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sábado, 16 de abril de 2011

“LOS 10 000 AÑOS DEL ANTIGUO ECUADOR”: UNA VITRINA DEL PASADO PRECOLOMIBNO DE LA COSTA ECUATORIANA EN EL MALECÓN SIMÓN BOLÍVAR (GUAYAQUIL)


Por Catherine Lara (2011)

Tal como lo anuncia el folleto de la exposición “Los 10 000 años del Antiguo Ecuador”, esta exhibición arqueológica se propone explicar el proceso de poblamiento precolombino del actual territorio del Ecuador, evidenciando el desarrollo progresivo de la tecnología, los conocimientos ancestrales y las formaciones socioeconómicas prehispánicas, en relación al entorno paisajístico. Así, la muestra presentada pretende fortalecer y dar a conocer nuestra identidad nacional a partir de una muestra de piezas creada a partir del fondo Banco Central Guayaquil, -actualmente gestionado por el Ministerio de Cultura-, y organizada en cinco ejes temático-cronológicos: el poblamiento del Nuevo Mundo, el entorno natural del litoral ecuatoriano, el proceso de neolitización, el comercio a larga distancia y el surgimiento de sociedades complejas y, por último, exhibición de arte precolombino.

La exposición comienza con una explicación acerca del recorrido efectuado por los primeros pobladores del Nuevo Mundo desde Asia por el estrecho de Béring hace 20 000 años. Cabe resaltar que esta fecha se podría considerar como un “promedio” respecto a la controversia entre quienes defienden un poblamiento hace 15 000 años, y quienes abogan más bien por un poblamiento hace 35 000, controversia basada en los descubrimientos de los sitios de Monteverde en Chile y Pedra Furada en Brasil, -cuya antigüedad sigue siendo motivo de discusión-, así como en los trabajos antropo-morfológicos de Walter Neves.

Se considera aquí que los primeros Homo sapiens llegaron al actual territorio del Ecuador hace 10 000 años, esto es, en los últimos milenios de la Glaciación. Asimismo, se considera que el óptimo glacial se habría producido en el 13 000 antes del presente. En ese momento, la actual región amazónica era una sabana poblada por mastodontes, armadillos y perezosos. Tal como lo atestigua un video explicativo sobre el tema, hace 8 700 años, termina la era glaciar y el entorno paisajístico conoce un cambio radical (fundición de masas considerables de hielo, incremento del nivel del mar, abundantes precipitaciones, desaparición subsiguiente de la mega-fauna), que desembocará en la diversidad de ecosistemas que conocemos en la actualidad, marcando así el comienzo del Holoceno.

Acto seguido, a través de paneles explicativos y fotografías, se describen los diversos tipos de ambientes ecológicos que caracterizan el litoral ecuatoriano: planicie inundable, bosque húmedo, manglar, bosque tropical seco y zona de playa. Esta presentación es acompañada de piezas cerámicas precolombinas que ilustran cada elemento de la fauna y flora característico de cada uno de estos ambientes. Lastimosamente, el origen cultural de estas piezas no es precisado aquí, aunque queda claro que la presencia de este material en este segmento de la exposición constituye una forma original de relacionar lo cultural con lo natural, ilustrando cómo nuestros antepasados supieron explotar cada uno de estos entornos.

Empezando ya con el recorrido arqueológico como tal, se ofrece una presentación del periodo Arcaico (8 000 -6 000 años AP), más particularmente de la cultura Las Vegas, caracterizada por un modo de vida de caza, pesca, recolección y explotación de manglares. Se considera que esta etapa vio también los inicios de la horticultura y de patrones de enterramiento (Amantes de Sumpa). Diversas herramientas ilustran este modo de vida (hachas de piedra, zapapicos de caracoles grandes para roturar la tierra…).

El espacio consagrado al Formativo –y en particular a Valdivia- es considerable, y refleja elocuentemente la “efervescencia” cultural que significó esta etapa en la Costa, a la luz de los resultados arrojados por la investigación arqueológica al respecto.

Así, se explica que en Valdivia temprano (3 900 a.C.), asistimos a la aparición progresiva de aldeas agrícolas, así como al inicio de la producción alfarera.
Valdivia medio (3 400 a.C.) se destaca luego por el surgimiento de Real Alto. La peculiaridad de este sitio radica en que, de acuerdo a las investigaciones llevadas a cabo en yacimientos arqueológicos de la misma época, el patrón de asentamiento que imperaba en aquel entonces era esencialmente disperso: en caso de aumento poblacional en un núcleo demográfico dado, las familias preferían abandonarlo y asentarse en sitios más alejados. Al parecer, en Real Alto, el patrón de asentamiento concentrado parece haber sido una constante.

El video explicativo sobre Real Alto y su evolución, señala que el centro fue ocupado hasta 2 800 a.C., esto es, a través de Valdivia I, II y III. A lo largo de este periodo, se produjo un fenómeno de aumento demográfico que implicó una evolución paulatina del patrón arquitectónico del sitio, el cual, en sus últimas fases, tenía 16 hectáreas de superficie. Para ese entonces, el yacimiento consistía en un recinto ceremonial, dos plazas y cuatro tolas con edificaciones de diversas funciones. Las plazas estaban rodeadas de más de cien estructuras residenciales, en que se calcula que vivían de 1 500 a 2 000 personas.

Retomando la hipótesis de Jorge Marcos, se especifica aquí que junto al surgimiento progresivo de la agricultura, las prácticas de intercambio entre aldeas formativas se volvió pronto una necesidad. Intercambio no sólo de productos agrícolas, sino también de materia prima, especialmente en relación al desarrollo de la parafernalia ritual de los bienes de prestigio. Se menciona aquí a la famosa concha Spondylus, específicamente característica de la zona, y cuya explotación habría precisamente empezado en Valdivia Ib, en Santa Elena. De hecho, la presencia de Spondylus ha sido reportado en numerosos sitios formativo del sur del Ecuador y norte del Perú, así como en la Amazonía.

Otro elemento emblemático que al igual que la concha Spondylus vincula lo ritual con lo tecno-económico son las célebres figurinas Valdivia, de las cuales la exhibición presenta una amplia y variada muestra clasificadas por tipos, con una explicación sobre las diversas interpretaciones dadas por los estudiosos que investigaron el tema. Así, Evans, Meggers y Estrada plantearon que estas figurinas eran utilizadas en las ceremonias rituales Valdivia o en calidad de ofrendas. Lathrap acota que son indicadores de tráfico a larga distancia. Por su parte, Di Capua sugiere que constituyen una representación de las diferentes etapas de la vida femenina. En fin, García Caputi propone que estas figurinas reflejan los cambios estructurales de la sociedad Valdivia. Estas hipótesis, desde luego, no son excluyentes, y revelan lo elocuente que puede ser una evidencia material al parecer tan sencilla. La disposición de estas figurinas permite apreciar su evolución: inicialmente, éstas evidenciaban rasgos masculinos y/o bi-sexuales, e inclusive bi-céfalos. Posteriormente, se destacan las llamadas formas “San Pablo”, con su característico tocado en forma de triángulo.

Entre los diversos elementos representativos de la variada cultura material de la época, valga destacar los llamados “cosmogramas” (tablas de piedra con incisiones), las placas talladas, cuencos de piedra y de cerámica con su diseños geométricos incisos, los “asientos de shaman”, los pesos de buzo y las herramientas de procesamiento de la concha Spondylus.

Con el Formativo Medio (cultura Machalilla), el proceso de neolitización iniciado en Valdivia conoce un auge, a través del desarrollo de la infraestructura agrícola (camellones, albarradas o “jagüeyes”), compaginado con una intensificación y diversificación de la producción. A su vez, este fenómeno habría permitido la aparición de cierta estabilidad social y del florecimiento de actividades como la alfarería. La muestra correspondiente a este segmento de la exposición presenta efectivamente piezas de una muy alta calidad estética. Este fenómeno no fue exclusivo a las culturas precolombinas del Litoral, pues fue evidenciado también en otros sitios arqueológicos del actual territorio del Ecuador (Cotocollado, Cerro Narrío y Chaullabamba en la Sierra, o Santa Ana La Florida en la Amazonía).

Al parecer este fenómeno de diversificación cultural se acentuó con el Formativo Tardío, cuya “cultura emblemática” (Chorrera) conoció diversas variantes desde el punto de vista material: Tachina en Esmeraldas, Tabuchila en Manabí, Engoroy en Santa Elena, y Chorrera propiamente dicho en Guayas y Manabí Central. Las piezas de la muestra que ilustra este periodo –en su mayoría provenientes de ajuares- se caracterizan por la fineza y calidad de los acabados.

Luego de esta exhaustiva presentación del proceso de neolitización, el guión de la exposición se concentra en las “sociedades complejas de la Costa”, esto es, sobre las culturas de los Periodos de Desarrollo Regional e Integración. Se menciona primeramente a las sociedades de “señoríos regionales”: Guangala, Bahía, Jama Coaque y Tolita, caracterizadas por una desarrollada infraestructura (complejos urbanos, tolas, campos agrícolas), así como una variada producción alafarera (se destacan aquí las llamadas “cocinas de brujo”).

El auge de esta creciente complejización se habría dado con Manteño-Huancavilca, agrupación que, retomando nuevamente la hipótesis de Jorge Marcos, habría llegado a configurar un Estado, cuyos centros representativos se ubicaron en Jaboncillo, Agua Blanca y Chanduy, entre otros. Marcos argumenta su propuesta señalando que al volverse un bien de prestigio “institucionalizado”, la concha Spondylus –inicialmente ritual- llegó muy pronto a convertirse en un elemento socio-económico estrechamente vinculado al desarrollo agrícola y comercial, es decir, a un creciente proceso de complejización social que dio paso a una sociedad caracterizada por un “capital de acumulación mercantil”. La caracterización “estatal” y “mercantil” de Manteño-Huancavilca es motivo de debate; se trata de una propuesta hipotética entre otros escenarios sugeridos por los diversos investigadores que han trabajado en la zona.

Por último, la sala de arte prehispánico se presenta a manera de un original “resumen” del conjunto museográfico de la exposición: a través de vitrinas verticales que recuerdan las de una reserva arqueológica, el visitante puede admirar numerosas piezas clasificadas por periodos, fases y sub-fases.

Por otra parte, este segmento final de la exposición consagra una explicación al quehacer arqueológico, desde la excavación hasta el procesamiento del registro material y su respectiva interpretación, sin olvidar el contexto “deontológico” de la profesión. Así, el recorrido concluye con este elocuente mensaje: “Arqueología es leer en los restos culturales la historia de los pueblos de los que no conocemos escritura; por lo tanto, el destruir los contextos arqueológicos para extraer objetos, equivale a destruir un libro”.

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