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domingo, 30 de enero de 2011

Homenaje a Juan Montalvo: histórica actuación diplomática (1)


Por Claude Lara (In Revista AFESE N.31, 1998, pp. 86-100)

“Rue Cardinet: ahí está todavía una casa donde, a su turno, murió Montalvo año y medio después. En la fachada de esta casa, a los 35 años de su muerte, tuve el honor de colocar e inaugurar solemnemente la placa conmemorativa que, a mi ruego, Unamuno consagró”.

Gonzalo Zaldumbide (2)


Gonzalo Zaldumbide inició sus funciones de Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario del Ecuador ante los Gobiernos de Francia y de Gran Bretaña (1923 y 1924) y de Bélgica (1925). Su nombramiento y el reconocimiento de su obra literaria revelan que nuestro compatriota era ya una destacada personalidad en el mundo de la cultura americana y europea. Así lo relata el Primer Secretario de nuestra Legación, señor Luis Antonio Peñaherrera, cuando en nota de 11 de enero de 1924 comunica al señor Don Luis Robalino Dávila, Subsecretario de Relaciones Exteriores:

“En cuanto llegué a París los ecuatorianos en esta capital me informaron respecto de las manifestaciones que ofrecieron al señor Zaldumbide la Colonia ecuatoriana y la ‘Revue de l’Amérique Latine’, con motivo de su nombramiento de Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de la República ante el Gobierno de Francia… La Colonia ecuatoriana quiso hacer ostensible el placer con que recibía la notica del nombramiento del señor Zaldumbide y organizó, en su honor, un banquete en el hotel Ritz. El Señor Cónsul del Ecuador en París, en frases muy apropiadas, ofreció la manifestación a la que contestó el agasajado, con esa galanura de estilo que le es tan peculiar. Pero la manifestación de mayor trascendencia fue la organizada a iniciativa de la ‘Revue de l’Amérique Latine’, ya que ningún otro Ministro había sido festejado con homenaje de tanta significación. Los salones del restaurante Weber resultaron estrechos para contener el crecido número de personas que quisieron asociarse a este banquete y los organizadores se vieron obligados a rechazar más de cincuenta solicitudes… En el número de la ‘Revue de l’Amérique Latine’ y en los recortes de prensa que acompaño, encontrará Usted la relación detallada de cada una de estas fiestas” (3).

De las grandes realizaciones de Gonzalo Zaldumbide como diplomático y hombre de letras fue, sin lugar a duda, la exaltación de Juan Montalvo y la colocación de la única placa existente en París de un compatriota que recuerda:

“La vida tan noble, las obras admirables, la muerte estoica de Montalvo serán siempre y, en todas partes, ejemplo de meditación”.

La obra montalvina de Gonzalo Zaldumbide es ejemplar. No sólo por la difusión del pensamiento y del conocimiento del ilustre ambateño, sino también por la labor realizada por nuestra Legación para colocar la placa conmemorativa que:

“Frente a la benévola y unánime acogida que la sociedad francés y los Diplomáticos extranjeros que han prestado al proyecto de colocar una placa en la casa que murió Montalvo, me creo indispensablemente obligado a corresponder en alguna forma a tan fina atención, para demostrar la gratitud de la Nación Ecuatoriana, pues es gloria de ella y sólo de ella la de Montalvo (4).

Además se preocupó para que el busto de Juan Montalvo, único monumento ecuatoriano en París, junto al de André Bello, Rubén Darío, Benjamín Vicuña Mackenna, José Martí, Ricardo Palma, Enrique Rodó y Justo Sierra, inaugurado por él en 1936, gracias a una suscripción del periódico El Universo, estuviera alrededor de la estatua del Libertador, en la Plaza Champerret, “Square de l’Amérique Latine”, en París (5).

Por el cablegrama N. 83, de 19 de junio de 1925, informa que la placa conmemorativa se inaugurará el 27 de dicho mes:

“PLACA CONMEMORATIVA MONTALVO INAUGURARSE 27. COMITÉ: UNAMUNO, POR ESPAÑA; RICHEPIN, ACADEMIA FRANCESA; MARTINENCHE, SORBONA; DUPUY, DIPUTADO; WALEFFE, PERIODISMO, TRADUCTOR MONTALVO. JUZGO INDISPENSABLE RECEPCIÓN DIPLOMÁTICA SOCIAL ESE DÍA. DÍGNESE AUTORIZARME 120 DÓLARES”.

Vale la pena transcribir en su totalidad la presentación de este acto histórico que Gonzalo Zaldumbide comunicó en su nota N. 196, de 8 de julio de 1925:

“Ratifico mi cablegrama N. 86, que dice así: MEXTERIOR QUITO-VERIFICÓSE INAUGURACIÓN PLACA MONTALVO Y RECEPCIÓN DIPLOMÁTICA SOCIAL MI RESIDENCIA. ACTO INAUGURACIÓN AGRUPÓ SELECTA CONCURRENCIA DIPLOMÁTICOS, INTELECTUALES, PERIODISTAS, PRONUNCIARON BELLÍSIMOS DISCURSOS: MARTINENCHE, PROFESOR SORBONA, UNAMUNO, EXRECTOR UNIVERSIDAD SALAMANCA, CONTENOT, REPRESENTANTE MUNICIPALIDAD, DE WALEFFE, PRESIDENTE PRENSA LATINA, EXALTANDO NOMBRE MONTALVO Y CELEBRANDO ECUADOR, CORRESPONSALES CIEN PERIÓDICOS EXTRANJEROS Y CUATRO AGENCIAS CABLEGRÁFICAS TRANSMITIRÁN COMUNICADO ESPECIAL. RECEPCIÓN POSTERIOR LUCIDA, CUATROCIENTAS PERSONAS. ASISTIERON DIPLOMÁTICOS AMERICANOS, MIEMBROS OTRAS COLONIAS, PERSONALIDADES OFICIALES FRANCIA, ESCRITORES, PERIODISTAS, INTELECTUALES. CONCURRIERON ECUATORIANOS TODOS. RATIFICO CORREO, COMUNICARÉ DETALLES. FELICITO PAÍS ÉXITO ALCANZADO. ZALDUMBIDE.

Voy a ocuparme más extensamente de la ceremonia de colocación de la placa conmemorativa en la casa en que murió Montalvo, porque, al par que entraña un justo homenaje a nuestro gran escritor, tiene significación halagadora para el sentimiento ecuatoriano.

En París es muy difícil llamar la atención de su público, porque, siendo ésta una gran ciudad, sobran motivos de preocupación o entusiasmo en los diferentes grupos sociales. Así, múltiples nombre, homenajes, fiestas y publicaciones han pasado inadvertidos. El pueblo francés tiene tantos hombres y cosas propias en que ocuparse, que su atención es absorbida por las actualidades nacionales o relacionadas con el interés de esta Nación. En especial las circunstancias financieras e internacionales presentes, llenan por completo la atención de la Sociedad y la Prensa francesas.

En tal virtud la propaganda de nuestros países, ajenos a los urgentes imperativos del día, es verdaderamente difícil de realizar con eficacia, por más que clamemos por ella dentro de casa. La mayor parte de los actos sudamericanos, quedan, por ello, sin alcanzar mayores consecuencias de utilidad política o interesan sólo a núcleos sudamericanos, sin obtener mayor difusión periodística.

Por otra parte, la prensa francesa no concede fácilmente la hospitalidad en sus columnas. Publicar un artículo en un periódico no representa la fácil maniobra diariamente realizada entre nosotros. Y la dificultad no existe sólo para extranjeros.

Pero, a pesar de que la ceremonia que nos ocupa no se proponía sino honrar a un gran literato, su realización no revistió únicamente importancia literaria.

Merced al alto puesto conquistado por Montalvo en el mundo de habla hispana y a la admiración que por él, han llegado a sentir algunos hispanizantes franceses; gracias, quizás, también a ciertas relaciones que he adquirido con la prensa, la sociedad y los escritores de esta República, se ha logrado dar al referido homenaje una importancia que, con verdad, puedo decir, que se ha interesado a un inmenso público, no sólo haciendo recordar el nombre de nuestro genial polemista, sino evocando a nuestro País, dotado de sus leyes libérrimas y de fecundas promesas para el mañana.

Leer siquiera el nombre de ‘República del Ecuador’ como país capaz de producir un hombre de la talla de Montalvo, ya es buena propaganda ante los millares de individuos que leerán la inscripción todos los días.

Además, bueno es recordar que Montalvo es el primer sudamericano que recibe aquí esta distinción.

Le envío, adjuntos a esta nota, los recortes de los principales diarios que se publican en París. Además han publicado ecos relativos a la ceremonia, los cien diarios relacionados con la Asociación de la Prensa Latina y todos los periódicos servidos por las cuatro Agencias cablegráficas con sede en París (6).

Contribuyó grandemente a la cumplida realización de mi proyecto, la selecta composición Comité respectivo (7). Sólo la enumeración de sus miembros prueba que se trata de personalidades conocidas en Europa y América.

Así Richepin, es un altísimo exponente, respetado por este pueblo y admirado entre otros; Unamuno, al presente, con mayor gloria que antes, es un símbolo del pensamiento, de la hidalguía y de la firmeza de la raza. Bien quisiera consignar aquí palabras de comentario sobre la emoción que despertó entre los concurrentes a la inauguración de la placa el Maestro de Salamanca (8), al pronunciar su discurso con fervor de convicción, recordando la historia de otro desterrado, como si evocara la suya propia.

Entre los discursos cuya enumeración hago en el cable, hay que dar valor especial al del Secretario de la Municipalidad de París, quien dijo que ésta se sentía orgullosa de dar abrigo en la Capital a la placa que perpetuará la memoria de un notable ecuatoriano que amó a Francia.

A la ceremonia asistió, casi en su totalidad, el Cuerpo Diplomático Americano (9), la colonia ecuatoriana y numerosos miembros de las otras de la América Latina, notables personalidades francesas, entre las que se hallaba el representante del Ministerio de Relaciones Exteriores y muchos escritores y profesores.

La placa de mármol colocada en la casa N. 26 de la Rue Cardinet –hoy más que nunca inolvidable para los ecuatorianos- lleva la siguiente inscripción:

JUAN MONTALVO NÉ À AMBATO (ÉQUATEUR) LE 13 AVRIL 1832, MORT À PARIS LE 17 JANIVER 1889. POLÉMISTE, ESSAYISTE, PENSEUR, MAÎTRE INSIGNE DE LA PROSE ESPAGNOLE, CHOISIT LA FRANCE, SON PAYS D’ÉLECTION, POUR Y FINIR SES JOURS, ET MOURUT DANS CETTE MAISON (10).

Enseguida de la ceremonia se verificó la recepción en mi residencia. Invité a más de quinientas personas entre ellas a todas las personalidades oficiales y diplomáticas a quienes era preciso hacer esa atención. Me vi largamente recompensado con la presencia de más de cuatrocientos concurrentes. La recepción social, en la que reinó suma cordialidad, resultó, pues, sumamente satisfactoria y debo recordar aquí que ann en las fiestas de Embajadas y Legaciones de países más grandes, es difícil hallar concurrencia más numerosa y selecta.

Con justa razón, pues, uno de los diarios de París llama a la Delegación del Ecuador ‘una bella fiesta de amistad latina’.

La Colonia ecuatoriana, íntegramente invitada, me favoreció concurriendo casi en su totalidad.

Respecto a la subvención de ciento veinte dólares, creo de mi deber exponerle que la invertí únicamente en una parte del buffet. Por mi parte tuve el gusto de pagar, de mi peculio personal, la placa, servicio de invitaciones, y los gastos especiales que exige la conexión de los servicios de prensa, y el champaña.

Tengo también el agrado de enviarle algunas de las vistas tomadas durante la ceremonia.

Reciba, Señor Ministro, el testimonio de mi consideración y la reiterada enhorabuena que formulo ante el Gobierno y el País.

(f) Gonzalo Zaldumbide” (11)

Si poco se conocen los discursos de Gonzalo Zaldumbide y de Miguel de Unamuno, creo no se han publicado en su integralidad los homenajes editados en francés en la “Revue de l’Amérique Latine” (12). He allí cómo Gonzalo Zaldumbide materializó su admiración al Cosmopolita, colocando una placa que, por una feliz coincidencia, está cerca de la Embajada actual en la casa del número 26 de la calle Cardinet, en donde murió el 17 de enero de 1889.

HOMENAJE A MONTALVO (13)

Gracias al entusiasmo de nuestro eminente amigo Gonzalo Zaldumbide, Ministro del Ecuador, el 29 de junio pasado se inauguró la placa en la casa donde falleció el gran escritor ecuatoriano Juan Montalvo y que está ubicada en el N. 26 de la calle Cardinet, en París.

Discurso de S.E. Sr. Gonzalo Zaldumbide

Señores:

La vida tan noble, las obras admirables, la muerte estoica de Montalvo serán siempre y, en todas partes, ejemplo de meditación. La placa que acabamos de inaugurar no tiene otra finalidad sino la de recordar a los Hispanoamericanos de paso por Francia, el glorioso destino de un genio cuya fuerza igualó al infortunio.

Pero, en esta pequeña ceremonia de inauguración que debe ser forzosamente de las más breves, exclusivamente debo limitarme a agradecer los preciosos concursos que han apoyado nuestra modesta iniciativa. Por lo tanto, debo agradecer primeramente a la Ciudad de París, aquí representada, que ha querido aceptar y autorizar el homenaje de este recuerdo.

La ausencia del Sr. Jean Richepin nos priva de su palabra ferviente y generosa. Pero, vamos a tener el placer de escuchar al Sr. Martinenche, cuya inteligente y fina elocuencia sirve tan bien su ciencia.

Este brillante profesor de lengua y literatura españolas de la Sorbona podría confirmar cuan justa es la frase que, en esta placa conmemorativa, califica a Montalvo de maestro insigne de la prosa castellana.

Luego, Don Miguel de Unamuno se servirá honrar así la memoria de uno de sus pares en el culto de la lengua. El autor de esta famosa vida de Don Quijote y Sancho, entendió mejor que cualquier otro el idealismo impenitente de Montalvo, quien amaba decir: “El que no tiene en su vida algo de Don Quijote, no merece ni la estima ni la afección de sus semejantes”. Y todos sabemos que, al escuchar a Unamuno, vamos a oír a una de las voces más conmovedoras y profundas de España.

También, por sus recuerdos personales, debo agradecer particularmente a nuestro querido y venerado decano el marqués de Peralta. En el tiempo de su juventud, conoció a Montalvo de cerca. Su cordial adhesión al Comité es para nosotros un testimonio que, en Montalvo, el hombre es digno del escritor.

Y, finalmente, quiero agradecer al señor Pierre Dupuy, diputado de París; al Sr. Francis de Miomandre, traductor de las más bellas páginas de nuestro gran clásico, amigo exquisito de nuestras letras y de nuestras costumbres; y al Sr. De Waleffe, brillante periodista que, fiel a su labor latina, sabrá reconocer efectivamente en la obra y el nombre que esta placa evoca, uno de los símbolos tutelares de la Unión que es preciso fortificar como testimonio del porvenir común.

Señores, mi lejano país no es uno de los más grandes de nuestra inmensa América. Pero, a menudo ha tenido el privilegio de producir hombres cuyo espíritu ha traspasado nuestras fronteras; Montalvo es uno de ellos, de los más grandes. Pero, para mostrarlo en su gloria continental, tan solo me toca repetir las palabras de un maestro indiscutido. Al terminar el más hermoso estudio acerca de Montalvo, Rodó dice:

“La posteridad, llamada a consagrar los laureles de este primer siglo de vida independiente, dirá que, entre los guías de América, pocos hubo tan grandes como este hijo de una pequeña ciudad de los Andes ecuatorianos”.

Discurso del Sr. E. Martinenche

Después de su primer viaje a Europa, cuando Juan Montalvo regresó a su país, no pudo respirar allí libremente, sino en una soledad campestre en donde, por la lectura y la meditación, maduraban su talento y su odio al despotismo.

A veces iba a Quito y, entonces, no faltaba de asistir en la tarde a las reuniones del poeta filósofo Julio Zaldumbide o con este incomparable amigo ir a despertar poéticos ecos sobre las verdes colinas que rodean la capital del Ecuador.

Otro Zaldumbide nos reúne hoy para celebrar su memoria. Don Gonzalo no heredó la amargura un poco sombría de don Julio, pero es un letrado tan delicado y un amigo tan exquisito, demasiado exquisito a un puesto que él os quiere persuadir que se la hace un servicio cuando os ofrece un honor inmerecido.

Si quisiera rendir a Montalvo un homenaje digno de él, me concentraría con traducir y leeros el admirable prefacio del Sr. Ministro del Ecuador que encabeza la colección de artículos publicados por su compatriota con este título significativo: El Cosmopolita. Pero, por grande que sea un muerto, los reglamentos de policía no dejan interrumpir por mucho tiempo la circulación de la muchedumbre, y, no es por lo demás en la calle donde se puede saborear la prosa de un artista.

El lugar no es el más apropiado para consideraciones o reflexiones sobre la obra de un polemista que supo unir a la fuerza del ideal la gracia elocuente de la expresión, que partió del romanticismo para volverse un clásico y que supo añadir capítulos nuevos tanto a don Quijote como al a biblioteca universal de los grandes defensores de la civilización. Se le conoce sobre todo como el adversario de este García Moreno que, en un mundo nuevo, quiso hacer revivir la figura de Felipe II y los procedimientos de la Inquisición. Pero este enemigo del clericalismo tenía alma cristiana; este satírico poderoso sabía predicar la virtud. En ningún campo aceptó la violencia y su verbo no fue menos temible contra lo que llamaba “la peor de las revoluciones” o contra “la dictadura perpetua”.

En este momento sólo podemos recoger algunos rasgos que justifican la feliz iniciativa del Sr. Ministro Zaldumbide. No es por un simple accidente como Francia puede reivindicar a Montalvo. Ha hecho en París largas estadías. Llegó allí a los 25 años como adjunto de la Legación de su país. Desconfió ante todo de su seducción y no parecía disfrutar allí plenamente sino del encanto melancólico de un Luxemburgo, entonces menos invadido. Pero cuando, un poco más tarde, llamado nuevamente por los decoros sublimes de su patria, evoca el recuerdo de sus viajes a través de Europa, olvida que ha preferido los viejos jardines de Agripina a las mascaradas de la Opera, y nuestro país le aparece con los rasgos más graciosos. Le presta aún una asombrosa virtud de regeneración. Para el tirano que osaba infligir a un general el suplicio infamante del látigo; no sueña en otro castigo que en una corrección moral; desearía exiliarle ‘al país de la hospitalidad, al país de los espíritus, a Francia’.

Francia es ante todo para él, el país de Lamartine que adora y de Víctor Hugo que venera. Cuando conoció a Lamartine, temblaba ante la perspectiva de que se embargara, para pagar sus deudas, esta casa de Milly que no se ha devuelto aún al patrimonio nacional, y el joven Ecuatoriano soñaba en arrebatar al magnífico anciano, en una navegación digna de antiguas mitologías hacia Chimborazos menos altos que su genio y hacia esos lagos de Imbabura cuyas aguas se estremecían en la espera del chantre del Bourget.

El poeta de “Les Raisons du Momotombo” no se mostraba menos conmovido por la carta que le hacía oír el fragor de otro volcán, el Cotacachi, y saludaba a Montalvo en una palabra que le resume y le define: ‘Sois un noble espíritu’.

Sí, era en efecto un noble espíritu. Su escepticismo no ahogaba su fe. Formaba parte de una raza en que las contradicciones pueden unirse sin esfuerzo. Creía en la razón, confiaba en la democracia y sabía aplicar las más bellas ideas latinas con las necesidades de su continente. Se consideraba ciudadano del mundo y fue un apóstol del americanismo. La influencia francesa se ejercía en él en su verdadero sentido, como una fuerza emancipadora.

Cuando regresó a París, en 1881, fue para no dejarlo más. En la casa en donde se coloca esta placa vivía solo (14) y no recibía sino no a algunos amigos. Se regocija de la caída de la dictadura en el Ecuador; no quiere retornar allá. Nos hace la gracia de querer morir entre nosotros. Y allí muere con la elegancia suprema de un huésped que quiere irse discreta pero decorosamente. Un día de enero del año de 1889, sintiendo llegar la muerte, se viste para recibirla y pide flores que tiene en sus manos al expirar.

En aquel año, debía celebrarse el centenario de un acontecimiento que le era caro, pues nunca había desesperado de la república y la libertad. Nosotros, desde ahora, asociaremos su nombre como un símbolo glorioso de la fraternidad de nuestras democracias.

Discurso del Sr. Miguel de Unamuno (15)

Señores:

Aquí, en esta casa, lejos de aquellas altas montañas volcánicas donde fueron forjados sus huesos –aquellos de su cuerpo y aquellos de su alma- terminó su vida, pobre, solo y proscrito alrededor de los cincuenta y seis años, Juan Montalvo. La tierra francesa, suave, blanda húmeda, envolvió su cuerpo y su espíritu como con un sudario y se revistió en la majestuosa lengua española, la lengua de don Quijote. Saboreó el exilio, la soledad y la pobreza y con éstos engendró, en el dolor, obras inmortales.

Su muerte encontró aquí una patria y aquella de la inmortalidad en todos los espíritus de lengua española, en la humanidad civilizada. El Ecuador de hoy, ‘libre, instruido y digno’ que recogió sus restos, rinde este homenaje inmortal a aquel que fue tachado de loco y antipatriota.

Loco, como fue llamado Jesús por los suyos, por su familia; Jesús, que según el cuarto evangelio, fue crucificado como antipatriota. Loco, al igual que don Quijote, al que se le acusó de las desgracias de su patria. Y como ellos murió Montalvo, cristiano quijotesco, pobre, solitario y proscrito.

¡Pobreza, soledad, proscripción!... No debo hablar de esto. El tiempo apremia y la ocasión, el lugar y el estado de mi espíritu arriesgarían ahogar mi voz en sollozos.

¡Adiós, pues…! A Dios que guarda eternamente en la historia –la cual es su pensamiento- a los profetas y apóstoles de la cristiandad, y a los tiranos –artesanos de bestialidad- y, que realza de la sombra de éstos, la luz de aquellos!

Adiós a Montalvo que vive inmortal en nuestra lengua.

Después de estos tres discursos, tomaron aún la palabra el Sr. Maurice de Waleffe, que se unió al homenaje rendido a Juan Montalvo en nombre de los cien periódicos del mundo latino, agrupados en la Oficina Permanente de la Prensa Latina del cual es eminente e incansable secretario general, y el Sr. Contenot, secretario del Concejo Municipal de París, oficialmente delegado por esta Asamblea para llevar a la memoria del gran Hispanoamericano, del gran amigo de Francia, el saludo de la ciudad de París”.

“Sin discusión su actividad montalvina, ecuatoriana fue y quedará ejemplar” (16). Afirmación indiscutible, pero su ejemplarizadora labor cultural continúa y sigue animando a las nuevas generaciones de diplomáticos. Con Gonzalo Zaldumbide la diplomacia estaba al servicio de la cultura.


*Consejero del Servicio Exterior Ecuatoriano


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Mayor información y documentos acerca de Jean Contoux y Montalvo en París

NOTAS

(1) Este estudio se basa en el trabajo: “Gonzalo Zaldumbide: Ministro Plenipotenciario del Ecuador en París (1923-1929)”, del Dr. A. Darío Lara, Revista Cultura N.7; págs. 120 a 135 También en la conferencia pronunciada por el Dr. Lara en Ambato, el 6 de abril de 1982 en el Sesquicentenario del nacimiento de Juan Montalvo y reproducida en mi libro “Este otro Montalvo”; págs. 268 a 299 y "Juan Montalvo en París" (pp. 190-206)

(2) Gonzalo Zaldumbide se refiere a la carta de 20 de septiembre de 1887, en la que Juan Montalvo da el pésame a la viuda de Julio Zaldumbide. “Páginas de Gonzalo Zaldumbide – selección de Humberto Toscano”, tomo II, Departamento Editorial de Educación, Quito-Ecuador, 1961; pág. 127.

(3) En efecto, varios periódicos franceses y extranjeros como: “Echos, Comoedia, El Figaro, New York Herald, Paris Midi y Action Française” anunciaban el banquete presidido por el Ministro de las Colonias, Sr. Albert Sarraut y ofrecido al diplomático e ilustre escritor ecuatoriano, Gonzalo Zaldumbide, por su nombramiento. Todas las comunicaciones reproducidas aquí o mencionadas se encuentran en el Archivo Histórico del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Además, en el número de la Revue de l’Amérique Latine, N. 25, vol. VII, del 1º de enero de 1924 en la sección: Le monde diplomatique, en: “Les Américains à Paris – En l’honneur de Gonzalo Zaldumbide”, el señor Magellan da una síntesis de este magnífico recibimiento con la transcripción de algunos discursos; págs. 87 a 91. En el vol. VI, N. 24 segundo año de 1º de diciembre de 1923, la misma revista reproduce en el “Suplemento ilustrado” una foto y una parte del discurso pronunciado por Gonzalo Zaldumbide cuando entregó sus cartas credenciales al Presidente de la República francesa, en noviembre de 1923. Estos números están en la biblioteca Aurelio Espinosa Pólit de Cotocollao.

(4) Oficio N. 187, París a 22 de junio de 1925. Idem nota 3. Ver además el oficio N. 185 del 29 de mayo de 1925, en el cual Gonzalo Zaldumbide indica ya: “También envío adjunto a este oficio un número de París Time, donde hay un artículo sobre Montalvo. Tal publicación revela el eco favorable que ha tenido en la prensa mi proyecto de colocar una lápida conmemorativa en la casa donde murió el ilustre escritor”. Ibid.

(5) En la nota N. 57 de 11 de junio de 1936, Gonzalo Zaldumbide comunica al señor Ministro, General D. A.I. Chiriboga, los pormenores de la instalación del busto de Juan Montalvo, en el vestíbulo de la Maison des Nations Américaines en París, sede del nombrado Comité, que usted conoce. El año entrante, el busto será trasladado a su lugar definitivo, el futuro “Square de l’Amérique Latine”. Esta inauguración anticipada se hará sin embargo con la requerida solemnidad, y un opúsculo con artículos de Rodó, Max Daireau y el suscrito, sobre Montalvo, será distribuido a los asistentes y enviado luego a varios centros y personalidades, en recuerdo de este homenaje. Adjunta se servirá usted hallar la página de agradecimiento al Comité, al escultor y a las Autoridades, en nombre del Ecuador, de su Gobierno, y más en particular, de usted, a quien corresponde la feliz iniciativa de este homenaje a Montalvo en París…”.
Para que el lector conozca la historia completa del nuevo busto de Juan Montalvo en París, ver el artículo de A. Darío Lara: “A propósito de un busto y de un parentesco” “Este otro Montalvo”, anexo 1; págs. 229-234. Ver también, revista de la Casa Montalvo N. 75 (edición especial) noviembre 1982. Montalvo y Mera Sesquicentenario segunda parte; págs. 47-54.

(6) En efecto para la época la cobertura de prensa puede calificarse de extraordinaria, si tomamos en cuenta tanto el número de diarios como la calidad de los comentarios de los periódicos que dieron a conocer este acto. Tenemos: “Le Petit Journal” del 30 de junio de 1925; el “Excelsior” del 3 de julio de 1925; “The Paris Times” del 30 de junio de 1925; la “Revue de l’Amérique Latine”; “Le Gaulois” del 30 de junio de 1925; “Le Figaro” del 30 de junio de 1925; “The New York Herald” del 30 de junio de 1925; “L’Oeuvre” del 30 de junio de 1925; “Le Matin” del 29 de junio de 1925; “Le Peuple” del 30 de junio de 1925; “Le Débat” del 30 de junio de 1925; “Le Petit Parisien” del 30 de junio de 1925; el “Journal” del 1o de julio de 1925; “Au Jour le Jour” del 29 de junio de 1925; “The Chicago Tribune” del 30 de junio de 1925. Publicamos estos recortes y artículos en el artículo: “Homenaje a Juan Montalvo y textos desconocidos” Memoria N. 5-6-7, Sociedad Ecuatoriana de Investigaciones Históricas y Geográficas (SEIGHE), 1997-2010. Producción Gráfica, Quito-Ecuador; págs. 187-248.

(7) Idem nota 6; págs. 8-10.

(8) Vale la pena recordar que su amistad con Miguel de Unamuno fue decisiva para que escribiera el prólogo de las “Catilinarias”: “Este célebre escritor, conocido y admirado en Europa y América, ha consentido en escribir la magnífica pieza a que me refiero, a pesar de su resistencia del primer momento, en razón de particulares relaciones de amistad conmigo. Se observa que, comenzada la labor, Unamuno ha puesto en ella no sólo su enorme talento, sino que le ha infundido una intensidad extraordinaria, como si la vida y obra de Montalvo sintiera como propios. Si Usted juzgara conveniente hacer reproducir el prólogo en la prensa del Ecuador, considero que sería oportuno dar el dato de que el Señor Unamuno no lo ha escrito por gestiones de la casa Garnier o de terceras personas, sino por intervención del suscrito…” Oficio N. 185, París, el 29 de mayo de 1925; idem nota 3.

(9) En el artículo de “Le Gaulois”, del 30 de junio de 1925, pág. 29, se dan a conocer varias personalidades latinoamericanas del Cuerpo diplomático, ver nota 6.

(10) Juan Montalvo nació en Ambato (Ecuador) el 13 de abril de 1832, muerto en París el 17 de enero de 1889. Polemista, ensayista, pensador, maestro insigne de la prosa española, escogió Francia, su país de elección, para terminar en ella sus días, y murió en esta casa.

(11) Nota que está reproducida en el estudio: “Gonzalo Zaldumbide Ministro Plenipotenciario…” y comentada por el mencionado autor. Idem nota 1; págs. 128 a 135.

(12) Es muy claro que en la publicación: “Homenaje del M.I. Concejo Municipal de Ambato a Juan Montalvo en el XLVI Aniversario de su Nacimiento, Quito-Imprenta Nacional 1926”, de 75 páginas con varias fotografías pero totalmente olvidada y seguramente la más completa que existe sobre la ceremonia de la inauguración de la placa conmemorativa en junio de 1925, se reproducen los siguientes documentos:
-Homenaje a Juan Montalvo con motivo de la apoteosis dedicada a su memoria en la ciudad de París en 1925 (Acuerdo del 8 de marzo de 1926 del Concejo Municipal de Ambato y una declaración de los Amigos de Montalvo; págs. 3-4)
- Apoteosis de Montalvo (El Comité, págs. 8-10; la vida del escritor, pág. 11; el exilio, su obra, págs. 12-13, la Ceremonia*, págs. 14-21.
- Ecos de la Prensa, págs. 23-36.
- Montalvo y la crítica (Montalvo –fragmento del Ensayo de José Enrique Rodó, traducido al francés por Marius André y publicado en la Revue de l’Amérique Latine, págs. 39-52; Prólogo a las Catilinarias de Don Juan Montalvo; págs. 53-60).
- Recuerdos de Montalvo (Don Juan Montalvo –Recuerdos- Manuel M. de Peralta; págs. 63-65 y Don Manuel de Peralta de Juan Montalvo, en francés; págs. 67-70; En el Solar de Don Juan de Augusto Arias; págs. 71-75.
Además, el Concejo Municipal de Ambato había acordado:
“1º. Publicar un libro que contenga cuanto se relacione con el homenaje tributado en París a la memoria del Cosmopolita.
2º. Encomendar la edición de ese libro a la acertada dirección de la ‘Sociedad de Amigos de Montalvo’. Ver el acuerdo reproducido en la mencionada publicación y en mi artículo: “Homenaje a Juan Montalvo y textos desconocidos”, ver nota 6.
Pero, a pesar de esta muy importante contribución, no se reproduce en su integridad y en el orden los discursos pronunciados en esta ocasión y editados en la Revue de l’Amérique Latine. Finalmente, existen variaciones, principalmente omisiones y contrasentidos, en la traducción como en el discurso de Gonzalo Zaldumbide. Por ejemplo está escrito: “En su juventud conoció a Montalvo de cerca. Su cordial adhesión al Comité es un testimonio de que, según lo afirmó Montalvo, el hombre es digno del escritor”, en lugar de: “En tiempo de su juventud… Su cordial adhesión al Comité es para nosotros un testimonio que, …”. En el discurso del Sr. Martinenche: “,… y de ir con este incomparable amigo, a despertar armoniosos ecos sobre las verdes colinas…” , en lugar de: “… con este incomparable amigo, ir a despertar poéticos ecos sobre las verdes colinas…”; “Estudió en París largas temporadas”, en lugar de: “Ha hecho en París largas estadías” o “Un día de enero del año 1889, sintiendo venir la muerte se levanta para recibirla y pide flores para expirar”, en lugar de: “Un día de enero de 1889, sintiendo llegar la muerte, se viste para recibirla y pide flores que tiene en sus manos al expirar”. En la Revista Cultura N. 11: “Homenaje en el 95º Aniversario de su Nacimiento 13 de abril 1832-1932”. Año N.1, Ambato-Ecuador, abril 1927, imprenta del Colegio Nacional Bolívar, se reproducen parcialmente estos discursos y varios documentos, y particularmente “El Homenaje a Montalvo en París*”; págs. 355-374. Estas publicaciones recordatorias están en la Biblioteca Aurelio Espinosa Pólit y citadas por el Dr. Plutarco Naranjo y Carlos Rolando, en “Juan Montalvo: Estudio Bibliográfico”. Biblioteca Cajica de Cultura Universal N.75. Pueblo, Pue., México, 2º edición 1971; págs. 215-216.
*Con reproducción de fotografías de los siete miembros del Comité, de los oradores de la ceremonia y de varios otros documentos.

(13) Ver “Revue de l’Amérique Latine” 4to. Año, tomo X, N. 43, julio de 1925; págs. 103 a 107. Citado en la obra del doctor A. Darío Lara: “Montalvo en París”, coedición de la Subsecretaría de Cultura y el I. Municipio de Ambato, Quito-Ecuador, 1983. Tomo II, N. 2; pág. 354.

(14) No es exacto, posteriormente el Dr. A. Darío Lara explicó que vivía con su compañera Augustine Contoux, desde 1883, y que tuvieron un hijo, Jean Contoux Montalvo; ver “Juan Montalvo en París”, dos tomos y “Este otro Montalvo”. También la Memoria N. 3-4 de la revista Sociedad Ecuatoriana de Investigaciones Históricas y Geográficas (SEIGHE); y particularmente el artículo “Entrevista con la Sra. Yolande Simard y su hijo Jean-Jacques Curtet-Simard”, Ediciones “La Prensa”, Tulcán – Ecuador, agosto 1996; págs. 403-410.

(15) En la nota N. 203 del 6 de agosto de 1925, Gonzalo Zaldumbide: “envió un ejemplar de los discursos pronunciados el día de la colocación de la placa en honor de Montalvo, así como una magnífica traducción de algunas páginas de éste y de un fragmento del bello estudio de Rodó: Idem nota 3.
Si es cierto que el doctor Jorge Salvador Lara en su libro: “Ensayos sobre Montalvo y Mera” Comisión Nacional Permanente de Conmemoraciones Cívicas, Quito 1991, dio a conocer en esta recopilación el discurso de Miguel de Unamuno en su artículo “26, rue Cardinet, París” que le dio el Director de la Academia Paraguaya de la Lengua, D. Julio César Chávez, pero antes el Dr. A. Darío Lara en su obra: “Montalvo en París”, tomo II, lo había citado en “B) Artículos sobre Juan Montalvo, su obra o que se relacionan con su presencia en París, en otras Revistas”; N. 2; pág. 354, idem nota 13. Y es preciso recordar que, en 1926, ya se había editado, como lo señalé en la nota 12, una mejor versión. Además, existen ciertas diferencias con el texto francés y, por eso, ofrecemos la versión española corregida que se editó en el mencionado número de la ‘Revue de l’Amérique Latine’.

(16) Idem nota 1: “Gonzalo Zaldumbide: Ministro-Plenipotenciario …”; pág. 130. Cabe destacar aquí uno de los aspectos más relevantes de la misión cultural de Gonzalo Zaldumbide que, en París, publicó obras de eminentes escritores nacionales, como lo anunció en su nota N. 170 del 4 de abril de 1925: “En este mismo periódico se acoge favorablemente mi idea respecto a la publicación de las obras de Montalvo, Crespo Toral y Medardo Ángel Silva, así como de la colocación de una placa en la casa que murió…”. Sobre este tema ver el periódico “The Paris Time” N. 297 chronique parisienne: l’Amérique Latine, enviado con la nota N. 166 del 3 de abril de 1925, Gonzalo Zaldumbide realizó este proyecto y recordamos que se preocupó de una reimpresión de gran parte de las obras completas de Juan Montalvo en la Editorial Garnier Hermanos en el siguiente orden; 1921: “Capítulos que se le olvidaron a Cervantes”, en un tomo, con una presentación de Gonzalo Zaldumbide “Dos palabras” y “Siete Tratados” con un prólogo de Gonzalo Zaldumbide; 1923: “El Cosmopolita”, en dos tomos, con un prólogo de Gonzalo Zaldumbide; 1925: “Las Catilinarias”, en dos tomos, con un prólogo de Miguel de Unamuno; “El Cosmopolita”, en dos tomos, con un prólogo de Gonzalo Zaldumbide; 1929: “El Regenerador”, en dos tomos, con un prólogo de Francisco García Calderón; 1929: “Las Catilinarias”, en dos tomos, con un prólogo de Miguel de Unamuno; 1930: “Siete Tratados”, en dos tomos, con un prólogo de Rufino Blanco Fambona y “Capítulos que se le olvidaron a Cervantes”, en dos tomos, con el prólogo de Gonzalo Zaldumbide “Dos palabras”. Idem nota 12, tomo II, págs. 345 a 346. Así como “Poesías Escogidas” de Medardo Ángel Silva, editorial Excelsior, París, 27 Quai de la Tournell, 1926. Selección y prólogo de Gonzalo Zaldumbide; págs. VII a XXV. De la misma manera dio a conocer varios textos de Crespo Toral.

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