martes, 27 de abril de 2010

Raymond Aron: la conciencia de su siglo (MEMORIAS)


Por Claude Lara (In "Revista Correo Diplomático", año II, N. 7, diciembre 1986, pp. 398-404)

El 17 de octubre de 1983 murió, en París, Raymond Aron .. Periodista, profesor, ensayista, filósofo, académico ... fue -tal vez- el más alto representante del humanismo francés (es decir, universal) de nuestro tiempo.

El 2 de septiembre de 1983, en la editorial Julliard, R. Aron publicó sus "MEMORIAS", a las que dio como subtítulo: "50 años de reflexión política". Se puede asegurar que es una enciclopedia de 178 páginas en la que se analiza medio siglo de reflexión política, en el sentido más amplio de la palabra: familia, filosofía, historia, sociología, economía, relaciones internacionales, etc ... Si el estilo es tan fluido, perfectamente accesible, es porque R. Aron aplica la primera lección de un gran periodista, que no ignora que la claridad y la precisión son al pensamiento escrito lo que el proyector, a la película.

El memorialista, a lo largo de su obra, se interroga sobre el determinismo de la existencia humana y la historia. "La existencia humana -escribe- es dialéctica; es decir, dramática, ya que actúa en un mundo incoherente; ella se compromete a pesar de la permanencia; busca una verdad que huye, sin otra seguridad, sin otra certeza en una ciencia fragmentaria y una reflexión formal". Para sobrepasar esta contradicción, R. Aron en su vida intelectual escogió un método: obedecer a las reglas tradicionales de la capacidad y de la duda metódica. Su finalidad es dar a conocer un mundo coherente y trabajar para la unidad de la ciencia; su objetivo, esclarecer la visión de sus contemporáneos. En otros términos: es la historia de un encuentro entre su siglo convulsivo y una inteligencia ansiosa de comprenderlo.

Este excepcional espectador del siglo, nació el 14 de marzo de 1905, en París, en un medio de juristas. Su padre, Gustave Aron, siguió estudios brillantes y, a pesar de ello, fracasó en su carrera. En sus "MEMORIAS" nos cuenta como joven, cuando tuvo la edad necesaria para ver a su padre, no como un ser omnipotente, sino como un ser humillado, se sintió el realizador de las esperanzas de su padre. El hijo le daría una especie de reivindicación, borrando las decepciones de su padre con sus propios éxitos.

R. Aron termina, en 1923, estudios brillantes del bachillerato. En 1924, entró en la Escuela Normal Superior. Es un momento decisivo de su vida; allí encuentra, entre otros a Jean Paul Sartre y P. Nizan. Ganará el primer puesto en el concurso de la Agregación de Filosofía. La carrera docente la principió en 1930, en la Universidad de Colonia, como Asistente, durante un año. Estuvo de interno en la Casa Académica de Berlín, de 1931 a 1933, y asistió a la llegada del nazismo al poder. De 1933 a 1934 enseñó en el Liceo de El Havre. De 1934 a 1939, R. Aron fue Secretario de El Centro de Documentación Social en la Escuela Normal Superior. En 1938, obtuvo el título de Doctor en Letras con su tesis: "Introducción a la filosofía de la historia". En la segunda guerra mundial, siguió un semestre como "Maître Assistant", en la Facultad de Letras de Tolosa. Siguió el movimiento de la resistencia francesa en Londres, donde encontró al General de Gaulle y se incorpora a su movimiento: "la Francia libre". En la B.B.C., fue redactor en jefe del programa "la Francia libre", hasta 1944. En la liberación, reasumirá a la vez: la enseñanza, el periodismo y una intensa actividad literaria. Dicta cursos en todas las grandes Escuelas francesas. En 1945 fue profesor en el Instituto de Estudios Políticos y en la Escuela Nacional de Administración. También fue editorialista en el periódico "Combat", en 1947, en el que trabajó con Albert Camus, Luis Pauwels, entre otros. Colaboró así mismo en el diario "El Figaro". En 1956, enseñó sociología en la Sorbona y, en 1960, es designado Director de Estudios en la Escuela Práctica de Altos Estudios. En 1963, fue elegido como Miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas del Instituto de Francia. En 1965-1966, fue Presidente de la Sociedad de los Redactores de "El Figaro". En 1970, culminación de su brillante carrera docente, fue nombrado Profesor en el Colegio de Francia. En 1975, fue Miembro de la Sociedad de Gestión de "El Figaro"; en 1976, su Director político y después de treinta años, juzgando que los métodos del nuevo Director violaban la ética del periódico definida por Pierre Brisson y sus colaboradores, se separa de dicho diario. El mismo año, es Presidente del comité editorial del hebdomadario "El Express" y en 1978, fue Director de la nueva revista "Commentaire".

Seguramente, el viejo espectador, al correr de su pluma debía sonreír al recordar la cronología de su vida profesional. Sí, él, el hijo no sólo llenó las esperanzas de su padre y de su familia, sino también que los cubrió de una inmortalidad inesperada. El profesor de filosofía, sociología, economía, historia, de estudios políticos, relaciones internacionales, buscado por las grandes instituciones intelectuales del mundo occidental, para dictar conferencias en francés, inglés, alemán, fue reconocido por los mayores especialistas como una conciencia de su siglo. Justicia ¡la razón había vencido al destino!

En sus "MEMORIAS", este autor prolífico nos presenta su intensa actividad literaria. Es como un análisis crítico de más de cuarenta libros antes publicados; un balance de su obra en la que se plantean todos los grandes problemas con extraordinaria altura de vista y, al mismo tiempo, enorme sencillez: la sociedad industrial, la amenaza comunista, el porvenir de las democracias, la paz y la guerra, la estrategia nuclear, hallan su sitio y su comentario. Resumir el contenido, sería temerario y vanidoso; por lo mismo expondré aquellas grandes líneas de algunos libros que más se destacan. El primer descubrimiento del joven profesor es la condición histórica del hombre ¿Qué es la historia? ¿Qué puedo saber de la historia? ¿Cómo el individuo puede captar la totalidad humana? Tales son las interrogativas y la actitud fundamental y primera de R. Aron en sus libros: "Introducción a la filosofía de la historia" y "la filosofía crítica de la historia" (1938). Filosofía e historia están íntimamente ligadas, pues les preocupa el mismo problema: ¿cómo el individuo puede entender la totalidad humana? La historia es a la vez conocimiento (estudiar los hechos, compararlos, unirlos) y comprensión (interés por los grupos, asociaciones, certidumbres comunes y lógica de los comportamientos) para entender la mentalidad de un país o de una época. El conocimiento de los hechos encuentra su sentido en la comprensión de los actos. Otro punto capital del pensamiento de R. Aron es que toda interpretación correcta del pasado está unida a las voluntades dirigidas hacia el porvenir. De este modo, se destaca y se esclarece la relación profunda de la comprensión histórica y de la reflexión filosófica.

En su "Historia y dialéctica de la violencia" (1972) explica esta relación y revela el error de los filósofos que no entendieron los lazos exactos de la filosofía y de la historia; así, J.P. Sartre que mezcló su ideología existencialista con su interpretación marxista. Para R. Aron fue un error muy grave, puesto que deduce la historia de la filosofía, cuando en realidad, es la historia la que habilita al verdadero pensador y da un contenido a su pensamiento. R. Aron reprocha esencialmente el no comentar y no observar objetivamente los hechos; el desconocer la razón analítica para aprovechar de la razón dialéctica; el querer explicar toda la historia según su filosofía, basándose únicamente en demostraciones apriori; es decir: decidirse ignorando la realidad; fundar su análisis sobre una violencia primordial que impone como un absoluto lo extraño, lo raro (¿la revolución ... ?) Y no llega a descubrir, a analizar el cambio en la continuidad. Una posible conclusión de lo anterior sería la siguiente: si la historia es un drama sin unidad; un drama equívoco e inagotable, la condición del hombre es histórica; el pasado es, a la vez, lo que nos permite ser y nos condiciona. Nuestra relativa libertad es reflexionar para aprender a situarla y a ejercerla en una historia que no sea una pura repetición; tampoco, una ruptura; más bien una unión entre los momentos del tiempo, creación e invención que pertenecen al mismo momento: pasado y porvenir.

Después de sus estudios acerca de la condición histórica del hombre, R. Aron para presentar su visión de la historia, estudia su interés filosófico en las teorías de la historia. Gracias a sus profundos estudios acerca del pensamiento científico y filosófico alemán, comprueba que la filosofía tradicional de la historia encuentra su terminación en el sistema de Hegel. Así, puede afirmar que la filosofía moderna de la historia empieza con la negación del hegelianismo. En efecto, el ideal ya no consiste en determinar de una vez la significación del devenir humano; el filósofo ya no se considera como el depositario de los "secretos de la providencia". Así, la filosofía crítica de la historia renuncia a conseguir el último sentido de la evolución. Además, el hombre jamás llegará a incluir ni en un conjunto de conceptos la totalidad del universo; jamás podrá resumir y prever, en una fórmula única, el devenir inagotable de la vida. A estas pretensiones desmesuradas, la ciencia opone el rigor de sus investigaciones y la certeza de sus resultados. Este análisis, ahora clásico de la historicidad, conduce a R. Aron a una filosofía histórica que sí se opone al racionalismo cientista, al mismo tiempo como al positivismo; es también una filosofía de la historia. Resumir sus dos grandes obras, ya mencionadas, tan densas, en pocas palabras es imposible. Sin embargo, el autor se explica claramente y escribe: "La filosofía de la historia, es una parte esencial de la filosofía, es la vez su introducción y su conclusión. Introducción, si hay que comprender la historia para pensar al destino humano, de un tiempo y de siempre. Conclusión si no hay comprensión o devenir humano sin una doctrina del hombre".

Se puede citar como punto de partida para presentar la visión histórica de R. Aron las palabras de Bernard Groethuysen en "La Nouvelle Revue Française": "La concepción de la historia de Raymond Aron y de su generación está más cerca del realismo histórico de Dilthey que del idealismo filosófico de Simmel, Rickert y de Weber ... Es el por qué de una generación que quiere comprender su destino, o más bien, comprendiéndolo, vencer su destino".

Este realismo histórico significa que la historia no está determinada ni orientada anticipadamente por una finalidad a un sentido. Queda abierta, al fin y al cabo, de la acción de los hombres, de su libertad y de su arbitrariedad. Explicación clara que rechaza el mesianismo, en cuyo nombre el siglo XX ha cometido tantos crímenes, y su desconfianza acerca de la ideología como discurso o interpretación global del mundo como guía de la acción. Esta concepción relativista de la historia, se une en el plan filosófico con una referencia: la idea de Razón. En efecto, recuerda de la filosofía kantiana la idea de Razón, como el único medio, del cual los hombres disponen para ordenar su representación del mundo y guiar su voluntad para transformarlo.

R. Aron publicó, en 1955, un libro que, a causa de la pertinencia de sus ideas, causó escándalos a la crítica de la "Intelligentsia" parisiense: "El opio de los intelectuales". Este ensayo político critica a los intelectuales como J.P. Sartre, A. Camus, M. Merleau-Ponty, etc ... y en el que anuncia el fin de las ideologías, y especialmente el marxismo-leninismo como sistema ideológico europeo. Este sistema que tendía a una interpretación global de la historia. R. Aron denuncia igualmente, la asombrosa ceguedad de los más brillantes espíritus de la postguerra, acerca de la dictadura en la Unión Soviética. Pero, "tener razón demasiado pronto, es la peor manera de no tener razón", escribe Pierre Rvckmans.

Frente al marxismo-leninismo, que decreta una verdad universal, mezclando lo que quiere con lo que sabe, R. Aron prefiere, como verdadero liberal, un pensamiento crítico, consciente de las trampas de sus pasiones y de la realidad misma que, sin cesar, vuelve a preguntarse sobre sus juicios e hipótesis; sin cambiar sus convicciones íntimas, morales o intelectuales. Seguramente que la pérdida de crédito en el marxismo-leninismo en la alta "Intelligentsia" francesa, que ocurrió tan misteriosamente como su boga, es la respuesta definitiva. El analista político debe observar las reglas tradicionales de la capacidad y de la duda metódica. Si los intelectuales tienen el derecho de expresarse como cada ciudadano, no pueden prevalerse de su preeminencia literaria para imponer su política. En efecto, una novela, un poema concuerdan muy mal con el rigor y la exactitud de un análisis económico o diplomático. Los intelectuales deberían dejar de creerse competentes en una disciplina que, más que nunca, depende de los especialistas.

Después del estudio de la economía, para fundamentar racionalmente sus criterios sobre el capitalismo y el socialismo, nuestro pensador, se interroga acerca del fenómeno de la aparición de la bomba atómica y de cómo incluirla en el juego tradicional de los Estados. Esta arma es revolucionaria; modifica el conjunto de las relaciones interestatales. Es el libro: "Paz y guerra entre las naciones", de 1962. Reflexión teórica, sociológica, histórica y praxiológica de la transformación de las relaciones interestatales por el fenómeno nuclear. Cuando se publicó la obra, conoció un enorme éxito; la prensa francesa la comentó con muchos elogios: "estudio magistral" tituló "El Mundo Diplomático", en 1962; "el Mundo" elogió el libro, a través de la pluma de E. Borne: "este ejercicio magistral de la lucidez intelectual y de la educación política". El periódico alemán: "Die Zeit", compara su obra al mas célebre estudio de estrategia militar del siglo XIX: "De la guerra", del Prusiano Karl von Clausewitz, hasta hoy vigente. (R. Aron escribió un estudio de dos volúmenes acerca de este autor prusiano: "Pensar la guerra", en 1976). "El Observer", el 23 de abril de 1967, presentó a R. Aron como un caballero europeo que entró en la liza para quitar a los Norteamericanos el monopolio del estudio de las relaciones internacionales. En el "New York Times", Henry Kissinger calificó al libro de quien fue su profesor: "de profundo, civilizado, brillante y difícil".

R. Aron nos da a conocer su obra, gracias al esfuerzo de un infatigable profesor que ambiciona restituir la inteligibilidad de la historia, tal vez, sobrevalorizando los instrumentos racionales, en perjuicio de la subjetividad y de lo imaginario. Sus "MEMORIAS" son el ejemplo de un espíritu enciclopédico, de una ética del saber, de una moral del razonamiento, de un letrado que nunca traicionó su misión. El memorialista R. Aron, nos ofrece una amplia retrospectiva con reflexiones sobre la historia; es como si leyéramos la copia del mejor alumno viviente de la clase intelectual de los años 1920; el mejor informado de los acontecimientos y de los saberes de su tiempo; el más ágil para confrontarlos y el menos inclinado a divagar, porque es uno de los escasos analistas políticos (tal vez el último) en imponer las reglas tradicionales de la razón y en respetar la autoridad que proviene de las ideas. Como escribe Bertrand Poirot Delpech, en el periódico: "El Mundo" (9 de septiembre de 1980): "El atleta no cayó en ninguna de las trampas tendidas durante este medio siglo y en las que tantos otros tropezaron. Piensa haber cumplido su "salvación laica". Ha hecho mucho más: en el período en el que reina el "à peu près" (el más o menos), la impostura y el pancracio, defendió con actos, por una deontología del trabajo intelectual, una moral del espíritu, un horizonte de la razón".

Las "MEMORIAS" de R. Aron son el testimonio de una personalidad célebre; pero sumamente reservada; un hombre superior que gracias a su humanismo, habla al lector con una voz fraternal: iluminando su inteligencia y tocando en lo vivo de su carazón: "No quisiera terminar esta larga retrospectiva -confiesa R. Aron- con reflexiones sobre la historia en curso de realización. Por definición la historia continua; el punto en que se detendrá nada significa para mí, ni para los demás. Mi actividad profesional no ha llenado mi vida, ni los artículos, ni los libros, ni la enseñanza. Desde 1971, a mi esposa, a mis hijos, a mis nietas, a mis amigos, debo la prórroga de mi vida no en la angustia, sino en la serenidad. Gracias a ellos, acepto la muerte: es fácil; pero antes de ella, las secuelas de la embolia y los estragos de la edad: es lo más duro. Recuerdo una expresión, que a veces empleábamos cuando tenía veinte años, en conversaciones con mis compañeros: "actuar por su salvación laica". Con o sin Dios: nadie sabe, al término de su vida, si está perdido o salvado. Gracias a ellos, de los que tan poco he hablado y que tanto me dieron, rememoro aún esta fórmula sin miedo ni temor".

Es la conclusión profunda y visionaria de las "MEMORIAS" de Raymond Aron fallecido, el 17 de octubre de 1983, tres semanas apenas después de la publicación de su obra y cuando por primera vez y de manera excepcional estaba de moda ... Este libro marcará nuestro siglo.

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