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jueves, 5 de agosto de 2010

Yalta: de un sueño imposible a la historia de un mito


Por Claude Lara (In Revista AFESE, N.12, 1987, pp. 43-64)

La Conferencia de Crimea ocupa un lugar propio, no sólo en el contexto de la segunda guerra mundial, sino también en la historia de las relaciones internacionales del siglo XX. Después de todo, fue en esta reunión cuando los jefes de las tres potencias: Estados Unidos de América del Norte, Reino Unido de Gran Bretaña y de Irlanda del Norte y de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas intentaron establecer los cimientos de la paz mundial.
Generalmente en Europa se da a la Declaración de Yalta un sentido que podría traducirse como la repartición del continente en esferas de influencia entre las fuerzas aliadas victoriosas. En efecto, según una opinión muy divulgada, pero errónea, en la Conferencia de Crimea de febrero de 1945, los tres grandes: Winston Churchill, Franklín Delano Roosevelt y Joseph Vissarionovitch Djougachvili, más conocido como Stalin, habrían procedido a la división de Europa y del mundo. La lectura de la Declaración de Yalta demuestra hasta la evidencia que esa es una leyenda. La participación ocurrió antes (en octubre de 1944, durante la cumbre W. Churchill-J. Stalin, en Moscú y más tarde, cuando el Ejército Rojo siguió ocupando la Europa central y oriental. Sin embargo, al denunciar el mito de Yalta, no se debe desconocer su espíritu: la tentación constante de las dos superpotencias para establecer un condominio político y militar sobre el resto del mundo.

Finalmente, al comentar el cuadragésimo aniversario de los Acuerdos de Crimea, varios estadistas y comentarios manifestaron su intención de "salir de Yalta o abandonarlo". Esos pronunciamientos nos permiten revelar el mito y exponer el punto central de esta Conferencia: el destino de Polonia que fue decisivo en la búsqueda de un nuevo sistema de seguridad internacional y cuyas consecuencias, particularmente en 1981 con el golpe de estado militar en este país, ponen de manifiesto la actualidad de las decisiones de la Conferencia de Yalta.

LA CONFERENCIA DE YALTA:

¿Qué queda de esta Conferencia impropiamente llamada de Yalta?...” (1) **. En efecto, durante esta Conferencia secreta que se desarrolló del 4 al 11 de febrero de 1945 en la localidad de Livadia -una antigua estación balnearia del Mar Negro situada en Crimea-, los tres grandes de la segunda guerra mundial: W. Churchill, F.D. Roosevelt y J. Stalin se reunieron por segunda y última vez en la sala del antiguo palacio de los zares.

A mediados de septiembre de 1944, F.D. Roosevelt comenzó a hablar con W. Churchill y J. Stalin de la necesidad de una nueva conferencia similar a la de Teherán. La segunda guerra mundial se terminaba en Europa y no se había llegado a ningún acuerdo sobre el futuro de Alemania y el mundo de la postguerra. Sin embargo, coma se vencía el mandato del Presidente norteamericano, gran parte de su atención se dirigía a su campaña electoral y en noviembre empezó su tercer período presidencial. Así se explica que, después de las ceremonias y mensajes tradicionales de enero de 1945, el Presidente estadounidense pudo desocuparse de las elecciones en los primeros días de febrero y que sólo el 4 se inició la Conferencia de Yalta.

Las aspiraciones y el ambiente de la Conferencia son determinantes para conocer la realidad de Yalta. Un pasaje del discurso de inauguración de F.D. Roosevelt, del 20 de enero de 1945, manifiesta claramente el espíritu con el cual acudía a Yalta: "Nos hemos vuelto ciudadanos del mundo, miembros de la comunidad humana, hemos aprendido esta simple verdad, tan bien expresada por Emerson, ‘el único modo de tener un amigo, es serlo uno mismo'” (2) **. F.D. Roosevelt pensaba en un nuevo sistema mundial de seguridad establecido por la Organización de las Naciones Unidas, cuya espina dorsal serían los Estados Unidos de América (3) **. Consecuentemente, el mandatario norteamericano rechazaba las políticas de zonas de influencia que directamente se oponían a su concepción de un "mundo unido (one world)", subordinado a la democracia universal.

W. Churchill que tenía otras preocupaciones y cuando visitó al general de Gaulle, algunas semanas antes en París, había expresado ya sus intenciones: "Llegada la hora de digerir vendrá para los rusos adormecidos el momento de las dificultades... Entre tanto, estoy presente en todos los asuntos, no doy nada por nada y gano algunos dividendos" (4) **.

Mientras tanto J. Stalin pedía por la seguridad de Europa, el desmantelamiento del III Reich (reducción del 80% de su industria pesada y 20 mil millones de dólares de reparación), así como el dominio de Polonia gracias al reconocimiento del Gobierno prosoviético de Lublín y el restablecimiento de los derechos y privilegios perdidos en 1904, durante la agresión japonesa.

Existía una atmósfera de desconfianza entre F.D. Roosevelt y W. Churchill debido a la intervención armada de los británicos en Grecia (5). Y lo más grave es que su hostilidad por el imperio británico le hacía ignorar de manera sorprendente la naturaleza y las ambiciones del comunismo: "Lástima que W. Churchill piensa demasiado en la postguerra y en la situación en la que se encontrará Gran Bretaña. Teme que los Rusos se vuelvan demasiado fuertes. Queda por saber si es un mal... No veo por qué pondríamos en peligro la vida de los soldados norteamericanos con el único fin de proteger los intereses británicos reales o imaginarios en el continente europeo" (6) **. Además, J. Stalin y sus colaboradores jugaron hábilmente con los sentimientos anti-imperialistas de los Estados Unidos para debilitar el papel de los ingleses como su principal aliado.

Por otra parte, el Presidente estadounidense, psicológicamente dominado por una extraña mezcla de idealismo y de orgullo, estaba ya tan enfermo que su médico, por un momento, pensaba transportarlo a un barco norteamericano para atenderle más fácilmente. Lo que hizo creer a W. Churchill que sólo conservaba: "un contacto bien frágil con la vida" (7) **. Además, su principal colaborador, Harry Hopkins, tuvo que guardar cama durante largos meses en razón del cáncer que pronto lo llevaría a la tumba. Por lo tanto, W. Churchill a ratos gruñón y exaltado, según el Secretario de Estado norteamericano Stettinius, atravesaba una "crisis de menopausia". Únicamente, J. Stalin, con pleno dominio de sus facultades, manejaba el juego con una maestría que facilitaría su total ausencia de escrúpulos.

Desde el punto de vista formal la Conferencia se dio a tres niveles: el de los jefes militares, de los Ministros de Relaciones Exteriores y, en fin, de los jefes de Gobierno, con sus Ministros y Consejeros. No fue presidida por ninguno de los tres grandes, excepto en la sesión de apertura por F.D. Roosevelt, gracias a una cordial invitación de J. Stalin, y los tres se reunieron sin establecimiento de orden del día, ni secretaría y actas; cada delegación recurría a su intérprete y tomaba sus propios apuntes. Tal organización no dejará de reflejarse en los documentos que han proporcionado la Conferencia y explica que las decisiones fueron publicadas con fechas distintas. Un primer documento, intitulado "Comunicado" y firmado por W. Churchill, F.D. Roosevelt y J. Stalin, fue editado el 12 de febrero de 1945 y contenía nueve secciones:

1) De la derrota de Alemania.
2) De la ocupación y del control de Alemania.
3) De las reparaciones de Alemania.
4) De la Conferencia de las Naciones Unidas.
5) De Europa liberada.
6) De Polonia.
7) De Yugoslavia.
8) De las Reuniones de los Ministros de Relaciones Exteriores.
9) De la unidad en la paz y en la guerra (8).

El texto que se refiere a la entrada de la Unión Soviética en la guerra contra el Japón, igualmente firmado por los tres grandes y calificado de ultrasecreto, sólo se dio a conocer el 11 de febrero de 1946. Además, se publicó un acuerdo bilateral entre los Estados Unidos y la Unión Soviética que trataba de los prisioneros de guerra y de los civiles liberados, el 8 de marzo de 1946. También, un protocolo recogía las conclusiones de los tres mandatarios y repetía textualmente las secciones 5, 6, y 7 del "Comunicado", así como el intitulado 8 en forma abreviada; también incluía una sección ampliada sobre la organización mundial, igualmente un capítulo separado acerca del desmantelamiento de Alemania sin indicaciones precisas y sometido a un estudio posterior; una sección diferente sobre la zona francesa de ocupación en Alemania y la participación gala en la Comisión de Control para dicho país y un extenso intitulado sobre las reparaciones germanas. Por otra parte se mencionó, como problemas a estudiar posteriormente: los asuntos relativos a los criminales de guerra, las fronteras entre Italia y Yugoslavia, Europa del Sureste, Irán, la Convención de Montreux y los estrechos. Finalmente, un protocolo sobre reparaciones alemanas y todos esos documentos han sido publicados, el 24 de marzo de 1947 (9).

A pesar de eso, gracias a la documentación británica y norteamericana así como a los numerosos testimonios de los participantes que se confirman y completan, es posible reconstituir la Conferencia de Yalta. A fin de denunciar la leyenda de Yalta, o sea la división de Europa y del mundo en esferas de influencia, es necesario dar a conocer algunos puntos básicos (10).

F.D. Roosevelt, para realizar su sueño de un nuevo mundo unido, estaba decidido a fundar la O.N.U. y, estaba tan obstinado que creía hacer pasar esta concepción a los hechos. Desde febrero de 1942, dos meses después de Pearl Harbor, el Secretario de Estado Cordell Hull había reunido un Comité consultivo que se conformaba de personas eminentes y de lo más selecto de Estados Unidos a fin de elaborar una política exterior consecutiva a la segunda guerra mundial. Una de las primeras conclusiones fue la sustitución de la Sociedad de las Naciones por un nuevo sistema mundial de seguridad. Y los países que hubieren liberado el planeta de la hidra nazi debían constituir el núcleo de esta organización; razón por la cual se denominó Organización de las Naciones Unidas. Los Estados Unidos, ulteriormente a su victoria, renunciarían a su aislamiento y tendrían un papel esencial junto a otras potencias que merecerían el calificativo de grandes y que, según el mandatario estadounidense y el Secretario de Estado, agruparían China, el Reino Unido de Gran Bretaña y la Unión Soviética.

Los Ministros de Relaciones Exteriores, en octubre de 1943, se pusieron de acuerdo en Moscú sobre la necesidad de edificar un organismo internacional que se fundamentara en el principio de una igualdad soberana de todos los Estados pacíficos. Pasados largos meses de discusión diplomática, en agosto de 1944, se efectuó la Conferencia de Dumbarton Oaks para dar el último toque a la estructura de la O.N.U. (11). El sistema adoptado en Dumbarton Oaks y completado en Yalta se ratificó el 26 de junio de 1945, en San Francisco, por la Asamblea constitutiva de la O.N.U. en la cual participarían las cuarenta y nueve naciones que habían declarado la guerra a Alemania y Japón.

Sin embargo, esa ciega insistencia de Estados Unidos en la organización de un mundo unido frente a la realidad de Yalta, que ulteriormente analizaremos con el asunto polaco, demuestra una pretensión y una ingenuidad increíbles por parte de un hombre que había dado tantas pruebas de inteligencia y carácter. Robert Sherwood resumió perfectamente la idea que tenía de si mismo este gran hombre: "...Roosevelt sentado entre los dos, Stalin y Churchill, era considerado de un común acuerdo como el moderador, el árbitro y la autoridad suprema. Intervenía muy raramente en las discusiones y sus palabras a veces parecían de una manera bastante molestosa extrañas al asunto, pero parece ser cierto que en Yalta, tuvo él la última palabra" (12) **. Esa representación no tenía sentido frente a la realidad geopolítica del viejo continente, asimismo el de moderador, comno lo demuestran esas realidades anteriores a Yalta:

1) W. Churchill representaba un imperio en decadencia, mientras que J. Stalin encabezaba una potencia en plena expansión.

2) La Unión Soviética, gracias a la segunda guerra mundial y la importante ayuda militar norteamericana (13), se volvió la única gran fuerza militar en Europa.

3) J. Stalin tenía otra visión sobre "Europa liberada" (elecciones libres, multipartismo, regímenes parlamentarios) y del derecho de los pueblos de disponer de sí mismos.

La actuación de F.D. Roosevelt a fin de establecer los Ideales de paz que concretarían las Naciones Unidas, no tenían fundamentos frente a las ambiciones de J. Stalin y a la realidad militar de 1945: la ocupación soviética de Albania, Bulgaria, Hungría, Polonia, Rumania y parte de Checoslovaquia y Yugoslavia. En abril de 1945, J. Stalin había reafirmado claramente a Josi Broz, más conocido como Tito, su posición acerca de "Europa liberada": "Esta guerra no se parece a las del pasado; cualquiera que ocupa un territorio impone allí su propio sistema social. Todo el mundo impone su sistema hasta donde puede avanzar su ejército. No podría ser de otra manera" (14) **.

El 11 de febrero, con las firmas de los tres grandes se concluía la conferencia de Crimea, acerca de la cual la historia en adelante, nombrará los Acuerdos de Yalta. Un sueño de paz reinaba, como lo ilustran las declaraciones de Harry Hopkins: "estábamos seguros de haber ganado la primera victoria por la paz..." Y de W. Churchill: "traigo de Crimea la impresión que el mariscal Stalin y los dirigentes soviéticos desean vivir en una amistad y una igualdad honorables con las democracias occidentales. Creo también que no tienen sino una sola palabra. No conozco gobierno alguno que cumpla con más determinación sus promesas que el gobierno soviético ruso, así fuera en su propio detrimento (15) **.

La prensa norteamericana, en general, desbordaba de entusiasmo. Un editorial del "New York Times", con fecha 13 de febrero de 1945, comentaba que las decisiones tomadas en Yalta: "Justificaban y superaban las esperanzas depositadas en esta fatídica reunión... que mostraban el camino hacia una rápida victoria en Europa, hacia una paz segura y un mundo luminoso" (16).

Nuestro propósito, en la primea parte de este estudio, es analizar los Acuerdos de Yalta para denunciar el mito, es decir un entendimiento de los tres grandes para dividirse Europa y el mundo, y dar a conocer ya las principales conclusiones que se tomaron en esta Conferencia acerca de Europa centro-oriental, a fin de desarrollarlas más detalladamente cuando expongamos la situación de Polonia.

1) Yalta representa el último esfuerzo de los aliados vencedores para construir juntos el mundo de la postguerra.

2) Yalta fue la destrucción del nazismo y del militarismo alemán, así como la ocupación de Alemania en zonas determinadas, a fin de evitar que se produzca una nueva agresión armada.

3) El verdadero choque de Yalta se produjo entre las intenciones de F.D. Roosevelt y la premeditada imprecisión de J. Stalin en lo que concierne al deseo ruso de dominar el futuro de Europa oriental.

4) Yalta fue marcada por una tentativa de los Occidentales para poner en tela de juicio la división que se realizaba en el terreno con el avance de las tropas soviéticas.

5) Yalta representa el éxito de la diplomacia soviética para obtener el consentimiento anglo-estadounidense a fin de alcanzar un papel preponderante de la U.R.S.S. en Europa.

6) Yalta significa la dependencia de Polonia que, gracias a la aprobación occidental, recibía de los soviéticos su configuración territorial, gobierno, sistema político y estatuto.

7) Yalta marca la capitulación de los occidentales en defender sus ideales, tesis y la integridad de la alianza.

8) Yalta dividió Europa en una parte soviética y no soviética.

9) Yalta fue el punto de partida y la base de construcción del imperio soviético en Europa centro-oriental.

EL ASUNTO DE POLONIA:

Polonia fue en verdad la razón más urgente de la Conferencia de Yalta" ** ,escribió W. Churchill (17). En efecto, el destino que esta Conferencia reservó a este país no sólo fue determinante para la evolución ulterior de Europa, sino del mundo.

Desde el punto de vista histórico el pacto Ribbentrop-Molotov, del 23 de agosto de 1939, fue el punto de partida de la expansión soviética en Europa centro-oriental con su protocolo secreto que trataba de la división del territorio polaco entre Alemania y Rusia. Y durante ese periodo de colaboración con la Alemania nazi, la U.R.S.S. anexó parte del territorio finlandés, los tres Estados bálticos, Polonia oriental, así como Bukovina y Bessarabia.

El 22 de junio de 1941, con el ataque germano, la U.R.S.S. en el campo aliado se había enriquecido de territorios anexados ya; a los cuales no tenía la intención de renunciar y que más bien se proponía extender. Desde el comienzo de la segunda guerra mundial existía un imperativo de orden geográfico: todo avance ruso hacia el oeste pasaba por Polonia. Sin embargo, ni las pretensiones territoriales, que tenían sus fuentes en los acuerdos germano-soviéticos de 1939, como tampoco un golpe directo a la independencia polaca eran aceptables en el seno de la alianza anti-alemana de la cual la U.R.S.S. formaba parte. En efecto, para Francia y sobre todo Gran Bretaña, Polonia era el primer aliado, cuya defensa fue la causa inmediata de la declaración de guerra contra el III Reich. Para la U.R.S.S., en una operación diplomática muy hábil que condujo magistralmente de 1941 a 1945, era necesario presentar a sus nuevos aliados esas ambiciones territoriales y la subordinación de Polonia de una forma aceptable y convincente.

La estrategia soviética consistió en convertir un conflicto interestatal en un problema interno polaco que opondría dos orientaciones ideológicas distintas. Para lograr este objetivo, se creó en la U.R.S.S. misma la "Unión de los Patriotas Polacos" que más tarde se llamaría el "Comité Polaco de Liberación Nacional” o “Comité de Lublín", a fin de ser reconocido como el gobierno provisional de Polonia. Los dos campos estaban designados según las necesidades de la causa: el Gobierno polaco de Londres debía pasar por fascista y reaccionario (en realidad era una coalición de partidos democráticos que en los últimos tiempos dirigía un socialista), mientras que el Comité de Lublín prosoviético representaba la democracia y el progreso. Esos calificativos contribuirían a ocultar, y si posible, hacer desaparecer el conflicto entre los dos Estados. Y J. Stalin no vaciló en utilizar todos los medios posibles para aniquilar al Gobierno de Londres cuando se presentara la oportunidad.

El 1ero de agosto de 1944, como los rusos estaban a una decena de kilómetros de Varsovia, 46.000 soldados del ejército clandestino se sublevaron en Varsovia contra el ocupante alemán. Probablemente que esta rebelión nacionalista tenía coma objetivo el establecimiento de una administración de esa tendencia a fin de detener las ambiciones prosoviéticas del Gobierno de Lublín.

En el momento de la sublevación, nada parecía parar la rápida progresión del Ejército Rojo que en seis semanas había avanzado de 600 kilómetros. Además las tropas germanas retrocedían en desorden y las radios rusas como del Comité de Lublín llamaban a la insurrección (18). El 3 de agosto, J. Stalin declaraba: "Preveíamos tomar Varsovia el 5 o 6 de agosto, pero los alemanes la defienden más salvajemente de lo que esperábamos. Habrá un corto plazo para la captura de la ciudad" (19) **. El 11 de agosto, el general polaco Bor-Komorowski telegrafiaba al Gobierno de Londres que sin una asistencia exterior, la situación de los sublevados era muy difícil, que a falta de: "Lanzamientos en paracaídas, de armas y municiones de inmediato, de bombardeos de las posiciones enemigas, de desembarque aéreo, sus tropas sólo podrían resistir algunos días" (20) **.

W. Churchill transmitió enseguida este mensaje a J. Stalin, mientras escribía a Eden (Secretario del Foreign Office), desde el frente italiano: “es realmente curioso observar que los ejércitos soviéticos han detenido su ofensiva contra Varsovia y se han replegado a cierta distancia, justo en el momento en el que el ejército clandestino se sublevaba" (21) **.

W. Churchill no se equivocaba y J. Stalin reveló expresamente sus intenciones políticas acerca de Polonia cuando declaró: “que después de haber ordenado lanzamientos de paracaídas intensivos en el sector de Varsovia (que en realidad nunca se realizaron), había estudiado dicho asunto más detenidamente" y que "se trataba de una aventura imprudente y terrible que costaba enormes sacrificios a la población", y terminaba: "el mando soviético llegó a la conclusión que debía disociarse de dicha aventura de Varsovia por la cual no podía asumir la menor responsabilidad ni directa ni indirectamente" (22).

El 5 de septiembre, las tropas polacas sitiadas en Varsovia seguían resistiendo. W. Churchill sugirió a F.D. Roosevelt pedir un permiso de aterrizaje para abastecer a la resistencia polaca, pero el mandatario estadounidense pensó que no sería: “ventajoso para las perspectivas generales de la guerra" ** unirse a esta iniciativa (23). Esta grave irresponsabilidad reforzó la política expansionista de J. Stalin, puesto que los norteamericanos mostraron en el terreno que no se interesaban mucho en la formación de un gobierno democrático en Polonia.

El 9 de septiembre, el Kremlin cambió de nuevo de táctica y en otro mensaje al Gobierno británico indicó que creía realmente en la utilidad de los lanzamientos de paracaídas sobre Varsovia, y que por lo tanto estaba dispuesto a ayudar a la realización de este tipo de operación. De nuevo las tropas soviéticas con seis batallones del Comité de Lublín tomaron la ofensiva apoyadas por más de cien bombarderas norteamericanos. ¿El martirio de Varsovia llegaba a su fin? Desgraciadamente era demasiado tarde y los alemanes rechazaron las tropas que habían pasado el río Vistula.

La batalla costó la vida a más o menos 300.000 polacos y Varsovia se transformó en un campo de ruinas. Sin embargo, como lo escribe tan acertadamente André Fontaine, J. Stalin había obtenido que: "el extraordinario aparato político, administrativo, intelectual y militar que la resistencia oficial había logrado instalar haya dejado de existir, y con ella todas las posibilidades para Polonia de oponerse eficazmente al dominio de los protegidos del Kremlin" (24) **.

Por otra parte, para tener una idea exacta de la situación de Polonia antes de Yalta, es imprescindible conocer lo que ocurrió en la Conferencia de Moscú, en octubre de 1944. Después del fracaso de la insurrección de Varsovia y de la ofensiva general de los soviéticos en los Balkanes, W. Churchill y J. Stalin trataron del tema de las esferas de influencia.

W. Churchill relató en sus "Memorias" esta escena: "El momento era favorable para actuar. Por eso declaré: solucionemos nuestros asuntos en los Balkanes. Vuestros ejércitos están en Rumania y Bulgaria. Tenemos intereses, misiones y agentes en esos países. Evitemos la confrontación por asuntos que no valen la pena. En lo que se refiere a Gran Bretaña y Rusia ¿qué pensaría usted de un predominio de 90% en Grecia para nosotros y de la igualdad 50/50 en Yugoslavia? Mientras traducían mis palabras escribí en media hoja de papel:

RUMANIA: Rusia 90% y los otros 10%.
GRECIA: Gran Bretaña (de acuerdo con los EE.UU) 90% y Rusia 10%.
YUGOSLAVIA: 50/50.
HUNGRIA: 50/50.
BULGARIA: Rusia 75% y los otros 25%
Le pasé el papel a Stalin a quien entonces se lo tradujeron. Hubo una leve pausa. Luego, cogió su lápiz azul y en seña de aprobación marcó una gruesa raya y nos lo devolvió. Todo se arregló en menos tiempo del que fue necesario para escribirlo (...) Sobrevino un largo silencio, el papel permanecía en el centro de la mesa marcado de azul. Dije finalmente: ¿No nos encontrarán un tanto cínicos cuando aparezcamos haber arreglado esos problemas de los cuales dependen el destino de millones de seres, de una manera tan ligera? Quememos este papel. No mejor consérvelo, contestó Stalin” (25) **.

Al día siguiente los Ministros de Relaciones Exteriores, Anthony Eden y Viacheslav Mihailovitch Scriabine, más conocido como Molotov, discutieron de nuevo sobre esos porcentajes y finalmente se llegó a este acuerdo que i1ustraba el predominio de la U.R.S.S. en los Balkanes:

HUNGRIA: 80% para la U.R.S.S.
RUMANIA: 90% para la U.R.S.S.
BULGARIA: 80% para la U.R.S.S.
YUGOSLAVIA: 60% para la U.R.S.S.

Cordell Hull, ex-Secretario de Estado de F.D. Roosevelt, comentó con toda razón que: "el acuerdo Churchill-Stalin causó un efecto desastroso en la Conferencia de Yalta... Si los Estados Unidos se hubiesen opuesto a éste con resolución habría sido posible eliminar ciertas dificultades ulteriores en los Balkanes" (26) **. Así que, antes de Yalta la situación de la independencia de Polonia parecía ya definida, además en el camino de la expansión soviética no existía ninguna resistencia eficiente.

En la Conferencia de Yalta, la Declaración sobre Polonia indicaba que: "El gobierno provisional que funciona actualmente en Polonia deberá por consiguiente ser reorganizado sobre una base democrática más amplia, de manera que incluya a los jefes democráticos que residen en Polonia misma y aún a los que están en el extranjero" y que: "el gobierno provisional polaco de unidad nacional deberá comprometerse en proceder a elecciones libres y sin coacción tan pronto como sea posible sobre la base del sufragio universal y del escrutinio secreto" (27)**.

Antes de dicha Declaración, los aliados occidentales no reconocían al Comité de Lublín y deseaban la creación de un nuevo gobierno polaco distinto a los ya existentes. Sin embargo, al enunciar que "el gobierno provisional que funciona actualmente en Polonia deberá por consiguiente ser reorganizado sobre una base democrática más amplia..." era confirmar tácitamente el éxito de la política de Stalin en Polonia. Primero se reconoció al Comité de Lublín, y luego que participará en la organización del nuevo gobierno. Así que cuando se formó el nuevo gobierno, los soviéticos sólo modificaron levemente al Comité de Lublín. Por otra parte, los acuerdos interaliados del 12 de septiembre de 1944 atribuían a la U.R.S.S. Alemania oriental como zona de ocupación cerrando así Europa centro-oriental desde el exterior (28)" **. Por esas razones, Yalta significa principalmente la capitulación de los occidentales que no supieron defender dicha tesis: la formación de un nuevo gobierno en Polonia.

Asimismo, la decisión de Yalta sobre Polonia, es decir: su territorio, su independencia y estatuto político, es muy sorprendente, puesto que fue tomada en ausencia del principal interesado, Polonia. Y como lo escribe Krystina Marek: "el aliado polaco ha sufrido un tratamiento peor que el enemigo beligerante vencido, con el cual, en un mundo civilizado, se negocia y concluye un armisticio y un tratado de paz" (29) **. Eso parece más increíble aun cuando recordamos que el 1ero de septiembre de 1939, Polonia entró en guerra coma Estado independiente, con un territorio delimitado, una población definida y un estatuto internacional preciso. En Yalta, principalmente gracias a los éxitos políticos (creación artificial del Comité de Lublín), éxitos militares (expansión soviética en Europa centro-oriental) y éxitos diplomáticos (pacto secreto Ribbentrop-Molotov y Conferencia de Moscú), Polonia fue tratada como si fuera una entidad política y jurídicamente inexistente, sin gobierno, fronteras, población, ni alianzas, como tampoco tratados internacionales. Este vacío jurídico-político fue determinado en estricta conformidad con el programa soviético (30).

De esta forma. J. Stalin obtuvo en Yalta lo que el Zar Alejandro no había conseguido durante el Congreso de Viena en 1815: la agrupación de todas las tierras polacas y la creación dentro de este marco territorial de una entidad estatal estrechamente ligada al imperio ruso (31). Igualmente, la decisión de Yalta significaba la subordinación de Polonia que, gracias a la aprobación occidental, recibía de los soviéticos su forma territorial, su gobierno, su sistema político y su estatuto. Finalmente, la subordinación de Polonia prejuzgaba, visto su situación geográfica, el destino de toda Europa centro-oriental.

En la Conferencia de Crimea, los tres países vencedores quisieron conservar la alianza que les había unido contra Alemania nazi. A pesar de que sus participantes se imaginaron que habían logrado este objetivo, en este artículo hemos visto las principales razones de este rotundo fracaso.

Sin embargo, en lugar de reconocer esta realidad, que muchas veces ha sido demostrada, se prefiere la incomparable fuerza del mito, repetida tanto por el ciudadano corriente como el político, pasando por el periodista, es decir: W. Churchill, F.D. Roosevelt y J. Stalin se reunieron en Yalta para repartirse Europa y el mundo en zonas de influencia.

El Presidente francés, F. Mitterrand, al comentar el golpe de Estado en Polonia, declaró: "Todo lo que permita librarnos de Yalta es bueno…" (32) **. Este estudio ha tratado de demostrar por qué y cómo se podía relacionar este comentario con la Conferencia de Yalta. Finalmente si sabemos que esta situación no durará eternamente, puesto que la historia por definición significa cambio, no se ha contestado aun a esta pregunta: ¿cómo librarse de Yalta?


** Traducción del autor

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NOTAS:

1) André Fontaine, en "Le Monde": Yalta, de l'Échec au mythe. Martes, 5/2/l985.Arthur Conte, en "Le Figaro": Yalta, le monde change de centre de gravité; Martes, 5/2/1985.

2) André Fontaine, en "Histoire de la guerre froide", tomo l, págs . 255-258.

3) "Inglaterra, dijo Roosevelt a su hijo, está en decadencia, China está sumida todavía en el siglo XVIII, Rusia desconfía de nosotros y nos vuelve desconfiados en relación con ella. América es la única gran potencia capaz de mantener la paz en el mundo... Nuestro papel en la futura Organización de las Naciones Unidas será de conciliar las divergencias de opinión de los ingleses que piensan: Imperia y de los rusos que piensan: comunismo" **... Idem, nota 2, pág. 261.

4) Charles de Gaulle, en "Memorias de guerra", tomo III, pág. 53.

5) F.D. Roosevelt no escondió a su hijo Eliott su irritación: " ¿Cómo los ingleses se atreven a hacer semejante cosa? ¿hasta dónde irán para aferrarse al pasado?". En "Mon père m'a dit", Eliott Roosevelt; pág.263

6) Idem, nota 2, pág. 197.

7) El Presidente Franklin Delano Roosevelt falleció el 12 de abril de 1945.

8) Krystina Marek, en "Retour sur Yalta", Revista General de Derecho Internacional Público, 1982, pág. 464.

9) Idem, nota 8, pág. 465.

10) En los Acuerdos de Yalta del 11/2/1945, constan los siguientes temas:

-Organización mundial (invitación, mecanismo de voto y territorio bajo tutela).
-Declaración sobre Europa liberada.
-Desmantelamiento de Alemania.
-Zona de ocupación francesa y consejo de control para Alemania.
-Reparaciones.
-Grandes criminales de guerra.
-Polonia.
-Yugoslavia.
-Frontera yugoslava, frontera ítalo-austriaca.
-Relaciones búlgaro-yugoslavas.
-Irán.
-Encuentro de los tres Ministros de Asuntos Extranjeros.
-La Convención de Montreux y los estrechos.
-Acuerdo acerca del Japón.
En, "Droit des Relations Internationales: documents fondamentaux"; Daniel Colard, Masson, 1983, págs. 16-23.

11) Se decidió que aparte del Tribunal Internacional de Justicia, del Consejo Económico y Social, etc... la O.N.U. tendría dos organismos principales: el Consejo de Seguridad (con cinco miembros permanentes, incluidos China y Francia) y la Asamblea General abierta a todos los países.

12) Robert Sherwood, en "El Memorial de Roosevelt", pág. 25, tomo 1°.

13) Durante la Conferencia de Teherán, J. Stalin dijo a F.D. Roosevelt: "Sin los abastecimientos norteamericanos habríamos perdido la guerra"... Idem, nota 12, tomo 2, pág. 314.

14) Idem, nota 2, capítulo 9, pág. 202.

15) W. Churchill, en "Mémoires sur la deuxième guerre mondiale", tomo VI, vol. 2, pág. 55.

16) El Washington Post del 29/2/1945: "La Declaración de Yalta, pese a lo que nos reserve el futuro, siempre perdurará coma un gigante paso hacia el surgimiento de un mundo pacífico y ordenado".

El New York Herald Tribune del 15/2/1956: "Churchill, Roosevelt y Stalin habían frenado e invertido la tendencia natural de una coalición victoriosa a disolverse cuando la guerra que justificaba su existencia llegaba a su fin... la a1ianza militar se prueba a sí misma que no es algo transitorio, que sólo sirve frente a un enemigo común, sino que constituyen en realidad el espíritu y el núcleo de un nuevo orden internacional"; en Contextos, año 3, N° 51, 15 de mayo de 1985, pág. 13.

17) Idem, nota 15, tomo VI, pág. 320.

18) Estas radios emitían lo siguiente: " ¡Pueblo de Varsovia ármate!" o " ¡Ataquen a los alemanes! que el millón de habitantes de Varsovia se transforme en un millón de soldados que cazarán a los invasores y conquistarán la libertad" **. Idem, nota 2, pág. 239.

19) Idem, nota 2, pág. 239.

20) Idem, nota 2, pág. 240.

21) Idem, nota 15, pág. 136.

22) Idem, nota 15, tomo IV, vol. 1 pág. 360.

23) Ibid, vol II, pág. 69.

24) Idem, nota 2, pig. 242.

25) Idem, nota 15, pag 235.

26) Cordell Hull, en "Memoires", tomo II, pág. 1458.

27) Idem, nota 10. pag. 20.

28) En relación con la ocupación rusa de Alemania oriental, W. Churchill hablaba de Polonia "corno enclavada y enterrada profundamente en tierras ocupadas por los rusos". ** Idem, nota 8, pág. 475, nota 51.

29) Idem, nota 8, pág. 470.

30) Ibid, pág. 467. Según la Profesora Krystina Marek: "… puesto que, sólo un gobierno avasallado hubiera podido aceptar -en plena guerra, en el exterior, sin consulta popular- la pérdida del 47% de su territorio nacional…”.

31) Es interesante transcribir aquí la opinión de Carlos Mauricio de Talleyrand, Ministro de Relaciones Exteriores francés, al recibir sus instrucciones para el Congreso deViena, acerca del plan ruso: crear un Reino de Polonia depedendiente del Imperio Ruso.
"Primero, Rusia no desea el restablecimiento de Polonia para perder lo que de ella ha adquirido. Lo desea para adquirir lo que no posee aún. Ahora bien, restablecer Polonia para darla enteramente a Rusia, a fin de aumentar la población de aquella en Europa de 44 millones de súbditos y sus fronteras hasta el Oder, significaría crear un peligro para Europa tan grande y tan inminente que, a pesar de que sea necesario hacer todo por conservar la paz y, en caso de que la ejecución de semejante plan sólo podría detenerse con las fuerzas de las armas, no habría que vacilar un solo momento en tomarlas"**, en "Mémoires du Prince de Talleyrand", Calman-Lévy, 1981, vol. II; págs. 247-248.

32) En, "Le Monde" del 2/1/1982.

BIBLIOGRAFIA:

LIBROS:

- Raymond ARON: La República Imperial, los Estados Unidos en el mundo 1945-1972. Alianza Editorial S.A. Madrid, 1976.
- Daniel COLARD: Droit des relations internationales, documents fondamentaux. Masson, Collection Droit-Sciences Economiques, 1983.
- Winston CHURCHILL: Mémoires sur la deuxième guerre mondiale, París, Plon 1948, tomo VI.
- André FONTAINE: Histoire de la guerre froide, 1 De la révolution d'octobre à la guerre de Corée, 1917-1950. Fayard, 1983.
- Charles de GAULLE: Memorias de Guerra, París, Plon 1954, tomo III.
- Cordell HULL: Memoirs, Nueva York, MacMillan 1948, tomo II.
- Jacques LEVESQUE: L'URSS et sa politique internationale de 1917 à nos jours. Armand Colin-collection U, 1980.
- Eliott ROOSEVELT: Mon père m'a dit. Paris, Flamarion, 1947.
- Robert SHERWOOD: Le memorial de Roosevelt, Paris, Plon, 1950, tomo I.
- Charles Maurice de TALLEYRAND: Mémoires du Prince de Talleyrand, París, Calman-Lévy, 1891, vol. II.

ARTICULOS:

- A. AKHATAMZYAN, en International Affairs: "Acuerdos de importancia perdurable", 1955.
- Zbigniew BRZEZINSKI, en Foreign Affairs: "El futuro de Yalta, 1984/1985.
- Arthur CONTE, en Le Figaro: "Yalta, le monde change de centre de gravité", martes 5/2/1985.
- John GITTINGS, en The Guardian Weekly: "Cómo la concordancia se tronó en desconfianza", 17/2/1985.
- K.S. KAROL, en Le Nouvel Observateur: "Yalta, un bloqueo imaginario", 8/2/1985.
- Frederic KEMP, en The Wall Street Journal: "Yalta preocupa a los soviéticos", 8/2/1985.
- Andrés ORTEGA, en El País: "Yalta, ocho días que cambiaron Europa", 11/2/1985.
- David WATT, en The Times: "Yalta, ya es tiempo de enfrentar la realidad", 8/2/1985.

REVISTAS:

- CONTEXTOS, año 3, N° 51, 15 de mayo de 1985. Yalta 40 años después.
- LES DOSSIERS DE L'HISTOIRE, N° 53, YALTA, janvier-février 1985.
- POLITICA INTERNACIONAL, N° 836, 5/2/1985. Prfo. Dr. Smilja Avramov: La Herencia Histórica de Yalta.
- REVUE GENERALE DE DROIT INTERNATIONAL PUBLIC, 1982. Krystina Marek: Retour sur Yalta.

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