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sábado, 12 de febrero de 2011

Comercio vs. Agricultura: dos propuestas a la complejización social de la Costa ecuatoriana en el período prehispánico


Por Catherine Lara (2007)


INTRODUCCION

El entendimiento de las dinámicas políticas de sociedades pasadas o presentes, ha desembocado en un reconocimiento tácito de cuatro tipos de sociedades generalmente aceptados en antropología: el de cazador-recolector, tribu, señorío y estado (Rivière, 2002). A nivel de la arqueología moderna, la corriente procesual ha buscado precisamente establecer cuáles son las variables que determinan los cambios políticos en una escala evolutiva, y de qué manera lo hacían (Renfrew, 1996). Este proceso de cambio se conoce bajo el término de “complejización”. En el caso del Ecuador, la investigación arqueológica más reciente ha empezado a su vez a interesarse por los procesos de transición de una etapa a otra de la escala cronológica precolombina.

La evidencia más accesible en ese sentido se concentra principalmente en la costa ecuatoriana, especialmente en las actuales provincias de Manabí, Guayas y Los Ríos, que más huellas arqueológicas han dejado. En este sentido, diversas teorías –más o menos sustentadas-, han sido propuestas en explicación a la complejización de las sociedades prehispánicas del litoral.

El siguiente ensayo se enfocará más particularmente en dos modelos: el de Jorge Marcos, centrado en la región Manteña-Huancavilca, y el de David M. Stemper, desarrollado en el marco de su tesis de doctorado consagrada a los cacicazgos del río Daule. A través de un acercamiento crítico, se expondrá las propuestas de estos autores acerca de los motivos que según ellos explican el proceso de complejización social en sus áreas de estudio, antes de establecer un análisis comparativo entre ambos modelos, y reflexionar sobre su validez frente al registro arqueológico.


LA COMPLEJIZACIÓN SOCIAL EN LA COSTA CENTRO DEL ECUADOR SEGÚN J. MARCOS Y D.M. STEMPER

El modelo de J.Marcos o el comercio como motor de la complejización social

Según el investigador Jorge Marcos, para le época de la llegada de los conquistadores españoles, el grupo mantreño-huancavilca había logrado ya configurar un estado. En base a una propuesta inspirada por las teorías marxista y sustantivista, se plantea así que en base al desarrollo de un culto a la concha Spondylus (Spondylus princeps) en relación a la práctica agrícola, las culturas formativas del litoral dieron paso a la consolidación posterior de redes comerciales, las mismas que aseguraron luego los fundamentos de un verdadero “estado capitalista” (con todas las reservas que implica el uso de este término, tal como su autor lo señala).

El inicio del proceso: entre agricultura y ritualidad

De acuerdo con Marcos, durante el período formativo, la costa ecuatoriana, al igual que el Oriente Medio, conoció un auténtico proceso de “neolitización”, tal como lo propuso Childe (Marcos, 1996), proceso caracterizado por un cambio en la actitud del hombre hacia la naturaleza luego de la última glaciación, a raíz de la cual el ser humano habría pasado a controlar sus propias fuentes de abastecimiento. La agricultura habría surgido en respuesta a esta transformación. En base a esta propuesta, Marcos se dedicó a estudiar el desarrollo de la agricultura en el litoral ecuatoriano. Sus investigaciones le llevaron a la conclusión de que Valdivia ya tenía 5 000 años de experiencia agrícola, y que en sus últimas fases, constaba ya de infraestructuras agrícolas complejas (idem).

En este sentido, Marcos relaciona el desarrollo agrícola con la aparición entre las culturas agrícolas formativas de un culto a la concha Spondylus (Spondylus princeps), asociado a la llegada de la lluvia, cuyos ciclos irregulares afectan directamente la estabilidad de los cultivos tanto en Guayas como en Manabí.

Es probable que, la observación del aumento de Spondylus princeps en aguas de la Bahía de Santa Elena cuando se calentaban las aguas del mar y venían las lluvias, lo que llevó a los Valdivia y sus descendientes a convertir a este bivalvo en un símbolo ritual de la lluvia. Es también probable que, al producirse eventos de El Niño, el incremento fuese mayor y es esta segunda asociación lo que probablemente hizo del Spondylus princeps un bien ritual de importancia hasta en tierras donde nunca llueve (Marcos, 2005: 142).

La configuración de un patrón de redes comerciales

Childe (1954) subraya el papel preponderante jugado por la tecnología en el desarrollo del mundo neolítico. Marcos acota que, en términos generales, las materias primas necesarias al desarrollo de estas tecnologías no se hallan en los valles fértiles (es decir, en el medio ocupado por las culturas formativas ecuatorianas), sino más bien en ecosistemas accidentados. Éstos habrían comenzado a ser explotados por las culturas formativas del litoral ya sea en forma directa, o a través de intercambios con las poblaciones de esos medios accidentados que no habían alcanzado a ocupar los valles fértiles, y optaron consiguientemente por producir herramientas que intercambiaban por bienes de subsistencia provenientes de las tierras bajas. Es así como, a través del acceso a estos materiales, se habría desarrollado la agricultura en el litoral ecuatoriano (Marcos, 2005).

Sin embargo, Marcos plantea que la escasez de algún producto agrícola habría podido estancar estas incipientes redes comerciales, lo cual marcó la aparición de los bienes exóticos entre los productos intercambiados:

Es necesario evitar que la explotación y distribución de uno o más artículos de consumo, ampliamente requeridos, se reduzca al escasear los productos por los que son cambiados. La circulación de bienes de prestigio (no utilitarios) juega un papel importante en vencer esta dificultad, cumple un rol vital en la movilización de la demanda (Marcos, 2005: 147).

Posteriormente, Marcos puntualiza la importancia del culto a la naturaleza entre los cazadores-recolectores, lo cual explica que la veneración a la concha Spondylus (Spondylus princeps) –vinculada, como se vio, a los ciclos agrícolas por su asociación a la llegada de la lluvia-, se haya extendido al área andina y Mesoamérica, desde el 2 000 a.C. (Marcos, 2005). Por esta razón, las sociedades costaneras habrían necesitado incrementar el abastecimiento en Spondylus, tanto para su uso ritual propio, como para responder a la demanda de sus contrapartes comerciales andinas. No obstante, Marcos observa que la concha llegó a escasear: como resultado, se presentó la necesidad de conseguirla en otras zonas del continente, lo cual creó nuevas redes de intercambio. Luego, a más de sugerir la existencia de un contacto comercial entre Ecuador y Mesoamérica (Marcos, 2005), Marcos identifica cinco grandes redes comerciales integradas a la economía costera a partir del Formativo, desde Esmeraldas hasta Perú (Marcos, 2005).

Consiguientemente, frente a esta necesidad de incrementar el abastecimiento en concha Spondylus, -elemento estrechamente relacionado al culto a la fertilidad-, los centros ceremoniales consagrados a su culto habrían adquirido un papel preponderante. "Este sistema económico que hizo del dios un gran capitalista y terrateniente, convirtiéndose su templo en un banco urbano, se originó, evidentemente, en una remota época prehistórica" (Childe, 1954: 189).

Marcos subraya asimismo la asociación entre estructuras agrícolas y centros político-ceremoniales (Marcos, 1996). A raíz del proceso de intercambio organizado desde la esfera religiosa en vistas a asegurar el abastecimiento en concha Spondylus, una gran variedad de productos exóticos habría llegado a los centros ceremoniales del litoral (Marcos, 2005), fortaleciendo así el papel de productores y comerciantes de los centros religiosos.

La aparición del estado

A continuación, Marcos aplica un modelo marxista al desarrollo de la sociedad Manteña-Huancavilca, distinguiendo tres etapas marcadas en su evolución hacia su condición de estado. En primer lugar, Marcos especifica que en esta sociedad, el modo de producción se caracteriza por destinar las mercancías al comercio. Desde este punto de vista, en una primera etapa, las elites mercantiles convierten a su capital económico en capital productivo (es decir, en fuerza de trabajo y medios de producción) (Marcos, 2005). En una segunda etapa, se observa que esta inversión permite ya producir mercancías para el consumo o la comercialización. Por último, la circulación de estas mercancías abre paso al implemento de un sistema monetario, el cual asegurará a su vez una acumulación de “capital mercantil”. En base a este esquema, se requiere luego la existencia de una acumulación primitiva y de un control de la producción (Marcos, 2005).

Luego de milenios de experiencia, el grado de sofisticación alcanzado por los Manteño-Huancavilcas en lo referente a tecnologías agrícolas (Marcos, 2005), habría sustentado su base mercantil, a través de la producción de excedentes (Marcos, 1995). En cuanto a la aparición del sistema monetario, se habría realizado luego del contacto de los Manteño-Huancavilcas con Mesoamérica. Esta moneda habría luego adquirido un carácter “fetichista”, en términos marxistas (Marcos, 2005).

En suma, esta red de intercambios regulada por un tipo de moneda generó una “economía de mercado” en el área septentrional andina (idem). Esta economía no fue posible sin una centralización de señoríos que controlaban las redes de intercambio y la producción agrícola excedentaria (Marcos, 1995). "El comercio administrado presupone organizaciones comerciales relativamente permanentes como los estados, o por lo menos, compañías establecidas por ellos" (Polanyi, 1976: 172).

Como vemos, se haya también implícito aquí el concepto de división del trabajo, y Marcos sostiene que éste se incrementa con el desarrollo del comercio, ya que el intercambio crea categorías de especialistas dedicados exclusivamente a la producción de bienes destinados al comercio (Marcos, 1996). Estos grupos de artesanos comerciantes habrían asimismo alcanzado un grado de reconocimiento social, tal como los hicieran las elites guerreras del Desarrollo Regional (Marcos, 2005).

En esta medida, el intercambio habría asegurado la base de un largo proceso que integró poco a poco diversos elementos, llegando así a constituir el fundamento de un estado primitivo. Desde luego, el mismo Jorge Marcos reconoce que la terminología del mercantilismo capitalista responde de manera aproximativa a su modelo (Marcos, 2005).

En síntesis, se recalcará que el modelo de Marcos propone que el desarrollo de una sociedad de comerciantes a raíz del culto a la Spondylus propulsó la agricultura entre las sociedades del litoral, agricultura cuyos excedentes y su manejo condujeron en último término a la formación de un estado.

El modelo de D. M. Stemper o la agricultura como origen de la complejización social

La propuesta que se describirá a continuación cobra toda su originalidad al basarse en tres elementos claves del registro arqueológico: campos elevados, hachas monedas y montículos de entierro. Efectivamente, según Stemper (1993), éstos dan cuenta del proceso de complejización experimentado en el litoral ecuatoriano, más específicamente en la zona de la cuenca del río Daule. En base a ellos, y como se verá más detalladamente, el autor insiste en la estrecha relación existente entre el desarrollo de la agricultura, el culto religioso y la formación de redes de intercambio durante el inicio del proceso de complejización social. En una segunda etapa, el intercambio habría jugado un papel decisivo en la configuración de estructuras de poder ligadas al control de la tierra. Por último, estas elites habrían buscado un fortalecimiento de poder mediante estrategias tales como la acumulación de bienes de prestigio o el desarrollo de rituales funerarios.

Origen de la infraestructura agrícola (campos elevados)

En base a sus investigaciones, Stemper establece que la infraestructura agrícola prehispánica del río Daule fue paulatinamente construida desde el tercer milenio a.C, alcanzando su máxima expresión hacia el 400 a. C. (Stemper, 1993). A manera de hipótesis, el investigador añade que el fuerte impacto del fenómeno de El Niño sobre los cultivos, especialmente a nivel del manejo del agua, explicaría el implemento de canales de drenaje en la zona (idem).

De acuerdo con Stemper, las actividades religiosas habrían podido ser un incentivo para que los habitantes del Daule se movilizaran en la construcción de estructuras de tipo agrícola (idem). Desde este punto de vista, el autor resalta el papel decisivo del factor “incertidumbre climática”, el cual habría definido una compleja cosmovisión relacionada con rituales de fertilidad, así como con manifestaciones de apego a la tierra, y simbolizada por un culto a los antepasados que habían retornado a ella (Stemper, 1993).

En consecuencia, los grupos de parentesco pudieran haberse constituido en unidades propietarias de tierras que necesitaban líneas de descendencia multigeneracionales a través de las cuales propiedades pudieran ser heredadas. Los montículos funerarios ribereños podrían haber simbolizado la continuidad en la propiedad de un grupo de parentesco del Daule (Stemper, 1993: 171).

Siguiendo el razonamiento de Stemper (idem), entre estos grupos dominantes, los especialistas religiosos habrían adquirido una clase de supremacía: al ser los encargados de asegurar una relación con la tierra, habría sido muy probable que adquirieran derechos políticos y económicos sobre las mismas. Como resultado, estas elites religiosas incipientes se habrían apoderado de las mejores tierras cercanas al río (idem).

Por otra parte, más allá de un control político sobre las tierras, los estratos religiosos habrían adquirido por la misma una supervisión de las relaciones de intercambio de las unidades sociales a las que pertenecían, mediante los canales agrícolas: efectivamente, éstos no habrían servido exclusivamente a la irrigación o drenaje del agua, sino también a la circulación de balsas provenientes de distintas localidades (idem). Así, a partir de ese momento, se introduce el intercambio como nueva variable en el proceso de complejización social en la cuenca del Daule.

El intercambio como creador de nuevas dinámicas económicas y políticas

En una etapa posterior, se plantea que las elites que controlaban las tierras se vieron en la necesidad de legitimar su estatus, lo cual consiguieron gracias al intercambio.

Stemper argumenta precisamente que en una primera instancia, los señores habrían buscado formas de producir excedentes, en vistas a repartirlos entre partidarios potenciales, a manera de legitimización de su autoridad. Dentro de este misma intención, estas elites habrían llegado a tener acceso a recursos exóticos, como camélidos (desde Perú), Spondylus (costa), y obsidiana (Sierra) (idem). Éstos se habrían poco a poco conformado en nuevos indicadores de poder, por lo cual los estratos más altos habrían buscado incrementar la producción de excedentes, para poder adquirir estos bienes en mayor cantidad. De esta manera, se habría inducido una estimulación de la tecnología agrícola (idem).

(…) se sostiene que la civilización era una solución organizacional a problemas sociales y ecológicos específicos. Aún cuando la tecnología haya estimulado el surgimiento de la civilización, se puede demostrar que las herramientas o instrumentos implicados fueron ellos mismos desarrollados en respuesta a demandas sociales (Carneiro, 1971: 179, mi traducción).

Varios teóricos concuerdan con la existencia de una relación entre estatus y adquisición de bienes exóticos (Earle, 1989; Hirth, 1978). Hosler y Stothert por ejemplo sugieren que las hachas monedas estarían relacionadas a lógicas tributarias y de enriquecimiento (Hosler, 1990), aunque autores como Salomon (1980) tampoco descartan su carga simbólica.

La conformación de cacicazgos como estructuras políticas

En último término, Stemper establece que los cacicazgos consolidaron su autoridad a través de la acumulación y el control sobre la especialización.

Los ajuares encontrados durante las excavaciones llevadas a cabo en su área de estudio evidenciaron efectivamente la correlación entre acumulación de hachas-monedas y ajuares de individuos asociados a altos niveles de estatus (Stemper, 1993). Luego, para Stemper, el control de las hachas-monedas habría sido esencial en el mantenimiento de este estatus:

Los estratos cacicales pueden haber restringido el movimiento de las hachas-monedas y tal vez también de cuentas de concha para limitar los contactos extra-regionales –la permeabilidad de fronteras- y así impedir a los estratos no cacicales la acumulación de los medios para desafiar el dominio cacical (Stemper, 1993: 50).

La acumulación de hachas-monedas en ajuares habría permitido prolongar esta capacidad de control sobre éstas, al “invisibilizarlas” de la circulación (idem), y al acentuar el grado de dependencia de los “sujetos” hacia el cacique dentro del abanico de actividades sociales del grupo, y comerciales en especial (Stemper, 1993).

Este uso exclusivo reservado al manejo de los metales a través de las hachas-monedas, se habría extendido a los metales preciosos, tales como la plata, así como a la cerámica, por lo cual se sugiere que los caciques tuvieron que ejercer un control sobre el naciente gremio especializado en orfebrería y alfarería, justificándose así la estandarización de las piezas producidas (idem). En efecto, en esta etapa de su evolución, el cacicazgo se encuentra en una fase de intensificación del intercambio, que habría favorecido una diversificación del trabajo, mediante especialización del mismo (ver Sahlins, 1972). En este sentido, comercio y agricultura se vinculan una vez más, ya que el cacique necesita una mayor cantidad de excedentes para mantener a sus gremios artesanales (Renfrew y Bahn, 1996).

Por otro lado, tampoco se pierde de vista que el cacique refuerza su papel de jefe religioso, al implementar un culto a su persona que legitima a la vez su poder (ver Sahlins, 1972). Esta legitimación estribaría en la percepción del señor como garante del “orden natural del mundo” (Earle, 1989: 85), en relación con el culto a la fertilidad y a los antepasados, asociado a la tierra. Los cacicazgos habrían luego consolidado su poder a través de la construcción de estructuras monumentales (aquí, montículos funerarios), lo cual correspondería a uno de los rasgos típicos del cacicazgo (Renfrew y Bahn, 1996), o como lo establece Earle, a –al menos- dos de sus tres expresiones ideológicas, esto es, construcciones monumentales, símbolos de estatus y de expresión bélica (Earle, 1977).

De hecho, Stemper postula que

La mejor tierra para agricultura pareciera ser el primer recurso que debían controlar los jefes Daules para que los diferentes miembros de la unidad política quedaran privados de una base económica independiente desde donde oponerse al poder cacical (Stemper, 1993: 10).

En suma, Stemper sintetiza su teoría bajo estos términos:

Nuestro análisis de la reciente evidencia costera y de la cuenca del Guayas sugiere que la relativa importancia de las diversas fuentes de poder del cacique merece ser revisada. Las actividades podrían ordenarse en el siguiente orden descendiente en importancia: religioso, económico y militar. La religión se ha planteado como fuente de poder con los cuales un cacique Daule podía integrar una unidad política (Stemper, 1993: 170).


LOS MODELOS DE MARCOS Y STEMPER: ENCUENTROS Y DESENCUENTROS

Un análisis comparativo de los modelos de complejización presentados por Marcos y Stemper revela que ambos investigadores basan sus hipótesis en elementos comunes, esto es, los factores religioso, agrícola, comercial, económico y político. Sin embargo, a pesar de ciertas recurrencias, estas variables desempeñan papeles distintos y se combinan de diversas maneras en cada teoría, como se verá a continuación.

El factor religioso se encuentra estrechamente ligado al desarrollo de estructuras cacicales tanto en el modelo de Marcos como en el de Stemper, en vinculación al estímulo de la tecnología agrícola (Marcos, 2005; Stemper, 1993). Sin embargo, es el único punto compartido por ambas teorías en este campo, ya que, cuando Marcos propone la aparición de un culto a la concha Spondylus ligado a la fertilidad y al fenómeno climático de El Niño (Marcos, 2005), Stemper se enfoca más bien en rituales de fertilidad basados en un culto a los antepasados, en donde ciertamente la concha Spondylus aparece también (Stemper, 1993), aunque en un nivel protagónico mucho menor al que plantea Marcos.

Así, Marcos sugiere que el culto a la Spondylus habría sido “exportado” fuera de la península de Santa Elena, a través del comercio (Marcos, 2005). Lo cierto es que se entiende difícilmente como un factor ideológico habría podido inmiscuirse en culturas diferentes. Quizá este fenómeno pueda ser vinculado a la teoría de Earle acerca del “peligro” de la integración de elementos culturales foráneos a una cultura mediante el intercambio, sin la mediación de una estructura de poder encargada de asimilarlos (Earle, 1989). En este sentido, la hipótesis de Shimada sobre una visón panandina del océano Pacífico como fuente de toda agua cobraría todo su sentido (Shimada, 1994). Desde luego, se trata de un tema que amerita mayor investigación. En todo caso, queda claro que los elementos simbólicos “detonantes” de la complejización escogidos por Marcos y Stemper difieren: concha Spondylus en el primer caso, tierra y hachas-monedas en el segundo.

Por otra parte, cada uno de los dos autores sitúa en planos distintos el papel otorgado a la religiosidad en el desarrollo de la estructura cacical. Fiel a la tendencia marxista, Marcos subraya asimismo que la concha Spondylus llega a cobrar un valor monetario y fetichista dentro de la cultura manteño-huancavilca (Marcos, 2005), mientras que Stemper insiste en el papel decisivo que sigue jugando la institucionalidad religiosa como tal de cara a la legitimación del poder cacical, a lo largo de todo su proceso (Stemper, 1993).

El factor agrícola representa el principal punto de discrepancia entre los planteamientos de Marcos y Stemper. En primer lugar, porque Marcos otorga a Valdivia una parafernalia considerablemente desarrollada de técnicas agrícolas (Marcos, 2006), cuando Stemper propone más bien que éstas llegaron a ser dominadas luego de un proceso paulatino (Stemper, 1993). Por otra parte, si bien Marcos y Stemper postulan que la agricultura se desarrolló en respuesta a cosmovisiones de índole religiosa, este fenómeno toma rumbos diferentes desde ambos puntos de vista: mientras que Marcos establece que la agricultura se desarrolló como respuesta a una necesidad de adquirir una mayor cantidad de concha Spondylus gracias al intercambio (Marcos, 2005), Stemper, en cambio, atribuye este desarrollo a una voluntad esencialmente política de los caciques en adquirir bienes exóticos para legitimar su autoridad religiosa, también mediante intercambio (Stemper, 1993).

Stemper otorga asimismo una importancia de primera plana a la agricultura dentro del proceso de complejización cacical, siendo los montículos agrícolas uno de los elementos básicos de su análisis (Stemper, 1993). En este sentido, Marcos plantea más bien que no existe necesariamente una correlación directa entre el desarrollo de la agricultura y la complejización (Marcos, 2005), dando así una mayor importancia al intercambio.

En relación con el punto anterior, se observa aquí que, así como Marcos minimiza el papel de la agricultura frente al intercambio, este posicionamiento se invierte en el caso de Stemper: desde luego, este último enfatiza el rol del intercambio, señalando su vinculación con los canales agrícolas, su relación con la adquisición de bienes de prestigio como legitimación del poder cacical y por último, su papel en la consolidación del poder de la elite a través de la creación de especializaciones (Stemper, 1993). Sin embargo, Jorge Marcos va más allá: desde un principio, el intercambio figura como adquisición de bienes de prestigio, llegando a formar elites de comerciantes que estarán en medida de desarrollar un mercado y de desplegar estrategias de acumulación que les permitirán alcanzar el poder y establecer un estado capitalista. En pocas palabras, son los mercaderes -e inclusive los artesanos- quienes se toman el poder. Desde esta perspectiva, Stemper no menciona a los mercaderes, y percibe más bien a los artesanos como un grupo reducido de especialistas controlados por elites ligadas a los ámbitos religioso y político.

Como es de esperarse, las diferencias anteriormente mencionadas entre las teorías de Marcos y Stemper explican que la culminación del proceso de complejización a través de factores tales como la acumulación y la belicosidad, se de en contextos diferentes. Es así como Marcos propone que la acumulación se produce en las elites mercantiles, como resultado de un mercado establecido. Es esta misma acumulación la que permitió luego a estas elites alcanzar el control de una configuración de tipo estatal. Para Stemper, en cambio, el proceso de acumulación va de par con el de complejjzación, ya que, desde un principio, los estratos sociales que controlan la tierra buscan legitimar su poder al desplegar múltiples estrategias de acaparamiento de bienes exóticos (de prestigio).

En síntesis, a pesar de tratar de los mismos conceptos, Marcos y Stemper atribuyen contenidos distintos a los mismos en el desarrollo de sus modelos. Es así como el factor religioso parece ser el único punto de encuentro entre las teorías de Marcos y Stemper, ya que el primero enfatiza seguidamente el papel del intercambio, mientras que el segundo mantiene a la agricultura como telón de fondo de la complejización cacical. Como consecuencia, la guerra y la acumulación cobran modalidades diferentes en el proceso de definición de los señoríos.


LOS MODELOS DE MARCOS Y STEMPER FRENTE AL REGISTRO ARQUEOLÓGICO

Luego de haber expuesto los puntos principales de los modelos de Marcos y Stemper de cara al proceso de complejización prehispánica en la costa ecuatoriana, y de haber establecido una breve comparación entre ambos análisis, cabe interrogarse desde un punto de vista empírico acerca de lo que se esperaría poder encontrar en el registro arqueológico de cara a comprobar o descartar los diversos postulados de cada uno de estos modelos. Con este propósito en mente, se retomarán los puntos enunciados en el apartado anterior, desde la perspectiva de cada una de las teorías en análisis.

Las premisas de orden religioso

La relación entre Spondylus y culto a la fertilidad, clave en la teoría de Jorge Marcos, ha dado lugar a una serie de estudios (Blower, 2001). En el caso específico del modelo de Marcos, se podría buscar una correlación entre la Spondylus y diversos factores, dentro de un contexto formativo principalmente: ¿se encuentra Spondylus en relación a campos de cultivo o huertas? ¿En relación a productos de cosecha? Se podría también indagar acerca del carácter votivo de la concha, en ajuares por ejemplo.

Desde otro punto de vista, habría que investigar acerca de una posible vinculación entre Spondylus y feminidad (por qué no, en asociación a los figurines conocidos como “Venus de Valdivia”). Se podría también buscar la presencia de Spondylus en contextos estrictamente religiosos, tales como santuarios. Por último, ya que la Spondylus se relacionaría con el agua, se debería también poder encontrar en conjunto con elementos acuáticos, representaciones de los mismos, u otros objetos de carácter sagrado.

Estas pautas son asimismo válidas para el modelo de Stemper, pero en este último caso, otras variables entrarían además en juego, especialmente si se tiene en cuenta que Stemper insiste en el papel de un culto a los antepasados. En este sentido, el caso amerita cuestionarse acerca de la existencia de tumbas o de evidencia de rituales funerarios asociados a la tierra y a grupos de parentesco dueños de la misma. A más de esta variable, sería por lo demás necesario definir una correlación entre este culto a los antepasados y algún factor que sugeriría el concepto de fertilidad (concha Spondylus, representación cerámica del agua, etc.).

Por último, ya que tanto Marcos como Stemper hacen referencia a la vinculación entre estructuras religiosas y control de la tierra (aunque en diferentes escalas), sería preciso establecer una relación entre el manejo de la infraestructura agrícola y la institucionalidad religiosa. De pronto existieron santuarios religiosos aledaños a las tierras, en vistas a su mejor control. Si es que sacerdotes se apropiaron estas tierras, podrían haber sido enterrados ahí mismo; en tal caso, se investigaría acerca de algún implemento propio a la práctica sacerdotal que se hallaría posiblemente en tumbas encontradas en la infraestructura agrícola o cerca a ella. En la posibilidad de que exista algún santuario, vendría al caso examinar si éste conserva evidencias de haber sido un centro de control sobre la producción agrícola: presencia de estructuras de almacenaje, de herramientas agrícolas…

Las suposiciones sobre la infraestructura agricultura

Desde esta perspectiva, sería pertinente comprobar las fechas propuestas por Marcos respecto a la aparición de la infraestructura agrícola en la Península de Santa Elena. Por otra parte, ya que el investigador asocia la producción de excedentes agrícolas a la obtención de concha Spondylus mediante intercambio, debería haber una relación de proximidad entre los campos de cultivo y los puertos de intercambio, o algún tipo de facilidad logística que permita el transporte de los productos. Stemper resuelve este problema de antemano, al plantear la doble función de los canales como implementos de irrigación y drenaje, y de circulación de balsas para intercambio. Por otro lado, sería necesario visualizar en el registro la relación entre campos agrícolas y centros de poder, de manera a comprobar la redistribución de excedentes por parte de las elites, mencionada por Marcos.

En el caso de Stemper, sería también pertinente evidenciar la relación entre complejización de la infraestructura agrícola por un lado, y complejización política por el otro, lo cual se podría por ejemplo comprobar comparando las fechas entre estructuras agrícolas mayores y ajuares que den cuenta de una mayor acumulación de hachas-monedas.

Implicaciones materiales del intercambio

Los requisitos para ambos modelos se diferencian considerablemente en este ámbito:

Si se sigue la línea de Stemper, sería fundamental demostrar la relación que él propone entre la necesidad de legitimar el poder, y la búsqueda de desarrollar una infraestructura agrícola que garantice una base excedentaria destinada a la obtención de productos exóticos mediante intercambio. ¿Dentro de qué circunstancias una elite buscaría legitimar su autoridad? En este caso, debería también haber una relación entre la elite y los que cultivan la tierra para ella (una cercanía geográfica, un símbolo de pertenencia), al igual que en el caso de los artesanos controlados por los estratos sociales superiores.

Adicionalmente, cabe resaltar que si bien Marcos enfatiza la importancia de los mercaderes, sorprende que, por lo contrario, Stemper omita mencionarlos. No obstante, su modelo sobrentiende su existencia, por lo que deben haber dejado huellas en el registro arqueológico (deformaciones óseas por las cargas por ejemplo…). Por otra parte, sería necesario poder visualizar en el registro una correlación entre desarrollo de la infraestructura agrícola, e intensificación del intercambio (factor visible en una mayor cantidad de bienes exóticos por ejemplo). Respecto al uso de las hachas monedas tal como lo plantea Stemper, si éste fue realmente “importado” desde el Perú, las dataciones deberían mostrarlo. Además, si el uso de las hachas-monedas se difundió desde Perú, significa también que hubo un contacto con esta zona, por lo cual otros productos deben haber llegado de la misma, y debería poder encontrarse insumos originarios del actual territorio del Ecuador en Perú (¿concha Spondylus por ejemplo). Esta observación vale también para el planteamiento de Jorge Marcos, para el cual se lo debe por otro lado extender a los casos que él propone de comercio con los Andes ecuatoriano y Mesoamérica (ver Anawalt, 1992; las modalidades de este intercambio son aún motivo de discusión).

En referencia a la propuesta de Marcos precisamente, sería además necesario demostrar que la concha Spondylus y las hachas-monedas eran realmente monedas (valga la redundancia). ¿Se puede hablar de una morfología estandarizada, de algún signo distintivo? ¿Se los encuentra en algún contexto mercantil o (mercados)? ¿Existen talleres de fabricación de monedas? ¿Están relacionadas a las elites que las monopolizaban?

Por último, si realmente existió una confederación de mercaderes, debería encontrarse algún signo de pertenencia a la misma en los ajuares de sus miembros, quizá signos de reconocimiento, algún “recordatorio” de su profesión (en la posibilidad de que en esa época se haya acostumbrado enterrar a los individuos junto a elementos que recuerdan lo que fueron durante sus vidas, o que los caracterizó). Si los mercaderes conformaron un gremio, es muy probable que se hayan unido, por lo cual deben haber tenido lugares de encuentro. Se debe también encontrar puertos o lugares de embarque o desembarque de las mercancías, balsas (aunque la madera se conserve poco en ese contexto).

Visualizar la complejización en el registro arqueológico

La complejización tal como la proponen Marcos y Stemper debe poder visualizarse en el registro siguiendo los parámetros principales que éstos proponen: de esta manera, en el caso de Stemper, debería existir una relación entre élite y control de la tierra. Se podría buscar si existe una relación entre los patrones de distribución de las tumbas de la elite con el de la infraestructura agrícola, con la esperanza quizá de poder discernir alguna delimitación existente entre las tierras de los diversos linajes que conformaban las clases sociales más altas. O tal vez exista alguna variación entre dos conjuntos de cultura material hallados en sitios aledaños, pero “sometidos” a dos linajes distintos, los cuales habrían de cierta manera influido en las costumbres del grupo. Esto se podría ver en la cerámica, por ejemplo.

En este sentido, la propuesta de Marcos, requeriría la comprobación de una relación entre mercaderes/artesanos y elite, que según el se confunden. Los ajuares de mercaderes/artesanos deberían luego dar cuenta de que los individuos en cuestión desempeñaban estas funciones (primeramente), y tenían poder a nivel político, pero también religioso (lo cual se puede visualizar en la suntuosidad del material o el simbolismo del mismo). Desde esta perspectiva, debe asimismo existir una correlación a nivel de estructuras monumentales, con santuarios, eventuales puertos de comercio, y centros de control político.
Stemper, por su parte, no habla de los especialistas como líderes, sino más bien como sometidos a éstos. Este planteamiento debería también ser comprobable en el registro. Si los especialistas conformaban realmente un grupo reducido de artesanos sometidos a un cacique, sus ajuares o talleres deben poder contener algún elemento que recuerde este lazo (objetos suntuosos como forma de pago por ejemplo).

Por último, y esta observación se refiere a ambas teorías, si se supone la existencia de algún tipo de elite que detenía un poder político, esta práctica debe haberse formalizado de cierta manera. A nivel del patrón de asentamiento por ejemplo, se debería poder ver algún centro; la vivienda del cacique debe poder destacarse entre las demás, por sus dimensiones, su aislamiento o su centralidad.


CONCLUSIÓN

En su artículo “Prospectando caciques: teorías y métodos actuales para el estudio de las sociedades complejas en el norte de Suramérica”, Navarrete Sánchez (2006) señala pertinentemente que la subjetividad de los marcos epistemológicos con que los investigadores trabajan, sesga en gran medida sus propuestas. De hecho, en arqueología, se trabaja con modelos, y la lógica de los mismos puede a veces significar un desvío en relación con los datos. Es el reproche que Stahl hace al estudio de Stemper (1995), pero pensándolo bien, es válido para los demás investigadores, incluyendo a Marcos. Por esta razón, es necesario volver constantemente al registro arqueológico.

Sin embargo, no por estos motivos se deben despreciar estos aportes, muy al contrario. Así como la subjetividad implica riesgos, permite también una creatividad necesaria a la reconstrucción de modos de vida pasados y distintos a los que prevalecen en la modernidad. Además, la rigidez lógica de un modelo puede ser flexibilizada gracias a su confrontación con otras propuestas (y éstas no faltan), lo cual permite introducir nuevas variables o niveles de análisis que habían pasado desapercibidos hasta ese momento. En este sentido, la colaboración entre arqueólogos y con otras disciplinas es fundamental de cara al progreso de la disciplina. Por tal motivo, confrontaciones como la que se realizó en este trabajo, podrían ser, a escala más profundizada y diversa, un aporte desde este punto de vista.

Más específicamente en referencia al caso aquí estudiado, cabe asimismo resaltar que existe discrepancia entre los investigadores acerca de la combinación de factores implicados en la instauración de cacicazgos. Si bien se reconoce de forma más o menos generalizada que el estudio de los mismos incluye variables religiosas, económicas, políticas o ecológicas, no existe consenso sobre su papel preciso, el cual –por cierto- varía de una región a otra y de una época a otro. La llamada “área intermedia” se caracteriza precisamente por la diversidad sincrónica y diacrónica de las manifestaciones culturales que la conformaron. En ese sentido, la arqueología andina tiene todavía un largo camino que recorrer para definir nuevas herramientas teóricas y metodológicas que permitan abordar el estudio de la complejización social en el área intermedia, tanto desde una perspectiva global como desde el punto de vista de lo local.


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