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jueves, 3 de julio de 2014

Diálogo poético: Yvan Goll (Juan sin Tierra) y Jorge Carrera Andrade "Juan sin Cielo"


Presentación: Ministro Claude Lara

“Intenté simbolizar en un personaje arquetipo, al que llamé ‘Juan sin Cielo’, el hombre escéptico y lamentable de nuestros días. Juan sin Tierra había perdido sus posesiones reales, pero Juan sin Cielo había perdido el reino paradisíaco de la felicidad y de las creencias sencillas y sufría en su carne las heridas causadas a los otros hombres, porqué él era Juan Todos los hombres.” (Jorge Carrera Andrade)**

    Introducimos este diálogo poético con la publicación de: tres cartas entre Yvan Goll y Jorge Carrera Andrade (1943-1949) (1), la transcripción del encuentro de Jorge Carrera Andrade  -acompañado de A. Darío Lara- con la esposa del poeta Claire Goll, en París en 1951 (2), y la reproducción del estudio inédito: “Relaciones de Yvan Goll y Jorge Carrera Andrade” (3).

     ¡Cuán difícil aludir a la obra de Yvan Goll! 108 títulos de poemas, novelas, obras dramáticas, traducciones, estudios y artículos, ilustrados por Pablo Picasso, Salvador Dalí, Henri Matisse, Marc Chagall, Léonard Foujita, Fernand Léger… Ante todo, señalaremos que ocupó “en esta primera mitad del siglo XX, un puesto entre los más grandes poetas de Francia y del mundo” (4).

Para definir mejor este diálogo poético, anexamos la presentación de Jorge Carrera Andrade a su gran amigo el poeta, en Poesía Francesa Contemporánea, donde consta la traducción de sus poemas: “Estación Montparnasse” y “Elegía de Ihpetonga” (5). Y finalizamos esas anotaciones entre Juan sin Tierra y “Juan sin Cielo”, al recordar cómo Yvan Goll comentó esta recopilación de 70 poemas, de cerca de 4000 versos y traducido ya a más de treinta idiomas:

“Después de haber escrito durante muchos años volumen tras volumen de versos libres, me he dedicado a la que considero mi obra principal, el poema épico ‘Juan sin Tierra’, del cual han aparecido ya tres volúmenes y estoy escribiendo el cuarto. ‘Juan sin Tierra’ es un personaje legendario que representa al hombre moderno y al poeta de hoy que no tiene raíces en ningún país y viaja siempre entre los continentes y las diferentes formas de sociedad y entre las estrellas. Canto en ese poema la belleza de la Naturaleza y las miserias de la Humanidad y al romántico de hace cien años, el amor de la noche y del sol, las vibraciones de las grandes ciudades y las maravillas del espíritu humano. En este poema me he sometido a una forma rígida y clásica que reúne, sin embargo, todas las adquisiciones de la poesía moderna y surrealista” (6).

 NOTAS:

** Jorge Carrera Andrade: Interpretaciones Hispanoamericanas; editorial de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1967; pág. 81.
(1) A. Darío Lara y Claude Lara: Correspondencia de Jorge Carrera Andrade con intelectuales de lengua francesa, AFESE-Abya-Yala, Quito-Ecuador, 2004, tomo II: págs. 34-43 y 72.
(2) A. Darío Lara: Yvan Goll, Poeta del Amor y del Exotismo (Con la primera traducción española de su libro: Chansons Malaises), París 1958, taller gráfico Ces, Hermosilla, 141- Madrid; págs. 14-15.
(3) A. Darío Lara: Yvan Goll, Poeta de la Magia y del Mito (Con la primera traducción española de su libro: Les Cercles Magiques, inédito; págs. 1-82; ver también en el capítulo V: “La poesía de Jorge Carrera Andrade y las Letras francesas- Yvan Goll (1891-1950)”, in: Jorge Carrera Andrade: Memorias de un Testigo, imprenta de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito-Ecuador, 1999; pp. 336-367.
(4) Idem., nota 2, pág.  29.
(5) Jorge Carrera Andrade: Poesía Francesa Contemporánea, Edit. Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito-Ecuador, 1951; págs. 269-283.
(6) Francis J. Carmondy: Yvan Goll Jean Sans Terre –a critical edition with analytical notes, University of California Publications in Modern Philology, volume LXV, University of California Press, Berkeley and Los Angeles, 1962, traducción de Manuel Altolaguirre; pág. 6.
   
Acceder a la versión PDF de este artículo (revista AFESE)
   
Correspondencia**:

Septiembre 30, 1943

Querido gran poeta:

Me llegó su magnífica revista HEMISPHERES, con su amistoso mensaje. Me honra mucho su envío.

He leído las interesantes páginas de la sección francesa y me ha deleitado en especial su “Élégie d’Ihpetonga”. ¡Qué maravillosas imágenes, qué madurez poética, qué maestría ha alcanzado usted! Siempre le he considerado yo como uno de los más altos poetas franceses de nuestro tiempo.

Casualmente, me hallo terminando para la imprenta una Antología de la Poesía Francesa Contemporánea. En ese libro tengo algunos poemas suyos traducidos al español y desearía traducir su “Élégie d’Ihpetonga” o cualquier otro poema que usted desee. También le agradecería que me envíe unos datos de su biografía y de sus libros publicados hasta la fecha.

Renovándole mis agradecimientos y con la oferta de mi sincera amistad, quedo de usted su compañero en la poesía.

f) Jorge Carrera Andrade


Señor Yvan Goll
Ediciones Hémisphères
136 Columbia Heights
Brooklyn  2, N.Y.

G17JCA*
HEMISPHERES
Revue Franco-Américaine de Poésie
French American Quarterly of  Poetry

Director: Yvan Goll
                136 Columbia Heights,
                Brooklyn 2, Nueva York

6 de octubre de 1943

Admirable Poeta
Jorge Carrera Andrade:

Su carta me ha dado tanto más placer cuanto que la recibí en el momento que me deleitaban en la Antología de H.R. Hays (1), sus poemas tan reveladores como profundos, así “Nada nos pertenece” o “Cartel electoral del Verde”, en que las imágenes rutilantes y los frutos embriagadores de sus zonas de oro antiguo maduran en la sabiduría extraída de las riberas del Occidente. Se encuentra un tesoro en cada pie, en cada paso.

Estoy en la admiración ante sus gestos de gran señor frente a la naturaleza que Usted domina y que explota como el propietario de minas estelíferas.

Siento a veces un aliento cálido de fraternidad que me envuelve. Su ofrecimiento de traducir mi “Élégie d’Ihpetonga” para su Antología, la acepto con gozo.

En cuanto a  HEMISPHERES espero poder consagrar un número entero a la poesía sudamericana y traducir en esta ocasión algunos de sus poemas, de cuya selección nos pondremos de acuerdo.

Le felicito por haber encontrado en el señor Hays un intérprete inspirado  y fiel; el artículo sobre Usted en Books abroad (2) me ha interesado mucho y le ha conquistado muchos amigos en América.

Créame muy fraternalmente suyo.

f) Yvan Goll

(1) Se trata de la obra Spanish American Poets. Ed. And Transl. By Hoffman Reynolds Hays, New Haven; Yale University Press, London: Oxford University Press, 1943, in Correspondencia de Jorge Carrera Andrade con intelectuales de lengua francesa, AFESE-Abya-Yala, Quito-Ecuador, 2004, tomo II: págs. 36.
(2) M. R. Hays: “Jorge Carrera Andrade, Magician of Metaphores”, Books Abroad, Norman, Oklahoma, XVII, 1943; págs. 101-105. Ibid; pág. 415.

G18JCA*

París, 29 de abril 49

Mi magnífico Poeta Jorge Carrera Andrade:

Usted mucho me ha colmado de presentes, para que no me sienta endeudado hasta el cuello, su deudor perpetuo.

Esta traducción de la “Elegía de Ihpetonga”, tan fiel y tan melodiosa me llena de una alegría mezclada de soberbia, si ella no me diera también un sentimiento de culpabilidad, en este momento preciso en que estoy al punto de publicar en un libro que está bajo prensa, con cuatro litografías de Picasso, una nueva versión en la que he sometido este tema a una más extensa y más amplia orquestación. ¿Qué va a decir usted de este poeta que trastorna siempre lo que ya estaba construido?

En verdad he conservado en él todos estos pasajes que usted ha citado en el curso de su visita, que tanto le ha encantado, Claire y yo y también en Rostros y Climas, este libro admirable donde el mundo se abre a uno como un abanico y en donde encuentra siempre la llave secreta que abre los hombres y las ciudades.

Pero, quiero apresurarme a decirle hasta qué punto me han trastornado sus “Poemas” que deberían suscitar envidia en todos los poetas vivientes. Porque se trata de frutos desconocidos que su nueva sensibilidad y visión única ofrecen a las generaciones futuras. Usted tiene un sexto sentido para abordar y penetrar en las profundidades del objeto. Usted vuelve a crear la “Manzana” y la “Cigarra” con un aliento muy personal. Gracias a su arte, el objeto viene a ser transparente y puro como el cristal, es decir, eterno. Pero, mis poemas preferidos son “Poussière. cadavre du temps” y “Ci-gît l’écume”, estatuas de ritmo y poesía, creaciones cósmicas, aere perennius (más duradero que el bronce).

Estoy feliz y orgulloso de ser su amigo y espero con Claire, que participa de mi admiración, volver a verle muy largamente, muy próximamente.

f) Yvan Goll

** A. Darío Lara y Claude Lara B.: Correspondencia de Jorga Carrera Andrade con intelectuales de lengua francesa, tomo II, No 5 del Biblioteca del Pensamiento Internacional del Ecuador, AFESE-Abya-Yala, Quito-Ecuador, 2004; págs. 35-38y 72.

Encuentro**:

[…] Así se presentaba París en esa tarde inolvidable del otoño de 1951, cuando dos ecuatorianos  nos dirigíamos, por las orillas del Sena, hacia el viejo y silencioso hotel Palais d’Orsay, en el muelle Anatole France. Allí íbamos, peregrinos de arte y de poesía, para contemplar la morada en que vivió sus últimos días uno de los grandes poetas de Francia, en esta primera mitad del siglo XX: Yván Goll. El poeta de Alsacia, el poeta sabio, en quien palpitaba ante todo un corazón de hombre. Yván Goll, el poeta anunciador de cataclismos, de la disolución de Europa, del fin de una civilización, pero también el cantor poderoso de la fe humana, de la esperanza en la tierra prometida. El poeta del exotismo cuando nos descubre el mundo extraño, las canciones apasionadas de Manyana, la joven malaya, o el erotismo fascinante de los países tropicales que hacen vibrar su sensibilidad exuberante, cuando la visita a Cuba. El poeta que hizo de su canto un “himno a la fraternidad de las razas”; que amó y cantó la vida moderna con todos sus inventos y maravillas. Yván Goll, el poeta del amor y del exotismo; autor de Canal de Panamá, Elegías Internacionales, Requiem por los muertos de Europa, Juan sin Tierra, Elegía de Ihpetonga, El Mito de la Roca Perforada, Canciones Malayas, entre otras.

    Como que la sombra de Yván Goll nos precediera en el impresionante silencio de aquellos largos corredores. Los baúles todavía cerrados, listos siempre para los largos viajes, tal como lo encontró antaño nuestro poeta Jorge Carrera Andrade, a quien acompaño hoy en esta peregrinación, los baúles cerrados aún en la puerta… y allí también la sonrisa amable y acogedora de Claire Goll, la mujer incomparable que prolonga su existencia para guardar día y noche la tumba sagrada de su Yvan; para completar día tras día la obra del gran poeta, su esposo.

    Se inicia la conversación amena; el diálogo cordial; la confesión sincera. Jorge Carrera Andrade aquí había hablado largamente con el poeta Yvan Goll. Aquí oyó de sus labios la lectura de aquellos versos donde aparece el creador de tantas imágenes nuevas que sobrepasan nuestra esperanza; donde se amontonan las imágenes tropicales, en las que domina ese constante sentimiento de universalidad, de curiosidad intelectual; donde, a ratos, brilla una finísima ironía o un extraordinario conocimiento del cosmos; donde, otras veces, campea el poeta hermético, inspirado por la magia y la alquimia. Y en donde, finalmente, este Villon moderno, resucita aquella poesía medieval y cabalística.

    Claire Goll nos refiere algunos detalles de la vida de su esposo, del viajero incansable, del poeta que tiene su origen en las dos provincias célebres. Alsacia, país de las cigüeñas; Lorena, tierra dura y atormentada por los vientos y las invasiones; del poeta y explorador de pueblos y hombres, de países lejanos, de su historia y de sus letras. Su Antología de la poesía contemporánea: Los cinco continentes es una magnífica prueba de este sentimiento de universalismo en la obra de Yvan Goll.

    Jorge Carrera Andrade, como ofrenda al poeta difunto, como recuerdo a la esposa desolada, ha traído algunas traducciones de esos versos inmortales, en la magnífica obra: Poesía Francesa Contemporánea, editada en Quito. Claire Goll, que habla además del francés, el alemán y el inglés y que comprende entre otros idiomas el español, lee devotamente los versos de su Yvan vueltos a nacer en español, y en tan magnífica forma, gracias al gran poeta ecuatoriano. Luego nos ofrece algunos libros. Con bondadosas y artísticas palabras nos dedica sus últimas obras. Entre otras: Diez mil Albas, diálogo de amor y de arte de Yvan y de Claire Goll: Las Geórgicas Parisienses, de Yvan; Lágrimas petrificadas, de Claire Goll.

    Las horas han pasado rápidamente. Cuando nos despedimos  de Claire Goll, con la reiterada promesa de visitarla pronto, la noche oculta en su regazo todos los encantos y de París otoñal y artístico, como la tumba guarda cuántos tesoros del poeta de su poesía. ¡Noche otoñal de mi iniciación en la obra de Yván Goll…! […] (1).

NOTAS:

 ** Recordemos esta presentación de Jorge Carrera Andrade: “Yo conocía a Bosquet desde los días de California, por un común amigo, Yvan Goll, que dirigía la revista Hémisphères en los Estados Unidos. Nos habíamos encontrado con Yvan Goll en el Hotel Palais d’Orsay, cuando su regreso definitivo a París en compañía de su esposa Claire. El poeta, dotado de una sabia inocencia y de un insuperable humorismo, nos encantó con su charla durante varias horas. Fue nuestra última entrevista. Yo le dí a conocer mi traducción castellana de su ‘Elegía de Ihpetonga’ que le llenó de júbilo. Semanas después morirá el gran poeta sin haber obtenido el reconocimiento consagrador de sus contemporáneos y -como lo dije en unos de mis libros- ‘rodeado aún de baúles cerrados que esperaban la señal del viaje’. En mi mente rumié durante algún tiempo su visión apocalíptica:
Torre con ojos de fuego y de locura
Torres desgreñadas
Torres de prisma de cuarzo   
El dragón de Manhattan abre su hocico laqueado
Erizado de dientes fosforescentes
Y su molar de oro tritura al hombre”.
Jorge Carrera Andrade: El Volcán y el Colibrí –autobiografía, editorial José M. Cajica Jr, S.A., Puebla-México, 1970; págs. 215-216.

(1) Texto tomado de A. Darío Lara: Yván Goll, Poeta del Amor y del Exotismo (Con la primera traducción española de su libro: Chansons Malaises), París 1958, talle gráfico Ces, Hermosilla, 141- Madrid; págs. 14-15.

Relaciones de Yvan Goll y Carrera Andrade: Juan sin Tierra y "Juan sin Cielo"**: 

Según mis informaciones, Jorge Carrera Andrade conoció a Yvan Goll en los años en que fue Ministro en Londres y realizaba frecuentes visitas a París; como escribe en su Autobiografía (1), fue entonces cuando entró en contacto con los principales representantes de las letras francesas; entre otros: Supervielle, Aragon, Breton,  Soupault, Michaux, Reverdy, Vandercammen, Verhesen y, naturalmente, Yvan Goll. Pero, mucho antes de conocerle personalmente había leído sus obras poéticas, pues  escribe que había llegado a sus manos la revista HEMISPHERE, que el poeta francés  publicó durante su estadía en los Estados Unidos. Es seguro que también había leído  los primeros poemas de Jean sans Terre, que Goll había comenzado a publicar en 1936. 

Carrera Andrade frecuentó a Yvan Goll y a su esposa Claire, en su residencia  parisiense, el Hôtel Palais d’Orsay, hoy el Museo del mismo nombre, proyecto  realizado por André Malraux. Yvan Goll falleció en 1950, en los días en que Carrera  Andrade preparaba su regreso de Londres a Quito. Designado como Delegado  Permanente ante la Unesco, Carrera Andrade regresó a París en 1951. En el mes de  noviembre de ese año, le acompañé en su visita a Claire Goll, que residía aún en dicho Hôtel, como he expuesto detalladamente en uno de mis libros (2). Desde entonces se inició mi larga y estrecha amistad con Claire Goll, hasta su muerte en 1977. 

La amistad de Yvan Goll con Carrera Andrade, por informaciones que obtuve de  nuestro compatriota y de Claire, se tradujo en una frecuente y rica correspondencia; lamentablemente casi toda perdida, en un caso porque los nazis se apoderaron y  destruyeron la biblioteca y archivos de los esposos Goll; en otro caso, porque como he mencionado (3), gran parte de la correspondencia de Carrera Andrade se extravió  debido a los frecuentes viajes que emprendió por sus funciones diplomáticas. Sin  embargo, por lo poco que nos queda y he publicado (4), podemos apreciar los  profundos sentimientos de amistad que les estrechaba, así como la alta idea que los  dos poetas tenían mutuamente de su obra, opinión que coincide con la más severa de  críticos franceses y de otros países. Así cuando Yvan Goll recibió un ejemplar de  Rostros y Climas, en carta de 29 de abril de 1949, escribe a Carrera Andrade:

"Rostros y Climas, este libro asombroso donde el mundo se abre a Usted como un abanico y en el que encuentra siempre la llave secreta que franquea la entrada de las ciudades y los hombres... Pero, quiero apresurarme a decirle hasta qué punto me han trastornado sus poemas que deberían suscitar envidia en todos los poetas vivientes. Porque se trata de frutos  desconocidos que su nueva sensibilidad y visión única ofrecen a las generaciones futuras. Usted tiene un sexto sentido para abordar y penetrar en la profundidad del objeto. Gracias a su arte, el objeto viene a ser transparente y puro como el cristal, es decir, eterno...“ (5). 

Ese mismo año, en carta de 3 de septiembre, le avisa recibo de su nuevo libro, la Llave del Fuego

" ... Su dedicatoria, así como el prólogo lleno de sensibilidad y comprensión de Ganzo, me han otorgado generosamente la llavecita de oro, arrebatada a sus fuegos, que me abre la puerta de las puertas, la puerta más cerrada y más vetusta entre los cardos y los dardos de su Selva: la puerta de su corazón. Este corazón que da de beber el banano y hace soñar a la Mujer cósmica. Su corazón universal, ferruginoso y planetario al que estoy tan agradecido que me reserve, de tiempo en tiempo, un latido, entre los millones que él dispone..." (6). 

Por su parte, Carrera Andrade al traducir en  Poesía Francesa Contemporánea el poema  Elegía de Ihpetonga, ofrece una síntesis de la obra del poeta, de la que citaré estas líneas: 

"Desde su juventud, su curiosidad intelectual le llevó al conocimiento de todas  las literaturas y a la exploración de los países lejanos. Goll dominaba la lengua  alemana como la francesa, llegando a escribir varios poemas en el idioma de  Heine y de Rilke... Un generoso sentimiento de universalidad, una finísima ironía, un gran amor a los inventos y a la vida moderna, caracterizan la poesía de  Yvan Goll. Sus libros han sido calificados merecidamente de himnos a la fraternidad de las razas; en su poesía dominan un sentimiento de esperanza y una  fe humana que no le impiden ver las llagas de nuestro siglo... "(7). 

Por estas pocas líneas podemos formarnos una idea de la alta opinión que estos dos poetas se tenían mutuamente. Sin embargo, al mencionar su obra es necesario destacar la concepción no siempre similar que tenían de la labor poética, o si se quiere, de su particular "teoría poética". Como he recordado, cuando Goll se instaló en París, los movimientos dadaísta, cubista conocían su auge y si fue el primero en hablar de surrealismo, he recordado que nada tenía que ver con el movimiento de André Breton. Como lo ha explicado, entre otros autores, Henri Clouard en su Historia de la Literatura Francesa: "Existió un primer Surrealismo  muy poco conocido, que se formaba en 1924 alrededor de Yvan Goll, con Reverdy, Birot, Crevel y Denné. Estos poetas se expresaron a través de la revista Surrealismo; su anhelo era obtener una fusión de la realidad con el sueño, bajo todas sus formas a fin de lograr una  surrealidad capaz de resolver las contradicciones del consciente y del inconsciente del  hombre, del mundo natural y del supra natural. Ese Surrealismo habría continuado a  Apollinaire, quien concedía al espíritu un gran papel y se esforzaba por amplificar la realidad como la industria humana enriquece nuestras piernas dándoles la rueda ... Claire e Yvan Goll tienden a lo esencial, expresan el zumo de una síntesis idealista a fuerza de abreviaciones y de alusiones elípticas. Por eso tuvieron parte en la formación de ese Surrealismo... "(8).

La obra poética de Carrera Andrade se inició cuando llegaban a América las  nuevas formas  de expresión poética que se cultivaban en Francia especialmente. Cuando designado Cónsul  en El Havre, en 1934, estaban vigentes las corrientes de las primeras décadas del siglo: ultraísmo, cubismo, dadaísmo, surrealismo. Su iniciación en la carrera diplomática le  permitió entrar en contacto con las letras francesas, conocer personalmente a varios de sus  representantes. No extraña por lo mismo que si: "...el vanguardismo, de tan extraordinario y vasto poder sugestivo -escribe J. Enrique Ojeda- fue despertando ecos en la poesía que el  escritor ecuatoriano compuso al tiempo que analizaba y traducía las obras de los cultores de  las nuevas y atrevidas escuelas estéticas francesas... sería ingenuo negar que el ultraísmo y las otras escuelas de vanguardia dejaron huellas en la poesía de Carrera Andrade... "(9).

Pero, es indudable que existen diferencias esenciales entre tales movimientos literarios y la  obra poética de Carrera Andrade. "En cierta medida -añade también Ojeda- la obra entera de Carrera Andrade es una profesión de anti vanguardismo, la afirmación de una poética abierta a todos los influjos; pero, en el fondo,  profundamente original por ser, según declaración suya medularmente hispanoamericana"(10).

Mejor que nadie, el mismo poeta nos ha dado el profundo sentido de su poesía cuando  escribe:"... el tema  central de toda  mi obra poética  es la unidad, la fraternidad universal dentro de un mundo libre, donde muchas cosas están por descubrirse. Poesía de descubrimiento de las  cosas con ojos nuevos, no contaminados por las teorías y las doctrinas ajenas."(11).  "Poeta de lo real", desea  introducirse en las cosas, en el paisaje... que, gracias a la magia de  sus palabras: "Una cosa que hemos mirado antaño -como escribe Proust-si volvemos a verla nos trae con la mirada que en ella hemos puesto todas las  imágenes que la llenaban entonces... porque  las  cosas  tan pronto como  percibidas  por  nosotros  vienen  a ser  en  nosotros algo inmaterial,  de la misma naturaleza que todas nuestras preocupaciones o sensaciones ... "(11 bis).

Si se ha insistido que en la obra de Carrera Andrade se destacan "la poesía de las cosas",  su preocupación por dar categoría lírica a los pequeños detalles del paisaje, de introducirnos  en las cosas inanimadas para hacer estallar la vida, no se debe descuidar que en su obra  dominan también los íntimos sentimientos por la unidad humana, la fraternidad, la fe en el  hombre sencillo apegado a la naturaleza y, como escribió uno de sus críticos:" … Jorge Carrera Andrade, un poeta de nuestra angustia, pero también de nuestra esperanza, tanto más humano y fraternal, cuanto que está profundamente arraigado en su América, en su Ecuador nativo" (12). 

Coincidencia maravillosa para quienes frecuenten la poesía de Yvan Goll, encontrarán  también que a las características ya mencionadas del poeta francés se añaden otras análogas a la del poeta ecuatoriano, como él cantor de la fe humana, de la esperanza, poeta sabio en  quien palpitaba ante todo un corazón de hombre, lo que no le impidió prever y anunciar el fin de una civilización, la proximidad de cataclismos, la disolución de Europa. Quizá en ninguno de sus poemas como en los que paso a mencionar, las características que les son comunes brillan en sus obras, aparecen más luminosas y convincentes. He mencionado Juan sin Tierra de Goll y "Juan sin Cielo" de Carrera Andrade. 

Desde luego, mi primera observación antes de referirme a estos dos títulos será mencionar  la enorme diferencia en cuanto a su extensión. Debo recordar que Juan sin Tierra, poema  iniciado en París, en 1936, con 724 versos, tuvo varias ediciones, cada vez notablemente  aumentado, hasta la edición final en 1944, en San Francisco. Después de la muerte de Goll, se añadieron nuevos poemas inéditos, de modo que la edición final de Pierre Seghers (París 1957) comprende 70 poemas y cosa de cuatro mil versos. Como he recordado, será la obra más extensa de su extraordinaria producción y desde luego la más grandiosa, considerada por sus críticos como una "obra maestra del futuro" y para Marcel Raymond:" Este poema permanecerá clásico como la Anábasis del hombre moderno, por entre las ruinas y los desiertos que ha buscado y provocado"(13). 

Frente a esta obra gigantesca por su extensión, “Juan sin Cielo” de Carrera Andrade, es un  poema de diez cuartetos, versos endecasílabos de estupenda factura y seguramente escrito  hacia 1950, es decir, años después de la publicación de Juan sin Tierra, en 1944. Detalle que nos permite  sugerir que existe alguna influencia de Goll en la obra de Carrera Andrade,  como podemos deducir luego de un breve análisis de estas dos composiciones, pues no entra en el cuadro de este pequeño estudio detenerme en un tema que ofrece materia para una obra extensa, para tema de interesantes tesis doctorales. A mis comentarios precederá la traducción de algunos versos de Juan sin Tierra; he tratado de ofrecer rigurosamente el texto del poeta, respetando inclusive la supresión total de toda puntuación como se observa a través de su largo poema. El número que sigue a las estrofas indica la página del libro anteriormente mencionado en la edición de Pierre Seghers. 

a) Juan sin Tierra

Tratemos de penetrar en este título tan cargado de sentido y algo de misterio. La primera  estrofa nos servirá de preciosa introducción y explicación: 

"Biznieto de los Tantálidas 
Ocultando mi hambre en los vergeles ajenos 
Mi corazón de fuego helado por los ojos vacíos
No he gustado sino de amores ocultos"(pág.7) 

Yo soy el Juan apátrida
De la antigua tribu
Que camina en el vacío 
Sin equipaje y sin meta" (pág.99). 

Estamos en plena leyenda. Tántalo, rey legendario de Lydia -aquel pequeño país sobre el  mar Egeo del que Cresus su último rey y el más rico fue vencido por los Persas-, ofendió  gravemente a los dioses; en castigo, Zeus le precipitó a los más profundo del Tártaro y  condenado a una sed, a un hambre devorantes que no podía satisfacer. Es el suplicio de  Tántalo. Al presentarse como biznieto de los Tantálidas, la tribu mítica, Yvan Goll (Jean sans Terre) nos descubre de pronto la tragedia de su vida, pues afirma: 

"Juan deja la ciudad de los Tantálidas. 
Las fuentes le han echado la mala suerte 
Su corazón está pesado pero su valija vacía 
Los aduaneros hurgan en vano sus ojos de oro" (pág. 7) 

Este despojamiento total le acompañará hasta el final de su vida: 

"Sin tierra aún al final del vagabundeo 
El rey ha muerto yo no soy el delfín 
Los frutos del árbol del Conocimiento 
Estaban podridos y tengo hambre todavía" (pág. 7). 

Juan sin Tierra es de este modo el hombre sin ataduras, sin bienes, sin patria; el hombre de  todas partes y de ninguna parte. Su perpetuo "vagabundeo" le entronca con el Judío errante o evoca a aquellas tribus peregrinas de que habla la Biblia que recorrían los desiertos y nunca lograban fijarse. Porque construir, fijarse es renunciar al secreto deseo de todo hombre, la evasión. Es dominante en Juan sin Tierra la idea de huida, de evasión. Ha sido el recurso del hombre hastiado de sí mismo, de su medio. Fue el caso de Villon, que huyó de las orillas del Sena (y de los alguaciles) hacia un lugar desconocido, como es desconocida hasta la fecha de su muerte; de Rimbaud que abandonó las tabernas (y a Verlaine, la poesía) en busca del sol de Etiopía; de Gauguin que dejó a su mujer, a sus hijos, por el exotismo de Tahití; de Tolstoi, ya anciano y ciego que abandonó su datcha, su familia, para morir como el más indigente de sus compatriotas, en un rincón perdido de la estación de Astapovo. Ha sido el caso de Eluard, de Michaux, de Supervielle y tantos otros que han ido en busca de una isla lejana, sin jamás encontrarla. Es el caso de Juan sin Tierra que va por el mundo sin pasaporte, desposeído, despreocupado por cuanto le rodea:

"La rapidez del Ganges 
La lentitud del Jordán 
Ni alteran ni cambian 
El curso de mi destino" (pág. 99). 

En este recorrido "siete veces da la vuelta al mundo", buscando algo desconocido, a alguien y no se encuentra sino consigo mismo; tan sólo le acompaña su soledad: 

"Después de largas caminatas                 
A lo largo de las longitudes                     
¿Quién me espera allí bajo el arco?         
¡Mi pobre soledad!                                   

"Mi soledad pálida
 Flaca y siempre fiel
Que bajo su chal esconde
Los muñones de sus alas” (pág. 67) .

Sin embargo, su soledad, su permanente erranza no borran de su memoria la miseria, los  sufrimientos de sus contemporáneos: 

"En hoteles sospechosos -de la zona de milagros- 
En los zocos donde cuelgan tapices sangrantes 
De la mano milenaria de los esclavos 
En prisiones cementadas de lágrimas de cráneos calcinados 
Yo alumbro, alumbro con mi antorcha danzante
Al cielo verde, grisáceo de las ciudades 
Para todos los pobres que viven de la sed de los otros 
y no tienen derecho de tener sed"(pág. 59). 

Incansable, Juan sin Tierra llega a todos los puertos, ejerce todos los oficios, trepa a las  cimas, afronta la nieve y las tempestades, hasta que un barco le conduce a América. Se  defiende de los sortilegios del mar y se detiene en Cuba; la maravilla del paisaje tropical no le oculta dolorosas realidades;

“He aquí las últimas repúblicas              
Las islas de la tranquila vanidad        
Donde se comparte la naranja pública    
Y lentamente envejece la libertad

He aquí las islas de la indolencia             
El último Oeste donde la gloria duerme   
El hombre se pudre bajo el árbol de la suerte
Y muere de hambre bajo los limoneros de oro

Pero engañando la impaciencia centenaria
El pueblo bebe la luna con gusto de ron 
En la rumba de ritmo temerario   
Prepara los tambores del fórum

Y en la espera se fuman los habanos
Y se deshacen los deseos de este suelo
Las sienes de los hechiceros se curten
Y los corazones están embotados por el tabaco” (págs. 179-180).

Juan sin Tierra llega al gran País del Norte; los rascacielos ambiciosos que interrogan al  cielo le inspiran sus más bellos cantos: 

"Ciento treinta pisos guaridas de las Danaides 
Nidos de una soledad despiadada 
Un pueblo hundido en su crisálida 
Ignora aun lo que busca aquí abajo 

"Ciento treinta pisos vacíos que resuenan 
De llamadas sin nunca taladrar el secreto 
A pesar de las cóleras de los teléfonos 
La tierra gira sin descanso" (pág.171). 

Compra Manhattan, pero comprende inmediatamente lo fatuo y diagnostica el cáncer del  fastidio:  

"Peñón Manhattan: fantasma de arcilla 
Tu puerto acoge mi navío inquieto 
Yo descubro mi viejo sombrero de fósil 
Delante de tus descargadores y tus banqueros 
"Yo compro Manhattan por una sonrisa
Y la revendo por la inmortalidad 
Un día esta arena cesará de brillar 
El peñón soñará en una Ciudad" (pág. 174). 

En Broadway los hombres de dinero se agitan como hormigas que han perdido su hormiguero; las riquezas del universo no les salvará del olvido:

"Porque todas estas gentes que dividen la tierra
En provincias de cobre en campos de arroz
¿Se dan cuenta que son Gentes sin Tierra
Suspendidos en los precipicios del Olvido? (pág.171).

De súbito Juan sin Tierra como despertando de un sueño milenario, piensa, se convence  que podía ser testigo del crecimiento de un árbol, penetra en el secreto de una flor que elabora lentamente su perfume. Despierta...  y ni Manhattan ni el Broadway borran el recuerdo de su país: humillado, ocupado y escribe: 

"El cielo de Francia se ennegrece de águilas 
De lémures y de cuervos                               
Sus soldados recostados en los centenales     
 Ignoran que son héroes                                 

Ni Chartres ni Rouen ni Bruges
Tienen bastantes ángeles en sus Torres
Para luchar contra el diluvio
y los escuadrones de buitres

No iremos más al bosque mi bella 
Los laureles están cortados los puentes 
También: los arcoíris en el cielo 
y hasta el Puente de Avignon" (págs.166-167). 

Hastiado, insatisfecho, "peregrino del absoluto", Juan sin Tierra en tanta soledad, en tanto vacío por lo menos guarda la esperanza; esta esperanza acrece cuando el peregrino después de haber descubierto el polo del Oeste, al alba regresa hacia el Este: 

"Esta agua este alcohol negro que nos atrae 
Este whisky blanco en que nadan los ojos negros 
Estos estanques sulfurosos donde brotan las moscas negras 
Los dragones verdes y negros de la peste 

¡Harlem! Sacerdotisa negra 
Ebria de la leche blanca del rocío 
¡Oh antigua ola! 
Ola del Tigre amarillo y del Harlem ponzoñoso" (pág.176). 

Juan sin Tierra está de regreso a Francia. Llega a Estrasburgo, es la última escala de su  tornaviaje sin regreso; desposeído de todo bien material, es tal su miseria que ahuyenta hasta a los perros. Entonces implora a "la gran Dama de piedra", en versos tan sencillos como los de aquel otro peregrino, en la "balada que hizo Villon por petición de su Madre para orar a Notre-Dame": 

"Oh catedral            
Del puro amor
Ultima escala
De los sin regreso 

Espiga de piedra 
Torre de sudor 
Por la oración 
y el fervor 

Tal una tiña 
Entre tus pliegues 
Mi mano sangra 
La sangre de Cristo 

Yo me arrodillo 
Sobre tu atrio 
y te marchitan 
Mis confesiones 

Yo reclamo 
Para apaciguarme  Grande- Madame 
Tu afable beso " (págs. 129-130). 

Juan sin Tierra, después de cien escenas de su vida y otros tantos poemas, comprende que se acerca al final de su existencia. Su voluntad para después de su muerte lo expresa en un largo poema: Aquí yace Juan sin Tierra, del que doy estos cuartetos:  

"Recostadme bajo la tierra                                   
A todo lo largo de mi cuerpo                              
A lo largo del horizonte                                     
y muy cerca del misterio                                    
Mi corazón de las cuatro puertas                       
Abierto a los cuatro vientos                                
Emplomadlo de cemento                                    
y de grande tristeza                                            

Pero los cantos de mi boca 
Permanezcan petrificados
Los deseos de mis pies
No dejen más mi lecho
Yo no soy más el padre
Yo no soy más el hijo
Mi mandíbula sonríe
A nuevos misterios" (pág.200).

Y el poema final, será un extenso retrato de Juan sin Tierra definido por Yvan Goll: 
"Juan sin Tierra es este hombre que retiró sus zapatos 
Al descender a la tierra para sentirla mejor 
Su arena femenina y su roca furiosa 
Y las esencias de diferentes arcillas 

Su cabeza ha llevado en la mañana el cestillo de mimbre con acedera
Y en la tarde la tiara de los siete sabios 
Sus rizos fueron más flavos que los de David 
Y sin embargo su cráneo brillante rodará al osario," (pág. 202). 

Juan sin Tierra que tanto llamó la atención desde los primeros poemas de 1936, traducido a más de treinta idiomas, entre ellos al japonés, ha sido objeto de estudios, tesis de varias Universidades de lenguas: francesa, inglesa, alemana y sigue ocupando la crítica de muchos especialistas. Mientras el célebre autor de Los Hombres de buena voluntad, ve en Yvan Goll, en su poema: “... al cronista de su tiempo y la razón particular de durar de estos poemas es porque su autor, sin haberlo premeditado, ni buscado se ha revelado en ellos y ha revelado su época... Por lo mismo, algunas estrofas podrán convertirse en epígrafes en el dintel de la puertas de hierro de nuestra época" (Jules Romains). 

b) Juan sin Cielo 

Luego de esta brevísima evocación de Juan sin Tierra, su historia y significado, detengámonos en el poema de “Juan sin Cielo”. Por confesión de su autor en la célebre  conferencia en la Universidad de Harvard, junio de 1968, evocando alguno de sus regresos al Ecuador confesó: "Cuando las puertas de mi país se abrieron, el ciclo poético del desencanto en el parvo cuaderno Aquí yace la espuma, aparece entre las ruinas "Juan sin Cielo".  En ese  "parvo cuaderno"  de 1950, con  diez  títulos,  el segundo es  el poema “Juan sin Cielo”,  que se publicó nuevamente en 1951 en Lugar de Origen, que,  según confiesa el autor: “Contiene todo lo que ha sido escrito después de Registro del Mundo y completa la órbita del  descubrimiento poético iniciado en mi primer libro” (14). Finalmente en 1976, la Casa de la Cultura Ecuatoriana, en el volumen Obra poética Completa, en el período 1948-1950, encontramos aún el poema “Juan sin Cielo”.

Llama la atención que en todas las ediciones este poema aparece sin ninguna modificación; algo muy excepcional, ya que hemos comprobado, Carrera Andrade tenía la costumbre de modificarlos constantemente, en las diferentes ediciones. Rasgo que caracteriza también a Yvan de Goll, como lo confiesa en carta a Carrera Andrade.

Una vez determinadas las fechas de las ediciones de  “Juan sin Cielo”, se puede afirmar que cuando Carrera Andrade escribió este poema conocía alguna de las ediciones  de Juan sin Tierra anteriores a la edición completa de Pierre Seghers (15), después de la muerte de Yvan Goll. Por lo que nos permite afirmar que existe alguna influencia del poeta francés en nuestro compatriota. Sin temor a equivocarme y por la experiencia que pude comprobar en la escritura de varios poemas, puedo afirmar que Carrera Andrade escribió “Juan sin Cielo”, pocos meses antes de su regreso al Ecuador, cuando abandonó su cargo de Ministro Plenipotenciario en Londres, en circunstancias nada favorables y de graves “desencantos”.  Como he mencionado anteriormente existe una enorme diferencia en cuanto a la extensión de esas dos piezas literarias. Mientras la obra de Goll, en la edición final de 1957, comprende cerca de cuatro mil versos, Carrera Andrade ha escrito un muy corto poema, de apenas diez cuartetos (16).

Pero lo esencial de Juan sin tierra y “Juan sin Cielo”  no se debe juzgar por su simple extensión. Brevemente he expuesto el significado del primero: poema del despojamiento total de las cosas materiales y de la evasión; he tratado de señalar los hilos conductores de un viaje ininterrumpido, de una peregrinación que nunca llega a su meta, las grandes preocupaciones del poeta, sus acontecimientos vividos o soñados, a la vez que la crónica del desorden del mundo en la época de Yvan Goll.

Nada mejor para penetrar en el significado de “Juan sin Cielo” como las explicaciones que del poema nos ocupa, varias veces en sus  escritos, nos ha dado  Carrera Andrade y que para sus críticos pasa por ser uno de los más  representativos y acabados  de su obra poética. De los numerosos textos que mejor expresan su intención y significado, mencionaré algunos. 

El poeta ha sido testigo del "fuego del cielo que había dejado muchas ciudades en ruinas",  explica entonces: 

"Era el tiempo de las elegías... Mi idea de la fugacidad de  las cosas terrestres se reafirmó con este espectáculo. Entre  las ruinas, salió a mi encuentro Juan sin Cielo, el desolado,  herido universal, imagen del hombre contemporáneo que  había perdido todas sus posesiones, su tesoro de siglos -o  sea sus principios, sus creencias, sus esperanzas- por haber  creído en la fuerza y haberse dejado seducir por el nuevo materialismo predicado por los mercaderes de espejos y verdugos  de cisnes" (17). 

Carrera Andrade ha recorrido por varios países de Europa, América, Asia; ha contemplado  "la soberbia del hombre de Occidente", lo cual le lleva a comprobar que: 

"en realidad, el hombre moderno, desposeído y errante en muchos  países, había perdido el pasado y el porvenir, había sido desterrado de la eternidad y era tan sólo un ser del presente, un despojo  del presente afanoso y fugaz" (18). 

Despojo del hombre moderno que le inspira este personaje de “Juan sin Cielo”, tan semejante al otro, a Juan sin Tierra de Yvan Goll y explica: 

"Intenté simbolizar en un personaje arquetípico, al que llamé Juan  sin Cielo, el hombre escéptico y lamentable de nuestros días. Juan  sin Tierra había perdido sus posesiones reales, pero Juan sin Cielo  había perdido el reino paradisíaco de la felicidad y de las creencias  sencillas y sufría en su carne las heridas causadas a los otros hombres,  porque él era Juan Todos los Hombres" (19). 

Aquí se impone una breve rectificación. No juzgo que sea muy exacto afirmar que Juan sin  Tierra tan sólo "había perdido sus posesiones reales" (materiales). En la atenta lectura del  poema de Goll es fácil observar que si bien su personaje está privado de los bienes materiales,  ya que al realizar su inventario comprueba que sus tesoros son: "el cofre de los sueños, el  herbario del olvido, las barajas que echaron su suerte... "; pero, más que todo aquello y más  grave su despojamiento va más allá y alcanza a lo más íntimo de su ser. Como “Juan sin Cielo”  también es el desposeído de la felicidad y, según se ha visto, preocupado por la suerte de los  hombres y solidario con los que sufren. 

Se debe anotar que luego de la etapa de viajes, de los años de desaliento que conoció,  Carrera Andrade confiesa: "las puertas de mi país se abrieron"; es el retorno que significó para  el poeta "la restauración de la poesía, se inició el  ciclo poético del desencanto" y fue cuando  escribió: “el parvo cuaderno intitulado Aquí yace la espuma, donde aparece entre las ruinas “Juan sin Cielo”". 

Después de estas breves observaciones acerca de dos poemas tan significativos y a pesar de  sus diferencias -particularmente en lo que se refiere a su extensión-, se puede afirmar que  ofrecen características muy semejantes. Observamos en ellos una comunidad espiritual del  tema que se traduce en un vocabulario análogo, como son los términos evasión, huída,  desolación, insatisfacción, despojamiento de los bienes materiales, pérdida de sus posesiones, de sus creencias y rechazo de un materialismo inhumano, de cuanto ha conocido el hombre moderno, "desposeído", en tantos países. 

En resumen, tanto en la obra de Goll como en el poema de Carrera Andrade observamos un idéntico reflejo o mejor una idea muy justa de aquella época -tal o peor de la que vivimos en nuestros días-, que presagiaban cataclismos, la disolución de Europa, el fin de una civilización para Goll; cuando el hombre moderno, según Carrera Andrade, "ha sido despojado de su patrimonio espiritual, errante y desposeído ... " Esta similitud de temas, esta unánime concepción del hombre moderno, me ha llevado a concluir que Carrera Andrade conocía el poema de Goll cuando escribió “Juan sin Cielo”. Esta convicción se afirma en mí al recordar la permanente, cálida evocación del nombre, de la obra del poeta francés en mis frecuentes y largas conversaciones con nuestro ilustre compatriota. Naturalmente, se está muy lejos de cualquier imitación servil.  El genio de cada uno de estos poetas se refleja perfectamente en sus respectivas creaciones. 

Para terminar, no dejaré de señalar otro detalle al evocar la obra de Yvan Goll y la de  Carrera Andrade, debido tal vez a la influencia de Verhaeren y de Reverdy. Me refiero a su  común rechazo de una civilización deshumanizada, pero que no les hizo insensibles al genio  creador del hombre, ya que ambos cantaron los maravillosos inventos modernos. Tal fue el  caso de Carrera Andrade cuando escribió, por ejemplo, su Canto al Puente de Oakland, de Goll en su Elegía d'Ihpetonga. Es curioso también observar que los dos poetas celebraron en un poema a un monumento que es como el símbolo de la edad moderna, la Torre Eiffel. En este caso, Carrera Andrade precedió a Goll, ya que su poema es de 1940, mientras el de Goll es de 1950. Dos poemas sencillos y bellos en su exaltación de la obra material que les lleva a nobles sentimientos. De este modo, un monumento que representa el genio creador del hombre y que ha sido considerado como uno de los símbolos del siglo 20, es para los dos poetas un símbolo de esperanza y de amor. Por esta sencilla evocación podrá verse la alta concepción poética de estos dos creadores unidos por una misma fuerza que les animaba: la poesía. Conocían por su larga y luminosa experiencia que ni los versos octosílabos ni los alejandrinos, que ni el número de los pies de un verso ni la rima son indispensables para una  auténtica poesía. Conocían por su propia experiencia la afirmación de un ilustre creador de  belleza de quien son estas palabras: 

"… lo que hace la poesía es un equilibrio secreto entre el fondo y la forma, es la carga de pasión acumulada en estas palabras, es el color y su peso, su sentido, es su sonido, la sorpresa mezclada a la espera, tal vez, hasta aquello que no se dice, más aún que lo que se ha dicho ... " (20). 

NOTAS

** Este intitulado es parte de la obra inédita de A. Darío Lara: Yvan Goll, Poeta de la Magia y del Mito (Con la primera traducción española de su libro: Les Cercles Magiques); págs. 19-31.

(1) Jorge Carrera Andrade: El Volcán y el Colibrí –Autobiografía; Editorial José M. Cajica Jr., S.A. Puebla, 1970.
 (2)  A. Darío Lara: Yvan Goll, Poeta del amor y del exotismo (Con la primera traducción española de su libro: Chansons Malaises, París 1958, taller gráfico Ces, Hermosilla, 141- Madrid.
(3) A. Darío Lara: "La Correspondencia última de Jorge Carrera Andrade (1975-1978)";
Discurso de ingreso en la Academia Ecuatoriana de la Lengua; Revista AFESE, N°34, Mayo - Agosto 1999.
(4) A. Darío Lara: Jorge Carrera Andrade, Memorias de un Testigo, edit. Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito-Ecuador, 1999, tomo II,  pág. 350.
(5)  Idem.
(6)Idem;pág.351.
(7) Idem.
(8) Henri Clouard: Histoire de la Littérature Française (Du Symbolisme à nos jours);
Vol. 2 ; pág. 177.
(9) J. Enrique Ojeda: «Jorge Carrera Andrade y la Vanguardia»; Revista Iberoamericana; Vol. LIV. Julio-Diciembre 1988.
(10) Idem.
(11) y 11 bis.- Jorge Carrera Andrade: Reflexiones sobre la Poesía Hispanoamericana -Década de mi poesía; Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1987.
(12) René L. F. Durand: "Jorge Carrera Andrade: El Ecuador en el corazón"; PROLOGO del Tomo I (Nota N° 4).
(13) Louis-Marcel Raymond: Yvan Goll; Imprenta Le Canada Français, Canada, 1948.
(14) Idem nota N°. 11.
(15) Yvan Goll: Jean Sans Terre-couverture par Marc Chagall, Pierre Seghers, éditeur, Paris, 1957.
(16) Conviene anotar que los poemas de la obra literaria de Carrera Andrade, por lo general  son de corta extensión; constituyen una excepción los siguientes poemas:
- Las Armas de la Luz (1952), 172 versos
- Floresta de los Guacamayo (1963), 245 versos
- El libro del destierro (1972), 343 versos
- Crónica de las Indias (1965), 350 versos
- Hombre Planetario (1959), 351 versos.
(17)  Jorge CARRERA ANDRADE: Interpretaciones Hispanoamericanas; Edit. Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1967.
 (18) Idem.
(19) Idem.
(20) Jean d'Ormesson, de la Academia Francesa: La Douane de Mer, Gallimard, París, 1993.


ANEXO 1: YVAN GOLL**

Nació en 1891, en Alsacia. Desde joven, su curiosidad intelectual le llevó al conocimiento de todas las literaturas y a la exploración de los países lejanos. Goll dominaba la lengua alemana como la francesa, llegando a escribir varios poemas en el idioma de Heine y de Rilke. Igualmente, apenas apagados los ecos de la primera guerra mundial, tradujo del alemán lo más significativo de su poesía, bajo el título de El Corazón del Enemigo.

Un generoso sentimiento de universalidad, una finísima ironía, un gran amor a los inventos y a la vida moderna, caracterizan a la poesía de Yván Goll. Sus libros Canal de Panamá y Elegías Internacionales han sido calificados merecidamente de “himnos a la fraternidad de las razas”. En 1923, publicó Cinco Continentes, antología mundial de la poesía contemporánea.

Durante la segunda gran guerra, Goll vivió y trabajó en los Estados Unidos, donde fue el animador principal de la revista poética “Hémisphères”. En ese mismo país publicó sus volúmenes de la serie de Juan sin Tierra (Canciones de Juan Sin Tierra, Juan Sin Tierra en Nueva York, etc.) y su magnífico Mito de la Roca Perforada. En esta segunda  época dominan en su poesía un sentimiento de esperanza en la tierra prometida y una fe humana, que no le impiden ver “las llagas de nuestro siglo”.

De regreso a París, refugiado definitivamente en el viejo y silencioso hôtel Palais d’Orsay, junto al Sena, y confortado por la atención solícita de su esposa Claire, el poeta publicó su Elegía de Ihpetonga, con dibujos de Picasso, y su Carro Triunfal del Antimonio, y, rodeado aún de baúles cerrados que esperaban la señal del viaje, expiró de la misma enfermedad de Rilke, en 1949.

BIBLIOGRAFIA:

Canal de Panama,  1912
Requiem pour les morts de l’Europe, 1916
Élégies internationales, 1915
Cinq continents, 1923
Paris brûle, 1923
Le nouvel Orphée, 1923
Jean sans terre à New York, 1942
Le mythe de la roche percée, 1947
Le char triomphal de l’antimoine, 1949
Élégie d’Ihpetonga, 1949.

** Jorge Carrera Andrade: Poesía Francesa Contemporánea, Edit. Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito-Ecuador, 1951; págs. 269-270.

ANEXO 2: JUAN SIN CIELO**

Juan me llamo, Juan Todos, habitante
de la tierra, más bien su prisionero,
sombra vestida, polvo caminante,
el igual a los otros, Juan Cordero.

Sólo mi mano para cada cosa
- mover la rueda, hallar hondos metales-
mi servidora para asir la rosa
y hacer girar las llaves terrenales.

Mi propiedad labrada en pleno cielo
- un gran lote de nubes era mío -
me pagaba en azul, en paz, en vuelo
y ese cielo en añicos: el rocío.

Mi hacienda era el espacio sin linderos
- oh territorio azul siempre sembrado
de maizales cargados de luceros -
y el rebaño de nubes, mi ganado.

Labradores los pájaros; el día
mi granero de par en par abierto
con mieses y naranjas de alegría.
Maduraba el poniente como un huerto.

Mercaderes de espejos, cazadores
de ángeles llegaron con su espada
y, a cambio de mi hacienda -mar de flores-
me dieron abalorios, humo, nada...

Los verdugos de cisnes, monederos
falsos de las palabras, enlutados,
saquearon mis trojes de luceros,
escombros hoy de luna congelados.

Perdí mi granja azul, perdí la altura
- reses de nubes, luz recién sembrada -
¡toda una celestial agricultura
en el vacío espacio sepultada!

Del oro del poniente perdí el plano
- Juan es mi nombre, Juan Desposeído -.
En lugar del rocío hallé el gusano
¡un tesoro de siglos he perdido!

Es sólo un peso azul lo que ha quedado
sobre mis hombros, cúpula de hielo...
Soy Juan y nada más; el desolado
herido universal, soy Juan sin Cielo.

** Obra Poética Completa, edit. Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito-Ecuador, in: Aquí Yace la Espuma (1948-1950); págs. 329-330.

Otro artículos de A. Darío Lara sobre Jorge Carrera Andrade:






-"La memoria o el recuerdo, Revista AFESE n. 46" (Jorge Carrera Andrade y Ricardo Paseiro)



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