain, 2012 – ver figura 1). Se los asocia a un tipo cerámico conocido como corrugado** (Guffroy, 2006). Actualmente, la mayoría de moradores del valle del río Cuyes son colonos oriundos de la Sierra, mientras que se encuentran comunidades shuars en la parte baja.

En el 2009, el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural Regional 6 y el Municipio de Gualaquiza auspiciaron un proyecto en el que los arqueólogos Ordoñez y Flores colaboraron con quien suscribe para mapear y excavar los dieciocho sitios monumentales de piedra diseminados a lo largo de los 40 km del valle del río Cuyes (Lara, 2010). Agrupados en cinco sectores, éstos corresponden esencialmente a estructuras de carácter defensivo y/o ceremonial (pucaraes con muros de piedra concéntricos y zanjas), así como a posibles recintos habitacionales. El material cerámico recuperado en aquel entonces fue completado en el 2013 en el marco del presente doctorado con una prospección focalizada esta vez en torno a los diez conjuntos de 593 terrazas actualmente visibles en la zona (es decir, a contextos potencialmente domésticos). Entre las temporadas del 2009 y el 2013, se recuperó aquí una muestra de más de 3.000 fragmentos cerámicos obtenidos a partir de 25 sondeos y 700 pruebas de pala.

2. HACIA UNA LECTURA ANTROPOLÓGICA DEL REGISTRO CERÁMICO

La consultoría del 2009 permitió luego obtener un registro representativo de la monumentalidad del valle del río Cuyes, así como fechamientos de la misma (comprendidos en su mayoría entre 1200 y 1600 DC). A partir de la cerámica excavada, se buscó asimismo determinar con mayor precisión el origen étnico de quienes levantaran estas estructuras, en base al método más usado en el Ecuador, es decir, un análisis morfo-estilístico (un conjunto de formas y diseños equivale a una cultura). Lamentablemente, la gran mayoría de nuestros fragmentos carecía de elementos decorativos; la arquitectura tampoco proporcionaba mayor información en ese sentido.

El descubrimiento de la metodología propuesta por la arqueóloga Valentine Roux (2010; Roux y Courty, 2007) en el marco del doctorado en curso, se nos presentó luego como alternativa posible frente a esta encrucijada. Basada en un extenso y variado compendio antropológico, la propuesta de Roux surge de una observación etnográfica a primera vista muy sencilla, a saber el problema de la homogeneidad de formas y estilos en zonas en realidad habitadas por sociedades muy distintas (Roux, 2009)… Entre los centenares de casos registrados, citaremos aquí el ejemplo etnográfico de Agnès Gelbert (2003) en la cuenca del río Senegal (África), en la cual cohabitan dos grupos étnicos distintos, cada cual asentado en su propio territorio, pero que comparten exactamente las mismas formas y los mismos diseños cerámicos. Si un arqueólogo llega a excavar este lugar dentro de 500 años, al ver las formas y los diseños de la cerámica, lo más probable es que defina la existencia de un solo grupo étnico, cuando en realidad son dos. ¿Existe luego algún criterio propio de cada grupo social que permita distinguirlo de los demás desde el registro cerámico?

Roux propone efectivamente superar los eventuales limitantes de los análisis en base a formas y decoraciones, al tomar en cuenta el conjunto de etapas inherentes a la elaboración de las vasijas (o cadena operativa - Cresswell, 1996), desde la obtención de la materia prima hasta la quema de los recipientes. Cada una de estas etapas -especialmente la elaboración y acabado de las vasijas-, puede ser lograda a través de un sinnúmero de estrategias diferentes. Pero cada grupo de alfareros escoge una sola combinación de opciones –es decir una cadena operativa- que le es propia (Idem). En el ejemplo anterior de Senegal (Gelbert, 2003), lo que permite diferenciar a los dos grupos es la elaboración de la base: modelada en el grupo 1, y moldeada en el grupo 2. La técnica del modelado corresponde al aplanamiento de una masa de arcilla mediante gestos de presión discontinua (Courty y Roux, 1995 – ver figura 3), mientras que en el moldeado, la base es formada es mediante la aplicación de una placa de arcilla sobre un molde convexo o cóncavo (Balfet et al., 1989). Estas cadenas operativas llegan a conformar tradiciones, transmitidas de generación en generación (Roux, 2009); salvo aniquilación total del grupo, los eventuales cambios técnicos debidos a intercambios o conquistas modifican a lo mucho una parte de las etapas de la cadena operativa, mas nunca la sustituyen por completo (Roux, 2010). La etnografía constituye luego un componente investigativo preponderante aquí.

Figura 3: modelado

Desde este punto de vista, el papel del arqueólogo frente a una muestra cerámica dada es definir las cadenas operativas en ella representadas, a través de la identificación de sus diferentes etapas. Para lograrlo, es preciso realizar primeramente un análisis de los rasgos superficiales del material, antes de llevar a cabo su estudio petrográfico y finalmente, morfo-estilístico (Livingstone-Smith, 2010; Roux, 2009; Roux y Courty, 2005).

3. PRIMEROS RESULTADOS Y PAUTAS INTERPRETATIVAS PRELIMINARES

¿Cómo aplicar esta metodología al caso del valle del río Cuyes? Como se vio, los antecedentes investigativos de la zona mencionan la presencia hipotética de poblaciones de origen cañari y/o shuar, lo cual determina tres pasos a seguir: 1) Identificar las cadenas operativas presentes en nuestra cerámica excavada, para luego buscar si éstas se equiparan de alguna manera con las cadenas operativas pasadas y presentes conocidas entre los cañaris y los shuars. Por lo que es preciso 2) Definir las cadenas operativas de la cerámica cañari conservada en museos (trabajo en curso entre los Museos Pumapungo y Quai Branly de París entre otros). 3) Establecer las cadenas operativas existentes entre los actuales alfareros tanto de la Serranía como de la Amazonia sur del país (dado que en la actualidad no se fabrican vasijas en el valle del río Cuyes como tal). Este inventario se lo acaba de realizar entre los meses de febrero a junio del 2014 en seis comunidades de alfareros repartidas entre las provincias de Cañar, Azuay, Loja (Sierra) y Morona Santiago (Amazonia - ver figura 1) ***. Valga recalcar que en ese sentido, los resultados que se presentarán a continuación son preliminares.

En lo que se refiere al material arqueológico excavado en el valle del río Cuyes, dos grandes técnicas de elaboración fueron identificadas de momento en la muestra de estudio: aquella representada por el modelado (con dos variantes, Courty y Roux, 1995), y aquella correspondiente al acordelado. Desde un punto de vista cronológico, la gran mayoría de fragmentos de la muestra proviene del mismo estrato. Nos encontramos así frente a tres grupos de alfareros diferentes que cohabitaron en algún momento de la historia del valle.

Por otra parte, el referente museográfico comparativo revela que la tradición modelada del valle del Cuyes equivale a piezas asociadas a los periodos de Desarrollo Regional / Integración (400/800 a.C. a 1440 d.C. aproximadamente) provenientes del centro este de la provincia de Azuay (Serranía – ver figura 1). Una de las variantes de esta técnica sigue actualmente vigente en esta zona. A su vez, la técnica del acordelado corresponde a una tradición propiamente amazónica es decir, a un grupo claramente distinto al anterior, que se lo encuentra museográfica y etnográficamente representado en los alrededores de Gualaquiza (figura 1).

Dos posibilidades se desprenden respecto al significado de estos datos frente al interrogante sobre los orígenes étnicos de los habitantes precolombinos del área y los posibles mecanismos de ocupación espacial de la zona. 1) El valle del río Cuyes fue ocupado por grupos originarios de la Sierra correspondiente al centro-este de la actual provincia del Azuay - quizás efectivamente bajo la modalidad de enclave ligado a la Sierra a través del sistema de la verticalidad, tal como definido por Murra. 2) Los moradores del valle del río Cuyes se abastecían en cerámica en la Sierra del centro-este de la actual provincia del Azuay. El análisis petrográfico y la datación de las últimas muestras de carbón recuperadas -actualmente en curso-, permitirán identificar el escenario más factible.

Finalmente, desde un punto de vista geográfico, existen sitios que presentan fragmentos provenientes de las dos técnicas antedichas en el mismo estrato. Este fenómeno atestigua luego la existencia de algún tipo de relación entre los asentamientos de los diferentes grupos de alfareros del valle. ¿Qué tipo de relación? La literatura antropológica señala que, al ubicarse en los límites entre pisos ecológicos, la alta Amazonia solía ser asimismo un sitio predilecto para el implemento de mercados o puertos de comercio, numerosos en la época precolombina tardía (Salomon, 1980). A manera de referencia, hoy en día, en el páramo que separa el valle del rio Cuyes de la Sierra, hay una feria todos los viernes, en la que los moradores del valle venden o canjean su producción agrícola a cambio de bienes industriales traídos por sus parientes y conocidos de la Sierra. Por otra parte, el carácter multiétnico de este tipo de espacios los convierte a menudo en focos de tensión potenciales (Murra, 1975), lo cual coincide aquí con la recurrencia de estructuras a carácter defensivo.

A MANERA DE CONCLUSIÓN

Para consolidarse, estas interpretaciones preliminares y muy generales requieren desde luego un afinamiento de cada una de las etapas de análisis del material cerámico, el cual –como indicado anteriormente-, se halla todavía en sus primeros pasos. En su etapa inicial, la puesta en práctica de nuestra herramienta de estudio cerámico confirma y precisa no obstante el rol de crisol cultural del valle del río Cuyes. Éste fue ocupado por poblaciones originarias de la Sierra y la Amazonia, y resguarda quizás huellas únicas del complejo contexto histórico ligado a la transición entre el periodo pre-hispánico tardío y la colonia temprana en el Austro ecuatoriano. La cerámica del valle del rio Cuyes ilustraría luego la complementariedad entre dos mundos culturales (Sierra y Amazonia) hasta hace poco percibidos como antagónicos.

* Presentación de la tesis actualmente en curso bajo la dirección de Valentine Roux (UMR 7055 Universidad de Paris Ouest Nanterre La Défense) y Stéphen Rostain (UMR 8096 Universidad de Paris I Panthéon Sorbonne). El siguiente trabajo es un resumen de las ponencias presentadas en el III Congreso de Arqueología Amazónica (Quito, Ecuador, septiembre del 2013, organizador : Stéphen Rostain); la mesa redonda “Crises et dynamiques territoriales : mobilités, frontières et occupations dans les Andes” (Paris, Francia, diciembre del 2013, organizadores : Camille Clément y Nicolas Goepfert), y el conversatorio “Arqueologia y Patrimonio del siglo XXI” (Cuenca, Ecuador, marzo del 2014, organizadores: Juan Martinez y Pedro Carretero).

** El acordelado (ver figura 2) equivale a la superposición de cordeles o rollitos de arcilla que vienen a conformar el cuerpo de la pieza (Shepard, 1956).

Figura 2: acordelado (Bianchi, 1982)

***Este inventario fue logrado en el marco del proyecto de investigación interdisciplinario DIFFCERAM (convenio CNRS), bajo la dirección de Valentine Roux.

AGRADECIMIENTOS: Valentine Roux, Stéphen Rostain (directores de tesis); Galo Sarmiento; María Patricia Ordóñez; Fernando Flores; INPC Regional 6; GAD Municipal de Gualaquiza; GADs parroquiales de San Miguel de Cuyes, Amazonas, Nueva Tarqui y comunidades de Espíritu Playa, Ganazhuma, La Florida; Museo Pumapungo (Ministerio de Cultura y Patrimonio – Cuenca); Museo del Quai Branly (Francia).

BIBLIOGRAFIA:

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