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domingo, 5 de enero de 2014

Homenaje a la labor ecuatorianista de Danielle Pier



“…; una vida que se concentra en las actividades de la inteligencia y de la ayuda a los semejantes. ¡Admirable! y qué labor en lo que se refiere a las letras españolas, ecuatorianas. Su nombre debe ser recordado y presentado a las juventudes…” A.D.L.

Por Claude Lara

    Hemos decidido rendir un homenaje a Danielle Pier, al traducir el conmovedor y sustancial texto de su amigo Jean Mallière, intitulado: “… Una vida de valentía, rectitud y fidelidad” con una muy interesante carta anexada de Gustavo Alfredo Jácome; y publicamos también un texto casi inédito, titulado: “Indigenismos literarios y reformas agrarias en las obras de J. Lara, M. Scorza y G.A. Jácome”, con una presentación de A. Darío Lara (1).

(1) Precisemos que este texto fue publicado en 500 ejemplares, en la revista: “Memoria 5-6-7 de la Sociedad Ecuatorianas de Investigaciones Históricas y Geográficas del Ecuador”. Producción Gráfica, Quito-Ecuador, 2010; págs. 249-280.

DANIELLE PIER: UNA VIDA DE VALENTÍA, RECTITUD Y FIDELIDAD

Jean Mallière (1)

Este martes 19 de junio, Daniel Pier, nuestra amiga, nuestra camarada, nos ha dejado víctima de una enfermedad incurable. A pesar de su discreción, su poca movilidad, debido a su grave discapacidad, Danielle fue una persona muy afectuosa; participó en la vida asociativa, fue miembro del Partido Comunista Francés y  fiel lectora de nuestro periódico “Antony-Hebdo”.

Estudiante incansable, en junio de 1996, obtuvo la culminación de una notable carrera universitaria, al obtener su doctorado  en literatura iberoamericana, en Nanterre, con mención “sobresaliente”.

    Danielle iba a cumplir 57 años. A veces evocaba con su fina sonrisa mezclada de ironía y amargura, las circunstancias muy peculiares de su nacimiento, al decir: “Nací en una tela de paracaídas”.

    En efecto, en Meyronne  en el Lot, cerca de las orillas del Dordoña, aquel 14 de julio de 1944, la gente se había refugiado en los bosques. La División SS “Das Reich”, el 10 de junio, acababa de cometer su crimen en Oradour sur Glane, y proseguía contra la Resistencia duros combates. Paul Pier, su padre, se afanaba en el lanzamiento de paracaídas, Jeanne, su madre, iba a dar a luz a Danielle en condiciones precarias y una hermanita melliza, nacida muerta, enseguida, debía ser enterrada en ese lugar.

    La niña Danielle era traviesa y feliz; sus padres trabajaban en Suresnes, cerca de París, en las proximidades del Mont Valérien; pero, han conservado su casa en Meyronne y, al llegar las vacaciones, todo el mundo se amontona en el cochecito con las maletas y los animales domésticos, rumbo hacia la evasión.

    Paul trabaja con entusiasmo para acondicionar la casa tallada en la roca. La niña se interesa y quiere ayudar a su padre.

    Más tarde, muchacha, recoge los guijarros en las orillas del Dordoña y, allí, dibuja el campanario típico de la iglesia abacial con las cúpulas de Souillac. Cuando hablaba de este verde paraíso de antaño, Danielle recobraba rápidamente su alma de niña. Pero, al llegar a la edad de 15 años, Danielle sufrió un ataque cruel de poliomielitis; sus piernas comienzan a paralizarse; se ve ya disminuida físicamente.

    Desde entonces, Danielle entabla su lucha, sus múltiples luchas.

Su lucha por la vida: A todo lo largo de su existencia, Danielle padecerá varios accidentes, sufrirá operaciones complicadas en sus brazos y piernas, así como trepanaciones. Cada vez sale de aquello nuevamente disminuida. Danielle habría podido escribir sobre el tema: Mis hospitales, la larga novela de un pobre cuerpo que la vida ha martirizado. Se desplaza primero con muletas, luego, ya casi no abandona su silla de ruedas, en donde la conocimos.

Su lucha para realizarse a través del estudio: Rindamos un homenaje a una docente de gran corazón: la señora Maryse Chambre profesora en Brive. Se interesa en Danielle y le convence de retomar sus estudios secundarios, gracias a los cursos por correspondencia del CNTE (Centro Nacional de las Técnicas en Educación). Danielle comienza a escribir con la mano izquierda.  Ha conservado cuidadosamente sus tareas y correcciones de todos esos años de cursos que le condujeron al bachillerato. Danielle ama y admira a Maryse que siempre le seguirá apoyando, y la desaparición reciente de Maryse le causará una pena inmensa.

Pero Danielle está ahora embarcada ¡esta lucha la  va a ganar! Aprende el español, va a España con un grupo de minusválidos y se inicia en las riquezas de una inmensa cultura. Danielle se inscribe en la Universidad de Nanterre. Obtiene el DEUG (Diploma de Estudios Universitarios Generales) y la licenciatura, siempre con el apoyo de los cursos por correspondencia. La vemos en la sala de exámenes con su tabla inclinada que le sirve de púlpito. Pasará brillantemente todos los exámenes.

Danielle está feliz en la Universidad, puesto que allí reina un clima de igualdad. La joven mujer  “quien no es como los demás”, no tiene ya razones de sufrir de aislamiento e incomprensión.

Danielle seguirá un recorrido particularmente brillante. Escoge explorar una corriente literaria con la cual su alma generosa está en perfecta ósmosis: el neo indigenismo. Esta corriente está bien determinada: Danielle estudia las reformas agrarias en los tres países andinos: Bolivia, Perú y Ecuador

Esta corriente reagrupa autores diferentes, todos dedicados a que el lector sienta la grandeza de los pueblos autóctonos, su dignidad frente a diversas formas de opresión y de rechazo, por parte de una “etnocracia” dominante. Ha producido páginas muy hermosas.

Su tesina de masterado, defendida en 1992, compara a un autor peruano: Manuel Scorza, autor del ciclo de la Guerra silenciosa- con un ecuatoriano: Gustavo Alfredo Jácome, autor de Por qué se fueron las garzas. Siente un auténtico “flechazo” por esta hermosa y original novela. Descubre a este autor ecuatoriano, el señor Jácome, con el cual tiene una correspondencia regular (ver anexo 1).

Su tesina de DEA (Diploma de posgrado), defendida en 1994, describe el indigenismo en Bolivia, con las obras de Jesús Lara.

Su tesis doctoral, finalmente, culmina con una comparación de tres países andinos en donde los autóctonos hablan una lengua vernácula: el quichua. Danielle nos guía con profundidad notable en temas y técnicas literarias.

“Una hermosa tesis literaria” afirmará el difunto catedrático Minguet. Un estudio impresionante que produjo una obra que alcanzó más de mil páginas y gracias a la cual Danielle tuvo la suerte de encontrar a la señora Jeanine Potelet, catedrática, su directora de tesis, quien supo crear con la estudiante una relación de confianza, lo que le ha animado mucho. Durante la defensa de su tesis, en junio de 1996, Danielle hizo un esfuerzo considerable para vencer su timidez. Al oír los comentarios del jurado y el resultado (mención sobresaliente), Danielle seguramente sintió un inmenso alivio: había ganado esta batalla, llevada  a cabo con tanto ardor.

Pero el combate para integrarse en la vida activa, Danielle no lo ha ganado. No obstante era su meta, meta vital para ella. Asunto de dignidad. Danielle detestaba verse dependiente de los demás.

Cuando fue necesario Danielle supo ganarse la vida modestamente; después de la muerte de su padre en 1965, intenta trabajar como empleada doméstica en Tolosa. Pero su incapacidad ya muy grande, no le permitirá dar satisfacción. Recordaba su salida de Tolosa, una noche fría andando en la estación de trenes, en donde un mendigo le prestó su abrigo. La encontramos como empleada en la MNEF (Mutualista Nacional de los Estudiantes de Francia) en 1968-1969, donde conoce a la señora Rosa Ribeiro quien, en los días amargos, será su amiga. Será también auxiliar en el kínder de la RUA (Residencia Universitaria de Antony). Ama a los niños, no vacila en trabajar más de la cuenta por su interés.

    Danielle despliega un valor inmenso, una tenacidad a toda prueba en todo lo que hace. Finalmente, con su tesis en mano, se lanza en las traducciones literarias. Le debemos una traducción notable de Por qué se fueron las garzas con el título francés: Pourquoi les hérons s´en sont allés? de Gustavo Alfredo Jácome. La obra es reputada difícil, al contener palabras y expresiones  que unen creaciones audaces, en los dos idiomas: quichua y español. Esta diglosia no es un galimatías debido al azar, sino una suerte de personaje que atestigua del enfrentamiento entre ambas culturas: el resultado ¿un quichua hispanizado? o ¿un español despreciado por la lengua vernácula? Danielle se dedica al estudio del quichua y decortica las creaciones  léxicas de Jácome.

    Su traducción es publicada por la editorial Harmattan y es apreciada por los medios universitarios. Pero el mundo de la traducción y él de la edición no tienen piedad alguna, están llenos de trampas. A la obra no le dieron suficiente publicidad, por ese motivo no tiene el éxito esperado. Danielle que al poner en este trabajo su “alma”, sus vastos conocimientos, su sensibilidad estará terriblemente decepcionada.

Danielle se ganó su derecho a la vivienda: en 1993 pasa a un estudio amoblado, gracias al apoyo de la APF (Asociación de Minusválidos de Francia) y, a la misma vez, a la construcción por la municipalidad de Aubry del inmueble 34-36, calle Mounié, donde la conocimos. Feliz coyuntura, en efecto en 1983, la municipalidad de izquierda pagaba la novatada por sus realizaciones, ya que los permisos de construcción, sometidos aún al consentimiento del Prefecto, antes de 1981, sistemáticamente fueron rechazados por razones politiqueras.

Permanentemente Danielle llevó un combate a favor de la justicia: Danielle aprecia la vida asociativa, la cual llenará totalmente su existencia: con la APF (Asociación de los Discapacitados de Francia), Danielle guarda el recuerdo de una gran manifestación de minusválidos por el reconocimiento de sus derechos. Con sus amigas la vemos manifestar en la calle de Rivoli. Danielle tiene el espíritu militante ¡quiere que se reconozca totalmente a los humildes, a los excluidos, a los pobres, a todos aquellos que parecen diferentes, a los “que no están como los demás”!

    Danielle sufrió demasiado, ciertos hechos habían dejado en ella, llagas abiertas. Un día en el almacén se cae y oye a un cliente que dice “cuando uno está tan enfermo y que no puede ni pararse en sus piernas, es mejor que se quede en casa…”. Al presentarse a un chequeo médico, oye al doctor preguntar a su secretaria: “¿Al menos sabe leer?”

Danielle siempre luchará contra graves incomprensiones y estrecheces. Danielle ingresa naturalmente a France-Amérique Latine, donde ofrece toda su competencia como especialista de los países andinos y, al estar siempre al día acerca de la actualidad latinoamericana, participa en todas las manifestaciones y se complace en un ambiente sociable.

    En 2000, participa activamente a la Asamblea General del Comité de Antony de France-Amérique Latine, la vemos en la tribuna de esta Asamblea, en compañía de la señora Simone Despangeat, Presidenta del Comité, de la señora Carmen Ahumada Milet, quien expondrá acerca de la situación en su país de nacimiento, Argentina, y del señor Víctor Hugo Portela, de regreso de Chile, quien debió dejarlo en 1973, con su familia, y hablará del pos Pinochetismo en su país.

    Danielle participa en las actividades del Socorro Popular Francés, ya que para ella, es fundamental interesarse a los más desposeídos y combatir la injusticia social. Ofrece para las tómbolas de Josiane sus obras de croché, ya que sus dedos inhábiles por tantos quehaceres corrientes, esta vez, si le obedecían para agarrar el croché.

    Tiene así un pasatiempo favorito. Le gusta combinar las lanas de distintos colores y tornasoladas; hace cobijas, cojines, chales que realzan las vitrinas.

    Más recientemente, Danielle había adherido al Grupo local del ATTAC (Asociación favorable al impuesto a las transacciones financieras y la ayuda a los ciudadanos). Al inicio de este mismo año, ya gravemente debilitada por la enfermedad, Danielle se armó de valor para adaptar los textos del ATTAC acerca de los “paraísos fiscales” que propuso a nuestro periódico local “Antony-Hebdo”.

    Apasionada por las causas humanitarias, queriendo luchar por la justicia social y la igualdad, Danielle, desde largo tiempo, formó parte del Partido Comunista Francés.  Adherente en el 3° distrito de París, cuando vivía en la calle Montmorency, en el viejo barrio del  “Marais”, la encontrábamos con los camaradas de la Ciudadela universitaria cuando era ayudante en la guardería de la escuelita de la Residencia universitaria. Luego, finalmente, en el centro de la ciudad, cuando logró obtener su vivienda como discapacitada.

    En la “Fête de l´Humanité”, Danielle está ahí, feliz del excelente ambiente que allí se vive. La vemos en la alameda, frente a la caseta de Antony, vendiendo boletos de tómbola: ¡Todo por 10 francos! Tanto conmueve que atrae al público y coloca tantos boletos, como todos los otros militantes juntos.

Danielle nos dejaste cuando tenías aún tantas obras que terminar. Tu voluntad de traducir te ha llevado a hermosos y enriquecedores descubrimientos:

-    En la Embajada del Ecuador, el Agregado cultural, señor Galo Galarza te había recibido calurosa y amistosamente, después de tu bella traducción de la obra de Jácome. Te había hecho conocer a un grupo de jóvenes creadores, resueltamente modernos, y habías traducido sus cuentos. Ahora hay que lograr editarlos.

-    Con el señor A. Darío Lara, miembro del Servicio Exterior Ecuatoriano, habías traducido sus estudios, notables en erudición, acerca de un viajero francés del siglo 19: el Capitán Gabriel Laffond de Lurcy quien ha dejado relatos de viaje sobre el Ecuador y en donde frecuentó al General Flores, primer Presidente de este país luego de la independencia: caminos cruzados de nuestra historia y la de este país amigo.

    Habías traducido también El éxodo de Yangana, una obra que ha marcado la historia literaria del Ecuador.

    Con la señora Flor Alba Santamaría Vallejo, joven colombiana que ha seguido estudios en Francia, rápidamente habías simpatizado, te interesaste por su trabajo de lingüística y de sociología en un tema  ¡eso sí tan conmovedor!: las palabras de los niños de las calles de Bogotá. Luego, Flor Alba ha dirigido en su país a un grupo de sociólogos  para recolectar las palabras cruzadas de los alumnos de una escuela, de sus maestros y de sus familias. En este país bañado en sangre por la locura asesina, se pone en evidencia el interés por una cultura que sirve de refugio contra la violencia. Tú que has hecho estas traducciones ¿por qué un amplio público francés no se beneficiaría de este trabajo de un inmenso interés? (2).

    ¿Quién vendrá ahora a retomar esas hermosas y buenas obras después de ti? (3)

    Danielle, personalidad de gran cultura y de inmenso corazón, has logrado tejer vínculos con seres y medios muy diferentes.

    En tu alrededor, amigos fieles te acompañaron en esta existencia demasiado corta: Michèle, Colette, Josiane, Jean te visitaban regularmente, conversaban un rato, te ayudaban en cosas prácticas. Tú los amaste. Has venido donde Josiane a todos los eventos familiares, para distintos encuentros con amigos peruanos, uruguayos. Allí, estabas soplando las velas de tu cumpleaños. ¡Con nosotros estabas en familia! Te encantaba tanto romper con tu aislamiento. Pero nada habría podido aminorar tu trabajo, hacerte cambiar tus decisiones. Rehusabas las concesiones, ante todo contigo mismo.

    Pequeño ser de fuego, lanzabas a veces “flechas” mordaces para que cada uno entienda la importancia de tus combates. Tu estilo “erizo” sólo era una forma de llamar, de solicitar. ¿Tal vez sabías que el tiempo te estaba contado? Pero también con chispas de cariño, sabías atestiguar muy bien que tu corazón nos estaba conquistando. Te veíamos con Flor Alba y su hijo adoptivo, José Eliseo, ex niño de la calle; estabas impregnada de una sonrisa de bondad, por amistad te dabas enteramente.

    Hoy Danielle, un solo ser nos falta… y todo está despoblado. Te amamos. Queremos conservarte. Queremos continuarte. Pueda, por mucho tiempo,   tu vocecita interpelarnos. ¡Tanto queda por hacer! Danielle este mundo más que nunca necesita de una revolución, por cierto sin violencia, pero posiblemente colocando de una nueva manera el asunto primordial del puesto del ser humano en la carrera del progreso. Danielle, tal vez, ¿no supimos ayudarte en conquistar tu derecho a la felicidad?

    Una noche, frente a la larga tabla que te servía de mesa de trabajo, has traducido un poema de Jácome, tu autor preferido, enamorado de su región natal: “Balade d´amour  à Otavalo/Balada de amor a Otavalo”, del cual he allí un corto fragmento (en francés y español):

Oh! Pur enchantement de roses
Oh el deliquio de las rosas
A la source de Punyaro:
En la fuente de Punyaro:
Des rosiers aux pétales bleus
Rosales de azules pétalos
Forment d’ aquatiques palais.
En acuáticos palacios.
[…]

La cascade de Peguche
La cascada de Peguche
Saute en bonds acrobatiques
En acróbatico salto,
Musculature de rivière
Musculatura de río
Sur un alezan emballé
En alazán desbocado.

    Un poco de la naturaleza grandiosa y lujuriante de este hermoso país lejano ha venido este día a invadir e iluminar tu estudio, en donde vivías como una reclusa.

    Danielle estás ahora en el jardín de alado. Pero,  - todos los que participaron en tu combate, entendieron tus sentimientos y compartieron tus esperanzas- se sienten engrandecidos.

Adiós Danielle.

Notas del traductor:

(1)  Darío Lara, en su cuaderno N° 10, sábado 23 de junio 2001, nos da datos muy interesantes acerca de esta admirable amistad: “Jean Mallière, amigo que tanto ayudó a Danielle Pier, me ha enviado una breve biografía de su amiga y varias fotografías. Es para mí una revelación el texto que con el título “Daniel Pier: une vie de courage, de droiture et de fidélité” (Daniel Pier: una vida de valentía, rectitud y fidelidad) me envía este fiel amigo de la desaparecida. Datos biográficos, historia de su terrible enfermedad que le priva del uso de sus piernas; una vida que se concentra en las actividades de la inteligencia y de la ayuda a los semejantes. ¡Admirable! Y qué labor en lo que se refiere a las letras españolas, ecuatorianas. Su nombre debe ser recordado y presentado a las juventudes tan despreocupadas de hoy…”.


(3) En la séptima actualización, presentaremos nuevas traducciones del libro traducido al francés por Danielle: Viajeros franceses al Ecuador en el siglo XIX de A. Darío Lara.

PRESENTACIÓN  DEL RESUMEN DE LA TESIS DE DANIELLE PIER (A) POR A. DARÍO LARA

Después que en 1971 se creó el “Centro de Estudios Ecuatorianos” en la Universidad de París X- Nanterre, los temas  de la historia,  la geografía, la sociología, el arte, las letras, etc. del Ecuador han sido objeto de constantes análisis y estudios.  Resultado estimulador, más de una docena de tesis doctorales, memorias de estudios superiores (tesina) se han consagrado a dichos temas, por estudiantes y hasta profesores de esa universidad parisiense.

Entre las tesis doctorales he de mencionar aquí una de las más notables preparadas por la estudiante señorita Danielle Pier, en 1996, que con el título “Indigénismes littéraires et réformes agraires” estudia a tres autores:

- Jesús Lara (Bolivia)
- Manuel Scorza (Perú)
- Gustavo Alfredo Jácome (Ecuador).

    Se presenta aquí una brevísima síntesis, en español, de esta tesis particularmente brillante de 1137 páginas, en que la autora nos ofrece algunas de sus consideraciones sobre la novela Porqué se fueron las garzas. He de añadir que la señorita Pier ha traducido al francés esta novela de nuestro compatriota y pronto será publicada por una editorial de París. De este modo, la obra de Gustavo Alfredo Jácome será una de las dos otras novelas traducidas al francés.
   
(A) Publicado en Memoria  N° 5-6-7 de la Sociedad Ecuatoriana de Investigaciones Histórica y Geográficas del Ecuador (SEIHGE), Producción Gráfica, Quito-Ecuador, 1997-2010; pp. 249-251.

INDIGENISMOS LITERARIOS Y REFORMAS AGRARIAS EN LAS OBRAS DE J. LARA, M. SCORZA Y G.A. JÁCOME*

    En Porqué se fueron las garzas, Gustavo Alfredo Jácome no vacila en liberarse de las trabas estilísticas impuestas, más o menos, por el realismo social del pasado. Su novela se inscribe plenamente en la literatura contemporánea, aunque conservando la marca original del substrato indígena.

    Sin embargo, el tema del intelectual indígena, desgarrado entre varias culturas y en busca de su identidad, se desarrolla conjuntamente con otros temas: la Historia desde lo más remoto, puesto que el protagonista se imagina descendiente de los incas y de los shyris por la rama de Atahualpa, el testimonio social sobre los Otavalos de hoy y el debate político que sirve de tela de fondo. Una sigla, IERAC, que se incrusta en la novela como un leitmotiv es una alusión constante a las reformas agrarias promovidas en el Ecuador en la segunda mitad del siglo veinte.

    La novela de Jácome aparece como el balance de una corriente que existe desde hace más de un siglo. Las novedades percibidas en Porqué se fueron las garzas y los problemas planteados en ella, siendo uno de ellos el de su clasificación dentro de la corriente indigenista, clasificación que el autor mismo rechaza en parte, nos incitaron a elaborar un trabajo comparativo que se esfuerza en distinguir las corrientes literarias de las políticas, no únicamente en un solo país sino en tres países andinos de fuerte población indígena y en los cuales la literatura indigenista tuvo mucho relieve: Bolivia, Ecuador y Perú.

    Así nació la tesis intitulada Indigenismos literarios y reformas agrarias en las obras de J. Lara, M. Scorza y G.A. Jácome, defendida en la Universidad de París-X Nanterre en junio de 1996.

    Del escritor boliviano Jesús Lara se estudian las obras que tocan al agro antes de la reforma agraria de 1953, es decir, Surumi (1943) y Yanakuna (Los Esclavos), 1952, y la trilogía sobre la reforma agraria propiamente dicha, a saber, Yawarninchij (Nuestra Sangre), 1959, Sinchikay (Animo), 1962, y Llalliypacha (El Tiempo de vencer), 1965 (1).

    Del escritor peruano Manuel Scorza, forman parte del corpus estudiado las dos baladas: Redoble por Rancas y Garabombo el invisible y los tres cantares: El Jinete insomne, El Cantar de Agacito Robles y la Tumba del relámpago (2), obras reunidas en el ciclo llamado La Guerra silenciosa, publicado entre 1970 y 1979. El novelista peruano escribió después de la segunda reforma agraria promovida en 1969, pero recuerda los acontecimientos que precedieron la de 1964.

La desigualdad entre las cinco novelas de cada uno de estos dos autores y la lírica de Jácome no es sino una apariencia porque la riqueza temática y estilística de Porqué se fueron las garzas, editada por primera vez en 1979 (3), le permite a esta novela sostener el parangón con las demás. El autor echa una mirada desengañada sobre las consecuencias de la modernidad inducida a raíz de las reformas estructurales iniciadas en su país a partir de 1964 por la primera reforma agraria seguida por la de 1973.

Los tres autores tienen en común una sensibilidad particular al problema indígena, afirman haber escrito testimonios y se percibe en sus novelas un trasfondo de cultura indigenista. Este último aspecto plantea un problema pues la corriente indigenista sufrió violentas críticas. Era una incitación a remontar el tiempo y poner a luz los numerosos matices de aquella literatura desde sus orígenes a fin de medir el camino recorrido por ella hasta 1979. Tenemos pues una organización en dos partes distintas.

La primera, intitulada Panorama histórico, social y cultural,  propone un balance matizado del indigenismo republicano. La constituye un estudio en paralelo de los contextos nacionales a partir de los cuales se desarrolló el indigenismo literario.

El primer capítulo recuerda las circunstancias  en que nació el indigenismo republicano y cómo evolucionó su expresión literaria en la primera parte del siglo XX. En aquella época, la literatura se apartaba muy poco del contexto social que la rodeaba. El indigenismo nació en el Perú, a raíz de la Guerra del Pacífico, en 1889, con Aves sin nido  de Clorinda Matto de Turner. Es una obra de transición entre el indianismo romántico y el indigenismo propiamente dicho. Igual transición apareció en 1904 en Bolivia con Wata Wara, de Alcides Argueda y en 1927 en Ecuador con Plata y Bronce de Fernando Chaves, maestro de Gustavo Alfredo Jácome** (ver anexo 1). El desfase entre las fechas deja prever una evolución distinta para cada uno de los tres países. El Ecuador no participó en la Guerra del Pacífico. Quizá sea una de las razones por las que, en este país, la literatura de tema indio se quedó arraigada más tiempo en el indianismo romántico. Al final del capítulo, se estudian las particularidades nacionales y regionales, las tendencias principales de la corriente literaria así como sus contradicciones y su trascendencia.

El capítulo segundo se centra en las reformas agrarias y en sus consecuencias. La reforma agraria boliviana se elaboró con precipitación empujada por la Revolución Nacional de 1952 y el movimiento popular; las de los otros dos países fueron objetos de una multitud de proyectos previos y finalmente las indujo la Alianza para el Progreso, de obediencia norteamericana, a fin de canalizar el descontento social. Fracasaron en todas partes. La abolición de las formas de trabajo servil, la compra a precio de catastro de una parcela de tierra, insuficiente para vivir, o aun la entrega gratuita de ella, no hicieron de los indígenas ciudadanos iguales a los demás. Tampoco lo hizo el reemplazo del término “indio” por el de “campesino”. La integración económica del indígena no se realizó. Tampoco tuvo lugar su integración pese al esfuerzo educacional. El indígena siguió estando pues al margen de las sociedades nacionales. La reestructuración agrícola acentuó el éxodo rural como se puede ver en los cuadros. Este fenómeno acarreó consigo nuevos planteamientos a los escritores indigenistas hacia una nueva definición del indigenismo.

En su país, el conocido escritor José María Arguedas escribió: “El indigenismo tiene que cambiar, porque todo el Perú está lleno de indios ahora (…)”(4).

Y es de notar que el mestizaje cultural, los problemas planteados por la aculturación, los nuevos intentos de contra aculturación llegan progresivamente al primer plano del indigenismo literario. Aparecen nuevas formas novelescas que revelan lo escondido detrás de la apariencia de los hechos. El empleo de la perspectiva del realismo mágico muestra la magia del mundo andino. El campo de la representación narrativa se ensancha. Se habla entonces del neoindigenismo. El neoindigenismo no significa pues una ruptura completa con la tradición anterior sino una transformación de ella, más o menos amplia, por supuesto, según la personalidad de cada autor. Además, conjuntamente, en esta segunda mitad de siglo, se desarrolla una vena literaria que ya no retiene exclusivamente al indio como tema central de los relatos y a un tiempo juzga la realidad histórica y social con más distancia sobre todo a partir de 1954 en el Perú, 1962 en el Ecuador y en 1965 en Bolivia.

El tercer capítulo, que sirve de transición entre las dos partes del trabajo, presenta a los novelistas en los contextos regionales en que se ubican las acciones de sus novelas: Jesús Lara y Cochabamba, Manuel Scorza y Pasco, Gustavo Alfredo Jácome y Otavalo, comarcas con las cuales los autores tuvieron vínculos privilegiados. Después de esbozar un panorama geográfico, histórico y socioeconómico de estas comarcas, se trata de ver, a través de las carreras de cada escritor, cuáles fueron sus preocupaciones dominantes y sus posiciones respecto del indigenismo.

Jesús Lara nació en 1898 en Muela, hoy Villa  Rivero, pueblo del departamento de Cochabamba, en la provincia de Punata. Mestizo, siempre reivindicó como suya la cultura quichua sobre la cual investigó sin cansarse, como se puede ver en La Cultura de los Inkas, La Literatura de los Quechuas y las numerosas antologías y traducciones entre otras Tragedia  del fin de Atahualpa (5). Niño pobre, que habló quichua hasta los siete años, accedió al mundo de las letras por la poesía y el periodismo.

Hombre de doble cultura, quichua e hispánica, y preocupado por los problemas sociales, su doble compromiso indigenista y político parece caer de su peso, y se expresa en la serie de las novelas estudiadas en la segunda parte de esta tesis, novelas que llevan el subtítulo de Novelas indias.

Manuel de Scorza no es de Pasco. Nacido en Lima en 1928, su intervención en este departamento de la sierra central peruana tiene por origen la militancia política del autor al lado de los comuneros de Pasco. Ya conocido como “poeta del pueblo” por los versos de Las Imprecaciones (1954) (6), Scorza había militado en Lima para que el pueblo acceda a la cultura, a los libros, proponiendo en venta directa, libros a precios muy reducidos.

Como había hecho Jesús Lara en sus Relatos íntimos (7), Manuel Scorza confesó en entrevistas con periodistas tener razones personales de interesarse por los indios. Al mismo tiempo, el novelista peruano rechazó, sobre todo a partir de 1975, la etiqueta indigenista. Incluso, él alimentó la polémica en torno al indigenismo. Sin embargo, la opinión a veces severa de Scorza no impide que se perciban en sus libros algunos rasgos que muestran su filiación con esta corriente.

La lectura de la obras de Gustavo Alfredo Jácome, nacido en 1912 en Otavalo, provincia de Imbabura, revela a un hombre apasionado. Su pasión de los niños y jóvenes está ligada a su carrera de pedagogo. Doctor en Ciencias de la Educación, Académico de la Lengua, se le debe una multitud de textos escolares para varios niveles de enseñanza, la mayoría de ellos publicados entre 1959 y 1971. Creemos descubrir la idea que nutre su obra educativa: el porvenir de un país radica en su juventud y la educación de ella debe comenzar en la edad más tierna. Así se explica que sus primeras obras poéticas sean libros para niños como Luz y cristal (1946) y Ronda de la Primavera (1947). El autor ecuatoriano nos muestra su profundo amor a la tierra natal. Este sentimiento que le inspira las páginas más bellas de Porqué se fueron las garzas se expresa en máximo grado en los versos de su Romancero otavaleño (1947) y en sus Viñetas otavaleñas  (1993). Gustavo Alfredo Jácome es también biógrafo (La Vida de Luis Felipe Borja) y crítico literario (Estudios estilísticos).

En 1961, con Barro dolorido, el autor enfoca varios aspectos del problema indígena desde una perspectiva educativa, y en estos cuentos de inmensa ternura, se perciben ya cuestiones desarrolladas más tarde en Porqué se fueron las garzas. A lo largo de su obra literaria persiste su intención pedagógica. En 1963, había editado una Cartilla de Alfabetización. Un año más tarde, escribía un artículo en el que proponía la enseñanza en quichua para los indios. Y en sus Siete Cuentos (1978), cuyo carácter filosófico no puede escapar, Jácome sigue denunciando la inadaptación de la enseñanza a las capas indígenas de la población ecuatoriana de La Última Virgen del sol.

Sin embargo, el proseguir o no en la vía trazada por los narradores indigenistas no es la preocupación esencial del cuentista y novelista. Más bien mostrará en Porqué se fueron las garzas las premisas del despertar indígena que, con altibajos, se está desarrollando en este fin de siglo. Respecto del indigenismo y neoindigenismo, su postura se acerca a la de Manuel Scorza. Pero, el escritor ecuatoriano no alimentó la polémica en torno a esta corriente.

La segunda parte, “la expresión novelesca”, propone un estudio literario comparativo a partir de los personajes, del espacio, de los lenguajes y técnicas narrativas.

El primer capítulo, “los personajes: entre realidad y ficción”, se organiza en torno a dos puntos esenciales. En primer lugar, se trata de mostrar cómo cada autor los elabora y cómo establece entre ellos un sistema de relaciones que determina sus papeles en las novelas. Pero, el testimonio que los novelistas reivindican plantea además el problema de las relaciones entre la realidad y la ficción.

Lara presenta a los hacendados y sus aliados: mayordomos (Surimi, Yawarninchij), mestizos de pueblo (Yanakuna), curas, como arquetipos de la maldad y del vicio. En suma, es una representación bastante maniquea de la sociedad en la que los blancos y mestizos se oponen a la emancipación del mundo indio, representación conforme, en este aspecto, con la novela indigenista tradicional.

De entrada, Scorza revela la identidad verdadera de la mayoría de sus personajes. Como el autor no tiene que preocuparse de verosimilitud, puede transformarlos a su antojo. Así, un “traje negro”, una “moneda” que nadie se atreve a recoger, bastan para sugerir la desmesura del poder del gamonal y juez Montenegro. Evoca Scorza a una burguesía local sometida al juez, él mismo dominado por el poder de la compañía norteamericana Cerro de Pasco Corporation expoliadora de las tierras de las comunidades indígenas. Así es como los comuneros tienen que luchar en dos frentes: contra el juez y contra la compañía, poco antes de la reforma agraria.

 En la novela de Jácome no aparecen personajes de hacendados. Quiere mostrar el autor que se trata de otra época en que, después de dos reformas agrarias, la estructura feudal ha sido reemplazada por otra, mercantil y turística, más o menos dependiente de la economía capitalista extranjera. Pero sí, en Porqué se fueron las garzas, como en las novelas de Lara y Scorza, actúan representantes del Estado que llamamos “personajes históricos” porque están en la historiografía oficial. Scorza representa a prefectos y militares en sus verdaderos papeles de agentes de la represión brutal. Lara y Jácome desvirtúan el poder de Estado. El primero sugiere la hipocresía del “presidente” que firmó el Decreto de la reforma agraria boliviana, en Yawarninchij. El segundo caricaturiza  la relación íntima del dicho general, presidente de un gobierno “nacionalista y revolucionario”, a través de la relación íntima de dicho general con Mila, la hermana melliza del protagonista, e invita al lector a percibir, entre líneas, el “clientelismo” que rige  las relaciones políticas, mostrando cómo los dos se utilizan mutuamente.

Lo anterior es un ejemplo de cómo Jácome privilegia en su novela las relaciones interpersonales. Este aspecto se advierte más al estudiar a los protagonistas de la resistencia india. Los tres novelistas tienen en común de elaborarlos de modo a suscitar la simpatía del lector pero divergen en la manera de presentarlos. Si Lara utiliza el monólogo interior en la segunda parte de Surumi a fin de sugerir un conflicto interior y pasajero de su protagonista Huáscar, abandona muy pronto este modo de narrar en provecho de un “narrador omnisciente” encargado de encaminar al personaje hacia el mito revolucionario que el novelista quiere crear; así se termina su última novela Llalliypacha. En cambio en Porqué se fueron las garzas, el monólogo interior y el monodiálogo (9), procedimiento por el cual Andrés se habla a sí mismo en segunda persona, predominan en la novela. El protagonista de Jácome no puede salir de su drama interior. Testigo subjetivo, propenso a la introspección, Andrés sufre como si fuera propio el padecimiento del pueblo indio al que pertenece por sus orígenes, pero del que su aculturación lo ha apartado. Los problemas sociales no son ausentes de Porqué se fueron las garzas: la sátira de las instituciones universitaria, militar y política, incluso indigenista, es acerada pero parece filtrada a través de la mente del protagonista  que ofrece la figura de un crucificado hasta el desenlace, momento en que alcanza al mito incásico al encontrarse con su “coya”. Se desprende así una diferencia esencial entre la obra de Lara, centrada en el combate concreto y la de Jácome, centrada en el debate interior del protagonista.

Con los protagonistas de Scorza, la impresión es aún diferente. El novelista los transforma de entrada en héroes míticos de una epopeya india. Les atribuye facultades particulares (nictalopía) o sobrenaturales (invisibilidad, longevidad extraordinaria, poder de transformarse en puma), poderes cuya fuerza radica esencialmente en la creencia en ellos de parte de todo un pueblo. Nos brinda Scorza una galería de personajes pintorescos y un mundo fantástico que se sustenta en lo imaginario colectivo andino. Así logra mostrar el autor la realidad que se esconde en el mito y la relatividad de la noción de verosimilitud que varía según la época y la cultura de referencia.

 En las novelas de Lara, la oposición primitiva blancos-mestizos/indios evoluciona paulatinamente hacia otra entre conservadores y progresistas, llegando a ser éstos últimos aliados de los indios. También Scorza escapa al maniqueísmo racial; representa a un hacendado indígena tan malo como los demás terratenientes, al padre Chasán, despertador de la conciencia campesina y a varios ayudantes, entre los cuales el abogado honesto Ledesma y el autor mismo que actúa con su rol verdadero de periodista y militante, en La Tumba del relámpago. Los personajes indígenas de Jácome sólo pueden contar con sí mismos: al detallar el autor, como con lupa, las relaciones interétnicas tales como son vividas por el protagonista, bien muestra que no tienen nada que esperar de nadie. Con orgullo justificado la ascensión social se la reivindican siempre como resultado del “esfuerzo propio”.

Las cuestiones planteadas por el mestizaje cultural, la aculturación y la exogamia que forman el tema esencial de Porqué se fueron las garzas, ya estaban en germen en Surumi. Por eso, en “comportamientos y relaciones a través de las obras”, se intenta un análisis sicológico de los personajes claves en estas novelas.

En el estudio de estas relaciones interpersonales e interétnicas, es de interés la comparación entre los tríos: Surumi/Huáscar/Vinvela y Mila/Andrés/Karen, presentados respectivamente por Lara y Jácome porque pone de manifiesto el problema de la “doble marginalidad” del indígena aculturado. Huáscar y Andrés son hombres descuartizados entre dos mujeres símbolos. Surumi, madre de Huáscar, elemento aborigen, representa al pueblo indio oprimido y el pasado que el hijo no debe olvidar ni traicionar pese a su amor por Vinvela, hija de los opresores de sus padres y símbolo del porvenir. Jácome complica el asunto haciendo del protagonista un doctor, de su esposa una blanca norteamericana y de Mila una hermana muy celosa. Esta última simboliza la tradición endogámica propia del mundo indígena frente a Karen, símbolo de la modernidad y exogamia. Mila rechaza de entrada a Karen, obligando a Andrés a escoger entre las dos mujeres, y así rinde imposible la reconciliación entre los dos mundos. Lara enfoca la exogamia como reestructuradora tanto para el individuo como para la comunidad indígena mientras que Jácome la considera destructuradora por ser basada en motivaciones equivocadas: desquite social y sentimental (Andrés), exotismo e imperialismo (Karen). J. Lara dirige a sus personajes hacia la verdadera unidad popular, por supuesto utópica, contra los opresores y expoliadores de la tierra. Jácome propone, con la victoria de Mila sobre Karen, un retorno a los orígenes, motivado por la reivindicación de identidad del protagonista.

Se destaca pues el interés que suscita en los pueblos indígenas la recuperación de su propia historia. El tema, poco clásico del indigenismo, es evocado por los tres autores. Apenas esbozado en Lara, aunque sí en Yawarninchij, se lee una condena del pasado colonial por haber borrado las huellas de la historia precolombina, el tema es desarrollado por Scorza a través del mito de Inkarri, símbolo de la resurrección del pueblo indio.

Jácome le da mucho relieve, y de modo muy original, a esta cuestión. Es un toque de alarma al ver cómo la modernidad y la aculturación están acabando con los valores indígenas. Recuerda, valiéndose de las investigaciones de su protagonista, el heroísmo de los pueblos indios desde quinientos años, sugiere su resistencia pasiva a la aculturación ideológica en la colonia, como en estas líneas:

“Indios: hay que labrar la custodia.
Nosotros labrábamos la imagen de nuestro Inti-yaya para darnos el gusto de coronar fachadas de iglesias y altares con nuestro dios en vez del que no entendíamos, pero a cuya imagen y semejanza nos crucificaron” (10), señala los aportes de la cultura indígena, las riquezas artísticas para que el lector pueda medir la importancia de la injusticia perpetrada hasta hoy contra ellos. El novelista ofrece un testimonio del despertar indígena que pasa por el orgullo de ser indio” y el “racismo al revés”, respuestas al racismo ambiental y primeros pasos hacia la emancipación sicológica, cultural y económica hasta hacerse imprescindibles en la vida nacional de hoy. En este sentido, el retorno a la historia nativa, puede ser, más que una huida estéril frente al presente, un elemento favorable para hallar en el pasado, iluminado por el presente, las raíces del futuro.

    Desde este punto de vista se puede considerar la voluntad emancipadora que se desprende de las obras de los tres autores, a la que se deben añadir las investigaciones histórico-culturales personales de ciertos personajes como Andrés (Porqué se fueron las garzas) y Misicu (Sinchikay), como la expresión de un humanismo nuevo.

    El segundo capítulo: “Espacio: del mimetismo al simbolismo”, se interesa en mostrar la organización y el valor en tanto como categoría semántica del espacio construido por los novelistas. En primer lugar se trata de apreciar los grados de mimetismo y desviación respecto de la realidad extratextual.

    En La Guerra silenciosa, da Scorza sus nombres verdaderos a la mayoría de las comunidades, haciendas y lugares de las provincias serranas de Carrión y Cerro de Pasco, del departamento de Pasco, conjunto espacial a la vez rural y minero donde se desarrolla la guerra campesina. La mayor precisión toponímica responde al proyecto inicial del autor de escribir una crónica de los acontecimientos que enlutaron los Andes centrales en los años 1959-1962. Lima es un espacio periférico donde sólo se indican los trayectos del protagonista Garabombo en busca de un abogado. Apenas se menciona el Oriente peruano al final de La Tumba del relámpago cuando se lleva a Ledesma al presidio de El Sepa.

    J. Lara y G.A. Jácome mezclan referencias toponímicas, topónimos inventados y espacios anónimos; la precisión es menor pero el efecto de realidad subsiste, porque los dos novelistas cuidan de dejar indicios para que los lugares sean conocidos.

    El valle descrito en Yawarninchij por J. Lara queda anónimo. Sólo vienen a situarlo aproximadamente algunos topónimos conocidos en el curso de las novelas. La ciudad de Cochabamba, capital del departamento, la de Cliza (provincia rural de Jordán) y el pueblo de Muela (provincia de Punata) componen el espacio de la acción principal en el que la ciudad de Cochabamba es descrita desde un punto de vista social. Pero, el país entero está representado: Oriente (Chaco), Altiplano (La Paz), lago Titicaca (Isla-presidio de Koati), espacio minero, con el complejo Llallagua-Catavi-Siglo-XX, que simboliza la alianza obreros-campesinos.

    Lo dijo Jácome mismo, Quinchibuela, tierra natal del protagonista en Porqué se fueron las garzas, es la síntesis  ficticia de Peguche, Ilumán y Quinchuquí, lugares ubicados al noreste de Otavalo, Imbaquí en la novela, mientras que da sus nombres verdaderos a las demás parcialidades de la provincia de Imbabura. A fin de completar la impresión de realidad y componer el conjunto espacial rural de la acción principal, son situados los cerros Cotacachi e Imbabura a cuyo pie está la laguna San Pablo. La capital ecuatoriana, Quito, y la Universidad de Berkley, en los Estados Unidos, son espacios urbanos imprescindibles en la novela pero sólo descritos en lo esencial para la acción. El Oriente es evocado a través de un recuerdo de la Historia colonial, “la aventura del país de la Canela”. Por fin, actúan en el relato otras referencias toponímicas con las cuales Jácome estigmatiza acontecimientos antiguos o recientes, nacionales o extranjeros.

    Los novelistas quieren testimoniar y sienten todavía la necesidad de presentar su país, su región y nombrar las cosas. Sin embargo, al evocar aquellos espacios nacionales y regionales, se valen de un estilo figurado, los representan animados, impregnados de leyendas y mitos, los transforman por la magia de su verbo. Así, la compañía minera en Redoble por Rancas es presentada metafóricamente por el “Cerco”, serpiente maléfica que va comiendo las tierras de las comunidades. Además, se establece entre el narrador subjetivo y su lector una comunicación sensible tanto más fuerte cuanto que existe una relación íntima entre el novelista y la región referida, como en el caso de Lara y Jácome.

    Si  en el primero se percibe el apego a la tierra natal a través de pausas descriptivas de carácter sentimental, el arsenal poético puesto en obra por el segundo hace de Porqué se fueron las garzas un largo poema en prosa. Los instantáneos poéticos que refuerzan la impresión de hermosura de la provincia son inspirados por el amor del novelista a su “llacta”:

“Regresaron orillando la laguna que vistoseaba de garzas. En ritmo de resuello, el agua subía a recostarse en sus propias playas” (11).

    En Jácome, metáforas, personificaciones, imágenes, figuran un paisaje como pintado a través de la percepción animista indígena. Los elementos de la naturaleza son humanizados, experimentan sensaciones y sentimientos, tienen cualidades y defectos al igual de los hombres; así evoca el autor la curiosidad benévola del cerro:

“(Afuera, se sentía el alto bulto del Imbabura orejiando la conversación)” (12).

    El viento viene a ser un espejo del alma: las metáforas y comparaciones eróticas sugieren los recuerdos felices e infelices de Andrés a la hora del balance:

“(…) el viejo viento, el de todos los veranos, achiquillado, hace diabluras: corre y levanta las faldas de las follanudas del zambal, se empina les baja los pelos a los eucaliptos que se doblan para dejar pasar sobre ellos el estruendo de un río crecido, entra en los maizales, tumba las cañas y se refocila sobre las mazorcas como sobre pechos maduros” (13).

    Scorza y Jácome crean un espacio mítico, apoyándose en el trasfondo cultural precolombino. Así, en El Cantar de Agapito Robles, el protagonista sueña con los “Animales Arriba” y los “Animales de Abajo”, que simbolizan la antigua organización del mundo indígena. Se observa algo similar en Porqué se fueron las garzas. Al contar los amores de “Taita Imbabura” con la montaña Cotacachi, Jácome se base en una leyenda antigua de los indios, la cual refiere a la misma división del mundo entre Hanan y Hurin que no sólo significa Alto-Derecho/Bajo-Izquierdo sino también Masculino/femenino (14). El volcán, legendario violador de montañas y lagunas, es el sitio apropiado para el ritual iniciático por el cual los jóvenes de Quinchibuela van a “graduarse de jaris” (machos) al demorar una noche en su cumbre. Se advierte en estos casos que lo mítico no expresa siempre un grado de desviación respecto de la realidad extratextual sino que permite asir en toda su complejidad y amplitud la magia del mundo andino.

    “La toposemia funcional”, enfoca el espacio como una categoría semántica y procura revelar el sentido de sus elementos.

    Los topónimos inventados por Lara y Jácome anuncian por sí solos todo un programa narrativo. En Yawarninchij, “Saukapanpa” es un término quechua que significa “la llanura de la mofa”; ahora bien, representa Ucureña por ser el sitio donde se firmó el Decreto de la reforma agraria. Entonces, se percibe el peso del desengaño campesino que generó la guerra campesina, larga metáfora de la guerra entre Cliza y Ucureña  (1959 y 1962). En Porqué se fueron las garzas, Imbaquí no es tampoco un nombre escogido al azar. Era un lugar prehistórico del cantón aunque según los datos proporcionados por Alvaro San Félix en su Monografía de Otavalo, no es cierta su ubicación en el sitio del Otavalo actual. El novelista ha creado un Imbaquí moderno a un tiempo que le ha dado a su protagonista un apellido sacado de la Historia precolombina. Topatauchi, hijo de Atahualpa, fue un “auqui” (dignatario) del antiguo Otavalo. Jácome puede entonces desarrollar, en el relato principal, un relato segundo, indispensable al primero y encajado en él; en efecto, el relato principal está construido sobre la doble ambigüedad de identidad espacial Imbaquí-Otavalo y personal Topatauchi (personaje histórico)-Tupatauchi (ser de papel).

    También, los espacios de encuentro están cargados de un programa narrativo. La Universidad de Berkeley es el lugar del doble encuentro del protagonista: con Karen, su futura esposa, y con el pasado ica-shyri y su homónimo. Huáscar, herido de la guerra del Chaco, y Vinvela, adulta y cambiada, se encuentran en el hospital de Cochabamba, los rebeldes de Scorza se reúnen en diferentes lugares de la Sierra para preparar sus rebeliones.

    Ahora bien, si los encuentros muestran que el espacio es inseparable del tiempo, la relación entre ellos se manifiesta con formas tan variadas como sorprendentes. El espacio como espejo del tiempo histórico se observa en Porqué se fueron las garzas: por las desigualdades de desarrollo entre las parcialidades de Imbabura, cada una de ellas puede ser pensada como el espejo de un momento de la Historia regional. El tiempo como dimensión de la subjetividad lleva consigo una simultaneidad de espacios en la mente de los personajes: lugares tan alejados como la Universidad de Berkeley y la parcialidad de Quinchibuela están reunidos en el recuerdo nostálgico del protagonista. La estructura de la novela propone al lector un espacio y un tiempo como estallados a imagen del pensamiento del personaje. La dislocación espacio temporal del relato principal se completa con relatos segundarios a valor de “puesta en abismo”(amores de Fermín con Elisabeth) o de carácter sociológico (el tejedor de totora, la diáspora de los jóvenes tejedores de Quinchibuela) y con documentos coloniales y recortes de periódicos contemporáneos de la narración del autor que vinculan el pasado al presente y el Ecuador al continente y al mundo, poniendo de manifiesto el ensanchamiento de la representación del universo novelesco.

    Scorza crea un tiempo distorsionado, mitificado, revelador de los abusos de los terratenientes. En El Jinete insomne, los anhelos de divertimiento de doña Pepita Montenegro hacen morir los relojes, enloquecen el tiempo. Pero, un terremoto, presentado como fantástico, en que el espacio parece vengar el tiempo, es el signo metafórico de los límites de lo arbitrario de los poderosos, y simboliza rebeldías populares por venir (15).

    Lo anterior deja entrever el vínculo entre espacio e Historia. El tratamiento novelesco de la Historia se apoya en elementos de diversa índole que entran en la categoría de lo que Pierre Nora llama: “lugares de memoria”(16), verbigracia, Archivos, monumentos, objetos, campos de batalla, etc., que mantienen la memoria colectiva.

    En la época precolombina, el relato mítico es como un Archivo y en Garabombo el invisible, Scorza utiliza el sacado de Dioses y Hombres de Huarochiri (17) para evocar la masacre de la comunidad de Chinche por el ejército. El novelista crea una versión moderna del mito que lleva en sí la protesta al tiempo que hace entrar la “Pequeña Historia” local en la “Gran Historia” nacional. Lo mítico y lo fantástico sustentan también lugares ficticios de la memoria colectiva. Así, en el lago Chaupihuaranga  (El Jinete insomne) queda inscrita la masacre de Yanacocha; desde entonces, escribe Scorza, “el lago se llama Yawarcocha” (lago de sangre). En La Tumba del relámpago, los ponchos premonitorios de doña Añada son archivos ficticios de la Historia de la provincia. Pero, los Andes centrales son lugares de memoria verídicos: el contrapunto desarrollado en Redoble por Rancas entre la marcha de Bolívar en la pampa de Junín y el avance, ciento cincuenta años  más tarde, de Bodenaco hacia Rancas hace resaltar la antinomia entre la acción libertadora del primero y la regresiva del segundo; así sugiere el autor que la Independencia nunca fue la de los indios.

    En J. Lara, el Chaco en Surumi, las minas y los valles referidos en la Trilogía sobre la reforma agraria son también verdaderos lugares de la memoria boliviana. Pero los nombres inventados de Saipurenda y Suakapanpa refuerzan el carácter ficticio de las anécdotas narradas. En Llalliypacha, la supremacía que el novelista confiere a Saipurenda en el valle carga este lugar de un valor simbólico: es el microcosmos de la Bolivia con la que soñaba el autor.

    G.A. Jácome inscribe en Porqué se fueron las garzas numerosos espacios del saber (Universidades, bibliotecas, Archivo, Museo). Aquellos edificios públicos encierran documentos, los cuales contienen a su vez datos. Estos últimos refieren a otros espacios donde de descubren las huellas del pasado. Aparecen así varios lugares de memoria como encajados unos en otros.

    En la biblioteca de Berkeley, el texto intitulado: Estudios etnohistóricos del Ecuador: los descendientes del Inca Atahualpa, de Udo Oberem, es el punto de partida de las investigaciones del protagonista y de la historia contada. El descubrimiento del homónimo, Francisco Topatauchi lleva a Andrés Tupatauchi a reconstruir toda la historia nacional, incluso la anterior a la Conquista: el “Chicapán de los Imbayas” (el lago San Pablo) recuerda a los primeros habitantes de la comarca, “Caranque”, fundada por los Caras, es el nombre del sitio del Otavalo actual, “Yahuarcocha” alude a un episodio sangriento de la conquista del Reino de Quito por los Incas. El autor nos invita a leer, como por encima del hombro del protagonista, relatos de viajes, testimonios antiguos sobre la Historia  del cantón, sobre los obrajes coloniales, evocado en Noticias Secretas de América de Jorge Juan y Antonio Ulloa. En la República, el único acontecimiento trágico que no sea debido a la voluntad maligna de los descendientes de los conquistadores es el terremoto de 1868. La Historia colonial y la Historia republicana son interpretadas como una mera continuación del orden instaurado desde la Conquista. Una frase tan irónica como lacónica expresa la desilusión:

“Decretos del Libertador, leyes compadecidas: bocados de polillas” (18).

    El estudio termina destacando una simbólica del espacio. Por ella, se da relieve a los grandes problemas de la actualidad en los países andinos y en el resto del mundo: la unidad nacional, el progreso y sus límites, las opciones de desarrollo que implica este progreso, el malestar del hombre que le empuja siempre en buscar la tierra prometida. Por su filiación al realismo social, la orientación descriptiva de Lara se inscribe en la fidelidad a la realidad. Sin embargo, crea el “Nuevo Ayllu” de Saipurenda, revolucionario y atractivo para todos los hombres de buena voluntad. Al imaginar aquella “Ciudad del Sol”, el novelista se vale de la utopía para salvar el ideal de cohesión social de la comunidad indígena que se está desmoronando en la realidad después de la reforma agraria con el minifundio.

    El viaje al gran Pangoa que describe Scorza en El Jinete insomne como una tentativa de crear en otro lugar “la Nueva Yanacocha” participa del mismo ideal de cohesión comunera en que nos haya ningún hacendado, conforme con la edad de oro precolombina. Durante un instante, el pasado sirve de modelo para el futuro pero Scorza no se refugia en la utopía como Lara, ni en la nostalgia como Jácome sino que propone la lucha de sus protagonistas contra los que les obligan a marcharse.

    Porqué se fueron las garzas está construida en la antítesis pasado versus presente, con un parangón a favor del pasado:

“En aquellos tiempos la tierra era repartida anualmente
según las necesidades de los ayllus,
sembraban y cosechaban cantando,
todos tenían que comer:
no hubo mendigos.
Una buena cosecha no era una maldición,
no producía pánico en la Bolsa,
no se arrojaba el exceso de mieses al mar, (…)” (19).
   
Al autor se le ocurrió la idea efímera de una revolución que borrara los efectos perversos de las reformas estructurales para sólo guardar lo mejor de ellas. Pero, bien sabe que no es más que un sueño. Propone pues una alegoría espacial de aquella revolución en que los elementos de la naturaleza dirigidos por el lechero totémico entran en una acción perfectamente solidaria:

“Entonces se comenzó a correr la voz de que habían visto al lechero de Pucará, detotemizado, jinetear, poncho verde al viento, espuelas de altanoche en ijares de alazán desbocado. Sin que le pesen sus años ni los achaques de su tronco varicoso. (…)
El lechero de Pucará se había hecho guerrillero.
En braceo desaforado arengaba a fantasmas que acudían de todas partes a su llamado.
Bajo el sombro esquivaba el rostro de los relámpagos y su flash identificatorio.
Escuadrones de guerreros emplumados se enfilaban en los maizales.
Los riachuelos afilaban en resplandores sus puñales y cuchillos.
Tras los fosforazos del rayo se veían caer disparos de tórtolas y codornices en los cebadales alunados.
De árbol en árbol, la conspiración se extendía en susurros de tinieblas.
Telegrafía de ninacuros.
Vocerío de follajes al iniciarse el ataque con viento macho a la cabeza.
Y el lechero de Pucará, Che Guevara resurrecto. (…)
Pero todo sucedía en la noche.
A la mañana, otra vez, parado en la punta de la loma,
escampando el sol, como que no quebrara un plato.
Abajo, la laguna estaba en un solo cristal, olvidada
del todo que era agüita manantía”(20).
   
Nos entrega Jácome una bellísima muestra de su talento poético que pone de relieve lo escondido bajo la aparente inmovilidad del orden social. No queda más que la nostalgia, y la novela termina en la imagen onírica del “segundo nacimiento” del  Tahuantinsuyo fundado por Andrés y Mila en recuerdo a la primera unidad del Imperio simbolizada por Guayanay. La metáfora de los “dos ríos confluidos” que sugiere la unión del Norte, Quito y del Sur, Cuzco, como si Yahuarcocha no hubiera existido, es la alusión al paraíso perdido.

    El tercer y último capítulo muestra algunos aspectos de la “escritura y técnicas narrativas” usadas por los autores.   

    El estudio de “las lenguas y lenguajes” requiere algunas precisiones previas. Se llama “lenguaje”, la introducción en la lengua literaria del habla de los actuantes, por una parte, y los procedimientos de creación artística (lenguaje poético, humorístico, etc.), por otra.  También se distingue entre el “realismo del lenguaje” que da cuenta de los niveles de la lengua castellana y el “realismo lingüístico” que alude a la introducción del quichua vernacular, pues la pluralidad lingüística existe en los países estudiados. Como sus antecesores inscritos en el indigenismo tradicional, los tres novelistas se han confrontado con una contradicción: ¿cómo representar el discurso del referente indígena mientras son escritores de lengua española?

    Después de observar las interferencias lingüísticas usadas por los autores se advierte que Scorza deja poco sitio en sus novelas de plurilingüismo vigente en el Perú. El autor peruano justifica su opción afirmando que sus “héroes épicos” son elocuentes y tienen la misma facundia en su quechua nativo que en el castellano pintoresco que él  les presta.

    En cambio, J. Lara y G.A. Jácome ilustran a la vez el  “realismo del lenguaje” y el “realismo lingüístico”. Dan relieve a la inestabilidad de las vocales /e/, /i/, /o/, /u/ vigente en sus países respectivos para figurar el habla de los indios poco aculturados;  así,  se encuentra: “patruna lenda”por “patrona linda” (Surumi) (21) y “mesmo”por “mismo”, “Losmilla” por “Luzmila”(Porqué se fueron las garzas). El novelista ecuatoriano extiende este fenómeno lingüístico al habla mestizo  con intención humorística a fin de sugerir que los mestizos, pese a sus ínfulas de amos, son menos cultos que su protagonista. Figura pues un habla popular rápido, contractando las palabras en una sola enunciación: “mioye”, “tihas dir”.

    G.A. Jácome ofrece un “melting-pot” de lenguajes desde los culteranismos leídos por el protagonista en el Archivo de Historia hasta el discurso de los quichuas hablantes, transcrito y traducido para elevar el idioma quichua a nivel de la lengua literaria, pasando por el francés de la patrona de un hotel, el inglés de Karen, de las gringas y evocando también el trilingüismo de Andrés y de los demás estudiantes indígenas.

    Son de particular interés las creaciones léxicas que nos llevan a hablar de surrealismo lingüístico. Partiendo del lenguaje realmente hablado en el Ecuador, G.A. Jácome inventa una nueva lengua de altísima expresividad, usando hiperbólicamente de los rasgos fonológicos y estructurales del quichua y del castellano. Crea vocablos híbridos: por ejemplo, “Munachir” cuyo significado dado por el autor mismo es “provocar la envidia por ostentación”, amalgama la raíz quichua “muna”(querer, desear), el sustantivo quichua “achij”(luz) y la marca del infinitivo castellano “-r”.  El empleo de “ninacuriada”(de “nina”: fuego y “c’uru”; gusano, infijo quichua “-ri”(22), siendo “-ada” el   sufijo castellano en vez de “lluvia de luciérnagas” muestra la adaptación de la estructura aglutinadora del quichua a la fabricación de una metáfora sintética para evocar las estrellas que caen con la noche.

    El autor hace malabarismos con las palabras, variando los procedimientos para dar más fuerza a su denuncia. Transforma irónicamente los nombres propios en participios y gerundios: “monaliseando”, “celestineando”, en adverbios: “garciamorenamente”, “lascasasmente”, “rumiñahuimente”. Les quita las mayúsculas a los apellidos de los verdugos: “frayvalverde”, “hitler” etc.  Contracta vocablos: “indiorantes”, “aguanthambres”. Yuxtapone otros: “pedradas-insultos, pedradas-desprecio, pedradas-pedradas”. Lanza gritos en mayúsculas, a la  manera de los surrealistas: “OH PACHACAMAC” , “CARAJO”. Da listas de siglas, símbolos de las instituciones que él quiere fustigar: IERAC, INHERI, AZTRA.

    Son ejemplos entre otros muchos de la riquísima lengua de G.A. Jácome. Elevada al rango de protagonista, la lengua creada por él cuestiona: ¿Será una prefiguración surrealista de la lengua ecuatoriana futura nacida de la facundia popular? Si la “lengua” es considerada como el sistema de uso colectivo y el “habla” el uso individual de esa misma lengua, según Saussure, no sugiere el novelista, como Saussure mismo, que “es el habla la que hace evolucionar la lengua”.

    También los novelistas son poetas. Para demostrarlo había que notar la impregnación de su prosa por ritmos y sonoridades que recordaban los del verso, mostrar los sentimientos que se desprendían de las figuras retóricas. Aunque la prosa poética es menos perceptible en la obra de J. Lara, el autor ofrece en Yawarninchij comparaciones de gran frescura en las descripciones de la noche (23), en el anuncio de la reforma tan esperada (24). Gran emoción lírica nos brinda Scorza en los recuerdos sentimentales del viejo Herrera, protagonista insomne de El Jinete insomne (25) y en el adiós a las plantas de doña Añada en El Cantar de Agapito Robles (26). Pero ya hemos dicho que Porqué se fueron las garzas era todo un poema en prosa. El autor busca la mayor expresividad variando las imágenes y figuras. Aquí están algunos ejemplos. El ruido de los toros en celo es evocado por aliteraciones rugosas:

“Los toros encelados haciendo rodar desde la altura un trueno colérico” (27).

La flauta de algún pastor en que se oye “la voz de la raza”, llora en el crepúsculo como aliteración de líquidas:

“Lloraba en la noche con un lloro que llegaba desde una pena amontonada por siglos, con lágrimas que resbalaban por mejillas cangaguosas, con llorido de páramo flautiado por el viento”(28).

En el ejemplo de poesía erótica que viene, una epifora (o epístrofe) sugiere la pasión lancinante del amor loco:

“Le gustaba desnudarla y de rodillas olisquear en el cuerpo desnudo aromas de choclo descatulado, espiar blancuras de choclo descatulado, acariciar pelitos de choclo descatulado”(29).

    En el final, metáforas y contracciones de palabras  que resumen a la vez el tono nostálgico y la escritura original del novelista:   

“El día volaba ya aliroto hacia el moridero del Muénalo. Levantadas por un viento siniestro, las garzas, como lalmita de la laguna, levantaron también el vuelo. Aspergeando melancolía se enrumbaron hacia el occidente. Se las vio alejarse con las alas ya lamidas de ocaso. Pero ellas volaban sin retorno” (30).

    En las novelas de J. Lara y M. Scorza se ven también coplas populares que recuerdan el “Huayno”y el “Jailli” precolombinos. Porqué se fueron las garzas, versos libres y juegos retóricos predominan y otorgan a la obra de G.A. Jácome un sello especial. El único ejemplo que damos es una copla intercalada entre dos secuencias de denuncia muy conmovedora. La estrofa sirve para aliviar la emoción gracias a los juegos de palabras. Pero guarda su valor denunciadora y nostálgica. Se organiza en torno a una doble antítesis espacial y temporal: dentro del museo, se ven las riquezas del pasado/ fuera del museo se ve la miseria de hoy, por culpa de un colonialismo de siglos:

“Adentro lo que fuimos.
Afuera lo que somos.
De Venus de Valdivia a lascivia en montes de Venus,
De joyeros a boyeros
de aravicos a ara vagos!
de amauta a ah maula!
de quipucamayos a capacaballos.
Ñaupa tiempo de mi vida!” (31).

    La gran novedad respecto del indigenismo tradicional, es la vena cómica. Se estudian algunos matices de la ironía, de la derisión y del humor que se destacan de las novelas. Pero, es verdad que Manuel Scorza y Gustavo Alfredo Jácome fueron los que lograron en máximo grado su propósito de hacer reír a sus lectores. Escribió Jacqueline Baldrán en su comentario de Redoble por Rancas:

“En un mundo donde reina lo absurdo, la ironía arma al escritor” (32), pudo haberlo escrito a propósito de Porqué se fueron las garzas si entonces hubiera conocido la novela. Sin embargo, la ironía de Scorza es agresiva, la de Jácome más sutil. Su discurso a menudo alusivo obliga a leer entre líneas como cuando fustiga la corrupción de los dirigentes (33). Pero, como Scorza, se vale de todo un arsenal cómico para denunciar a los dictadores y hombre políticos. Así es de las caricaturas de los dictadores; así también del asunto de los obispos, acusados de comunismo y apresados, que desencadena su risa no sólo contra el gobierno sino también contra sus esbirros; empieza por la ironía:

“No han sido apresados, según el ministro de policía, sino que han sido invitados por el gobierno muy cortésmente al retén San Tenorio (…)” y termina por el calambur:

“Porque les han sido confiscadas unas Epístolas a los Corintios (…).

Pero, qué ignorancia. Si las Epístolas son cartas de San Pablo, constan en la Santa Biblia.

Sí, pero es que han dihaber creído que algo tendrán que ver las epístolas con las pistolas” (34).

    A lo largo del estudio se ha percibido un desfase importante entre la escritura de Lara y la de los otros dos novelistas. Jesús Lara, cuestión de época y también de compromiso ideológico, se ubica todavía en el realismo social incluso socialista, mientras que Manuel Scorza y Gustavo Alfredo Jácome nos brindan ejemplos acertados pero distintos del pasaje del realismo social al realismo mágico por la introducción de la hipérbole, del mito y sobrenatural en sus ficciones. Borran las fronteras entre los muertos y los vivos, entre lo real y lo irreal. Verbigracias, al final de Porqué se fueron las garzas, los planos real y onírico se mezclan y recuerdan la última secuencia de ciertas películas donde la escena, simplemente sugerida, se desvanece en la niebla.

    Sin embargo, la vigencia de los problemas de sociedad planteados en sus novelas, permite considerar que, en distintos grados, los tres autores han renovado la literatura indigenista. Evidentemente, la novedad novelesca en Lara se advierte sobre todo en los temas, mientras que en Scorza y Jácome, se nota a través de los temas y la escritura. Éstos últimos han deseado tomar alguna distancia con el indigenismo. Escribir sobre el indio no implica en modo alguno admitir una etiqueta que corresponda más o menos a una fijación de los análisis y situaciones. M. Scorza y G.A. Jácome ofrecen una creatividad literaria que sale  de los caminos trillados: la riqueza de invención, lo poético, la emoción y una multitud de hallazgos generadores de sentido que refuerzan la denuncia. Con la escritura audaz de G.A. Jácome, un paso más es dado hacia el “nouveau roman”. Pero con los dos estamos lejos del indigenismo tradicional y la literatura andina de tema indio adquiere una indudable originalidad.

NOTAS Y BIBLIOGRAFÍA

(1) LARA Jesús, Llalliypacha, Buenos Aires, Platina, 1965. Sinchikay, Buenos Aires, Platina, 1962. Surumi, Cochabamba, Los Amigos del Libros, 1943. Yanakuna, La Paz, Juventud, 1991, (1° ed. 1952). Yawarninchij, Cochabamba, Los Amigos del Libros, 1974 (1 ed. 1959).

(2) SCORZA Manuel, El Cantar de Agapito Robles, Barcelona, Monte Avila ed. 1978. Garatombo el invisible, Barcelona, Monte Avila ed. 1978, (1° ed. 1972). El Jinete insomne, Barcelona, Monte Avila ed. 1978. Redoble por Rancas, Barcelona, Plaza & Janés, 1983, (1 ed. 1970). La Tumba del relámpago, México, Siglo-XXI, 1979.

(3) JÁCOME Gustavo Alfredo, Porqué se fueron las garzas, Barcelona, Seix Barral, 1980.

(4) ARGUEDAS José María, Primer Encuentro de Narradores Peruanos, 1965.

(5) LARA Jesús, La Cultura de los Inkas, Cochabamba, Los Amigos del Libro, 1966 & 1967, t.I & II. La tragedia del fin de Atahuallpa, Cochabamba, Los Amigos del Libro, 1989.

(6) SCORZA Manuel, Las Imprecaciones, Lima, Festivales del libro, Col. Centauro, 1960.

(7) LARA Jesús, Pagarín (La Mañana), Cochabamba, Los Amigos del Libro, 1974. Sasañán (Difícil Camino), Cochabamba, Los Amigos del Libro, 1975. Wichay Uray (Cuesta arriba, cuesta abajo), Cochabamba, Los Amigos del Libro, 1977. Wiñaypaj (Para siempre), Cochabamba, Los Amigos del Libro, 1986.

(8) JÁCOME Gustavo Alfredo, Barro Dolorido, Quito, CCE, 1961. Estudios estilísticos, Quito, ed. Universitaria, 1977. Luz y cristal, CCE, 1947. Romancero Otavaleño, Quito, Voluntad, 1967. Ronda de la primavera, Buenos Aires, Kapelusz, 1947. Siete Cuentos, Quito, Mantilla Hurtado, 1985 (1 ed. 1978). Viñetas Otavaleñas, Quito, Editora Andora, 1993.

(9) Según ARAUJO SÁNCHEZ Diego, Mensajero, Quito, Abril de 1980; p. 24.

(10) JÁCOME Gustavo Alfredo, Porqué se fueron las garzas, p. 232.

(11) Ibid., p. 206.

(12) Ibid., p. 99.

(13) Ibid., p.293.

(14) MOYA Ruth, “Simbolismo y ritual en el Ecuador andino”, Pendoneros, Otavalo, 10A, 1981.

(15) SCORZA Manuel, El Jinete insomne, p. 158.

(16) NORA Pierre, Les Lieux de mémoire, Paris, Gallimard, 1984.

(17) Dioses y hombres de Huarochiri, traducción y prólogo de José María ARGUEDAS, Buenos Aires, Siglo-XXI, 1975.

(18) JÁCOME Gustavo Alfredo, Porqué se fueron las garzas, p. 234.

(19) Ibid., p. 255.

(20) Ibid., p. 217.

(21) En su Trilogía, Jesús LARA evoluciona en cierta medida hacia el bilingüismo, buscando los términos quechuas más puros conforme con el alfabeto oficial boliviano de 1954.

(22) STARK Luisa, MUYSKEN Peter C., Diccionario español quichua, quichua español, Quito, Museo del Banco Central, 1927. TAYLOR Gerald, Diccionario normalizado y comparativo quechua: Chachapoyas-lamas, Paris l’Harmattan, sd.

(23) LARA Jesús, Yawarninchij, p. 188.

(24) Ibid., p. 70-71.

(25) SCORZA Manuel, El Jinete insomne, p. 182.

(26) SCORZA Manuel, El Cantar de Agapito Robles, p. 116.

(27) JÁCOME Gustavo Alfredo, Porqué se fueron las garzas, p. 206.

(28) Ibid., p. 59.

(29) Ibid., p. 92.

(30) Ibid., p. 321.

(31) Ibid., p. 227.

(32) BALDRAN Jacqueline, “M. Scorza, une mémoire indienne“, Critique, N 363-364, Aout-Sep. 1977, pp. 867-875.

(33) JÁCOME Gustavo Alfredo, Porqué se fueron las garzas, p. 158.

(34) Ibid., p. 109.


*Resumen de la tesis doctoral defendida en la  Universidad de París -X-Nanterre, en junio de 1996 por Danielle Pier que ella mismo redactó (texto original entregado por la autora a mi Padre, ver su carta de 20 de septiembre de 1997, en la que escribe: “Como prometido, le mando un resumen de la tesis de Doctorado para la revista de la SEIGHE o de la Academia de la Lengua, si usted lo juzga digno de ellas).

** Añadimos esta carta que ilustra la calidad de correspondencia de Danielle Pier con este gran autor ecuatoriano.

ANEXO 1
Dr. Gustavo  Alfredo  Jácome
Domicilio: Jorge Juan 398 y Av. Mariana de Jesús
Teléfono 227-275
Apartado 1371 -Quito-Ecuador
Mlle. Danielle Pier
34/36 Rue Auguste Mounié
92 160 ANTHONY – FRANCE

Quito, a 5 de junio de 1994

Estimada Danielle:

    Un lamentable traspapelado de su carta del 24 de enero no me ha permitido dar oportuna respuesta a sus preguntas. Lo hago hoy, aunque con mucho retraso.

1. – Tuve un gran Maestro, don Fernando Chaves, en la Escuela “Diez de Agosto”, de Otavalo.  Además de ser un magnífico educador,  era un escritor laureado. Fue quien inició en el Ecuador la novela de tema indio, con PLATA Y BRONCE y LA EMBRUJADA. El hizo de sus alumnos lectores de libros enteros en el 5° grado, y en el 6° ya nos enseñó a escribir cuentos. Fue la iniciación de mi vocación literaria.

2.- El amor a los niños es concomitante con mi profesión de maestro. Pero luego por padre de cuatro hijos y, luego, por abuelo de nueve nietos.

3.- Escribí mi novela PORQUÉ SE FUERON LAS GARZAS movido por el afán de reivindicar el indio de su condición de paria, tanto en la vida real cuanto en la novela llamada indigenista. El indio de Peguche, Quinchuquí e Ilumán, tres comunas cercanas a Otavalo, habían comenzado, por propia cuenta y sin ayuda de nadie, menos de los gobiernos nacionales, su propio mejoramiento. Era una especie de resurrección de la raza. El milagro había hecho el telar y los tejidos. El comercio les obligó a enviar a los hijos a la escuela, a fin de que ellos llevasen “las cuentas”. De la escuela, llegaron al Colegio y luego a la Universidad. Para la década del 70 ya había profesores indios. Y antropólogos, sociólogos, abogados, médicos, enfermeras, trabajadoras sociales. Me propuse describir al nuevo indio, con alma, con sentimientos de raza, con orgullo de su sangre india. Y volver un monólogo interior los obstinados silencios. HUASIPUNGO habíase convertido en una novela de cartel que desfiguraba al indio y le pintaba únicamente como un ente de necesidades animales. Utilicé mis propias vivencias. Yo soy testigo de los anhelos de superación de los indígenas de las comunas antes indicadas. Y también de sus equivocaciones, una de las cuales era un complejo de superioridad (reverso adleriano del complejo de inferioridad). Me metí en el alma del indio con intuiciones introspectivas. Inventé eso del apellido Tupatauchi en el nombre del protagonista ANDRÉS TUPATAUCHI y su ascendencia incásica para justificar el argumento y final incestuoso.

4.- El crítico ecuatoriano Antonio Sacoto ha utilizado mi novela dentro de lo que el llama neo indigenismo. No sé lo que quiera decir con este término. Yo quise escribir una novela con personajes indios que actúen como personas. Los modelos eran distintos, distintos debían ser mis personajes, mis actantes.

5.- En cuanto al estilo. Partí de un convencimiento: la novela contemporánea debe dar mayor importancia a cómo se cuenta que a lo que se cuenta. Los “escribidores” de novelas en el Ecuador, sobre todo, tienen un deplorable desconocimiento del idioma castellano, y convierten sus escritos en denuncias más sociológicas que literarias.

Confieso que el estilo de mi novela me costó mucho esfuerzo creador: creé, inventé palabras; utilicé los modismos e idiotismos del habla popular de Otavalo; los transfiguré, los poeticé. Transfiguré la lengua saussureana  en habla, reinventé pirotecnias lingüísticas. ¡Cómo he deseado que alguien -con muchas agallas- , se metiera en mi estilo, en el estilo de PORQUÉ SE FUERON LAS GARZAS! Habría para unas cuantas tesis doctorales.

6.- ¿Cuál fue el principal público, en el Ecuador, de mi novela? No sabría precisar. Fue premiada como la mejor obra literaria publicada en 1980. Los profesores de colegios la han hecho leer a sus alumnos y en uno de los concursos sobre el “libro leído”, nueve estudiantes de los colegios de Quito intervinieron con mi novela.

7.- Algunos indios aculturados han leído mi novela. Les interesaba, según los oí, la forma como había novelado el caso concreto de Antonio Lema, indio de Peguche, quien cometió matrimonio con una gringa, y cuyo caso utilicé -lo confieso-, en el argumento de mi novela.

8.- Sobre el quinto centenario escribí un ensayo cuyo título es: PORQUÉ SE FUERON LAS GARZAS Y EL QUINTO CENTENARIO.

9.- Aparte de ECUARUNARI y la FEDERACIÓN SHUAR hay otras agrupaciones indias, una de ellas se denomina CONAIE. Hay problemas y rivalidades entre ellas. FODERUMA ha desaparecido.

10.- En mi lejana juventud, me afilié al Partido Comunista del Ecuador. Fue una decisión filosófica más que política. La política, en la actualidad más que en otras épocas, está muy desprestigiada. El Partido Comunista ha desaparecido, fraccionado en grupo de alharaca.

    En cuanto a su propósito de traducir mi novela al francés, me halaga sobremanera. De perseverar en él, le ofrezco toda mi  ayuda.

    A fines de mayo he retornado de Europa. Fui invitado al X° Congreso de Academias de la Lengua que se realizó en Madrid del 24 al 30 de abril próximo pasado. Luego fui de turista a Egipto y, por segunda vez, a Israel. Luego a Roma, ya de regreso. Este es otro motivo de la demora en dar respuesta a su carta.

    Me suscribo tendiéndole mi mano amiga.

f) Gustavo Alfredo Jácome


P.D: Espero su respuesta, sin desquite por mi demora. Vale.

He publicado 35 libros, 16 de los cuales son textos para la enseñanza del castellano y literatura. Le envío 7 CUENTOS. Vale.   

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