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domingo, 5 de enero de 2014

Benjamín Carrión en 1961**


Por A. Darío Lara

Son ya más de veinte años cuando, en ocasión de su cuarto viaje a Europa, el 15 de octubre de 1961, tuve el privilegio de entrevistarle para una revista francesa. Etas páginas no se han publicado aún en español. A pesar de los años transcurridos, las cálidas frases que recogí de sus labios son como una síntesis de su pensamiento; resuenan como los latidos de su noble corazón. Por lo mismo, tales palabras tienen aseguradas una permanente actualidad.

Ahora, cuando “la metamorfosis de la muerte le ha transformado, de pronto, en ser eterno”, como homenaje dolorido y sincero, permítaseme evocarlas junto a la tumba del Ecuatoriano ilustre.

La personalidad de Benjamín Carrión es una de las más destacadas, en la hora actual, del continente americano de lengua española. Dentro del pensamiento, de las letras hispanoamericanas de este siglo, su nombre ocupa un puesto de primer orden.

Circunstancias varias han contribuido a dar, a este compatriota de otros ya ilustres ecuatorianos: Eugenio Espejo, José Joaquín Olmedo, Juan León Mera, Juan Montalvo, Remigio Crespo Toral, Gonzalo Zaldumbide… un prestigio reconocido en el continente y -en este siglo del avión y de la radio- aun fuera de él. Profesor universitario, antiguo ministro de estado, diplomático, legislador, escritor, Benjamín Carrión ha sido, o lo es, todo esto y algo más. Su nombre va ligado inseparablemente  a una de estas realizaciones que, de cuando en cuando, se presentan en la historia de los pueblos y sirven para reconciliarnos, un poco, con nuestro tiempo. Vivimos, en efecto, en estas horas en que el hombre asiste atónito “a las grandes maniobras de fin del mundo” y, frente al reto lanzado por quienes ponen en peligro la condición humana, está condenado a buscar un dudoso refugio en las cavernas.

Dicha realización es la Casa de la Cultura Ecuatoriana, especie de super Ministerio, exclusivamente consagrado a los problemas culturales y artísticos del país. Obra que ha merecido, en el exterior sobre todo, aplauso unánime, voces de cálida aprobación, como una de aquellas que América debe imitar y en la cual debe inspirarse. Gracias a ella, Benjamín Carrión se ha convertido en un servidor, en un portaestandarte de la cultura, no sólo en el Ecuador, sino en América entera. Por aquella obra, a la que ha dedicado largos años desde aquella fecha (9 de Agosto de 1944) en que el Presidente Doctor José María Velasco Ibarra, por decreto ejecutivo, creó dicha institución; por su labor literaria, por su consagración de casi medio siglo al servicio de todo lo que significa cultura su palabra tiene merecida y justa resonancia. Benjamín Carrión es considerado como una de las expresiones más ricas, más vigorosas y autorizadas del pensamiento hispanoamericana de este siglo.

Es la razón por la que, de paso por París, luego de haber recorrido, en visita oficial, Alemania, me fue grato entrevistarle, para conversar con el ilustre compatriota a quien vi la última vez, Julio de 1953, en los claustros venerables de la universidad de Salamanca; para recoger sus impresiones, su enseñanza docta y participar a los lectores de este hebdomadario.

En este domingo 15 de Octubre, París se nos ofrece, como en un óleo impresionista, o como en los “cuadros parisienses” de Baudelaire, entre “brumas y lluvias”:

“O blafardes saisons, reines de nos climats…”
(Oh! descoloridas estaciones, reinas de nuestros climas…)

y tentado se está, como el poeta, de bendecir aquellas “endormeuses saisons”(adormecedoras estaciones).

Nuestra entrevista tiene lugar en un restaurante de Passy, sitio, en siglos pasados, tan apreciado, tan buscado por artistas, hombres de letras que, en ese retiro, buscaban el diálogo con las musas o consigo mismos. En dicho barrio vivió y murió Lamartine. A poca distancia está la Casa (hoy museo) de Balzac, a donde se retiró en busca de tranquilidad, en parte, y también para huir de sus acreedores, un tanto exigentes… A pocos pasos se extiende el Sena: “que corre entre libros”, como dijera Apollinaire. En el fondo, interminable, luminosa la Torre Eiffel: “flûte d’airain”(flauta de bronce) para Yvan Goll; “guitarra del cielo”, para Vicente Huidobro, “esperanza parada en zancos, glorificación del esqueleto”, para Carrera Andrade.

     El Doctor Carrión ha pasado este domingo fuera de París. Ha querido admirar los 1.400 metros de Tancarville, maravilla de la técnica francesa y “una de aquellas arquitecturas que simbolizan el prestigio de una época”. Ha visitado el moderno puerto de El Havre. Pero, esta visita ha sido para él algo así como una peregrinación sentimental al célebre puerto normando. En efecto, joven de 27 años, allá en 1923, Benjamín Carrión se iniciaba en la carrera diplomática, en calidad de Cónsul del Ecuador en el Havre. En este su cuarto viaje a Europa ha querido, en compañía de su hijo Jaime, joven ingeniero hoy, niño de pocos meses entonces, recorrer las callejuelas del puerto:

“Con vivienda en los botes
y marineros que exprimen
sus acordeones.

Sobre los techos puntiagudos
flota un navío de niebla
y reza un ángel de humo”.

como lo vio otro ecuatoriano, poeta y Cónsul: Jorge Carrera Andrade.

A pesar del cansancio del día, a pesar de tantos años de viajar, de escribir, de trabajar… el doctor Carrión se halla en plena forma. Risueño, acogedor, su cordialidad facilita admirablemente el diálogo, durante la cena en que nos acompaña su hijo Jaime.

La conversación de Benjamín Carrión es amena, llena de recuerdos, cargada de experiencias, preocupada, en todo momento, de los graves problemas de la hora. Se refiere a su primera estadía en Francia, en Europa. Evoca tantos y tantos hechos de escritores y de artistas, de políticos y de diplomáticos, de libros y de viajes… Recuerdos que podrían llenar varios volúmenes, si algún día se decidiera a contar sur “memorias”.

Ya al final de la cena, entre la deliciosa manzana normanda y el café, que queremos suponer del trópico natal, entro directamente al asunto de mi entrevista; le planteo unas cuantas preguntas, a las que en tono casi de confidencia contesta con una facilidad, una serenidad, una seguridad impresionante. Como que su mirada contemplara nuevamente aquellos años a que se  refiere y su pensamiento reviviera los personajes, los hechos que evoca. Su palabra afable, familiar, facilita la tarea de la transcripción. Su pensamiento se reproduce en mi papel, casi siempre, con sus propias palabras.

PREGUNTA: Doctor Carrión, acaba de realizar su cuarto viaje a Europa. El primero fue allá por 1923, como Cónsul del Ecuador en el Havre. En esta ocasión, las circunstancias del mundo son muy distintas. Luego de haber visitado Alemania, Francia, países que tanto sufrieron de la última guerra, ¿cuál es su impresión acerca de esta hora de Europa? Luego de haber apreciado de cerca el “caso de Berlín” ¿está usted optimista, pesimista? Nos agradaría escuchar su palabra autorizada y que puede orientar la opinión tantas veces extraviada”.

            Su contestación es inmediata. Espontánea. Sin rodeos.

- “Francamente optimista. Después de mi segundo viaje, en 1948, casi al día siguiente de la guerra, creo que los dos países que acabo de visitar, Francia y Alemania, se hallan en una verdadera resurrección económica, vital. Basta fijarse para ello en lo que significa el marco, el nuevo franco. Es la parte o el aspecto económico. Y, en este largo itinerario, lo que significa ya casi la supresión de fronteras; la eliminación de los nacionalismos que tanto mal hicieron a estos países; la eliminación, también, de la agresión entre los países occidentales. Se han mitigado las susceptibilidades. Las rencillas enconadas entre Francia y Alemania se van borrando. Alemania ha depuesto su actitud beligerante contra Francia. Hoy se piensa más y más en “europeo”, en “occidental”. Políticamente son dos países que tienen alta civilización. Verdad, viven hoy presas del terror del estallido de una nueva guerra, que saben perfectamente sería el suicidio colectivo. La destrucción de todo. La destrucción del hombre mismo.

Si, como espero, llega a superarse la crisis de Berlín, mi posición es plenamente optimista. Optimista de Francia y de Alemania. Optimista por el Occidente. Optimista por el mundo en general”.

Ha pronunciado estas palabras con una convicción que contagia a quienes le escuchan. Palabras de esperanza, hoy que los hombres se amenazan y, día a día, profetas de desgracias anuncian mayores calamidades o el estallido de bombas cada vez más poderosas proclaman la muerte general.


Benjamín Carrión con la Delegación del Ecuador en las "Jornadas  de Lengua y Literaturas Hispanoamericanas" (VII Centenario  de la Universidad de Salamanca, 29 de junio al 5 de Julio de 1953)

PREGUNTA: Hombre de cultura universal, seguramente le llega más de cerca todo lo francés, lo ecuatoriano… En su primera estadía en Francia, en Europa, usted vivió en un período interesantísimo de la historia, de las letras. Entró en contacto con cumbres del pensamiento y de la cultura: Gide, Valéry, Unamuno, Gabriela Mistral, Alfonso Reyes… Al visitar actualmente Francia ¿cuál es su impresión de este país tan ligado a su juventud, a sus primeras obras?

- “Efectivamente, viví una época sumamente interesante. Época en la que se tuvo un gran optimismo que la inteligencia, el pensamiento, podían salvar al mundo del peligro de una nueva guerra.  El grito lanzado, por entonces, por la inteligencia francesa: Barbusse, Romain Rolland, sobre todo, “guerra a la guerra”, llegó también a América, gracias, entre otros, a Stefan Zweig. Llenó de grandes esperanzas todo aquel período. Desgraciadamente, fue luego contradicho y siguió un período de grande desilusión. El suicidio de Zweig, fue como la expresión trágica que conmovió a América, al mundo entero…

Conocí en aquella época a Gide. Menos a Valéry. Mucho a Unamuno, especialmente en Hendaya. Unamuno fue una de las más altas glorias del mundo hispánico, de audiencia universal. Según el escritor francés, Daniel-Rops, Unamuno es uno de los tres o cuatros espíritus más destacados de nuestros tiempos. En él, como en varios clásicos españoles, encontramos el espíritu de aquella filosofía de la vida, de la angustia, de la existencia, tal como se encuentra en el pensamiento, en el alma, “en el conflicto interior”, de Soren Kierkegaard…

Y conocí a Gabriela Mistral. Tan íntimamente, fraternalmente ligada a mi persona. Ella fue quien escribió el prólogo de mi libro: Los Creadores de la Nueva América”.

Efectivamente, tengo en mis manos este precioso volumen, editado en París, 1928, (Imprenta Omnes et cie-75, rue Rochechouard). En una docena de páginas deliciosas, Gabriela Mistral hace la defensa del trópico, de América y naturalmente nos habla de su autor. Leámosla: “Este es el libro de un fervoroso, de un ecuatoriano, que lleva en sí la excelencia de su clima… Benjamín Carrión es abogado y periodista en ejercicio. El último oficio se le siente en el estilo vivo, no tocado en ningún período de inercia, en la agilidad lozana…”.

 El doctor Benjamín Carrión continúa hablándonos de Gabriela Mistral, lo haría indefinidamente:

“No fue tan sólo la poetisa que mereció, a justo título, el Premio Nobel. Ha sido la maestra, el augur de nuestra América. Ella que decía siempre su palabra por todas las causas justas y humanas; cuyo consejo era escuchado en la asamblea internacional como en la humilde escuelita… Conocí a José Vasconcelos: “el anunciador, el profeta, el poeta de las tierras cálidas”. A Alfonso Reyes, maestro entre los maestros; a los García Calderón, a Enrique Larreta, a Manuel Ugarte; menos al notabilísimo Gómez Carillo, que venía de la generación anterior, la de Rubén Darío, Amado Nervo, que vivieron en el París dolorido, posterior a Sedán, que había vuelto a encontrar la sonrisa de Rabelais en los labios de Monsieur Bergeret… En un París en el que profesaban y pensaban los Profesores del Idealismo… La gran legión hispanoamericano vivió en ese París acogedor y brillante, humano y generoso…”.

Al evocar tantas y tan valiosos nombres, el doctor Carrión los liga no solamente a su propia vida, sino a la vida misma, a la historia de los países hispanoamericanos.

PREGUNTA: Dejando de lado, por un momento, los asuntos de la cultura, ya que nos referimos a cosas del Ecuador, de Francia, doctor Carrión, usted que conoce a los dos Jefes de Estado de estos países, nos agradaría oírle si existe algún lazo, algún rasgo común, entre tan distinguidos Presidentes.

- “Velasco Ibarra, Presidente del Ecuador, tiene una profunda admiración por el General de Gaulle. No es sino el reflejo de su profunda admiración, de su constante cariño para la cultura latina, para la cultura clásica, que él ve representada por Francia. El doctor Velasco Ibarra no quisiera que dicha cultura fuese suplantada en nuestro continente ni reemplazada por ninguna otra, de dondequiera que venga. Quisiera que seamos fieles a la gran civilización que nos dio Grecia, Roma, que sigue brillando para nosotros a través, sobre todo, de Francia…”.

Estas palabras del doctor Carrión resumen admirablemente muchos pensamientos acerca del particular, del Presidente Velasco Ibarra, y me recuerdan estas líneas de una carta, que allá por 1946, el ilustre Presidente tuviera a bien dirigirme. Refiriéndose precisamente a la cultura latina, me escribía: “…Necesitamos contribuir para la renovación del prestigio de la Raza Latina y de todo lo que ha hecho la gloria de ésta: la inteligencia, la claridad de las nociones y conceptos, la búsqueda de la armonía y del buen sentido, el respeto de la moral tradicional. Y Francia es y será la gran maestra de la Raza Latina…”.

- “Por esta razón, continúa el doctor Carrión, nuestro Presidente quiere ver a Francia grande. Y le duele ver que la política inestable de los años anteriores lo colocó, muchas veces, en situaciones lamentables. Por lo mismo, cree que el patriotismo del General de Gaulle es una garantía, una esperanza y que sabrá conducir a Francia por sus propios caminos. Esto será de enorme provecho para todo el mundo latino”.

PREGUNTA: Usted está al tanto de la posición francesa, la del General de Gaulle, frente a la amenaza rusa: no hacer concesiones de ninguna clase ni ir a negociaciones con el Este, sino cuando haya perspectivas de una evidente solución pacífica. ¿Qué opina de esta firmeza de Francia?

- “Yo creo que todas las actitudes de los Jefes de Estado, del Presidente Kennedy, del señor Khruschev, del Ministro Macmillan, del General de Gaulle deben ser garantizadoras de la paz. Ninguna cosa que deben desear tanto como la paz. Todos temen un conflicto atómico, porque saben que sería la destrucción de todo. La paz es el supremo anhelo de los pueblos y, por lo mismo, todo lo que puede llevarnos a la paz debe ser emprendido, probado, realizado, por quienes dirigen los destinos de los países más poderosos del mundo”.




Benjamín Carrión junto a Darío Lara en las "Jornadas  de Lengua y Literaturas Hispanoamericanas" (VII Centenario  de la Universidad de Salamanca, 29 de junio al 5 de Julio de 1953)

PREGUNTA: Quien lea cualquiera de sus libros, de sus artículos queda asombrado por los conocimientos que aquellos reflejan. Su conocimiento  de las Letras Francesas, especialmente, es admirable. Usted que conoció a Gide, a Valéry, a Claudel, Martin du Gard…  ¿Cuál es su opinión del estado actual de las Letras Francesas? ¿Tiene la impresión de una decadencia o, por el contrario, de una continuación, de una renovación…?

-“En verdad, conocí a estos hombres que acaba de citar. A Martin du Gard sobre todo. Fueron la expresión del dolor que trajo la primera guerra y quienes ensayaron de construir un mundo en el que,  al fin, se proscribiera la guerra. Este dolor se manifestó en la filosofía, en las letras. Duhamel, Romain Rolland… quisieron manifestar al mundo que la guerra moderna nada tenía que ver con las guerras napoleónicas, por ejemplo. Que no se reducía ya a marciales toques de clarines. Debido a los últimos inventos la guerra se ha convertido en la miseria colectiva de muchos pueblos; en un sufrimiento general del hombre. Esto lo comprendió perfectamente toda aquella brillante generación que cumplió admirablemente con su deber de curar el dolor que engendró la primera guerra y sembrar en las almas esperanzas… Por lo mismo, para los sobrevivientes la segunda guerra, como producto de una serie de complicaciones y claudicaciones, les fue más dolorosa aún… La filosofía, la literatura, la poesía se transforman también. Como en Unamuno, la angustia, el dolor, la existencia… adquieren una actualidad primordial y estos movimientos en Europa como en América no son sino una manifestación de angustia ante el problema del dolor, de la miseria, más que nunca tan presentes. Este nuevo pensar acerca de la “existencia” o el existencialismo refleja todo lo que aquellos hombres sintieron de la angustia de la existencia, la angustia metafísica, como en Kierkegaard.  En Francia (y por ella entre nosotros) son conocidas las tendencias  que representan o representaron, Gabriel Marcel, Camus, Sartre… de modo que ni en la filosofía ni en las letras se puede hablar de una decadencia. Creo, al contrario, que existe una continuación, un desarrollo brillante en la generación de hoy. Estos hombres cumplen su misión tan noblemente como los anteriores. En poesía, por ejemplo, Saint John Perse, Premio Nobel del año pasado, mantiene muy alto, como en tiempo de los grandes clásicos, el prestigio de la poesía francesa…”.

PREGUNTA: Conocemos que en América, sobre todo en ciertos círculos intelectuales, se sigue muy de cerca lo que se hace, se dice o escribe en París… ¿Nos podría indicar, doctor Carrión, si esta influencia es auténtica especialmente en nuestro país, el Ecuador?

- “Y una influencia muy grande, especialmente en las letras, en la pintura, en general en las artes plásticas. He tenido ocasión de hablar de esta influencia francesa, en nuestro país, en diversas oportunidades y en varias de mis obras. Así, desde el romanticismo, esta influencia se hace manifiesta en nuestra primera novela Cumanda de Juan León Mera. Después en los precursores de la novela realista: Martínez, Bustamante… y se puede seguir luego en la nueva tendencia que nos llega con el modernismo, un tanto retartado, en varios grupos de escritores de mi tierra.

Naturalmente, esta influencia fue profundamente sacudida por un espíritu, por un sentimiento de americanismo, de ecuatorianidad… La gran figura de Marcel Proust, por ejemplo, de diversos modos, se halla presente en nuestros novelistas que en él se inspiran. Y hasta en las últimas generaciones, la expresión de la angustia humana de que hemos hablado en el existencialismo, se hace presente en varios de nuestros artistas que, de una u otra manera, hacen también expresiva dicha angustia humana, universal…”.

Después de estas preguntas de carácter general no podía omitir una pregunta acerca de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, a la que el doctor Carrión ha consagrado, tal vez, sus mejores años. Esta explicación se hace indispensable, sobre todo para los lectores de Europa que ignoran, por lo general, todo lo relativo a dicha institución.

PREGUNTA: Doctor Carrión, desearía que nos hable de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, de esta obra que honra a nuestro pequeño país. Nos podría decir algo de su espíritu, cuáles son sus proyectos, cuál es el destino que se ha trazado y que usted prevé para el futuro. Y cuál es la influencia en el país en general.

- “El espíritu de la Casa de la Cultura Ecuatoriana es, ante todo, un espíritu generoso. En el Ecuador, como en los pequeños países, era urgente crear una institución que facilitara las manifestaciones de la inteligencia, que alimentara de un modo particular la vocación por el arte, por la ciencia, por la cultura, en general, que caracteriza a nuestro pueblo…”.

La vocación por el arte y la cultura, es uno de los pensamientos que el doctor Carrión gusta repetir frecuentemente. Podría decirse es su lema, su divisa al referirse a la historia de nuestro país. Desde hace ya muchos años, he repetido insistentemente en mis conferencias, en mis artículos, estas líneas que son, naturalmente del doctor Carrión y que hallan allí un lugar privilegiado: “El Ecuador consciente de sus fuerzas espirituales históricas y de sus fuerzas espirituales  presentes, sabe, sin modestias falsas, que puede aspirar a ser dentro del concierto continental, una gran potencia cultural.  

Y el doctor Carrión sigue hablándonos de la Casa de la Cultura Ecuatoriana:

- “Esta institución vino a crear una necesidad en el Ecuador. No bastan, en un país, las Universidades y los títulos universitarios… Era urgente ocuparse del desarrollo de la cultura, aportar  a la cultura. Tratar de que todos los individuos colaboren en robustecer la cultura del país. Es lo que se lleva a cabo, de un modo o de otro, en las mil diversas manifestaciones de la vida cultural de un pueblo. Es lo que la Casa de la Cultura Ecuatoriana ha realizado desde su fundación  y lo que en el futuro seguirá realizando, para mantener en nuestro pueblo, siempre vivo, el amor de la ciencia, de las letras, del arte.  A ello se encaminan todas nuestras actividades: conferencias, exposiciones, publicaciones de libros, revistas, etc. y en que participan nacionales y extranjeros, todo aquellos que pueden contribuir de cualquier manera que sea a aportar una idea, un pensamiento, una palabra… que se relaciona con la cultura. Felizmente, puedo decir que al país ha respondido, ha comprendido y su apoyo ha sido francamente admirable. Este apoyo, desde luego, ha sido siempre decidido por parte de su fundador, el Presidente Velasco Ibarra, quien firmó el decreto de la fundación de esta casa, el 9 de Agosto de 1944…”.

PREGUNTA: La comprensión de los pueblos, el diálogo del hombre con el hombre: ¿podrían acaso cambiar el destino de esta hora de la humanidad? ¿Cómo piensa, doctor Carrión,   que podríamos contribuir a esta comprensión entre América y Europa.

- “En esto debo ser sumamente realista. Creo que para intensificar esta comprensión, para facilitar este diálogo de la cultura, debemos comenzar por intensificar, entre Europa y América Latina, los contactos comerciales, económicos. Debemos crear y favorecer cada vez más y más los intereses mutuos desde este punto de vista… Así fue en épocas anteriores y próximas a la primera guerra, sobre todo. En este aspecto, mi opinión es que hemos perdido terreno, sobre todo tratándose del Ecuador. Ha habido para ello muchas razones. En realidad vendemos poco nuestros productos a Europa; nuestras materias primas no se las encuentran por acá y, al mismo tiempo, compramos poco. Tenemos productos, agrícolas especialmente, que deben ser aprovechados, que se pueden vender en el mercado europeo. Debemos buscar más el mercado de Europa. Sobre todo, si logramos formar el Mercado Común Latinoamericano, es urgente estudiar los contactos, las relaciones con el Mercado Común Europeo. Hemos vivido, vivimos casi en total y única dependencia del mercado norteamericano: allí compramos, allí vendemos. El Mercado Común Latinoamericana debe intensificar sus relaciones con Europa. Esta sería nuestra salvación, en estos momentos en que los países africanos nacen a la independencia y van también a buscar sus relaciones comerciales, sobre todo, con Europa. Es, pues, el momento de realizar una activa y bien dirigida campaña en este aspecto… No sé por qué, pero así fue en años anteriores. Otros pueblos lo han comprendido ya. Nuestras relaciones comerciales andan bien, según creo, con tres países, en el orden siguiente: Alemania, Italia, Inglaterra… Es necesario que se haga lo propio con Francia”.

El doctor Carrión se ha referido a los problemas económicos con toda claridad y, según lo anunció, con todo realismo. Pero, para él,   este aspecto económico no es sino un medio, un camino. Efectivamente, prosigue.

- “De esta manera cuando los intereses económicos hayan creado nuevos intereses, se podrá pensar en una más estrecha colaboración intelectual. Esta colaboración intelectual deberá traducirse en obras: intercambio de profesores y de estudiantes. Que se multipliquen, entonces, las exposiciones de arte, de libros, que se faciliten las vías, los medios por los que pasen la idea, el pensamiento, la cultura. Tan sólo así podremos intensificar realmente la convivencia entre los hombres, entre los pueblos y aspirar a una cultura universal común, como el mejor, quizás  el único camino hacia la comprensión internacional, hacia la paz en el mundo…”.

Nuestra conversación habría podido prolongarse… La elevación de sus pensamientos, el calor de su palabra nos animaban a ello. Era necesario dar término a la entrevista. La hora era avanzada y, al día siguiente, el doctor Carrión debía seguir su ruta a América.

Este hebdomadario, cuyo primer número se honra con sus autorizadas palabras, le irá a visitar en “su” Casa de la Cultura Ecuatoriana, para estrechar las relaciones franco-ecuatorianas, para contribuir así a la comprensión internacional de que nos acaba de hablar.

Al separarme del doctor Carrión, las “brumas y lluvias” baudelerianas habían desparecido. París se envolvía en la solemnidad de la noche. Como en la “Sinfonía de Septiembre” de Milosz:

“…La alegría caminaba en mi sombra, cuando los pájaros de la risa tropezaban en los espejos de la noche…”.

Nuevamente en mis libros, vuelvo a recorrer: Los Creadores de la Nueva América. En las últimas líneas del prólogo que escribió el doctor Carrión leo estas palabras de llamada a “la unidad continental”, de invitación hacia “la marcha unánime de todos nuestros pueblos, a la conquista de su ideal idéntico”:

“La aspiración debe ir a sintonizar esas voces en un gran coro humano final, como en la Novena de Beethoven. Dispongámonos, pues, a oir esas voces. Por eso, este libro no se cierra con el primer volumen. Queda la oreja presta a seguir escuchando”.

Efectivamente, el Ecuador, América han seguido escuchando, que eso es la acción de leer los otros volúmenes de Benjamín Carrión. Es posible que en el coro que ellos forman, en la amplia sinfonía que él ha orquestado, algunos compases, algunas notas no hayan resonado siempre de acuerdo con el gusto crítico, con la sensibilidad estética de todos sus auditores… Esto no impide que la obra de Benjamín Carrión, como se insinúa en el prólogo, seguirá siendo: “Una voz orientadora que señalará los caminos…”.

** Espejo, revista trimestral, publicación de CEPR, Quito, agosto de 1982, Año IV N°6; págs. 28-36.

Fotos en la revista Espejo:

- Dr. Benjamín Carrión, La Habana con las siguientes personas: Jorge Mañach, Nicolás Guillén, Salvador Ruiz, Miguel Otero Silva (pág. 28).

- México, Jalapa, Veracruz; Benjamín Carrión, Demetrio Aguilera Malta, señoras de Aguilera y de Carrión (pág. 29).

- San Juan, Puerto Rico: Benjamín Carrión, Luis Alberto Sánchez, Antonio Fernós Isern y Manuel Rivera Marcos (pág. 31).

- Congreso de la Comunidad de Escritores.- Primera Comisión: Presidente, Benjamín Carrión; Secretarios, José Revueltas y Elvio Romero, 1967 (pág. 32)

- 1970, La Habana-Cuba; Benjamín Carrión, Miguel Ángel Asturias, Roger Caillois, Miguel Otero Silva (pág. 33).

- Comida en Quito: Benjamín Carrión, Pedro J. Vera, A. Pérez Guerrero, J. Adoum, Rafael Alvarado, Fernando Chavez y otros (pág. 35).

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