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sábado, 14 de mayo de 2011

Homenaje a Juan Montalvo y textos desconocidos


Por Claude Lara (In Revista Memorias N.5, 6 y 7, 1997-2010, pp. 187-248)

“Rue Cardinet: ahí está todavía una casa donde, a su turno, murió Montalvo año y medio después. En la fachada de esta casa, a los 35 años de su muerte, tuve el honor de colocar e inaugurar solemnemente la placa conmemorativa que, a mi ruego, Unamuno consagró”. Gonzalo Zaldumbide (2). (Epígrafe)

Gonzalo Zaldumbide inició sus funciones de Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario del Ecuador ante los Gobiernos de Francia y de Gran Bretaña (1923 y 1924) y de Bélgica (1925). Su nombramiento y el reconocimiento de su obra literaria revelan que nuestro compatriota era ya una destacada personalidad en el mundo de la cultura americana y europea. Así lo relata el Primer Secretario de nuestra Legación, señor Luis Antonio Peñaherrera, cuando en nota de 11 de enero de 1924 comunica al señor Don Luis Robalino Dávila, Subsecretario de Relaciones Exteriores:

“En cuanto llegué a París los ecuatorianos en esta capital me informaron respecto de las manifestaciones que ofrecieron al señor Zaldumbide la Colonia ecuatoriana y la ‘Revue de l’Amérique Latine’, con motivo de su nombramiento de Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de la República ante el Gobierno de Francia… La Colonia ecuatoriana quiso hacer ostensible el placer con que recibía la notica del nombramiento del señor Zaldumbide y organizó, en su honor, un banquete en el hotel Ritz. El Señor Cónsul del Ecuador en París, en frases muy apropiadas, ofreció la manifestación a la que contestó el agasajado, con esa galanura de estilo que le es tan peculiar. Pero la manifestación de mayor trascendencia fue la organizada a iniciativa de la ‘Revue de l’Amérique Latine’, ya que ningún otro Ministro había sido festejado con homenaje de tanta significación. Los salones del restaurante Weber resultaron estrechos para contener el crecido número de personas que quisieron asociarse a este banquete y los organizadores se vieron obligados a rechazar más de cincuenta solicitudes… En el número de la ‘Revue de l’Amérique Latine’ y en los recortes de prensa que acompaño, encontrará Usted la relación detallada de cada una de estas fiestas” (3).

De las grandes realizaciones de Gonzalo Zaldumbide como diplomático y hombre de letras fue, sin lugar a duda, la exaltación de Juan Montalvo y la colocación de la única placa existente en París de un compatriota que recuerda:

“La vida tan noble, las obras admirables, la muerte estoica de Montalvo serán siempre y, en todas partes, ejemplo de meditación”.


Acerca de una placa conmemorativa

La obra montalvina de Gonzalo Zaldumbide es ejemplar. No sólo por la difusión del pensamiento y del conocimiento del ilustre ambateño, sino también por la labor realizada por nuestra Legación para colocar la placa conmemorativa que:

“Frente a la benévola y unánime acogida que la sociedad francés y los Diplomáticos extranjeros han prestado al proyecto de colocar una placa en la casa que murió Montalvo, me creo indispensablemente obligado a corresponder en alguna forma a tan fina atención, para demostrar la gratitud de la Nación Ecuatoriana, pues es gloria de ella y sólo de ella la de Montalvo (4).

Además se preocupó para que el busto de Juan Montalvo, único monumento ecuatoriano en París, junto al de André Bello, Rubén Darío, Benjamín Vicuña Mackenna, José Martí, Ricardo Palma, Enrique Rodó y Justo Sierra, inaugurado por él en 1936, gracias a una suscripción del periódico El Universo, estuviera alrededor de la estatua del Libertador, en la Plaza Champerret, “Square de l’Amérique Latine”, en París (5). Por el cablegrama N. 83, de 19 de junio de 1925, informa que la placa conmemorativa se inaugurará el 27 de dicho mes: “PLACA CONMEMORATIVA MONTALVO INAUGURARSE 27. COMITÉ: UNAMUNO, POR ESPAÑA; RICHEPIN, ACADEMIA FRANCESA; MARTINENCHE, SORBONA; DUPUY, DIPUTADO; WALEFFE, PERIODISMO, TRADUCTOR MONTALVO. JUZGO INDISPENSABLE RECEPCIÓN DIPLOMÁTICA SOCIAL ESE DÍA. DÍGNESE AUTORIZARME 120 DÓLARES”.

Vale la pena transcribir en su totalidad la presentación de este acto histórico que Gonzalo Zaldumbide comunicó en su nota N. 196, de 8 de julio de 1925: “Ratifico mi cablegrama N. 86, que dice así: MEXTERIOR QUITO-VERIFICÓSE INAUGURACIÓN PLACA MONTALVO Y RECEPCIÓN DIPLOMÁTICA SOCIAL MI RESIDENCIA. ACTO INAUGURACIÓN AGRUPÓ SELECTA CONCURRENCIA DIPLOMÁTICOS, INTELECTUALES, PERIODISTAS, PRONUNCIARON BELLÍSIMOS DISCURSOS: MARTINENCHE, PROFESOR SORBONA, UNAMUNO, EXRECTOR UNIVERSIDAD SALAMANCA, CONTENOT, REPRESENTANTE MUNICIPALIDAD, DE WALEFFE, PRESIDENTE PRENSA LATINA, EXALTANDO NOMBRE MONTALVO Y CELEBRANDO ECUADOR, CORRESPONSALES CIEN PERIÓDICOS EXTRANJEROS Y CUATRO AGENCIAS CABLEGRÁFICAS TRANSMITIRÁN COMUNICADO ESPECIAL. RECECPCIÓN POSTERIOR LUCIDA, CUATROCIENTAS PERSONAS. ASISTIERON DIPLOMÁTICOS AMERICANOS, MIEMBROS OTRAS COLONIAS, PERSONALIDADES OFICIALES FRANCIA, ESCRITORES, PERIODISTAS, INTELECTUALES. CONCURRIERON ECUATORIANOS TODOS. RATIFICO CORREO, COMUNICARÉ DETALLES. FELICITO PAÍS ÉXITO ALCANZADO. ZALDUMBIDE.

Voy a ocuparme más extensamente de la ceremonia de colocación de la placa conmemorativa en la casa en que murió Montalvo, porque, al par que entraña un justo homenaje a nuestro gran escritor, tiene significación halagadora para el sentimiento ecuatoriano.

En París es muy difícil llamar la atención de su público, porque, siendo ésta una gran ciudad, sobran motivos de preocupación o entusiasmo en los diferentes grupos sociales. Así, múltiples nombres, homenajes, fiestas y publicaciones han pasado inadvertidos. El pueblo francés tiene tantos hombres y cosas propias en que ocuparse, que su atención es absorbida por las actualidades nacionales o relacionadas con el interés de esta Nación. En especial las circunstancias financieras e internacionales presentes, llenan por completo la atención de la Sociedad y la Prensa francesas.

En tal virtud la propaganda de nuestros países, ajenos a los urgentes imperativos del día, es verdaderamente difícil de realizar con eficacia, por más que clamemos por ella dentro de casa. La mayor parte de los actos sudamericanos, quedan, por ello, sin alcanzar mayores consecuencias de utilidad política o interesan sólo a núcleos sudamericanos, sin obtener mayor difusión periodística.

Por otra parte, la prensa francesa no concede fácilmente la hospitalidad en sus columnas. Publicar un artículo en un periódico no representa la fácil maniobra diariamente realizada entre nosotros. Y la dificultad no existe sólo para extranjeros. Pero, a pesar de que la ceremonia que nos ocupa no se proponía sino honrar a un gran literato, su realización no revistió únicamente importancia literaria.

Merced al alto puesto conquistado por Montalvo en el mundo de habla hispana y a la admiración que por él, han llegado a sentir algunos hispanizantes franceses; gracias, quizás, también a ciertas relaciones que he adquirido con la prensa, la sociedad y los escritores de esta República, se ha logrado dar al referido homenaje una importancia que, con verdad, puedo decir, que se ha interesado a un inmenso público, no sólo haciendo recordar el nombre de nuestro genial polemista, sino evocando a nuestro País, dotado de sus leyes libérrimas y de fecundas promesas para el mañana.

Leer siquiera el nombre de ‘República del Ecuador’ como país capaz de producir un hombre de la talla de Montalvo, ya es buena propaganda ante los millares de individuos que leerán la inscripción todos los días. Además, bueno es recordar que Montalvo es el primer sudamericano que recibe aquí esta distinción.

Le envío, adjuntos a esta nota, los recortes de los principales diarios que se publican en París. Además han publicado ecos relativos a la ceremonia, los cien diarios relacionados con la Asociación de la Prensa Latina y todos los periódicos servidos por las cuatro Agencias cablegráficas con sede en París (6).

Contribuyó grandemente a la cumplida realización de mi proyecto, la selecta composición Comité respectivo (7). Sólo la enumeración de sus miembros prueba que se trata de personalidades conocidas en Europa y América. Así Richepin*****, es un altísimo exponente, respetado por este pueblo y admirado entre otros; Unamuno, al presente, con mayor gloria que antes, es un símbolo del pensamiento, de la hidalguía y de la firmeza de la raza. Bien quisiera consignar aquí palabras de comentario sobre la emoción que despertó entre los concurrentes a la inauguración de la placa el Maestro de Salamanca (8), al pronunciar su discurso con fervor de convicción, recordando la historia de otro desterrado, como si evocara la suya propia.

Entre los discursos cuya enumeración hago en el cable, hay que dar valor especial al del Secretario de la Municipalidad de París, quien dijo que ésta se sentía orgullosa de dar abrigo en la Capital a la placa que perpetuará la memoria de un notable ecuatoriano que amó a Francia. A la ceremonia asistió, casi en su totalidad, el Cuerpo Diplomático Americano (9), la colonia ecuatoriana y numerosos miembros de las otras de la América Latina, notables personalidades francesas, entre las que se hallaba el representante del Ministerio de Relaciones Exteriores y muchos escritores y profesores. La placa de mármol colocada en la casa N. 26 de la Rue Cardinet –hoy más que nunca inolvidable para los ecuatorianos- lleva la siguiente inscripción:

JUAN MONTALVO NÉ À AMBATO (ÉQUATEUR) LE 13 AVRIL 1832, MORT À PARIS LE 17 JANIVER 1889. POLÉMISTE, ESSAYISTE, PENSEUR, MAÎTRE INSIGNE DE LA PROSE ESPAGNOLE, CHOISIT LA FRANCE, SON PAYS D’ÉLECTION, POUR Y FINIR SES JOURS, ET MOURUT DANS CETTE MAISON (10).

Enseguida de la ceremonia se verificó la recepción en mi residencia. Invité a más de quinientas personas entre ellas a todas las personalidades oficiales y diplomáticas a quienes era preciso hacer esa atención. Me vi largamente recompensado con la presencia de más de cuatrocientos concurrentes. La recepción social, en la que reinó suma cordialidad, resultó, pues,, sumamente satisfactoria y debo recordar aquí que aun en las fiestas de Embajadas y Legaciones de países más grandes, es difícil hallar concurrencia más numerosa y selecta. Con justa razón, pues, uno de los diarios de París llama a la Delegación del Ecuador ‘una bella fiesta de amistad latina’.

La Colonia ecuatoriana, íntegramente invitada, me favoreció concurriendo casi en su totalidad. Respecto a la subvención de ciento veinte dólares, creo de mi deber exponerle que la invertí únicamente en una parte del buffet. Por mi parte tuve el gusto de pagar, de mi peculio personal, la placa, servicio de invitaciones, y los gastos especiales que exige la conexión de los servicios de prensa, y el champaña. Tengo también el agrado de enviarle algunas de las vistas tomadas durante la ceremonia.

Reciba, Señor Ministro, el testimonio de mi consideración y la reiterada enhorabuena que formulo ante el Gobierno y el País. (f) Gonzalo Zaldumbide” (11)

Si poco se conocen los discursos de Gonzalo Zaldumbide y de Miguel de Unamuno, creo no se han publicado en su integralidad los homenajes editados en francés en la “Revue de l’Amérique Latine” (Ver anexo n° 1, 12). He allí cómo Gonzalo Zaldumbide materializó su admiración al Cosmopolita, colocando una placa que, por una feliz coincidencia, está cerca de la Embajada actual en la casa del número 26 de la calle Cardinet, en donde murió el 17 de enero de 1889.

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HOMENAJE A MONTALVO (13)


"Gracias al entusiasmo de nuestro eminente amigo Gonzalo Zaldumbide, Ministro del Ecuador, el 29 de junio pasado se inauguró la placa en la casa donde falleció el gran escritor ecuatoriano Juan Montalvo y que está ubicada en el N° 26 de la calle Cardinet, en París.


Discurso de S.E. Gonzalo Zaldumbide


Señores:

La vida tan noble, las obras admirables, la muerte estoíca e Montalvo serán siempre y, en todas partes, ejemplo de meditación. La placa que acabamos de inaugurar no tiene otra finalidad sino la de recordar a los Hispanoamericanos de paso por Francia, el glorioso destino de un genio cuya fuerza igualó al infortunio.

Pero, en esta pequeña ceremonia de inauguración que debe ser forzosamente de las más breves, exclusivamenbte debo limitarme a agradecer los preciosos concursos que han apoyado nuestra modesta iniciativa. Por lo tanto, debo agradecer primeramente a la Ciudad de París, aquí representada, que ha querido aceptar y autorizar el homenaje de este recuerdo.

La ausencia del Sr. Jean Richepin nos priva de su palabra ferviente y generosa. Pero, vamos a tener el placer de escuchar al Sr. Martinenche, cuya inteligente y fina elocuencia sirve tan bien su ciencia. Este brillante profesor de lengua y literatura españolas de la Sorbona podría confirmar cuan justa es la frase que, en esta placa conmemorativa, califica a Montalvo de maestro insigne de la prosa castellana.

Luego, Don Miguel de Unamuno se servirá honrar así la memoria de uno de sus pares en el culto de la lengua. El autor de esta famosa vida de Don Quijote y Sancho, entendió mejor que cualquier otro el idealismo impenitente de Montalvo, quien amaba decir: “El que no tiene en su vida algo de Don Quijote, no merece ni la estima ni la afección de sus semejantes”. Y todos sabemos que, al escuchar a Unamuno, vamos a oír a una de las voces más conmovedoras y profundas de España.

También, por sus recuerdos personales, debo agradecer particularmente a nuestro querido y venerado decano el marqués de Peralta. En el tiempo de su juventud, conoció a Montalvo de cerca. Su cordial adhesión al Comité es para nosotros un testimonio que, en Montalvo, el hombre es digno del escritor. Y, finalmente, quiero agradecer al señor Pierre Dupuy, diputado de París; al Sr. Francis de Miomandre, traductor de las más bellas páginas de nuestro gran clásico, amigo exquisito de nuestras letras y de nuestras costumbres; y al Sr. De Waleffe, brillante periodista que, fiel a su labor latina, sabrá reconocer efectivamente en la obra y el nombre que esta placa evoca, uno de los símbolos tutelares de la Unión que es preciso fortificar como testimonio del provenir común. Señores, mi lejano país no es uno de los más grandes de nuestra inmensa América. Pero, a menudo ha tenido el privilegio de producir hombres cuyo espíritu ha traspasado nuestras fronteras; Montalvo es uno de ellos, de los más grandes. Pero, para mostrarlo en su gloria continental, tan solo me toca repetir las palabras de un maestro indiscutido. Al terminar el más hermoso estudio acerca de Montalvo, Rodó dice:

“La posteridad, llamada a consagrar los laureles de este primer siglo de vida independiente, dirá que, entre los guías de América, pocos hubo tan grandes como este hijo de una pequeña ciudad de los Andes ecuatorianos”.


Discurso del Sr. E. Martinenche

Después de su primer viaje a Europa, cuando Juan Montalvo regresó a su país, no pudo respirar allí libremente, sino en una soledad campestre en donde, por la lectura y la meditación, maduraban su talento y su odio al despotismo. A veces iba a Quito y, entonces, no faltaba de asistir en la tarde a las reuniones del poeta filósofo Julio Zaldumbide o con este incomparable amigo ir a despertar poéticos ecos sobre las verdes colinas que rodean la capital del Ecuador.

Otro Zaldumbide nos reúne hoy para celebrar su memoria. Don Gonzalo no heredó la amargura un poco sombría de don Julio, pero es un letrado tan delicado y un amigo tan exquisito, demasiado exquisito a un puesto que él os quiere persuadir que se le hace un servicio cuando os ofrece un honor inmerecido. Si quisiera rendir a Montalvo un homenaje digno de él, me concentraría con traducir y leeros el admirable prefacio del Sr. Ministro del Ecuador que encabeza la colección de artículos publicados por su compatriota con este título significativo: El Cosmopolita. Pero, por grande que sea un muerto, los reglamentos de policía no dejan interrumpir por mucho tiempo la circulación de la muchedumbre, y, no es por lo demás en la calle donde se puede saborear la prosa de un artista.

El lugar no es el más apropiado para consideraciones o reflexiones sobre la obra de un polemista que supo unir a la fuerza del ideal la gracia elocuente de la expresión, que partió del romanticismo para volverse un clásico y que supo añadir capítulos nuevos tanto a don Quijote como al a biblioteca universal de los grandes defensores de la civilización. Se le conoce sobre todo como el adversario de este García Moreno que, en un mundo nuevo, quiso hacer revivir la figura de Felipe II y los procedimientos de la Inquisición. Pero este enemigo del clericalismo tenía alma cristiana; este satírico poderoso sabía predicar la virtud. En ningún campo aceptó la violencia y su verbo no fue menos temible contra lo que llamaba “la peor de las revoluciones” o contra “la dictadura perpetua”.

En este momento sólo podemos recoger algunos rasgos que justifican la feliz iniciativa del Sr. Ministro Zaldumbide. No es por un simple accidente que Francia puede reivindicar a Montalvo. Ha hecho en parís largas estadías. Llegó allí a los 25 años como adjunto de la Legación de su país. Desconfió ante todo de su seducción y no parecía disfrutar allí plenamente sino del encanto melancólico de un Luxemburgo, entonces menos invadido. Pero cuando, un poco más tarde, llamado nuevamente por los decoros sublimes de su patria, evoca el recuerdo de sus viajes a través de Europa, olvida que ha preferido los viejos jardines de Agripina a las mascaradas de la Opera, y nuestro país le aparece con los rasgos los más graciosos. Le presta aún una asombrosa virtud de regeneración. Para el tirano que osaba infligir a un general el suplicio infamante del látigo; no sueña en otro castigo que en una corrección moral; desearía exiliarle ‘al país de la hospitalidad, al país de los espíritus, a Francia’.

Francia es ante todo para él, el país de Lamartine que adora y de Víctor Hugo que venera. Cuando conoció a Lamartine, temblaba ante la perspectiva de que se embargara, para pagar sus deudas, esta casa de Milly que no se ha devuelto aún al patrimonio nacional, y el joven Ecuatoriano soñaba en arrebatar al magnífico anciano, en una navegación digna de antiguas mitologías hacia Chimborazos menos altos que su genio y hacia esos lagos de Imbabura cuyas aguas se estremecían en la espera del chantre del Bourget.

El poeta de “Les Raisons du Momotombo” no se mostraba menos conmovido por la carta que le hacía oír el fragor de otro volcán, el Cotacachi, y saludaba a Montalvo en una palabra que le resume y le define: ‘Sois un noble espíritu’. Sí, era en efecto un noble espíritu. Su escepticismo no ahogaba su fe. Formaba parte de una raza en que las contradicciones pueden unirse sin esfuerzo. Creía en la razón, confiaba en la democracia y sabía aplicar las más bellas ideas latinas con las necesidades de su continente. Se consideraba ciudadano del mundo y fue un apóstol del americanismo. La influencia francesa se ejercía en él en su verdadero sentido, como una fuerza emancipadora.

Cuando regresó a París, en 1882, fue para no dejarlo más. En la casa en donde se coloca esta placa vivía solo y no recibía sino no algunos amigos. Se regocija de la caída de la dictadura en el Ecuador; no quiere retornar allá. Nos hace la gracia de querer morir entre nosotros. Y allí muere con la elegancia suprema de un huésped que quiere irse discreta pero decorosamente. Un día de enero del año de 1889, sintiendo llegar la muerte, se viste para recibirla y pide flores que tiene en sus manos al expirar.

En aquel año, debía celebrarse el centenario de un acontecimiento que le era caro, pues nunca había desesperado de la república y la libertad. Nosotros, desde ahora, asociaremos su nombre como un símbolo glorioso de la fraternidad de nuestras democracias.


Discurso del Sr. Miguel de Unamuno (15)

Señores: Aquí, en esta casa, lejos de aquellas altas montañas volcánicas donde fueron forjados sus huesos –aquellos de su cuerpo y aquellos de su alma- terminó su vida, pobre, solo y proscrito alrededor de los cincuenta y seis años, Juan Montalvo. La tierra francesa, suave, blanda húmeda, envolvió su cuerpo y su espíritu como con un sudario y se revistió en la majestuosa lengua española, la lengua de don Quijote. Saboreó el exilio, la soledad y la pobreza y con éstos engendró, en el dolor, obras inmortales.

Su muerte encontró aquí una patria y aquella de la inmortalidad en todos los espíritus de lengua española, en la humanidad civilizada. El Ecuador de hoy, ‘libre, instruido y digno’ que recogió sus restos, rinde este homenaje inmortal a aquel que fue tachado de loco y antipatriota.

Loco, como fue llamado Jesús por los suyos, por su familia; Jesús, que según el cuarto evangelio, fue crucificado como antipatriota. Loco, al igual que don Quijote, al que se le acusó de las desgracias de su patria. Y como ellos murió Montalvo, cristiano quijotesco, pobre, solitario y proscrito.

¡Pobreza, soledad, proscripción!... No debo hablar de esto. El tiempo apremia y la ocasión, el lugar y el estado de mi espíritu arriesgarían ahogar mi voz en sollozos.

¡Adiós, pues…! A Dios que guarda eternamente en la historia –la cual es su pensamiento- a los profetas y apóstoles de la cristiandad, y a los tiranos –artesanos de bestialidad- y, que realza de la sombra de éstos, la luz de aquellos!

Adiós a Montalvo que vive inmortal en nuestra lengua.

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Después de estos tres discursos, tomaron aún la palabra el Sr. Maurice de Waleffe, que se unió al homenaje rendido a Juan Montalvo en nombre de los cien periódicos del mundo latino, agrupados en la Oficina Permanente de la Prensa Latina del cual es eminente e incansable secretario general, y el Sr. Contenot, secretario del Concejo Municipal de París, oficialmente delegado por esta Asamblea para llevar a la memoria del gran Hispanoamericano, del gran amigo de Francia, el saludo de la ciudad de París”.

“Sin discusión su actividad montalvina, ecuatoriana fue y quedará ejemplar” (16). Afirmación indiscutible, pero su ejemplarizadora labor cultural continúa y sigue animando a las nuevas generaciones de diplomáticos. Con Gonzalo Zaldumbide la diplomacia estaba al servicio de la cultura.

Textos desconocidos sobre Juan Montalvo

“Casi todo es sacro en don Juan. ¡El fatigar sus huellas, grave empresa!” (17); por ello nos parece imprescindible que la “Casa de Montalvo”, con otros organismos como la Cancillería, en los países en los cuales vivió y trabajó Juan Montalvo (Colombia, España, Francia, Panamá…) recopilaran a través de nuestras Embajadas y Consulados lo que se escribió sobre su obra, su actividad política y cultural. Así, se podría tener estudios de Juan Montalvo y la crítica literaria y política en Colombia, España, Francia y Panamá; y se enriquecería considerablemente la comprensión y la valoración del Cosmopolita así como de su época. Como muestra de un futuro estudio: “Juan Montalvo, la crítica literaria y política en Francia”, ofrecemos tres textos que ponen de relieve la importancia de nuestro compatriota en la actividad cultural parisiense y de la permanente difusión de sus escritos, tanto como ensayista, crítico, periodista y cronista.

El primero (18) de “El Comercio de Ultramar”, escrito por su amigo el gran crítico español, Leopoldo García-Ramón (19), intitulado “Don Juan Montalvo y sus Siete Tratados”.


"Crítica Literaria (20)

DON JUAN MONTALVO Y sus “Siete Tratados” Si el nombre del autor precede en este título al del libro, no es por buen gusto eufónico, sino por buena lógica; pues si es posible hablar de un cedro enorme que majestuosamente se levanta en los aires, cautivándonos con su esbeltez y fuerza, sin mencionar siquiera la tierra en que ha nacido, es infructuosa empresa, ya que no intento loco, el querer separar lo que compone un todo indivisible.

Estamos en presencia de un fenómeno raro en estos tiempos de sonrisas amables, y apretones de manos cariñosos, y protestas ardientes de amistades que luego se desmienten con los actos, al torcer de la esquina; en estos tiempos de egoísmo refinado en que las almas tienden solo a cerrarse, en que nada complejo nos descubren, como de él lo confiesa el gran Chateaubriand, ese egoísta sublime, en sus Memorias.
Un nombre se aparece, se nos llega, con ademán severo nos detiene en la marcha incesante hacia la tumba, y nos dice: “¡Mirad!” Lo que así muestra a los ojos atónitos del mundo que, al pronto no comprende, pero mira, en su alma todo ella, sin antifaz ni aun velos transparentes, desnuda, iluminada por la verdad, que alumbra los más ocultos senos.

¡Escena prodigiosa! Nos ofrece la múltiple visión de un pecho abierto, con sus creencias, sus dudas, sus virtudes, defectos y pasiones, sus duelos y alegrías, sus pequeñeces, sus grandezas, sus luchas, sus reflejos de la divinidad. Todo es palpable; todo podemos verlo, y visitarlo, y estudiarlo a sabor, con el deleite que fluye de lo nuevo, lo eternamente nuevo, que cuanto más se observa, más subyuga e incita la razón: ¡el ser humano!

El atrevido que nos para y sorprende, ése es Montalvo; y los Siete Tratados, la magnífica luna en que se copia su personalidad. ¿Cómo ocuparse de la una sin el otro? Es infactible robar al sol su fecundante fuego sin dejarle apagado, y en el libro que hemos leído dos veces, sin descanso, la lumbre es el autor.

No se crea, empero, que es autobiografía la que ha firmado. Es una gran lección; es un tesoro que ha reunido el estudio, y cuyas joyas ha labrado un ingenio peregrino; es un compuesto hermoso de ideas y sensaciones, seductor, filosófico, instructivo, altamente moral; pero esa obra no es fruto sólo de un talento joven y en plena eflorescencia: el cerebro, los músculos, los nervios, la generosa sangre del escritor han sido los colaboradores que le dan esa vida, ese soplo potente, ese interés inmenso, extraordinario en libros sin acción. El alma es bella, y por eso su imagen nos engríe. Estudiémosla, pues, al mismo tiempo, si ha de ser últimamente, con ventaja.

Por muy americano que sea don Juan Montalvo, su cara es española y tan castiza como su habla soberbia, a la que ya vendremos. Cabeza varonil, digna por cierto del pincel de Velásquez, si no miente el retrato que a la vista tenemos. Regular es la frente, bien ceñida por un pelo algo corto, cambiado desde el año en que compuso su estudio la Belleza, pues decía a la sazón que su cabeza era explosión de enormes “anillos de azabache”, y aquí no vemos rizos, lo que tal le otorga cierta marcial rudeza.

Bajo las cejas, finas si pobladas, los ojos, bien abiertos, anuncian la arrogancia, y se comprende que como "balas negras" vayan a su enemigo, sino tanto como globos de fuego celeste al corazón de la mujer amada. Mas ¿qué ternura, qué cariñoso afán puede exigirse en quien mira la cara de un fotógrafo? La nariz es valiente de alas anchas, y la barba redonda sombrea un cuello delgado "que ostenta orgullosamente la nuez, símbolo de la masculinidad". Sedoso es el bigote, que parece avezado a cosméticos; si es así, inconsecuencia en quien con tanta gracia satiriza la artificial donosura. De la boca no es muy prudente hablar por un dibujo; pero es, tal cual la vemos, expresiva, de sinuoso perfil. Son algo enjutas las mejillas, que él pinta de tostado color y algo picosa, pero no "hasta no más". Este conjunto revela un pensador franco, sin duda, animoso también; pudiera ser un tanto melancólico; de cierto, desabrido.

Colérico lo es; mas no haya miedo; también lo fue Jesús; teniendo el alma en sosegada paz, podéis llegaros y tenderle la diestra que él cogerá gustoso y apretará sincero; sólo el malo debe guardarse de él, pues es terrible cuando enristra la pluma con el pecho lleno de indignación. Sabe ir a fondo y apoyar los pulgares en la llaga. Pero es justo y bueno. ¡Ah! ¡Si pudiéramos hacer revoluciones en paz! dice en un punto; y luego, cuando habla de su hermano don Carlos, muerto in confesión, tal le describe, que el llanto se nos sube a las pupilas; y no hay aquí artificio de la frase, sino santa emoción, ternura inmensa de que la letra está como impregnada, Cariño, admiración, dulzura, llanto conserva para aquellos que son dignos; su gran bondad estalla más pujante que nunca en esa página, sin duda incomparable de los Héroes de la Emancipación.

Algo se extralimita don Juan cuando se exalta, mas ¿cómo censurarlo? ¿Cómo no comprenderlo y no aprobar ese arrebato que, en suma, nos expone la tan sacra virtud del patriotismo, que adoramos los viejos de Castilla? Creemos nosotros que, irremediablemente, tendrá don Juan Montalvo más que en su patria, amigos de España. Sin embargo, habrá pocos que estén del todo acordes con diversos pasajes de Bolívar.

Empeño singular en mis paisanos el no aceptar lo hecho, y como ciertos padres ya algo raros, seguir considerando a los hijos mayores como si fueran niños de andaderas. Agradecen el bien que les llevamos, perdonan lo que un tiempo padecieron, se hacen libres un día ¡Benditos sean! ¡Nuestra la culpa fue! Y hoy, es demencia el guardarles rencor; más bien debemos secundarlos, hacerles expedita la vía, si lo podemos, tener placer y orgullo en que marchen, avancen, se aproximen, lleguen y acampen en la cima más alta del progreso. Nos debieron la luz; tal vez un día, en el curso agitado de los siglos, vuelva la luz de América a la Europa. ¿Quién se ríe?... Alguien habrá; pero es humano el no ver más allá de sus narices.

Por la misma razón dirá la gente qué hallamos en un libro que en tal modo nos encanta y admira. Muchos leen y así exclaman: "No hay novedad. Aquí, ciento y más veces hemos pensado idénticas especies. ¿Y por qué no lo dijo? le pregunto al sensato lector; fuerais ahora quien se llevara el premio merecido. Es rosa de Tours, la de Sevilla y la de Alejandría; pero con eso, no son las mismas rosas ni en las formas, ni en el color ni aroma. Es agua la del Sena, y la del vasto lago de Ginebra, y es agua la del mar; pero ¿quién niega que en nada se parecen?

Mérito es en don Juan haber reunido las ideas no enunciadas y habérnoslas expuesto en sus Tratados. Él mismo expresa esta verdad antigua: "Tienen de particular las obras maestras que cuando uno las lee, piensa que él mismo pudiera haberlas imaginado y compuesto; ¡son tan cumplidas en neutralidad y llaneza!". Si crees poder decir lo que él ha dicho, ¡oh profano lector! le alzas un trono y le rindes tributo cuando piensas rebajarlo, humillarlo, o bien alzarte tú hasta su cabeza.

Erudito es don Juan; más bien amigo que de historia moderna, de la antigua; pero si busca en la antigüedad clásica, tan sólo son ejemplos, y aceptamos ese especial amor, aunque sintiendo que no mencione ejemplos más recientes e igualmente notables. Sus imágenes tienen gran novedad, son expresiones energéticas o suaves, siempre exactas, en situación y henchidas de poético entusiasmo.

Escrito con el alma, siendo el fondo de gran elevación, son ya dos títulos que aseguran al libro larga vida; el tercero es la forma; y aquí es fuerza dar lugar a un aparte en el que quepa mi modo de pensar.

Aborreceoms la crítica mezquina, Diógenes de vocablos mal compuestos, trapero que anda entre oro rebuscando algún cobre, dejando por olvido o a sabiendas. Y por esto nos duele que don Juan nos regale Comentarios, contendiendo esforzado por su estilo. Es nervioso; le irrita lo absurdo, lo infundado. Bien lo comprendo, pero no lo apruebo. Desearía yo en don Juan más calma, desprecio más profundo, ¿ignora acaso de qué albañal de envidias y rencores mana ese arroyo infecto de críticas estúpidas?

No lo dude el autor, todos le admiran; pero para el bueno, de aquella admiración nace la estima, la simpatía acendrada, para los otros nace sólo la envidia y el deseo de manchar con sus babas cuanto tocan. "¡Bueno muy bueno es esto!" Se dice el detractor en sus adentros. Y algo le roe la boca del estómago. Sin sentirlo, llega a exclamar muy luego: “Esta es barbaridad” y ya lo cree. Debe probarlo y es fuerza alambicar, presurar la oración, los verbos, los adverbios, las palabras, las sílabas, las letras, para alegar la prueba requerida.

Prolífico venero es la errata de imprenta. “Ven ustedes que es muy nulo don Juan: almirabado con una v, zote con s”. El cajista, a mi juicio, hace una buena acción: permite al prójimo que calme su rabia de morder; y en sustancia, se acredita este prójimo de bárbaro con dos o tres bb, y acredita de excelente al autor, pues quien tales falsías y nimiedades saca como argumentos, sólo prueba su mala voluntad o su tontuna.

La defensa en don Juan no es necesaria; no escribe para el vulgo, ni con mucho; más para los letrados los más cultos, y éstos no necesitan de la luz que los guíe, y hacen justicia de tanta dentellada de gozquejo, si es que llegan acaso a reparar en ellas que lo dudo.

Don Juan se queja, no con mucha razón, de sus cajistas “Libros españoles, en España”, clama. “Si dios permite que yo dé a luz en Europa otra de mis obras, será en la patria de Cervantes”. Sea en buena hora; mas salgo a la defensa de los míos, y le afirmo a don Juan que hay en París cajistas españoles muy capaces de componer su copia tan bien como en Madrid, y que dan pruebas hasta la saciedad. Estudios míos de muy poca importancia los he leído tres veces, y han salido limpios de toda errata.

La lengua de Montalvo es muy correcta y muy suya en un todo; para el vulgo tendrá tal vez un cierto parecido con la de Castelar por lo sonora, fluyente y numerosa; en una y otra hay color, movimiento, altilocuencia; no es el habla serena de Quintana, del Insigne Gaspar de Jovellanos; quiera o no hay en ella influencias del francés, de Víctor Hugo más particularmente; mas no cabe otra comparación.

Castelar, a menudo es redundante; amontona palabras, y arrastrado por la armonía efectiva de la frase, nos la deja vacía; don Juan Montalvo no incurre en ese error, y cuida siempre de amontonar ideas con las palabras. En esto es superior. Demás, no siempre se anda montando en zancos, por las nubes; baja a la madre tierra y aún a veces suele ser familiar, pues “echa el resto” y en demasía moderno: “Apaga y vámonos”. Para nosotros, esta es habilidad.

Saca arcaísmos del polvo del olvido, que nos placen, y hay torneos de la frase algo franceses, que merecen aplauso por lo bello. Suele también haber vocablos raros, que serán para muchos galicismos; los hay en Alarcón, y son castizos; otros podrían hallarse, más usados y que vinieran a decir lo mismo; pero tiene el autor, y así nos gusta, la comezón moderna de la palabra exacta, inevitable, que pinta por sí sola lo que suele expresar. Menos agrado nos causan en un libro de tal índole los americanismos de que usa, si bien con parquedad y subrayados, y pediríamos con ansia en la novela que de cosas de América tratase. Insistamos en ello: es el estilo de Montalvo muy suyo; confundirlo con otro no es posible, y esto, amigo lector, puede decirse de pocos en el día.

Don Juan se queja, y aquí en la razón, punto por punto, de que tanto traduzcan en España, y a más de tanto, mal, pésimamente.

Nos cita traductores que con gracia vapulea y analiza; menciona algunos excelentes; mas uno se le olvida, hoy el primero, que merecía un elogio de su pluma; yo se lo doy por él (aun sin nombrarlo) y estoy seguro que lo agradecerá don Juan, él que tan justo en todo se nos muestra.

Justo soy yo también en cuanto cabe; me acerco al escritor con gran respeto, lo estudio con esmero, tengo en cuenta sus vigilias, sus luchas; si no es bueno, como no soy yo crítico de oficio, me callo y se acabó; si me entusiasmo, si llego ya a admirar, no puedo menos de decir mi sentir, que no envidia, contento me producen los laureles que miro en otras sienes.

Don Juan Montalvo es un gran escritor, y sus Tratados, lo he dicho, vivirán; no son, empero, la base de su gloria. Está llamado a darnos la novela americana, lo creemos su misión; los episodios del Cura de Santa Engracia y el Otro monasticón son pruebas claras para quien sabe ver, que ése es su centro, que ése será su fin al menos…

Dicen, -no conozco a don Juan, y así lo ignoro-, que tiene aspiraciones al gobierno. El dicho es verosímil y muy digna la ambición en don Juan; es de su raza. Pero me digo; ¿qué será del autor si es gobernante? Y pregunto además: si a tanto llega, ¿no me lo matarán? Tengo sabido que, tan cruel perspectiva, sería sólo incentivo mayor. También supongo que todo lo que es joven y elevado, y tiene corazón y se entusiasma, debe estar con don Juan. Mas ¿no habría muchos que volverían al escritor la espalda para irse airados sobre el gobernante?

Su ambición no es mezquina; lo que él quiere es sacar a su patria del estado doliente en el que gime, verla grande y feliz; su influencia, inmensa ha de ser como escritor, inmensa y positiva. Y a mi modo de ver, más le valdría a su patria que fuese, como es, el alma de ella, que estuviese presente a toda hora, que a él marchasen las masas en los trances de apuro y le pidiesen consejo y protección. Pero, gobierno… ¡Es tan joven la América, tan viva!... ¡Suele la juventud ser tan ingrata!

Sea de ello lo que fuere, mi deseo es que don Juan escriba esas novelas en que palpite el mundo americano, como él mismo palpita en sus Tratados.

Si es ley el resumir, tan sólo sea por dar gusto a la gente que rebusca en la prensa sus frases y opiniones para soplarlas luego como suyas, aprendan ésta y digan: ¡La Gran Colombia nos ha dado un HOMBRE, y héte que el hombre nos ha dado un LIBRO! GARCÍA-RAMÓN”.

El artículo que sigue, probablemente escrito por la dirección de la revista “Europa y América” toma la defensa de Juan Montalvo, al mencionar varias veces su ensayo: “Los Héroes de la Emancipación de la Raza Hispanoamericana” y en el cual al final de su estudio el ilustre ambateño critica con moderación al Libertador (21).

"EL UNICO CARGO FUNDADO DE LOS QUE SE LE HAN HECHO AL LIBERTADOR SIMON BOLIVAR (22)

Como todo hombre que se levanta sobre sus contemporáneos, Bolívar ha tenido muchos enemigos y detractores; el tiempo ha escarmenado, digamos así, los acontecimientos pasados, y la mano de la historia ha puesto en orden el confuso montón de hechos y cosas de esa época verdaderamente notable del Nuevo Mundo.

Los proyectos de monarquía personal atribuidos al Libertador de Colombia y el Perú; las muertes aleves y ocultas que algunos ingratos le han achacado con negra temeridad; la tiranía, la ambición desenfrenada, todo ha caído en la opinión de las presentes generaciones, y vemos ahora resplandecer ese hombre inmortal en medio de las virtudes de los héroes, que son las grandes, esas con que se destruyen enemigos invencibles y se fundan pueblos soberanos. Mas el eterno flaco de la especie humana le alcanzó como a todos; ni le era dado desmentir esta verdad, triste pero indefectible, que caracteriza al mundo: no hay cosa ni hombre perfecto bajo el sol. Hombre soy, dijo ya un hombre justo; y como tal, no puedo estar exento de sus imperfecciones. Proponerse hacer de Bolívar el hombre perfecto que no ha existido ni existirá jamás sin quebrantamiento de las leyes de nuestra naturaleza es vano empeño, o necedad que indica ausencia de sabiduría. Y el que habla así, a troche moche, dando hocicadas en la historia, y poniendo a un lado lo que no conviene a su propósito, ¿qué es sino mal operario, indigno del augusto gremio de los que trabajan por la luz y la verdad? En un periódico de Sud-América hemos visto desmentido con increíble grosería un cargo que Don Juan Montalvo ha dirigido a Bolívar en su tratado de “Los héroes de la emancipación”; y es el único que le ha dirigido no de su propia invención, como dice el autor del artículo que nos ha escandalizado, sino tomado de la historia sucesos constantes y notorios. En el paralelo de Washington y Bolívar dice don Juan que Washington rehusó el tercer período de la presidencia de los Estados Unidos, y que Bolívar, en Colombia, aceptó el poder que por tercera vez, y ésta de fuente impura, vino a molestar su espíritu. “¿De dónde ha sacado esto Montalvo? Pregunta uno por ahí: o no ha leído la historia, o no la ha comprendido”. Un periodista de marca menor, pudo decir esto: un escritor de nombre conocido y respetable, no lo hubiera dicho; pues nadie supone que es patrimonio personal una hacienda común, cual es la historia. De ella ha sacado Montalvo eso, como sacamos nosotros mismos, y como sacarán todos los que tienen la ventaja de haberla leído y la suerte de comprenderla. A más de la dictadura asumida por Bolívar en 1828 que fue un verdadero tercer período de su mando, los sucesos de 1830, origen y fuente de los cargos más graves que se le han hecho, están probando la aserción de Don Juan Montalvo. La elección de Don Joaquín Mosquera, verificada por el Congreso de Colombia bajo el imperio de las leyes, fue reconocida por Bolívar, quien se retiró como simple ciudadano a Cartagena, de paso para Europa. Bolívar no tuvo conocimiento, es verdad, de la inicua revolución que estaban tramando sus partidarios Jiménez y Briceño; pero, “cuando llegó hasta su retiro la noticia del escandaloso suceso del Santuario”, aceptó la revolución y el mando militar que le ofrecieron los insurrectos, a pesar de que su nombre no debía estar unido a la infamia de ese crimen según las palabras de los historiadores Baralt y Díaz. Un crimen infame no puede sino ser fuente impura de un poder que no correspondía ni al patriotismo, ni a la magnanimidad, ni a la nobleza de hombre como Bolívar. En esta ocasión, como en 1828, lo que debía haber hecho fue, “celoso defensor y fiel custodio y de las instituciones, darles vigor, ora con su ascendiente, ora fulminando su espada redentora contra los rebeldes” (1). La proclama de Bolívar del 18 de septiembre, que ha estado siempre en la mano de sus enemigos como el puñal que ha ensangrentado su memoria; la proclama del 18 de septiembre, que ha sido la eterna tristeza y amargura de sus amigos y admiradores; la proclama del 18 de septiembre, que consta como funesto, pero inevitable documento en todos los libros y papeles relativos a esa época de Colombia; esa proclama es la que, no sabemos si con valor de gigante o de pigmeo, ha negado el periodista de cuyo nombre no debemos acordarnos; y para empresa como ésta de negar lo palmario, dice que “no teme a gigante ni a pigmeo”. Sea en hora buena; pero ese valor no tiene la virtud de borrar los hechos, ni de hacer que nosotros hayamos leído y entendido la historia.

Como prueba de que la insurrección contra el Gobierno legítimo de Mosquera fue popular, recuerda el valeroso escritor que fue obra de un solo batallón. Efectivamente, el general Florencio Jiménez, jefe de “El Callao”, dio en Tunja el grito de desobediencia y se vino contra el Gobierno. Los ciudadanos de Bogotá, grandes y pequeños, viejos y niños, armados en volandas, le salieron al encuentro, y en el campo de Santuario, con torrentes de sangre preciosa, y con miles de cabezas caídas de sus hombros, firmaron la popularidad de la revolución de Florencio Jiménez. “Venció, es verdad, dice un historiador ilustre, porque su tropa era aguerrida y diestra en los ejercicios militares; pero su triunfo, obtenido contra gente bisoña que armó de prisa el patriotismo, hará siempre el oprobio de su memoria, dando mayor realce a la de los buenos ciudadanos que lidiaron y murieron por la libertad y las leyes”. Vea el escritorcito que no teme a gigantes, de donde Don Juan Montalvo ha sacado eso de la fuente impura.

Ahora veamos si la infracción de las leyes, la tiranía, el desfalco, los vicios y la corrupción del Presidente Mosquera y su Gobierno habían puesto en manos de Florencio Jiménez la espada de la libertad. “Era don Joaquín dice la historia, rico propietario, varón de gran saber, doctrina y probidad, justo y patriota. Poseía grandes dotes de orador, a los que daba realce la compostura y natural gallardía de su persona; y tan aventajado en las prendas morales, que pertenecía al corto número de hombre que hubieran podido conservar la unión del Estado, si la virtud bastara para conseguirlo”.

Contra Gobierno representado por hombre como éste, Gobierno legal y de buen origen, no hay derecho de insurrección.

A Florencio Jiménez siguió Justo Briceño: y éste, no contento con proclamar a Bolívar generalísimo, le proclamó también jefe supremo de la República, en actas que Baralt y Díaz, compatriotas y partidarios de Bolívar, llaman “ridículas farsas y maquinaciones de los perturbadores”. Bolívar, que había aceptado el mando militar se aprestó asimismo a aceptar la plenitud de los poderes; y en su contestación a los comisionados de poner en su conocimiento el acta de 22 de septiembre, dijo solo que él no echaba de ver aquella mayoría de votos, necesaria para legitimar acto semejante. Acto semejante… Bolívar mismo lo estaba calificando de inicuo; más pensó que podía legitimarlo con la mayoría de votos, y ofreció que serviría "como ciudadano y como soldado". Una revolución triunfante siempre tiene mayoría de votos, porque los perdidos no tienen voto, y porque la lanza y la espada tienen derecho de amontonarlos en las urnas.

Este error de Bolívar, reconocido en seguida por él mismo precipitó su muerte; llenóse de sombras su alma, "se conturbó su espíritu", su corazón se ahogó en inmenso dolor, y ésta, junto con las otras causas que todos saben, le llevó a la tumba. Lo único que dicen los historiadores en su abono es, que fue engañado, y, en cierto modo, forzado: y que su proclama de 18 de septiembre fue arrancada a un hombre abatido por mil quebrantos y pesadumbres, quien ya no se hallaba al corriente de las cosas. Pero nadie ha negado jamás que hubiese aceptado el mando que por tercera vez, y ésta de fuente impura, vino a molestar su espíritu. La voluntad forzada es voluntad: se está tratando de un hecho, y el derecho le da horrible fuerza en este caso. Si los aduladores de Bolívar y los bribones que querían pescar a río revuelto le hubieran dejado verificar su viaje a Europa, esa patriótica y noble emigración le hubieran salvado de esta falta. Ruin propósito, nunca hubo en el Libertador; decadencia, abatimiento de espíritu por mil causas, esto es lo que hubo. Con su muerte, Sócrates volvió a subir el escalón que había descendido, y sus compatriotas y el mundo no ven sino al Libertador y al grande hombre en ese hijo de la guerra. En cuanto a Don Juan Montalvo, éste escribe como filósofo y no como sectario: escritores franceses, italianos y españoles lo han dicho. Si Bolívar necesita contra él de tristes leguleyos, lo que a su vez juzgan como filósofos no lo piensan así. Un escritor francés sostiene que quizá no se ha trazado ahora en lengua española figura más sorprendente que la que está campeando en “Los héroes de la emancipación” y un célebre periódico de París afirma que Montalvo ha resucitado a Bolívar. Rasgo verdaderamente incomparable, llama un notabilísimo escritor español al trozo de “Los héroes”. Y lo que la patria de Bolívar, la ilustre Venezuela, ha premiado en el acto con El Busto del Libertador, no despierta sino el odio y la injuria en uno que está lejos de ser útil a la memoria de Bolívar. Restablecemos los hechos; que lo demás no nos da cuidado.

(1) Baralt y Díaz. Historia de Venezuela".

En la misma publicación se informa sobre la creación de la “Unión Literaria Ibero-Americana” y, entre los “personajes ilustres”, consta Juan Montalvo:

"UNIÓN LITERARIA IBERO-AMERICANA (23)

El 13 de octubre último por la noche se reunió en Madrid la comisión del proyecto para establecer una federación literaria entre España, Portugal y los países de América hermanos de ambas naciones. Los acuerdos tomados fueron los siguientes:

1º Se nombraron presidentes de honor de la asociación, a los reyes de España y Portugal y a los jefes de los Estados americanos.

2º Se acordó inscribir en las listas de la unión, como socios de mérito y protectores, a los presidentes de todas las corporaciones científicos-literarias y a los directores de los periódicos de mayores circulación y a otros personajes ilustres, entre los que se hallan: los patriarcas de las Indias de España y Portugal, Duque de la Torre, Marqués de Molins, Cánovas, Castelar, Segaste, Moyano, Vallarta, Fontes Pereira, Duque de Veragua, Guzmán Blanco, Torres Caicedo, Montalvo, Echegaray, Serpa Pimentel, Duque de Osuna y otros muchos cuyos nombres se publicarán oportunamente.

3º Además de estos señores, que por derecho propio serán de la junta directiva, formarán parte de la misma los señores don Mariano Cancio Villamil, Don Félix S. Alfonso, don Eusebio Page, doctor Holguín (colombiano) Marqués de Vableiglesias, Mellado, Solís (don Protasio), Guerrero (don Teodoro), Fernández Cuesta, doctor Ossian (venezolano), Santa Ana, don Manuel, Marqués de Riscal, Cenil (mexicano), Araus, Merón (argentino). Martín de Olias, Ferreras, Peralta (costarriqueño) Balbia de Unquera. De Carlos don José, y todos los demás señores de la comisión iniciadora, siendo los secretarios de dicha junta directiva don José Ortega Morejón, don Juan A. Topete, don Manuel G. Otazo y don Juan López Valdemoro.

4º Se nombró una comisión de propaganda y prensa compuesta de los señores siguientes: Borrego, Vidart, Tello Amondarein, Novo y Colson, Muñiz, (don Enrique), Solsona, Nombela, Sánchez Pérez, González Fiori, Fernández Bremón, Ruiz Avila, Soler y Casajuana, Comenge, González Granda, Alcalde Valladares, Autran, Llopis, Cepeda, Martínez, Botill, Covera Bachiller, Fernández Flores, Rancés, Aguilar Lobo; siendo secretarios de esta comisión los señores Cortón, Mobellán, Estirada (don Restituto), Cáceres, Plá y Peroz de Niebla (don Alfonso).

5° Fueron designados para la comisión ejecutiva: don Mariano Cancio Villamil, don Protasio Sólis, don Jesús Pando y Valle, doctor Ossio, don Julio Vargas, don Manuel Tello Amondarien, don Jesús Cenil, y como secretarios don Pedro Cobantos, don Emilio Nuñez de Couti y don Julio Viso.

6º Se acordó manifestar a la Sociedad Económica Matritense de Amigos del País que los Asociados para la unión Ibero-Americana están dispuestos a cooperar al mayor éxito de la Exposición que con el mismo nombre se propone celebrar dicha Económica Matritense.

7º Se encomendó a los señores Balbín de Unquera y Tello Amondarein la inmediata redacción de cartas circulares, en que se dé conocimiento de los trabajos realizados al rey de Portugal, a los jefes de los Estados americanos y a la prensa de los países interesados.

8º Se nombró una comisión para enterar al rey de España de todo lo hecho hasta el día, solicitando también su protección.

9º Y por último, se acordó dar cuenta a los periódicos de Madrid del resultado de los acuerdos, remitiéndoles un extracto de los mismos”.

Así, con este ejemplo de la diplomacia al servicio de la cultura, el país a través de uno de sus más ilustres hijos Juan Montalvo, estuvo presente y reconocido entre los centros intelectuales más prestigiosos del mundo; y, gracias a la noble y generosa actuación de Gonzalo Zaldumbide, se sigue con esta gran labor cultural que, en caso del Cosmopolita, se enriquecerá aún más con la recopilación y análisis de la crítica literaria y política sobre su obra y persona, particularmente, en Colombia, España, Francia y Panamá.


NOTAS (1) Este estudio se basa en el trabajo: “Gonzalo Zaldumbide: Ministro Plenipotenciario del Ecuador en París (1923-1929)”* , del Dr. A. Darío Lara, Revista Cultura N.7; págs. 120 a 135. También en la conferencia pronunciada por el Dr. Lara en Ambato, el 6 de abril de 1982 en el Sesquicentenario del nacimiento de Juan Montalvo (1832-1982) y reproducida en mi libro: Este otro Montalvo; págs. 268 a 299.

(2) Gonzalo Zaldumbide se refiere a la carta de 20 de septiembre de 1887, en la que Juan Montalvo da el pésame a la viuda de Julio Zaldumbide. Páginas de Gonzalo Zaldumbide – selección de Humberto Toscano, tomo II, Departamento Editorial de Educación, Quito-Ecuador, 1961; pág. 127. (3) En efecto, varios periódicos franceses y extranjeros como: “Echos, Comoedia, El Figaro, New York Herald, Paris Midi y Action Française” anunciaban el banquete presidido por el Ministro de las Colonias, Sr. Albert Sarraut y ofrecido al diplomático e ilustre escritor ecuatoriano, Gonzalo Zaldumbide, por su nombramiento. Todas las comunicaciones reproducidas aquí o mencionadas se encuentran en el Archivo Histórico del Ministerio de Relaciones Exteriores. Además, en el número de la Revue de l’Amérique Latine, N. 25, vol. VII, del 1º de enero de 1924 en la sección: Le monde diplomatique, en: “Les Américains à Paris – En l’honneur de Gonzalo Zaldumbide”, el señor Magellan da una síntesis de este magnífico recibimiento con la transcripción de algunos discursos; págs. 87 a 91. En el vol. VI, N. 24 segundo año de 1º de diciembre de 1923, la misma revista reproduce en el “Suplemento ilustrado” una foto y una parte del discurso pronunciado por Gonzalo Zaldumbide cuando entregó sus cartas credenciales al Presidente de la República francesa, en noviembre de 1923. Estos números están en la biblioteca Aurelio Espinosa Pólit de Cotocollao.

(4) Oficio N. 187, París a 22 de junio de 1925. Idem nota 3. Ver además el oficio N. 185 del 29 de mayo de 1925, en el cual Gonzalo Zaldumbide indica ya: “También envío adjunto a este oficio un número de París Time, donde hay un artículo sobre Montalvo. Tal publicación revela el eco favorable que ha tenido en la prensa mi proyecto de colocar una lápida conmemorativa en la casa donde murió el ilustre escritor”. Ibid.

(5) En la nota N. 57 de 11 de junio de 1936, Gonzalo Zaldumbide comunica al señor Ministro, General D. A.I. Chiriboga, los pormenores de la instalación del busto de Juan Montalvo; "Ha quedado convenida con el Comité France-Amérique la fecha del 6 de julio próximo para la inauguración del busto de Montalvo, en el vestíbulo de la Maison des Nations Américaines en París, sede del nombrado Comité, que usted conoce. El año entrante, el busto será trasladado a su lugar definitivo, el futuro “Square de l’Amérique Latine”**. Esta inauguración anticipada se hará sin embargo con la requerida solemnidad, y un opúsculo con artículos de Rodó, Max Daireau y el suscrito, sobre Montalvo, será distribuido a los asistentes y enviado luego a varios centros y personalidades, en recuerdo de este homenaje. Adjunta se servirá usted hallar la página de agradecimiento al Comité, al escultor y a las Autoridades, en nombre del Ecuador, de su Gobierno, y más en particular, de usted, a quien corresponde la feliz iniciativa de este homenaje a Montalvo en París…”. Para que el lector conozca la historia completa del nuevo busto de Juan Montalvo en París, ver el artículo de A. Darío Lara: “A propósito de un busto y de un parentesco” *** en Este otro Montalvo ****, anexo 1; págs. 229-234. Ver también, revista de la Casa Montalvo N. 75 (edición especial) noviembre 1982. Montalvo y Mera Sesquicentenario segunda parte; págs. 47-54.

(6) En efecto para la época la cobertura de prensa puede calificarse de extraordinaria, si tomamos en cuenta tanto el número de diarios como la calidad de los comentarios de los periódicos que dieron a conocer este acto. Tenemos: “Le Petit Journal” del 30 de junio de 1925; el “Excelsior” del 3 de julio de 1925; “The Paris Times” del 30 de junio de 1925; la “Revue de l’Amérique Latine”; “Le Gaulois” del 30 de junio de 1925; “Le Figaro” del 30 de junio de 1925; “The New York Herald” del 30 de junio de 1925; “L’Oeuvre” del 30 de junio de 1925; “Le Matin” del 29 de junio de 1925; “Le Peuple” del 30 de junio de 1925; “Le Débat” del 30 de junio de 1925; “Le Petit Parisien” del 30 de junio de 1925; el “Journal” del 1° de julio de 1925; “Au Jour le Jour” del 29 de junio de 1925; “The Chicago Tribune” del 30 de junio de 1925. Por considerar como excepcional y casi desconocida esta labor de prensa, publicamos estos recortes y artículos en el anexo N. 1 de este estudio.

(7) Idem nota 6; págs. 8-10.

(8) Vale la pena recordar que su amistad con Miguel de Unamuno fue decisiva para que escribiera el prólogo de las Catilinarias: “Este célebre escritor, conocido y admirado en Europa y América, ha consentido en escribir la magnífica pieza a que me refiero, a pesar de su resistencia del primer momento, en razón de particulares relaciones de amistad conmigo. Se observa que, comenzada la labor, Unamuno ha puesto en ella no sólo su enorme talento, sino que le ha infundido una intensidad extraordinaria, como si la vida y obra de Montalvo sintiera como propios. Si Usted juzgara conveniente hacer reproducir el prólogo en la prensa del Ecuador, considero que sería oportuno dar el dato de que el Señor Unamuno no lo ha escrito por gestiones de la casa Garnier o de terceras personas, sino por intervención del suscrito…” Oficio N. 185, París, el 29 de mayo de 1925; idem nota 3.

(9) En el anexo No.1, en el artículo de “Le Gaulois”, del 30 de junio de 1925, pág. 29, se dan a conocer varias personalidades latinoamericanas del Cuerpo diplomático, ver nota 6.

(10) Juan Montalvo nacido en Ambato (Ecuador) el 13 de abril de 1832, muerto en París el 17 de enero de 1889. Polemista, ensayista, pensador, maestro insigne de la prosa española, escogió Francia, su país de elección, para terminar en ella sus días, y murió en esta casa.

(11) Nota que está reproducida parcialmente en el estudio: “Gonzalo Zaldumbide Ministro Plenipotenciario…” y comentada por el mencionado autor. Idem nota 1; págs. 128 a 135.

(12) Es muy cierto que en la publicación: “Homenaje del M.I. Concejo Municipal de Ambato a Juan Montalvo en el XLVI Aniversario de su Nacimiento, Quito-Imprenta Nacional 1926”, de 75 páginas con varias fotografías pero totalmente olvidada y seguramente la más completa que existe sobre la ceremonia de la inauguración de la placa conmemorativa en junio de 1925, se reproducen los siguientes documentos:

-Homenaje a Juan Montalvo con motivo de la apoteosis dedicada a su memoria en la ciudad de París en 1925 (Acuerdo del 8 de marzo de 1926 del Concejo Municipal de Ambato y una declaración de los Amigos de Montalvo; págs. 3-4) - Apotéosis de Montalvo (El Comité, págs. 8-10; la vida del escritor, pág. 11; el exilio, su obra, págs. 12-13, la Ceremonia, págs. 14-21. - Ecos de la Prensa, págs. 23-36. - Montalvo y la crítica (Montalvo –fragmento del Ensayo de José Enrique Rodó, traducido al francés por Marius André y publicado en la Revue de l’Amérique Latine, págs. 39-52; Prólogo a las Catilinarias de Don Juan Montalvo; págs. 53-60). - Recuerdos de Montalvo (Don Juan Montalvo –Recuerdos- Manuel M. de Peralta; págs. 63-65 y Don Manuel de Peralta de Juan Montalvo, en francés; págs. 67-70; En el Solar de Don Juan de Augusto Arias; págs. 71-75. Los nombres de “La Sociedad Amigos de Montalvo” constan en el Anexo No. 1 de este estudio. El Concejo Municipal de Ambato había acordado:

“1º. Publicar un libro que contenga cuanto se relacione con el homenaje tributado en París a la memoria del Cosmopolita. 2º. Encomendar la edición de ese libro a la acertada dirección de la ‘Sociedad de Amigos de Montalvo’. Ver el acuerdo reproducido en la mencionada publicación y en mi artículo: “Homenaje a Juan Montalvo y textos desconocidos” Pero, a pesar de esta muy importante contribución, no se reproduce en su integridad y en el orden los discursos pronunciados en esta ocasión y editados en la Revue de l’Amérique Latine. Finalmente, existen variaciones, principalmente omisiones y contrasentidos, en la traducción como en el discurso de Gonzalo Zaldumbide. Por ejemplo está escrito: “En su juventud conoció a Montalvo de cerca. Su cordial adhesión al Comité es un testimonio de que, según lo afirmó Montalvo, el hombre es digno del escritor”, en lugar de: “En el tiempo de su juventud… Su cordial adhesión al Comité es para nosotros un testimonio que, …”. En el discurso del Sr. Martinenche: “,… y de ir con este incomparable amigo, a despertar armoniosos ecos sobre las verdes colinas…” , en lugar de: “… con este incomparable amigo, ir a despertar poéticos ecos sobre las verdes colinas…”; “Estudió en París largas temporadas”, en lugar de: “Ha hecho en París largas estadías” o “Un día de enero del año 1889, sintiendo venir la muerte se levanta para recibirla y pide flores para expirar”, en lugar de: “Un día de enero de 1889, sintiendo llegar la muerte, se viste para recibirla y pide flores que tiene en sus manos al expirar”. En la Revista Cultura N. 11: “Homenaje en el 95º Aniversario de su Nacimiento 13 de abril 1832-1932”. Año N.1, Ambato-Ecuador, abril 1927, imprenta del Colegio Nacional Bolívar, se reproducen parcialmente estos discursos y varios documentos, y particularmente “El Homenaje a Montalvo en París”; págs. 355-374. Estas publicaciones recordatorias están en la Biblioteca Aurelio Espinosa Pólit y citadas por el Dr. Plutarco Naranjo y Carlos Rolando, en “Juan Montalvo: Estudio Bibliográfico”. Biblioteca Cajica de Cultura Universal N.75. Pueblo, Pue., México, 2º edición 1971; págs. 215-216. *Con reproducción de fotografías de los siete miembros del Comité, de los oradores de la ceremonia y de varios otros documentos.

(13) Ver “Revue de l’Amérique Latine” 4to. Año, tomo X, N. 43, julio de 1925; págs. 103 a 107. Citado en la obra del doctor A. Darío Lara: Montalvo en París, coedición de la Subsecretaría de Cultura y el I. Municipio de Ambato, Quito-Ecuador, 1983. Tomo II, N. 2; pág. 354.

(14) No es exacto, posteriormente el Dr. A. Darío Lara explicó que vivía con su compañera Augustine Contoux, desde 1883, y que tuvieron un hijo, Jean Contoux Montalvo******; ver Juan Montalvo en París, dos tomos y Este otro Montalvo****. También la Memoria N. 3-4 de la revista Sociedad Ecuatoriana de Investigaciones Históricas y Geográficas (SEIGHE); y particularmente el artículo “Entrevista con la Sra. Yolande Simard y su hijo Jean-Jacques Curtet-Simard”, Ediciones “La Prensa”, Tulcán – Ecuador, agosto 1996; págs. 403-410.

(15) En la nota N. 203 del 6 de agosto de 1925, Gonzalo Zaldumbide: “envió un ejemplar de los discursos pronunciados el día de la colocación de la placa en honor de Montalvo, así como una magnífica traducción de algunas páginas de éste y de un fragmento del bello estudio de Rodó: Idem nota 3. Si es cierto que el doctor Jorge Salvador Lara en su libro: Ensayos sobre Montalvo y Mera Comisión Nacional Permanente de Conmemoraciones Cívicas, Quito 1991, dio a conocer en esta recopilación el discurso de Miguel de Unamuno en su artículo “26, rue Cardinet, París” que le dio el Director de la Academia Paraguaya de la Lengua, D. Julio César Chávez, pero antes el Dr. A. Darío Lara en su obra: Montalvo en París, tomo II, lo había citado en “B) Artículos sobre Juan Montalvo, su obra o que se relacionan con su presencia en París, en otras Revistas”; N. 2; pág. 354, idem nota 13. Y es preciso recordar que, en 1926, ya se había editado, como lo señalé en la nota 12, una mejor versión. Además, existen ciertas diferencias con el texto francés y, por eso, ofrecemos la versión española corregida que se editó en el mencionado número de la ‘Revue de l’Amérique Latine’.

(16) Idem nota 1: “Gonzalo Zaldumbide: Ministro-Plenipotenciario …”; pág. 130. Cabe destacar aquí uno de los aspectos más relevantes de la misión cultural de Gonzalo Zaldumbide que, en París, publicó obras de eminentes escritores nacionales, como lo anunció en su nota N. 170 del 4 de abril de 1925: “En este mismo periódico se acoge favorablemente mi idea respecto a la publicación de las obras de Montalvo, Crespo Toral y Medardo Ángel Silva*******, así como de la colocación de una placa en la casa que murió…”. Sobre este tema ver el periódico “The Paris Time” N. 297 chronique parisienne: l’Amérique Latine, enviado con la nota N. 166 del 3 de abril de 1925, Gonzalo Zaldumbide realizó este proyecto y recordamos que se preocupó de una reimpresión de gran parte de las obras completas de Juan Montalvo en la Editorial Garnier Hermanos en el siguiente orden; 1921: “Capítulos que se le olvidaron a Cervantes”, en un tomo, con una presentación de Gonzalo Zaldumbide “Dos palabras” y “Siete Tratados” con un prólogo de Gonzalo Zaldumbide; 1923: “El Cosmopolita”, en dos tomos, con un prólogo de Gonzalo Zaldumbide; 1925: “Las Catilinarias”, en dos tomos, con un prólogo de Miguel de Unamuno; “El Cosmopolita”, en dos tomos, con un prólogo de Gonzalo Zaldumbide; 1929: “El Regenerador”, en dos tomos, con un prólogo de Francisco García Calderón; 1929: “Las Catilinarias”, en dos tomos, con un prólogo de Miguel de Unamuno; 1930: “Siete Tratados”, en dos tomos, con un prólogo de Rufino Blanco Fambona y “Capítulos que se le olvidaron a Cervantes”, en dos tomos, con el prólogo de Gonzalo Zaldumbide “Dos palabras”. Idem nota 12, tomo II, págs. 345 a 346. Así como “Poesías Escogidas” de Medardo Ángel Silva, editorial Excelsior, París, 27 Quai de la Tournell, 1926. Selección y prólogo de Gonzalo Zaldumbide; págs. VII a XXV. De la misma manera dio a conocer varios textos de Crespo Toral.

(17) Introducción de Oswaldo Barrera, idem nota 13, Tomo I, Pág. XIII. (18) Estos artículos fueron encontrados por el doctor A. Darío Lara y si reproducimos el de Leopoldo García-Ramón es porque su única edición en el país data de 1884 en: “Juicio sobre los Siete Tratados de Don Juan Montalvo”, Quito, Imprenta de Manuel Velasco Polanco; Págs. 5 a 12. Esta recopilación de artículos está en la biblioteca Aurelio Espinosa Pólit, con la codificación: Juan Montalvo A.D. 1886-1884.

(19) Ver Roberto Agramonte: “La Filosofía de Montalvo”, tomo 1º, y particularmente “Etopeya de García-Ramón”, Banco Central del Ecuador, Quito, 1992; Págs. 6 a 8.

(20) “El Correo de ultramar – Periódico Universal Literario Ilustrado”, tomo sexagésimo tercero, París 1884; Págs. 87 y 90.

(21) “… Washington rehúsa el tercer período presidencial de los Estados-Unidos, y cual un patriarca se retira a vivir tranquilo en el regazo de la vida privada, gozando sin mezcla de odio las consideraciones de sus semejantes, venerado por el pueblo, amado por sus amigos: enemigos, no los tuvo, ¡hombre raro y feliz! Bolívar acepta el mando tentador que por tercera vez, y ésta de fuente impura, viene a molestar su espíritu, y muere repelido, perseguido, encarnecido por una buena parte de sus contemporáneos. El tiempo ha borrado esta leve mancha, y no vemos sino el resplandor que circunda al mayor de los sudamericanos…” Tomo Segundo. Editores de Tungurahua, Ambato-Ecuador, 1987; Págs. 121.

(22) Europa y América, año IV-Número 77, París, 1º de marzo de 1884; Págs. 1 y 2. Idem nota 13, tomo II-N 28, Pág. 353. (23) Europa y América, Año IV, número 94, París, 15 de noviembre de 1884; Pág.


ANEXO N.1:

ECOS DE LA PRENSA


EN HONOR DEL ESCRITOR ECUATORIANO DON JUAN MONTALVO

Del “PETIT JOURNAL” – 30 de junio de 1925.


El gran escritor ecuatoriano Dn. Juan Montalvo fue honrado ayer en París, donde vivió proscrito y donde murió en 1889. Ayer, como tributo a su memoria, fue colocada una placa conmemorativa en la casa No. 26 de la calle Cardinet. Primeramente, el Excmo. Sr. Gonzalo Zaldumbide, Ministro del Ecuador, hizo uso de la palabra para agradecer a los miembros del Comité, cuyo organizador había sido él mismo: el Sr. Martinenche, profesor de la Sorbona, trazó la obra del difunto escritor tan profundamente marcado por la influencia de Francia “El País de Lamartine al que adora, y de Víctor Hugo a quien venera”.

Después, Dn. Miguel de Unamuno, antiguo Rector de la Universidad de Salamanca, proscrito como su favorito, y como él uno de los maestros de la lengua castellana, rindió un vibrante homenaje al polemista y escritor de las Catilinarias, de los Siete Tratados, y de los Capítulos que se le olvidaron a Cervantes. En fin, el Sr. Contenot, Secretario del Concejo Municipal y Dn. Mauricio de Waleffe rindieron a la memoria del extinto el tributo de admiración de la ciudad de París y de los cien diarios que reúne la Prensa Latina.

Terminó esta bella fiesta de amistad latina con una reunión en casa del Excmo. Sr. Gonzalo Zaldumbide, a la que asistieron numerosas personalidades de las colonias Sud-Americanas y de la sociedad parisiense.

DON JUAN MONTALVO

De “Excelsor” – 3 de julio de 1925.


El lunes 29 de Junio una parte numerosa de la Colonia Hispano-Americana se reunió para colocar una placa conmemorativa sobre la casa No. 26 de la calle Cardinet, donde murió en Enero de 1889 Dn. Juan Montalvo, uno de los más grandes escritores de la América del Sur, sobre la que, otro gran pensador y escritor, José Enrique Rodó, publicó un juicio definitivo.

Esta placa fue ofrecida a la ciudad de París por nuestro eminente colaborador y amigo Dn. Gonzalo Zaldumbide, Ministro del Ecuador en Francia y también crítico de su ilustre compatriota.

Tomaron, asimismo, la palabra, los señores Martinenche, profesor de la Sorbona y el periodista francés Mauricio de Waleffe.

Terminada la ceremonia, su promotor, Sr. Gonzalo Zaldumbide, ofreció, en su casa, a los invitados un té muy brillante.


A LA MEMORIA DE JUAN MONTALVO

UNA PLACA CONMEMORATIVA FUE INAUGURADA AYER EN LA CASA EN QUE MURIÓ EL GRAN ESCRITOR ECUATORIANO

De THE PARIS TIMES, 30 de Junio de 1925.

En la tarde del día domingo se inauguró una placa conmemorativa a la memoria del gran escritor ecuatoriano Juan Montalvo, muerto en el destierro, en París, 26 Calle Cardinet, el año 1889. Esta manifestación ha sido organizada por un comité compuesto, entre otras notabilidades, por el señor Gonzalo Zaldumbide, Ministro del Ecuador; el Marqués de Peralta. Ministro de Costa-Rica y decano del Cuerpo Diplomático Sud-americano; de los señores Miguel de Unamuno, Jean Richepin, de la Academia Francesa; Martinenche, profesor de la Sorbona; Pedro Dupuy, diputado de París; Mauricio de Waleffe, secretario general de la prensa latina; y Francis de Miomandre, traductor de las obras del escritor, a quien “París Times” consagró un artículo recientemente.

Montalvo, poco conocido por el público francés, es uno de los más notables escritores de la América Latina y unánimemente reconocido como un maestro de la lengua castellana, comparable, como estilista y polemista, a Paul Louis Courrier.

Nació Montalvo en Ambato, ciudad del Ecuador, y vino a Francia a la edad de 26 años, ligándose en estrecha amistad a Lamartine, como consecuencia de una carta, en que proponía al poeta anciano y abandonado, buscara un refugio en las jóvenes Repúblicas sud-americanas.

De vuelta al Ecuador, se irguió como adversario del tirano García Moreno, quien le desterró a Colombia. Pudo regresar a su patria después de la muerte del Dictador, pero partió de nuevo a Francia, prefiriendo imponerse un destierro voluntario, antes de renegar de sus ideas y convicciones.

Se conoce a Montalvo particularmente por sus Capítulos que se le olvidaron a Cervantes, célebre parodia de “Don Quijote”, en la que supo asimilar a maravilla el espíritu del inmortal español y el sabor de su lengua; obra que le valió el sobrenombre de “Cervantes de la América Latina”: sus Siete Tratados son famosos ensayos a la manera de Montaigne. En fin, Montalvo reunió las más inflamadas de sus admirables polémicas en las Catilinarias para las que, Miguel de Unamuno, acaba de escribir el prefacio.


El Señor Gonzalo Zaldumbide

La obra y la personalidad del escritor, fueron evocadas, consecutivamente, primero, por el señor Gonzalo Zaldumbide, quien después de agradecer a las personalidades que habían expresado su adhesión al Comité, concluyó su elocuente alocución en estos términos:

“Señores: mi lejano país no es uno de los más grandes de nuestra inmensa América. Pero, a menudo ha tenido el privilegio de producir hombres cuyo espíritu ha traspasado nuestras fronteras.

“Montalvo es uno de los más grandes, pero, no me cabe aquí, para mostrarle en su gloria continental, más que repetir las palabras de un maestro irrefutable. Al terminar el más hermoso estudio acerca de Montalvo, Rodó dice:

“La posteridad, llamada a consagrar los lauros de este primer siglo, dirá que, entre los guías de América, hay pocos que sean tan grandes como ese hijo de una pequeña ciudad de los Andes ecuatorianos”.


El Señor Martinenche

En seguida correspondió el turno de hablar el señor Martinenche. ¿Y quién más calificado para analizar la influencia francesa en la obra de Montalvo, que el brillante profesor de lengua y literatura españolas en la Sorbona?

“Cuando después de su primer viaje a Europa, Juan Montalvo regresó a su país, no pudo respirar libremente más que en la soledad campestre, donde por la lectura y la meditación, nutría su talento y su odio por el despotismo. Vuelve aglunas veces a Quito y no deja entonces de asistir por la tarde a las reuniones del poeta filósofo Julio Zaldumbide, y de ir, con este incomparable amigo, a despertar harmoniosos ecos sobre las verdes colinas que rodean la capital del Ecuador.

“Otro Zaldumbide nos reúne hoy para celebrar su memoria. Don Gonzalo que no tiene la amargura un poco sombría de don Julio, pero que también es un hombre de letras tan delicado como él, y un amigo tan exquisito, que quiere persuadiros de que le hacéis un gran servicio cuando él os ofrece un honor inmerecido.

“Ud. es un noble espíritu había dicho el joven poeta, el cantor de Bourget.

“Sí, era un noble espíritu, continuó el Sr. Martinenche-. Su escepticismo no ahogaba su fe. Era de una raza en la que las contradicciones pueden unirse sin esfuerzo. Creía en la razón, esperaba en la democracia y sabía aplicar las más bellas ideas latinas a las necesidades de su continente. Quiso ser ciudadano del mundo y fue apóstol de americanismo. La influencia francesa se ejerció en él en su verdadero sentido como una fuerza de liberación.

“Cuando regresó a París, en 1881, fue para ya no dejarlo. En la casa es que hoy colocamos esta placa, vivió solo y no recibió sino no a algunos amigos. Se regocijó de la caída de la dictadura en el Ecuador; pero ya no pretendió regresar: nos hizo la merced de querer morir entre nosotros. Y murió con la distinción suprema de un huésped que quiere irse discreta pero bellamente. Un día de Enero del año 1889, sintiendo venir la muerte, se prepara con elegancia para recibirla y pide flores para expirar.

“Aquel año, debía celebrarse el centenario de un acontecimiento que le era caro, pues que jamás había desesperado de la República y la libertad. En adelante, nosotros, asociaremos su nombre a ese acontecimiento como un símbolo glorioso de la fraternidad de nuestras democracias.


Don Miguel de Unamuno

Después de los aplausos con que se saludaron estas vibrantes palabras, don Miguel de Unamuno, el venerable rector de la Universidad de Salamanca, proscrito como Montalvo, y como él, uno de los maestros indiscutibles de la lengua y del espíritu español, señaló la reparación que constituía esta piadosa ceremonia a la memoria del exiliado:

“El Ecuador de hoy, ‘libre, instruido y digno’ que recogió sus restos, rinde este homenaje inmortal al que fue llamado loco y antipatriota.

“Loco, como Jesús fue llamado por los suyos, por su familia. Jesús que, según el cuarto evangelio, fue crucificado como antipatriota. Loco igualmente como don Quijote, a quien se acusó de las desgracias de su patria. Y como ellos murió Montalvo, cristiano, quijotesco, pobre, solitario y proscrito.

“¡Pobreza, soledad, proscripción! ¡No debo hablar de esto! El tiempo apremia, y la ocasión, el lugar, y el estado de mi espíritu, pueden ahogar mi voz en sollozos.

“¡Adiós, pues…! A Dios que guarda eternamente en la historia –que es su pensamiento- a los profetas y apóstoles de la cristiandad, lo mismo que a los tiranos, artesanos de bestialidad, y que saca de la sombra de éstos, la luz de aquellos… Adiós a Montalvo que vive inmortal en nuestra lengua”.

El Sr. Contenot, Secretario del Concejo Municipal, trajo a su vez, a la memoria del escritor, el gratísimo homenaje de la Ciudad de París, “que considera como uno de su más preciados privilegios, el de proporcionar, en cierto modo, una segunda patria a todos los hombres, amantes de un alto ideal y de la cultura humana”.

“Nuestra ciudad –añadió en seguida- guardará a Juan Montalvo un recuerdo de agradecimiento por la ardiente y fiel afección que demostró por ella, y vigilará piadosamente su memoria, como uno de los más insignes promotores de la cultura latina y occidental, y de la amistad de nuestras dos patrias”.

Y estas alocuciones, emocionantes por diversos títulos y, además, tan profundamente sinceras, terminaron con algunas palabras del Sr. Mauricio de Waleffe, pronunciadas a nombre de la Prensa Latina y de los cien periódicos de Francia y de América, a los que representa.

Una muy elegante recepción en cada del Sr. Zaldumbide, a la cual asistieron la élite de las colonias sud-americanas y numerosas personalidades parisienses, dio fin a esta hermosa fiesta de amistad latina.


HOMENAJE A MONTALVO

De la “REVUE DE L’AMÉRIQUE LATINE” 4° año, tomo X, n°44, 1° de agosto de 1925

La inauguración de la placa conmemorativa, colocada en la casa donde murió el gran escritor ecuatoriano Juan Montalvo, fue de una emocionante sencillez.

Una muchedumbre selecta, en la que se reconocía a todos los representantes diplomáticos de la América Latina en París y las más eminentes personalidades de las Colonias, escucharon los elocuentes y bellos discursos de Su Excelencia el Sr. Gonzalo Zaldumbide, Ministro del Ecuador y promotor de esta piadosa manifestación, del Sr. Martinenche, nuestro Director,, Miguel de Unamuno, Mauricio de Waleffe y Contenot, especialmente delgado por la ciudad de París a la ceremonia.

Después de este acto, el Sr. Zaldumbide ofreció un magnífico té en la Legación. Durante tres horas, cientos de personas, entre las que se encontraba la élite de la sociedad francesa y latino-americana en París, desfilaron en los salones de la Legación. Fue una fiesta elegantísima.


ECUADOR

De LE GAULOIS, 30 de junio de 1925

Ayer, a las 4 de la tarde, delante de la casa que lleva el número 26, en la calle Cardinet, una emocionante ceremonia reunió a las altas personalidades más en boga entre los americanos-latinos, y a numerosos franceses, grandes admiradores de Juan Montalvo, el mejor de los escritores hispano-americanos que vivió en Francia y murió en esa casa.

Nacido en Ambato (Ecuador) en 1832, Montalvo vino a París a la edad de 26 años, y llegó a ofrecer a Lamartine el refugio de la cálida hospitalidad sud-americana, lo que contribuyó para que naciera entre ambos una amistad que sólo fue rota por la muerte del poeta.

Por iniciativa de un comité fundado por el Sr. Gonzalo Zaldumbide, Ministro del Ecuador, y del que formaron parte, el Marqués de Peralta, Ministro de Costa Rica y decano del Cuerpo Diplomático Sud-americano: de los señores Miguel de Unamuno; Jean Richepin, de la Academia Francesa; Martinenche profesor de la Sorbona; Pierre Dupuy, diputado de París; Mauricio de Waleffe, secretario general de la Prensa Latina y Francis de Miomandre, traductor de las más hermosas páginas de Montalvo. La placa antedicha, fue colocada en las condiciones que acabamos de referir.

El Ministro del Ecuador, Sr. Zaldumbide, después el Sr. Contenot, representante del Concejo Municipal, el profesor Martinenche, el ex-Rector de Salamanca, Sr. de Unamuno y el Sr. de Waleffe hablaron, sucesivamente de la obra del gran escritor, dirigiendo a su memoria un vibrante homenaje.

Pudimos reconocer en esta ceremonia, a las siguientes personas: Sr. de la Barra, ex-Presidente de Méjico, Sr. de Souza Dantas, Embajador del Brasil, Marqués de Peralta, Ministro de Costa-Rica, Sr. Alvarez de Toledo, Ministro de la Argentica; Sr. Dorn y Alsúa, ex-Ministro del Ecuador en Francia; Sr. Ed. Clavery, Ministro de Francia en Quito y con licencia en París; Sr. Cornejo, Ministro del Perú; Sr. Reyes, Ministro de Méjico; Sr. Arciniegas, Ministro de Colombia; Sr. Lardizabal, ex-Encargado de Negocios de Guatemala; Sr. Garzón Sr. Duliguier, Adjunto al Protocolo; el Cónsul General de la Argentina, Oliviero; Dr. Luis Lara Pardo; Sr. Lesca; Sr. Homán Christo; Sr. Juan Otero; Sr. Luis Forest; Sr. Fourcardet; Sr. Max Daireaux, etc.


EN MEMORIA DE JUAN MONTALVO

De “LE FIGARO” – 30 de Junio de 1925.

Para honrar la memoria de Juan Montalvo, escritor ecuatoriano, muerto en el destierro, en París, en 1889, el Sr. Gonzalo Zaldumbide, Ministro del Ecuador, constituyó un Comité, entre cuyos miembros se destacan los señores Dn. Miguel de Unamuno, Jean Richepin, de la Academia Francesa, Martinenche, profesor de la Sorbona, Pierre Dupuy, diputado por París, Maurice de Waleffe, Secretario General de la Prensa Latina, Francis de Miomandre, traductor de las obras del escritor ecuatoriano, y el Marqués de Peralta, %inistro de Costa Rica y Decano del Cuerpo Diplomático suramericano.

Una placa conmemorativa fue inaugurada ayer tarde, a las 4, en la casa No. 26 de la calle Cardinet, en donde murió el desterrado.


De “THE NEW YORK HERALD”

– 30 de Junio de 1925.

Ayer, a las 4, fue inaugurada, en el No. 26 de la calle Cardinet, una placa dedicada a la memoria del gran escritor Juan Montalvo.

Después de la ceremonia, el Sr. Zaldumbide, Ministro del Ecuador, ofreció en su casa un muy brillante té.


LA MEMORIA DE UN GRAN ESCRITOR LATINO CELEBRADA EN PARÍS

De L’OEUVRE, 30 de Junio de 1925.

Ayer por la tarde se inauguró una placa conmemorativa a la memoria del gran escritor ecuatoriano Juan Montalvo, muerto en el destierro, en París (1889) en la calle Cardinet. Esta manifestación es obra de un Comité compuesto por el Sr. Gonzalo Zaldumbide, Ministro del Ecuador, por el Marqués de Peralta, Ministro de Costa-Rica y Decano del Cuerpo Diplomático Sud-americano; por los señores, Miguel de Unamuno, Jean Richepin de la Academia Francesa; Martinenche, profesor de la Sorbona; Pierre Dupuy, Diputado por París; Mauricio de Waleffe, Secretario General de la Prensa Latina y Francis de Miomandre, traductor de las obras del escritor.

EN HONOR DE JUAN MONTALVO, ENSAYISTA Y POLEMISTA ECUATORIANO, QUE MURIO DESTERRADO EN PARIS

De "LE MATIN"-Junio 29 de 1925.

Merced a la iniciativa del Sr. Gonzalo Zaldumbide, Ministro del Ecuador en París, un comité, formado de, entre otras personalidades, por los señores Jean Richepin, de la Academia francesa, Marqués de Peralta, Ministro de costa Rica y Decano del Cuerpo Diplomático Suramericano; Pierre Dupuy, Diputado por París, etc., inaugurará esta tarde, en el N° 26 de la calle Cardinet, una placa colocada en la casa que ocupó durante veinte años, y en donde murió en 1889, el célebre ensayista y polemista ecuatoriano, Juan Montalvo.

Terminada la ceremonia en honor del autor de las "Catilinarias", de los "Siete Tratados" y de los "Capítulos que le olvidaron a Cervantes", que prefirió el destierro a la abdicación de sus ideas liberales, el Ministro del Ecuador ofrecerá una recepción en su casa.


A LA MEMORIA DE UN GRAN ESCRITOR LATINO

De LE PEUPLE, 30 de Junio de 1925

Ayer por la tarde, fue inaugurada una placa conmemorativa a la memoria del gran escritor ecuatoriano Juan Montalvo, muerto en el destierro en París, calle Cardinet. Esta manifestación había sido organizada por un Comité compuesto por los señores Gonzalo Zaldumbide, Ministro del Ecuador; Maqués de Peralta, Ministro de Costa Rica y Decano del Cuerpo Diplomático Sud-americano; Miguel de Unamuno, Jean Richepin, de la Academia Francesa; Martinenche, profesor de la Sorbona; Pierre Dupuy, Diputado de París; Mauricio de Waleffe, secretario General de la Prensa Latina y Francis de Miomandre, traductor de las obras del escritor.

Montalvo, poco conocido del público francés, es uno de los más notables escritores de la América Latina, y unánimemente reconocido como uno de los maestros de la lengua castellana, comparable como polemista a Paul-Louis Courrier.

Nacido en 1832, en Ambato (Ecuador), Montalvo vino a Francia a la edad de 26 añs y estableció lazos de estrecha amistad con Lamartine, como resultado de una carta que le escribiera al poeta anciano, insinuándole que buscara un refugio en las jóvenes Repúblicas Sud-americanas.

Llegado que hubo al Ecuador, se irguió como adversario del tirano García Moreno, que le desterró a Colombia; regresó a su patria a la muerte del Dictador, pero volvió a salir con dirección a Francia, prefiriendo imponerse un destierro voluntario antes que renegar de sus ideas y convicciones.

Montalvo es particularmente conocido por sus Capítulos que se le olvidaron a Cervantes, célebre imitación de Don Quijote, en la cual supo asimilar el alma del inmortal español y el sabor de su lengua, tan bien, que esa obra le valió el sobrenombre de "Cervantes de América Latina"; sus Siete Tratados, son curiosísimos ensayos al modo de Montaigne; en fin, el escritor reunió las más inflamadas de sus admirables polémicas en las Catilinarias, para las que, Miguel de Unamuno, acaba de escribir un prefacio.

Fue don Miguel de Unamuno, el antiguo rector de la Universidad de Salamanca, quien, después de algunas palabras del Sr. Gonzalo Zaldumbide y del representante del Concejo Municipal, encargado de agradecer al Comité en nombre de la ciudad de París, rememoró la obra de Montalvo, y le rindió un homenaje, al cual se asoció el Sr. Martinenche, que es uno de los hispanizantes franceses, para quien no tiene secretos la literatura de la América Latina.

Una recepción en casa del Sr. Zaldumbide, a la cual asistió la élite de las colonias sud-americanas y numerosas personalidades parisienses, dió fin a esta bella fiesta de amistad latina.


A LA MEMORIA DE UN ESCRITOR LATINO

De “LE DEBAT” – 30 de Junio de 1925.

Tal como lo habíamos anunciado inauguróse ayer tarde una placa conmemorativa en memoria de un gran escritor ecuatoriano, Dn. Juan Montalvo, muerto en París en 1889, en la calle Cardinet.

Montalvo, poco conocido del pueblo francés, es uno de los más notables escritores de la América Latina y es reconocido unánimemente como maestro de la lengua castellana. Es comparable, como estilista y polemista, a Paul Louis Courrier. Nacido en 1832 en Ambato (Ecuador), Montalvo vino a Francia de 26 años de edad y contrajo lazos de amistad con Lamartine. En una carta suya proponía al poeta caduco y abandonado que buscase un refugio en las jóvenes Repúblicas Sud-Americanas.

Es particularmente conocido por sus Capítulos que se le olvidaron a Cervantes, célebre parodia de Don Quijote. Sus Siete Tratados son notables ensayos como los de Montaigne. En fin, reunió lo más inflamado de sus admirables polémicas en las Catilinarias que Dn. Miguel de Unamuno acaba de prolongarlas.

Después de algunas palabras pronunciadas por el Excmo. Sr. Gonzalo Zaldumbide, y del representante del Concejo Municipal, el antiguo decano de la Universidad de Salamanca agradeció al Comité a nombre de la Ciudad, hizo alusión a la obra de Montalvo y le tributó un homenaje al que se asoció el Sr. Martinenche, uno de los hispanistas franceses, para quien nada hay oculto en la Literatura de la América Latina.

Terminó esta hermosa fiesta de amistad latina con una recepción en la casa del Excmo. Sr. Gonzalo Zaldumbide, a la que asistió la élite de las Colonias Sud-Americanas y numerosas personalidades parisienses.

EN MEMORIA DE UN GRAN ESCRITOR LATINO

De “LE PETIT PARISIEN” – 30 de Junio de 1925.


Una emocionante ceremonia de amistad latina se llevó a cabo ayer por la tarde, en la calle Cardinet, en la que se colocó, una lápida conmemorativa en la casa que habitara el gran escritor ecuatoriano, Juan Montalvo, y en donde murió en 1889, tras largos años de destierro.

Toca la iniciativa de esta ceremonial al Sr. Dn. Gonzalo Zaldumbide, Ministro del Ecuador en París, quien constituyó un comité en el que se reunieron los nombres del Marqués de Peralta, Ministro de Costa Rica y Decano del Cuerpo Diplomático Suramericano; de Dn. Miguel de Unamuno, de los señores Jean Richepin, Pierre Dupuy, diputados por París, Martinenche, profesor de la Sorbona, etc.

El Sr. Zaldumbide tomó la palabra para agradecer a los miembros del Comité; luego el Sr. Martinenche evocó la obra del admirable polemista, maestro en habla castellana, en su lucha contra el Dictador García Moreno. El antiguo Rector de la Universidad de Salamanca, Sr. Unamuno, venido, él también, a París, en busca del refugio del pensamiento libre, se asoció, con palabras vibrantes, a este homenaje.


UNA CEREMONIA FRANCO-LATINA

De “JOURNAL”, 1º de Julio de 1925.

La brillante Colonia Sud-Americana se reunió ayer para colocar una placa conmemorativa en la casa No. 26 de la calle Cardinet, donde murió en enero de 1889 uno de los maestros de la literatura española del último siglo, al que justamente se le puede llamar el continuador de Don Quijote, Juan Montalvo.

Montalvo, nacido en la lejana y pequeña república del Ecuador, diplomado, desde que desterrado por el terrible dictador católico, García Moreno, inauguró estas peregrinaciones que vienen de todos los puntos del globo hacia París, como hacia la Meca los espíritus libres y los grandes corazones, adelantándose a su tiempo. Amigo de Lamartine, había ofrecido, en su juventud, al poeta viejo y decadente un refugio en América. Lo que fue para él, que, herido finalmente por la suerte vino a pedir a Francia una tumba. Su gloria, desde su muerte, no ha cesado de crecer en las letras españolas.

El Ministro del Ecuador en París, Excmo. Sr. Gonzalo Zaldumbide, también él, escritor ilustre, tomó la palabra para ofrecer esta placa a la ciudad de París. El Sr. Contenot, Secretario del Concejo Municipal la agradeció. En nombre de las letras españolas los profesores Martinenche y Unamuno y en nombre de la Prensa Latina, Dn. Mauricio de Waleffe, dijeron en francés y español el raro mérito de Montalvo. Y todos los Ministros y Jefes de Misión Sud-Americanos, a cuya cabeza estaba el Excmo. Sr. ministro de la Argentina y el Embajador del Brasil, asistieron a esta brillante ceremonia franco-americana.


DON JUAN MONTALVO

AU JOUR LA JOUR

El día lunes 29 de Junio, una parte numerosa de la colonia hispano-americana se reunió para colocar una placa conmemorativa en la casa námero 26 de la calle Cardinet, en la cual murió, en enero de 1889, don Juan Montalvo, uno de los más grandes escritores de la América dek sur, acerca del cual publicó un juicio definitivo, otro gran pensador y escritor, José Enrique Rodó.

Esta placa fue ofrecida a la ciudad de París, por nuestro eminente colaborador y amigo, el Sr. Gonzalo Zaldumbide, Ministro del Ecuador en Francia y crítico al mismo tiempo de su ilustre compatriota.

Tomaron también la palabra el Sr. Martinenche, profesor de la Sorbona y el periodista francés Mauricio de Waleffe.

Una vez terminada la ceremonia, el Sr. Zaldumbide ofreció a los invitados un brillantísimo té.


EN HONOR DE LA MEMORIA DE JUAN MONTALVO

De “THE CHICAGO TRIBUNE” – 30 de Junio de 1925.

Ayer en la casa No. 26 de la Rue Cardinet, se inauguró una placa conmemorativa, en honor del célebre escritor ecuatoriano, Juan Montalvo, que murió, desterrado en París, en 1899.

Estuvieron presentes al acto varias personalidades prominentes de la Colonia Sud-Americana. Entre los oradores, citaremos al Sr. Gonzalo Zaldumbide, Ministro del Ecuador y al Sr. Miguel de Unamuno.

El Sr. Zaldumbide habló el primero, para agradecer a los miembros del Comité por su ayuda. Enseguida el Sr. Martinenche, Profesor de la Sorbona, relató la obra del escritor, en la que Francia, “patria de Lamartine” a quien adoraba y de Víctor Hugo, a quien veneraba” tuvo tanta influencia.

Después de la ceremonia se celebró, en casa del Sr. Zaldumbide, una recepción, en la que estuvieron presentes brillantes personalidades de las sociedades parisiense y Sud-Americana.


SOCIEDAD DE AMIGOS DE MONTALVO

Alemán Hugo Fierro Humberto Alvarez

Alvarez Francisco Francisco Hubner Bezanilla

Alvarez Ricardo Martínez Alfredo

Araúz Julio Montalvo Antonio

Arias Augusto Moncayo Hugo

Bustamante Guillermo Muñoz Juan Pablo

Carrera Andrade César Pallares Zaldumbide Hernán

Carrera Andrade Jorge Pozo Olmedo del

Endara Julio Reyes Jorge

Escudero Gonzalo Zambrano Miguel Ángel


EL CONCEJO MUNICIPAL DE AMBATO

Considerando:
Que los honores tributados en París a la memoria del ilustre ecuatoriano don Juan Montalvo constituyen un timbre de gloria para la Patria del eximio escritor e integérrimo repúblico, cuya obra inmortal, rica de las mejores excelencias del ingenio humano está magnificada por una vida sin mácula, de perfecta armonía entre el pensamiento y la acción, y consagrada siempre, con férrea voluntad, a los más puros y altos ideales;

Que es noble estímulo para vivificar el anhelo espiritual de las generaciones el homenaje de los pueblos cultos a los varones esclarecidos que, con singulares dones de inteligencia y carácter, llenaron de luz los limitados horizontes de la justicia y la libertad, y abrieron, con sus enseñanzas y su ejemplo, amplios derroteros para las conquistas de la civilización;

Que a la Municipalidad de la Ciudad en que nació Montalvo le liga más imperiosamente el deber honrosísimo de conservar frescos los laureles dedicados en la gran metrópoli latina, por encumbrados exponentes intelectuales de la raza, al ilustre hijo del Ecuador y de la América Hispana.

ACUERDA:

1º Publicar un libro que contenga cuanto se relaciones con el homenaje tributado en París a la memoria del Cosmopolita.

2º Encomendar la edición de ese libro a la acertada dirección de la “Sociedad Amigos Montalvo”, establecida en la Capital de la República.

Dado en el Salón de Sesiones del I. Concejo Cantonal, en Ambato, a 8 de marzo de 1926.

El Presidente: A. Enrique Sánchez El Vicepresidente: Alfredo Coloma

Los Concejales: M.A. Chiriboga, Alfonso R. Troya, Rafael M. Darquea, Ángel S. Albán, Fausto Bucheli N., Florencio Tinajero, P. Sevilla.

El Secretario: J.A. Andrade

* Gonzalo Zaldumbide: Ministro Plenipotenciario del Ecuador en París (1923-1929), A. Darío Lara

**Reseña histórica del Square de América Latina en Francia, A. Darío Lara

*** A propósito de un busto y de un parentesco, A. Darío Lara


**** Este otro Montalvo, Claude Lara

*****Acerca del Académico Jean Richepin (1849-1926)


****** Un hijo de Juan Montalvo vive actualmente en Francia, A. Darío Lara

-Augustine Catherine Contoux, compañera de Montalvo en París, nombre para las letras ecuatorianas, A. Darío Lara
-Mi primera conversación con el hijo de Juan Montalvo en París, A. Darío Lara
Revisando los archivos de Juan Montalvo, A. Darío Lara
Revelaciones en el archivo del hijo de Juan Montalvo, A. Darío Lara


******* Medardo Angel Silva, poesías escogidas, selección y prólogo de Gonzalo Zaldumbide

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